LOS ANTROPOFAGOS
PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE
TERCERA PARTE
CUARTA PARTE
QUINTA PARTE
SEXTA PARTE
SEPTIMA PARTE
OCTAVA PARTE
NOVENA PARTE
DECIMA PARTE
ONCEAVA PARTE
DOCEAVA PARTE
TRECEAVA PARTE
los disparos se dejaban oír cada vez con un intervalo de tiempo menor. Yo estaba junto a John y su padre, cerca de las 5 de la tarde ya habíamos gastado buena cantidad de municiones, le disparábamos a todo lo que se movía. a lo lejos en la llanura, cada vez más cadáveres inmóviles caían en diferentes posturas sobre la hierba seca. Ráfagas furtivas rompían los breves momentos de calma. Dirigías la mirada hacia donde se había oído el disparo y veías a uno o dos hombres de pie sobre sus respectivos autos sosteniendo armas de cuyo canon brotaba un hilillo de humo blanco. Empezó una especie de competición por cuál de los grupos acababa con más infectados, poco a poco llegaban más hombres ,incluso un par de mujeres se unió al tiroteo, me dio la impresión de que estaban muy despreocupados, parecían divertirse incluso parecían felices como participantes de un juego grupal, pero nada de todo eso era un juego.
permanecí sentado sobre el techo del bus, con los binoculares siempre listos, apenas veía algo moverse los usaba. En uno de los varios vistazos reconocí a un infectado avanzando sin rumbo a través de la llanura,
le di los binoculares a John y me puse en pie dispuesto a disparar, ya le tenía en la mira y estando a punto de jalar el gatillo, se oyó un disparo. Alguno de los que estaban al otro extremo de la empalizada había querido probar suerte pero había fallado, lo único que consiguió fue llamar la atención de la criatura. Habíamos acordado que los disparos se harían por aquellos que estaban más cercanos del objetivo pero a ese tipo pareció importarle poco. Hacíamos esto para no desperdiciar más munición de la necesaria en un solo blanco. Volví a apuntar, esta vez la criatura se acercaba hacia el campamento debía estar soltando alaridos pues veía a través de la mira del rifle como abría y cerraba su boca sin cesar. Le tenía en la mira y se oyó otro disparo que nuevamente había fallado.
-!maldición!-exclamo John -que diablos sucede allá esto no es un juego.
-debe de ser uno de los que recién han llegado.-dije
-No, están jugando mira a los que están allí, incluso están bebiendo, como si fuese un día de campo.-dijo señalando a uno de los grupos que permanecía sobre una Chevrolet del 66 había también una mujer que no paraba de reír, varias latas de cerveza vacías habían sido arrojadas junto a la camioneta y hacia el otro lado del cerco.
John se levantó, e hizo un disparo a lo lejos vi la silueta de la criatura desplomarse.
-mañana nos iremos de aquí, es un buen motivo para celebrar.-dije. John se veía molesto, trataba de calmarle pero no podía evitar sentirme igual que él, trataba de convencerme de que las personas de aquí debieron pasar momentos muy duros como todos. Tenían derecho a evadirse aunque sea por un momento. Pero este no era el momento más adecuado, claro.
-el Sgto. Pondrá en orden a esos.-dijo John miro a su padre esperando que dijera algo pero no se inmuto, parecía totalmente indiferente a la escena.
hubo un momento de silencio, John parecía avergonzado de no recibir el apoyo de su padre, ni siquiera su atención, me sentí algo incómodo. Su relación no parecía de las mejores. Había permanecido un buen rato vigilando y entre los infectados, los tipos del Chevrolet y John junto a su padre ya tenía demasiada tensión, decidí ir a donde el primer grupo.
-iré a ver qué sucede, espérenme.-les dije a ambos y baje del bus ,camine hacia el grupo del extremo opuesto ,habían varios metros de separación entre cada uno de los vehículos, todos me veían pasar desde lo alto de los coches, parecían notar mi molestia. El cielo anaranjado gobernado por un sol rojo y deslumbrante, daba una sensación de paz y el mar de la misma forma se mecía suavemente, la brisa era suave y parecía un día como cualquier otro, no había casi ninguna diferencia entre este momento y el que debió vivir alguna persona cualquiera un día por la tarde cualquiera durante una caminata sobre la arena de cualquier playa. Excepto que para este día la humanidad había estado muy cerca de desaparecer, y que millones de vidas, millones de historias habían terminado de la forma más cruel y absurda.
mire las tiendas a mi izquierda y pensé en Emily, pensé en lo que había dicho Miller; ahora ella debía estar junto a otras mujeres cuidando a los niños del campamento. Tratando de hacerles olvidar el ruido de los disparos. Muchos de esos chiquillos ya debían haber tenido encuentros muy cercanos, violentos e intempestivos con la muerte. No quería imaginar lo que habían visto, no se trataba de la muerte de una mascota, habían visto a personas hacerse pedazos, tal vez de su propia familia. Nos estábamos haciendo pedazos ahora mismo. Pero ellos debían ignorar, no están listos aun para ser parte de todo esto. No están listos para ir a una guerra, o para disparar contra personas que se ha transformado en bestias. En realidad nunca lo estarán, nadie está listo para algo así.
Los hombres del lado de la empalizada más próximo al bosque tenían mayor cantidad de armas y munición de los que estaban más lejos de este, mientras me acercaba a los últimos autos, donde estaba el Sgto. Cada vez se hacían más disparos y pensé que era a causa del mayor abastecimiento. Pero el fuego se hizo, continuo y el ruido de los proyectiles era ensordecedor. Mire a los vehículos que había dejado atrás y estaban todos de pie haciendo disparos hacia el bosque. El sol empezaba a ocultarse tras el horizonte, y en esa oscuridad incipiente, los fogonazos se notaban con mayor intensidad, corrí hacia el último auto y me trepe a él. Estaban allí el Sgto. Andrew, charriere el pescador francés y un par de tipos más, todos ellos no dejaban de disparar. El olor a pólvora era muy intenso y la temperatura cerca a los humeantes cañones escupiendo fuego y plomo sin cesar era mayor. A través de los fogonazos pude ver la causa de tanto alboroto. Cientos de infectados habían aparecido súbitamente y estaban acercándose hacia el campamento, salían de entre los arboles docena tras docena, y ganaban terreno poco a poco, pasaban por encima de los abatidos a tiros y seguían adelante, eran como un ejército, ya sin temor a las balas, y la muerte corriendo directo hacia el enemigo para arrancarle sus corazones.
no imagine que fuesen tantos, nunca antes había visto a tantos. La ciudad más próxima ,whetstone no estaba incluida como una de las más azotadas por la epidemia. La alerta se extendía a las principales ciudades del país como Chicago o Washington, lo que veía ahora, habría hecho cambiar de parecer a quien sea que haya hecho esa clasificación. O Washington y Chicago debían de ser el mismísimo infierno. No paraban de salir de entre los árboles. Era todo un mar de brazos y cabezas y el fragor de los gritos debía oírse a varios kilómetros de distancia. Incluso se podía sentir el movimiento de la tierra y el auto bajo nosotros. Tome uno de los m16, que habían y me uní a los disparos. Necesitaba más cadencia de fuego y mi rifle no habría servido demasiado aunque no hacía falta mucha puntería, cada bala con seguridad iba a parar en uno de los fríos cuerpos. El Sgto. se detuvo para recargar su arma, entonces me vio, me pareció que sonreía. Colocó el cartucho, rastrilló su arma y reanudo los disparos.
Cuando hube quemado todas las balas del cargador, bajé la mirada y busque una cacerina y entonces oí la primera detonación, por un segundo se hizo de dia.habían llegado ya a las minas. Levanté la mirada y pude ver montones de tierra y miembros cayendo desde lo alto. Un gran espacio vacío quedo entre la multitud pero no estuvo así por mucho.
los disparos no cesaron, hubo otra explosión más cercana. Esta vez pude verla, hubo un destello rojo y luego blanco como si un rayo hubiese caído entre la muchedumbre se oyó también un terrible estruendo, después una oleada de calor me golpeo el rostro y varios cuerpos se elevaron por los aires, casi inmediatamente hubo otra explosión esta vez más lejana. Quedé algo aturdido por el ruido. No solo de las bombas sino también por los gritos de las criaturas parecía que podian sentir dolor, parecían lamentarse de haber acabado hechos pedazos. Era terrible.
Caí en la cuenta de que disparaba contra personas, contra seres humanos.me invadió un remordimiento inmenso; ellos quizá seguían siendo personas, quizá estaban conscientes y nosotros estábamos allí desbaratándolos a tiros, todos tenían familia, todos eran hijos, padres, hermanos, hermanas, madres, esposas.
A mi lado un hombre joven parecía disfrutar con la carnicería, reía y gritaba en ocasiones mostraba los dientes apretando fuertemente los maxilares, no dejaba de disparar entonces empezó a gritar
-hijos de puta,esto es por mi familia. Y mis amigos.
Hubo otra explosión todo su cuerpo se ilumino, el cielo se ilumino y su rostro se volvió rojo como el de un diablo. Luego se tornó de un blanco resplandeciente por los fogonazos de su arma.
-mueran cabrones mueran!!
Los hombres y mujeres frente a nosotros no eran culpables, muy probablemente este hombre que había tenido la suerte de seguir con vida hasta hoy y que ahora concretaba su venganza y parecía disfrutarla. Pudo ser el victimario de su mencionada familia y amigos. Solo era cuestión de suerte, él pudo estar ahora bajo el fuego o volando por los aires convertido en un monstruo.
Los verdaderos responsables están allá afuera, los criminales estaban lejos y quizá sanos y salvos y creyendo en su impunidad, fingiendo inocencia. Pensé
Que su ira estaba mal dirigida sus balas estaban mal dirigidas. Pero a él parecía no importarle, en absoluto. Seguía disparando, estaba defendiendo su vida. Y yo tampoco dejaba de disparar, disparaba por él, por Emily, por mis amigos, disparaba para defender a todo el campamento y mi propia vida.
la furiosas e interminables masas de infectados, parecían no perder fuerzas nunca, a pesar de nuestros disparos, a pesar de los explosivos y de todas nuestras precauciones, muchos empezamos a creer que en verdad nunca tuvimos oportunidad que nuestra suerte fue echada desde que la peste se creó.
el número de infectados era cada vez mayor y nuestras municiones no hubieran durado más que un par de minutos a ese ritmo.
Entonces la marea humana, paso la zanja, varios cuerpos cayeron pesadamente, podía ver a los primeros desplomarse hasta el fondo y desaparecer, pero otros no tardaban en seguirles los pasos, caían unos detrás de otros hasta que al fin, llenaron el desnivel, de modo que se podía pasar fácilmente.
Mire a mi alrededor ,vi aquella expresión que ya se había hecho muy común para mi, mezcla de miedo, desconcierto, odio e impotencia. Ya no se oían risas ni fanfarronadas solo los gritos de las criaturas y los disparos.
Un fortísimo olor a pólvora y a carne quemada se extendía por todo lo largo de la línea de defensa. Estaba aturdido por los disparos. Y por breves instantes simplemente dejaba de percibir cualquier tipo de ruido, tan solo veía que la acción no cesaba y que todos seguían con lo suyo en completo silencio.
A varios metros de mi posición, los infectados ya habían logrado alcanzar la empalizada; y luchaban por pasar. Los hombres que permanecían sobre el auto más cercano se habían separado y reunido junto a otro grupo. Pero no dejaban de disparar.
más allá en la puerta de entrada, ocurrió lo mismo. A pesar de eso, tuve la impresión de que empezábamos a ganar terreno. Los que abatía a tiros ya no eran más reemplazados, simplemente se desplomaban seguidos por los de atrás.
No fui el único que lo noto, alguien grito a lo lejos:
-!lo lograremos, no se detengan!
Después de un par de minutos oí otro grito, esta vez menos optimista y más desesperado.
-!van a derribar la puerta, van a derribar la puerta!
-que vayan más hombres para allá-bramo el Sgto.
Un impulso desconocido me hizo dejar el arma que tenía a un lado, coger mi rifle y luego bajar del techo del auto de un salto, gracias a la arena la caída fue como dar solo un pequeño brinco, entonces empecé a correr hacia la puerta del campamento. Desde atrás alguien grito mi nombre, pero en medio de la confusión no supe reconocer quien fue.
Regrese por donde había llegado, pase a la carrera junto a los autos.me detuve apenas un instante junto a la entrada principal; solo lo suficiente como para darme cuenta de que la puerta no resistiría más, y si los infectados lograban derribarla seria el fin, entrarían por allí como si fuese un embudo. Entonces no habría nada que hacer. Varios hombres se habían reunido justo frente a la puerta y estaban disparando.
Corrí hasta donde estaban John y su padre, pero no les vi en el techo del autobús. Los que estaban más cercanos a ellos, tampoco estaban.’Seguramente deben haber ido hacia la puerta, y no les he visto '-pensé.
Entre al bus, por la puerta de escape en la parte trasera. No me había percatado que adentro había estado viviendo alguien, había mantas, ropa y utensilios de cocina sobre el suelo metálico, tuve que hacerlos a un lado con violencia hasta que llegue al asiento del conductor. Busque las llaves, pero no estaban en ninguna parte. Alce la vista y trate de ver la puerta. Del campamento preguntándome si ya habían logrado entrar las criaturas. Y si tal vez ya no tenía caso hacer cualquier cosa.
Lance un patada a la parte baja de tablero, al segundo intento mi pie se hundió en la superficie. Cuando lo retire pude ver varios cables de diferentes colores.
Entonces logre encender el bus, no pude evitar soltar una carcajada al oír al motor rugir. La máquina estaba en perfectas condiciones, incluso tenía el tanque de combustible casi a la mitad de su capacidad. Cogí el volante ,probé los pedales y la palanca de cambios entonces avance un par de metros y solté otra carcajada más sonora que la anterior, me parecía como si otra persona dentro de mi estuviera disfrutando el momento.
gire el volante suavemente mientras ganaba velocidad, pegue el lado derecho del bus lo más que pude a la empalizada pero sin tocarla, primero la cabeza después la cola cuando estuvieron alineados acelere. Pase rápidamente entre el espacio que había del cerco a los autos, pasaron a mi izquierda uno, dos, tres autos.vi el momento exacto en que la puerta principal del refugio caía, el peso de los infectados que se habían encaramado a ella la hizo ceder al fin, se oyó un gran golpe y los disparos parecieron hacerse más ruidosos y más furiosos también.
Me acerque aún más a la empalizada, girando el timón suavemente y frene. Golpee varias de las estacas solo con un roce, arrolle a las criaturas que empezaban a entrar, y aplaste a otras tantas. Finalmente me detuve en seco sobre la puerta derribada, cerrando así el paso a mas infectados, los que habían logrado entrar los habían abatido ya o los había aplastado.
Pero el bus solo no era suficiente.me aleje del asiento, el parabrisas se había quebrado luego de uno de mis atropellos, cogí mi rifle. Mientras oía cientos de golpes contra el costado del bus, eran como cientos de visitantes llamando a la misma puerta a la vez.
La puerta delantera del bus estaba asegurada igual que la posterior, solo la de escape estaba abierta. A través de los cristales vi docenas de manos y cabezas. Los cristales se destrozaron, asomaron varios brazos mientras el cristal reducido a cientos de pequeñas partículas blancas como el arroz rebotaba sobre los asientos y el suelo del bus.
Avance hacia la puerta rápidamente. Tras de mi oí disparos muy cercanos. No voltee, ignore los gritos y las manos tratando de alcanzarme también; solo seguí hasta salir del bus. Había tenido mucha suerte.
para mi sorpresa ya se habían puesto dos camionetas apoyadas contra el autobús, para evitar que se volcara. Adelante sobre el cofre el bus estaba de cuclillas uno de los cazadores disparando hacia el interior a través del parabrisas. Esos habían sido los disparos. Otros tantos de los más osados ya se habían subido al techo del bus y desde allí disparaban. había también un hombre disparando un revolver recostado en la arena, por debajo del bus. Al parecer yo no era el único con iniciativa.vi al Sgto. Parecía dar ordenes, gritaba y movía los brazos señalando hacia todas direcciones. Los hombres que le oían salían a toda carrera a donde les indicaban. Volví a oír un par de risas.
Alguien palmeo mi hombro, me di la vuelta y vi a un hombre que jamás antes había visto en el campamento. Era de edad avanzada.
Solo dijo:
-muy bien jugado-y luego desapareció entre, el tumulto que empezaba a formarse.
No pude evitar sonreír, una especie de algarabía se apoderaba de todos.
-¡lo hicimos, sí lo hicimos!-grito alguien.
oí los últimos disparos, y los percibí como muy lejanos como de otra guerra o de otra época muy aparte y ajena a todo lo que ahora ocurría.
muchos daban saltos sosteniendo sus rifles sobre las cabezas. Parecían no encontrar la forma de desahogar tanta alegría. Otros se abrazaban y algunos hasta lloraban o simplemente permanecían absortos y de rodillas pero con un sonrisa siempre. Finalmente lo habíamos logrado, habíamos resistido el ataque. Eché un vistazo al otro lado del cerco. Toda la llanura estaba tapizada de cuerpos, todo era de un color oscuro y en ciertas partes habían montículos del mismo color, si fijabas la vista difícilmente distinguías formas humanas.
Algunos hombres corrían hacia las tiendas llamando a voces a sus familiares. La mayoría eran nombres de mujeres. Pensé en Emily. Estuve a punto de hacer lo mismo que el resto, pero me contuve.
A pesar de haber salido con bien, había aun cosas que hacer. Todo no podía ser color de rosa un sentimiento profundo dado por la experiencia me impedía sentir confianza. Esto podía ser muy molesto pero esta sensación ya antes me había librado de varias.
En algún lugar debía haber un herido, algún infectado quizá que pasó desapercibido, incluso uno solo podía echar a perder todo el festejo. Primero que nada había que ver si estábamos todos aun, empecé por mis amigos.
Las mujeres y los niños empezaron a llegar sumándose a la algarabía y dificultando mi tarea. Tuve que subirme a un auto para poder encontrar a Andrew y al Sgto.
Al fin los vi, estaban entre los demás. Pero no podía ver a John ni a su padre por ninguna parte. Hice un repaso general por cada rostro pero no estaban por ninguna parte.
Volví a mirar hacia donde mis amigos. Venían hacia mí abriéndose paso entre los refugiados. Como líder el Sgto. Cohen parecía haber jugado un buen papel y todos querían agradecérselo medida que avanzaba alguno quería estrechar su mano o felicitarle. El solo seguía adelante con una sonrisa. Como una celebridad entre sus fanáticos. Al fin llego hasta mí auto y subió.
-David, deberían agradecerte a ti, tú eres el héroe.-fue lo primero que dijo.
-solo tuve suerte, mucha suerte.-le respondí
-bueno es igual, de todas formas estamos agradecidos, ya ni recuerdo cuantas veces me has salvado la vida.
-es lo mínimo que puedo hacer por un amigo.
Hubo una sonrisa más amplia en el rostro de mi amigo. Y luego se dirigió a todos los que empezaban a apostarse junto a nuestro auto.
-no me den las gracias a mi, este muchacho es quien ha salvado a todos.
Hubo un corto silencio, luego estallaron los aplausos.
No supe que decir, ser reconocido no era algo muy común para mí, pero me agradaba.
-pero ustedes también, todos y cada uno de ustedes han podido hacer esto posible. Mañana a esta hora estaremos a salvo, y lo habremos logrado por nuestra propia mano.-
Ahora el Sgto. Parecía más a un predicador barato. Pero todos aplaudían y soltaban vítores con más fuerza.
-ahora escuchen, vamos a poner esto en orden quedan cosas por hacer, la celebración puede esperar. Para empezar quiero a seis para levantar la puerta y luego...-
Al fin lo que aguardaba, pronto pondrían manos a la obra.me baje del auto y deje al Sgto. En lo suyo.me introduje entre la multitud, hasta ahora no había ni rastro de John y su padre.
La noche era ya casi absoluta. La multitud se había dispersado en varias direcciones para hacer lo suyo. Había mucho trabajo que hacer.
Camine hacia las tiendas, esperando ver a Emily. La tienda donde ella y varias mujeres habían esperado junto a los niños era una de las más lejanas.
Algunas antorchas se habían encendido. Eran estacas de metro y medio enterrada en la arena, había varias en todo el campamento. Y todas lanzaban una luz rojiza en la oscuridad.
Me sentía algo desorientado. Tenía un zumbido incesante en los oídos y también algo de cansancio. Solo quería ver a Emily y luego regresaría a la empalizada para ver qué hacer.
Distinguí a dos niños a unos metros de mi junto a la tienda que buscaba.me acerque a ellos y de entre las sombras apareció alguien.me sobresalte y estuve a punto de desenfundar el revólver, por reflejo. Los niños regresaron rápidamente a esconderse en la tienda.
-acércate a la luz lentamente, no intentes nada.-escuche, era la voz de una mujer, tenía una escopeta y me apuntaba con ella, podía ver la luz de las antorchas reflejada en el largo cañón.
-¿qué está ocurriendo?-dije tratando de parecer amigable.
-quien eres.
-quiero ver a Emily. Hemos acabado con todos allá afuera. Podrías decirme que está pasando.
Entonces apareció Franz, dando ladridos. Luego Emily. Salieron de la tienda, ella aparto el cañón de la escopeta para que no me apuntase más. La otra mujer parecía decepcionada de no haber podido hacerme un agujero. Ambos se acercaron hasta mí.
Avance unos pasos al encuentro de Emily y la abrace,
Ella hizo lo mismo, con mucha fuerza .sentí la presión de sus brazos alrededor de mi. Parecía muy nerviosa, me dio la impresión de que sollozaba.
La bese y luego le sonreí, pude ver la preocupación en sus enormes ojos verdes.
-lo hemos logrado allá, mañana saldremos de aquí. Ya no tienes de que preocuparte; Andrew y el Sgto. Están bien. Creo que todos están bien nadie ha salido herido.-le dije para aliviarla pero su estado no cambio.
Levante la vista hacia la mujer de la escopeta. Sabía que algo malo ocurría.
-se han llevado a un niño. Apareció aquel hombre de la furgoneta en la tienda y nos amenazó a todas con una escopeta. Dijo que había matado al policía. Estaba como un loco, todas estábamos muy asustadas. Estuvo a punto de disparar a la madre de la bebe porque se negaba a entregársela. No pudimos hacer nada, se la ha llevado diciendo que la mataría si alguien le seguía.-conto, note el miedo en el rostro de la mujer, no lo había visto antes. Pero después de relatarme todo con la voz entrecortada el miedo se apodero de sus facciones.
Empezaba a comprender lo que había pasado. Miré a Emily, parecía a punto de llorar. Desde el interior de la carpa oí un llanto.
Entre rápidamente, habían unas cinco mujeres alrededor de una sola que no dejaba de llorar. También había niños, todos estaban desconcertados y asustados.
Repetía algo en mi cabeza sin cesar, un nombre el del responsable de todo esto. Miller.
Cuando la mujer me vio se puso de pie súbitamente.se apoyó contra mí con los ojos desorbitados e inundados en lagrimas
-mi niña, se ha llevado a mi niña.-gimió desesperada
Las demás mujeres incluida Emily trataron de calmarla en vano. Estaba en shock. Y no paraba de lamentarse.
La regresaron a su asiento. Esta vez dijo.
-tienen que traerla, le hará daño, por favor díselo al Sgto. Tienen que ir por ella.
-¿hace cuánto ocurrió?-pregunte.
-hace como diez minutos-me respondió una mujer muy anciana. Tenía en una mano un trozo de algodón empapado en alcohol y trataba de acercarlo al rostro de la desconsolada madre- aprovecho que nos habíamos separado para aparecer, el muy cobarde. Tuvimos que ir hacia la otra tienda y nos llevamos al perro con nosotras entonces apareció. Cuando llegamos ya había ocurrido todo.
no podía imaginar cómo había escapado Miller, era obvio que aprovecho todo este incidente del ataque para poder escaparse de la furgoneta, además de alguna forma había conseguido un arma y tenía secuestrada a la niña. No sería fácil pero había posibilidad de darle alcance, solo habría que ser rápido y cuidadoso. Después de todo lo de este día, después de haber estado tan cerca de conseguirlo, se presentaba una nueva dificultad. Desde el inicio de mi recorrido, una desgracia tras otra se sucedían. Esta porquería parecía nunca a acabar. Pero ya estaba decidido, Miller no iba a echar todo a perder justo ahora, no se lo iba a permitir.
-voy a traerla. Señora se lo prometo-le dije a la madre. Esta levanto la vista con el rostro descompuesto y bañado en lágrimas, la había conmovido. La demás mujeres estaban asombradas-voy a traer a su hija. Puede estar segura. Necesito alguna prenda de la niña, de preferencia que haya usado hace poco.
La anciana dejo un momento su labor y fue a traer una cobija, todos los presentes miraron el pedazo de tela rosada como si este hubiera envuelto al mismo Jesucristo. La mujer me lo extendió con solemnidad diciendo:
-el tipo la dejo caer, cuando se llevó a la pequeña.
La cogí sin decir más y salí de la tienda con Franz. Emily me dio alcance afuera. Ahora se veía más preocupada que antes. Podía saber lo que pensaba solo con verla.me detuvo tomándome del brazo, luego me abrazo, apoyando su cabeza contra mi pecho. Ella no quería me arriesgue, pero tampoco quería que la hija de esa mujer, termine de la peor manera y yo tampoco lo quería.
-Emily, tengo que hacerlo. Si pudiera ahorrarte toda esa preocupación, lo haría. Escucha voy a regresar, no debe estar muy lejos y aun puedo alcanzarle lo he hecho antes no hay de qué preocuparse, me llevare a algunos hombres !Maldición!...perdona es que hay muchas cosas que decir...pero las diré cuando vuelva está bien?-ella solo me miraba con ojos suplicantes, quizá sabia como yo ,que sería casi imposible encontrar por la noche a Miller si es que llegaba al bosque. Una lagrima se deslizo por su rostro en una mejilla y luego en la otra. No había tiempo que perder .la bese, primero en la boca luego en la frente, y me aleje de ella. Por alguna razón no pude decirle que la amaba. Aunque lo hubiera dado todo por ella.
PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE
TERCERA PARTE
CUARTA PARTE
QUINTA PARTE
SEXTA PARTE
SEPTIMA PARTE
OCTAVA PARTE
NOVENA PARTE
DECIMA PARTE
ONCEAVA PARTE
DOCEAVA PARTE
TRECEAVA PARTE
si tienen alguna idea para mejorar la historia por favor haganmelo saber y gracias los que la lean.
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DURANTE LA BATALLA
los disparos se dejaban oír cada vez con un intervalo de tiempo menor. Yo estaba junto a John y su padre, cerca de las 5 de la tarde ya habíamos gastado buena cantidad de municiones, le disparábamos a todo lo que se movía. a lo lejos en la llanura, cada vez más cadáveres inmóviles caían en diferentes posturas sobre la hierba seca. Ráfagas furtivas rompían los breves momentos de calma. Dirigías la mirada hacia donde se había oído el disparo y veías a uno o dos hombres de pie sobre sus respectivos autos sosteniendo armas de cuyo canon brotaba un hilillo de humo blanco. Empezó una especie de competición por cuál de los grupos acababa con más infectados, poco a poco llegaban más hombres ,incluso un par de mujeres se unió al tiroteo, me dio la impresión de que estaban muy despreocupados, parecían divertirse incluso parecían felices como participantes de un juego grupal, pero nada de todo eso era un juego.
permanecí sentado sobre el techo del bus, con los binoculares siempre listos, apenas veía algo moverse los usaba. En uno de los varios vistazos reconocí a un infectado avanzando sin rumbo a través de la llanura,
le di los binoculares a John y me puse en pie dispuesto a disparar, ya le tenía en la mira y estando a punto de jalar el gatillo, se oyó un disparo. Alguno de los que estaban al otro extremo de la empalizada había querido probar suerte pero había fallado, lo único que consiguió fue llamar la atención de la criatura. Habíamos acordado que los disparos se harían por aquellos que estaban más cercanos del objetivo pero a ese tipo pareció importarle poco. Hacíamos esto para no desperdiciar más munición de la necesaria en un solo blanco. Volví a apuntar, esta vez la criatura se acercaba hacia el campamento debía estar soltando alaridos pues veía a través de la mira del rifle como abría y cerraba su boca sin cesar. Le tenía en la mira y se oyó otro disparo que nuevamente había fallado.
-!maldición!-exclamo John -que diablos sucede allá esto no es un juego.
-debe de ser uno de los que recién han llegado.-dije
-No, están jugando mira a los que están allí, incluso están bebiendo, como si fuese un día de campo.-dijo señalando a uno de los grupos que permanecía sobre una Chevrolet del 66 había también una mujer que no paraba de reír, varias latas de cerveza vacías habían sido arrojadas junto a la camioneta y hacia el otro lado del cerco.
John se levantó, e hizo un disparo a lo lejos vi la silueta de la criatura desplomarse.
-mañana nos iremos de aquí, es un buen motivo para celebrar.-dije. John se veía molesto, trataba de calmarle pero no podía evitar sentirme igual que él, trataba de convencerme de que las personas de aquí debieron pasar momentos muy duros como todos. Tenían derecho a evadirse aunque sea por un momento. Pero este no era el momento más adecuado, claro.
-el Sgto. Pondrá en orden a esos.-dijo John miro a su padre esperando que dijera algo pero no se inmuto, parecía totalmente indiferente a la escena.
hubo un momento de silencio, John parecía avergonzado de no recibir el apoyo de su padre, ni siquiera su atención, me sentí algo incómodo. Su relación no parecía de las mejores. Había permanecido un buen rato vigilando y entre los infectados, los tipos del Chevrolet y John junto a su padre ya tenía demasiada tensión, decidí ir a donde el primer grupo.
-iré a ver qué sucede, espérenme.-les dije a ambos y baje del bus ,camine hacia el grupo del extremo opuesto ,habían varios metros de separación entre cada uno de los vehículos, todos me veían pasar desde lo alto de los coches, parecían notar mi molestia. El cielo anaranjado gobernado por un sol rojo y deslumbrante, daba una sensación de paz y el mar de la misma forma se mecía suavemente, la brisa era suave y parecía un día como cualquier otro, no había casi ninguna diferencia entre este momento y el que debió vivir alguna persona cualquiera un día por la tarde cualquiera durante una caminata sobre la arena de cualquier playa. Excepto que para este día la humanidad había estado muy cerca de desaparecer, y que millones de vidas, millones de historias habían terminado de la forma más cruel y absurda.
mire las tiendas a mi izquierda y pensé en Emily, pensé en lo que había dicho Miller; ahora ella debía estar junto a otras mujeres cuidando a los niños del campamento. Tratando de hacerles olvidar el ruido de los disparos. Muchos de esos chiquillos ya debían haber tenido encuentros muy cercanos, violentos e intempestivos con la muerte. No quería imaginar lo que habían visto, no se trataba de la muerte de una mascota, habían visto a personas hacerse pedazos, tal vez de su propia familia. Nos estábamos haciendo pedazos ahora mismo. Pero ellos debían ignorar, no están listos aun para ser parte de todo esto. No están listos para ir a una guerra, o para disparar contra personas que se ha transformado en bestias. En realidad nunca lo estarán, nadie está listo para algo así.
Los hombres del lado de la empalizada más próximo al bosque tenían mayor cantidad de armas y munición de los que estaban más lejos de este, mientras me acercaba a los últimos autos, donde estaba el Sgto. Cada vez se hacían más disparos y pensé que era a causa del mayor abastecimiento. Pero el fuego se hizo, continuo y el ruido de los proyectiles era ensordecedor. Mire a los vehículos que había dejado atrás y estaban todos de pie haciendo disparos hacia el bosque. El sol empezaba a ocultarse tras el horizonte, y en esa oscuridad incipiente, los fogonazos se notaban con mayor intensidad, corrí hacia el último auto y me trepe a él. Estaban allí el Sgto. Andrew, charriere el pescador francés y un par de tipos más, todos ellos no dejaban de disparar. El olor a pólvora era muy intenso y la temperatura cerca a los humeantes cañones escupiendo fuego y plomo sin cesar era mayor. A través de los fogonazos pude ver la causa de tanto alboroto. Cientos de infectados habían aparecido súbitamente y estaban acercándose hacia el campamento, salían de entre los arboles docena tras docena, y ganaban terreno poco a poco, pasaban por encima de los abatidos a tiros y seguían adelante, eran como un ejército, ya sin temor a las balas, y la muerte corriendo directo hacia el enemigo para arrancarle sus corazones.
no imagine que fuesen tantos, nunca antes había visto a tantos. La ciudad más próxima ,whetstone no estaba incluida como una de las más azotadas por la epidemia. La alerta se extendía a las principales ciudades del país como Chicago o Washington, lo que veía ahora, habría hecho cambiar de parecer a quien sea que haya hecho esa clasificación. O Washington y Chicago debían de ser el mismísimo infierno. No paraban de salir de entre los árboles. Era todo un mar de brazos y cabezas y el fragor de los gritos debía oírse a varios kilómetros de distancia. Incluso se podía sentir el movimiento de la tierra y el auto bajo nosotros. Tome uno de los m16, que habían y me uní a los disparos. Necesitaba más cadencia de fuego y mi rifle no habría servido demasiado aunque no hacía falta mucha puntería, cada bala con seguridad iba a parar en uno de los fríos cuerpos. El Sgto. se detuvo para recargar su arma, entonces me vio, me pareció que sonreía. Colocó el cartucho, rastrilló su arma y reanudo los disparos.
Cuando hube quemado todas las balas del cargador, bajé la mirada y busque una cacerina y entonces oí la primera detonación, por un segundo se hizo de dia.habían llegado ya a las minas. Levanté la mirada y pude ver montones de tierra y miembros cayendo desde lo alto. Un gran espacio vacío quedo entre la multitud pero no estuvo así por mucho.
los disparos no cesaron, hubo otra explosión más cercana. Esta vez pude verla, hubo un destello rojo y luego blanco como si un rayo hubiese caído entre la muchedumbre se oyó también un terrible estruendo, después una oleada de calor me golpeo el rostro y varios cuerpos se elevaron por los aires, casi inmediatamente hubo otra explosión esta vez más lejana. Quedé algo aturdido por el ruido. No solo de las bombas sino también por los gritos de las criaturas parecía que podian sentir dolor, parecían lamentarse de haber acabado hechos pedazos. Era terrible.
Caí en la cuenta de que disparaba contra personas, contra seres humanos.me invadió un remordimiento inmenso; ellos quizá seguían siendo personas, quizá estaban conscientes y nosotros estábamos allí desbaratándolos a tiros, todos tenían familia, todos eran hijos, padres, hermanos, hermanas, madres, esposas.
A mi lado un hombre joven parecía disfrutar con la carnicería, reía y gritaba en ocasiones mostraba los dientes apretando fuertemente los maxilares, no dejaba de disparar entonces empezó a gritar
-hijos de puta,esto es por mi familia. Y mis amigos.
Hubo otra explosión todo su cuerpo se ilumino, el cielo se ilumino y su rostro se volvió rojo como el de un diablo. Luego se tornó de un blanco resplandeciente por los fogonazos de su arma.
-mueran cabrones mueran!!
Los hombres y mujeres frente a nosotros no eran culpables, muy probablemente este hombre que había tenido la suerte de seguir con vida hasta hoy y que ahora concretaba su venganza y parecía disfrutarla. Pudo ser el victimario de su mencionada familia y amigos. Solo era cuestión de suerte, él pudo estar ahora bajo el fuego o volando por los aires convertido en un monstruo.
Los verdaderos responsables están allá afuera, los criminales estaban lejos y quizá sanos y salvos y creyendo en su impunidad, fingiendo inocencia. Pensé
Que su ira estaba mal dirigida sus balas estaban mal dirigidas. Pero a él parecía no importarle, en absoluto. Seguía disparando, estaba defendiendo su vida. Y yo tampoco dejaba de disparar, disparaba por él, por Emily, por mis amigos, disparaba para defender a todo el campamento y mi propia vida.
SUERTE O HEROISMO
la furiosas e interminables masas de infectados, parecían no perder fuerzas nunca, a pesar de nuestros disparos, a pesar de los explosivos y de todas nuestras precauciones, muchos empezamos a creer que en verdad nunca tuvimos oportunidad que nuestra suerte fue echada desde que la peste se creó.
el número de infectados era cada vez mayor y nuestras municiones no hubieran durado más que un par de minutos a ese ritmo.
Entonces la marea humana, paso la zanja, varios cuerpos cayeron pesadamente, podía ver a los primeros desplomarse hasta el fondo y desaparecer, pero otros no tardaban en seguirles los pasos, caían unos detrás de otros hasta que al fin, llenaron el desnivel, de modo que se podía pasar fácilmente.
Mire a mi alrededor ,vi aquella expresión que ya se había hecho muy común para mi, mezcla de miedo, desconcierto, odio e impotencia. Ya no se oían risas ni fanfarronadas solo los gritos de las criaturas y los disparos.
Un fortísimo olor a pólvora y a carne quemada se extendía por todo lo largo de la línea de defensa. Estaba aturdido por los disparos. Y por breves instantes simplemente dejaba de percibir cualquier tipo de ruido, tan solo veía que la acción no cesaba y que todos seguían con lo suyo en completo silencio.
A varios metros de mi posición, los infectados ya habían logrado alcanzar la empalizada; y luchaban por pasar. Los hombres que permanecían sobre el auto más cercano se habían separado y reunido junto a otro grupo. Pero no dejaban de disparar.
más allá en la puerta de entrada, ocurrió lo mismo. A pesar de eso, tuve la impresión de que empezábamos a ganar terreno. Los que abatía a tiros ya no eran más reemplazados, simplemente se desplomaban seguidos por los de atrás.
No fui el único que lo noto, alguien grito a lo lejos:
-!lo lograremos, no se detengan!
Después de un par de minutos oí otro grito, esta vez menos optimista y más desesperado.
-!van a derribar la puerta, van a derribar la puerta!
-que vayan más hombres para allá-bramo el Sgto.
Un impulso desconocido me hizo dejar el arma que tenía a un lado, coger mi rifle y luego bajar del techo del auto de un salto, gracias a la arena la caída fue como dar solo un pequeño brinco, entonces empecé a correr hacia la puerta del campamento. Desde atrás alguien grito mi nombre, pero en medio de la confusión no supe reconocer quien fue.
Regrese por donde había llegado, pase a la carrera junto a los autos.me detuve apenas un instante junto a la entrada principal; solo lo suficiente como para darme cuenta de que la puerta no resistiría más, y si los infectados lograban derribarla seria el fin, entrarían por allí como si fuese un embudo. Entonces no habría nada que hacer. Varios hombres se habían reunido justo frente a la puerta y estaban disparando.
Corrí hasta donde estaban John y su padre, pero no les vi en el techo del autobús. Los que estaban más cercanos a ellos, tampoco estaban.’Seguramente deben haber ido hacia la puerta, y no les he visto '-pensé.
Entre al bus, por la puerta de escape en la parte trasera. No me había percatado que adentro había estado viviendo alguien, había mantas, ropa y utensilios de cocina sobre el suelo metálico, tuve que hacerlos a un lado con violencia hasta que llegue al asiento del conductor. Busque las llaves, pero no estaban en ninguna parte. Alce la vista y trate de ver la puerta. Del campamento preguntándome si ya habían logrado entrar las criaturas. Y si tal vez ya no tenía caso hacer cualquier cosa.
Lance un patada a la parte baja de tablero, al segundo intento mi pie se hundió en la superficie. Cuando lo retire pude ver varios cables de diferentes colores.
Entonces logre encender el bus, no pude evitar soltar una carcajada al oír al motor rugir. La máquina estaba en perfectas condiciones, incluso tenía el tanque de combustible casi a la mitad de su capacidad. Cogí el volante ,probé los pedales y la palanca de cambios entonces avance un par de metros y solté otra carcajada más sonora que la anterior, me parecía como si otra persona dentro de mi estuviera disfrutando el momento.
gire el volante suavemente mientras ganaba velocidad, pegue el lado derecho del bus lo más que pude a la empalizada pero sin tocarla, primero la cabeza después la cola cuando estuvieron alineados acelere. Pase rápidamente entre el espacio que había del cerco a los autos, pasaron a mi izquierda uno, dos, tres autos.vi el momento exacto en que la puerta principal del refugio caía, el peso de los infectados que se habían encaramado a ella la hizo ceder al fin, se oyó un gran golpe y los disparos parecieron hacerse más ruidosos y más furiosos también.
Me acerque aún más a la empalizada, girando el timón suavemente y frene. Golpee varias de las estacas solo con un roce, arrolle a las criaturas que empezaban a entrar, y aplaste a otras tantas. Finalmente me detuve en seco sobre la puerta derribada, cerrando así el paso a mas infectados, los que habían logrado entrar los habían abatido ya o los había aplastado.
Pero el bus solo no era suficiente.me aleje del asiento, el parabrisas se había quebrado luego de uno de mis atropellos, cogí mi rifle. Mientras oía cientos de golpes contra el costado del bus, eran como cientos de visitantes llamando a la misma puerta a la vez.
La puerta delantera del bus estaba asegurada igual que la posterior, solo la de escape estaba abierta. A través de los cristales vi docenas de manos y cabezas. Los cristales se destrozaron, asomaron varios brazos mientras el cristal reducido a cientos de pequeñas partículas blancas como el arroz rebotaba sobre los asientos y el suelo del bus.
Avance hacia la puerta rápidamente. Tras de mi oí disparos muy cercanos. No voltee, ignore los gritos y las manos tratando de alcanzarme también; solo seguí hasta salir del bus. Había tenido mucha suerte.
para mi sorpresa ya se habían puesto dos camionetas apoyadas contra el autobús, para evitar que se volcara. Adelante sobre el cofre el bus estaba de cuclillas uno de los cazadores disparando hacia el interior a través del parabrisas. Esos habían sido los disparos. Otros tantos de los más osados ya se habían subido al techo del bus y desde allí disparaban. había también un hombre disparando un revolver recostado en la arena, por debajo del bus. Al parecer yo no era el único con iniciativa.vi al Sgto. Parecía dar ordenes, gritaba y movía los brazos señalando hacia todas direcciones. Los hombres que le oían salían a toda carrera a donde les indicaban. Volví a oír un par de risas.
Alguien palmeo mi hombro, me di la vuelta y vi a un hombre que jamás antes había visto en el campamento. Era de edad avanzada.
Solo dijo:
-muy bien jugado-y luego desapareció entre, el tumulto que empezaba a formarse.
No pude evitar sonreír, una especie de algarabía se apoderaba de todos.
-¡lo hicimos, sí lo hicimos!-grito alguien.
oí los últimos disparos, y los percibí como muy lejanos como de otra guerra o de otra época muy aparte y ajena a todo lo que ahora ocurría.
muchos daban saltos sosteniendo sus rifles sobre las cabezas. Parecían no encontrar la forma de desahogar tanta alegría. Otros se abrazaban y algunos hasta lloraban o simplemente permanecían absortos y de rodillas pero con un sonrisa siempre. Finalmente lo habíamos logrado, habíamos resistido el ataque. Eché un vistazo al otro lado del cerco. Toda la llanura estaba tapizada de cuerpos, todo era de un color oscuro y en ciertas partes habían montículos del mismo color, si fijabas la vista difícilmente distinguías formas humanas.
Algunos hombres corrían hacia las tiendas llamando a voces a sus familiares. La mayoría eran nombres de mujeres. Pensé en Emily. Estuve a punto de hacer lo mismo que el resto, pero me contuve.
A pesar de haber salido con bien, había aun cosas que hacer. Todo no podía ser color de rosa un sentimiento profundo dado por la experiencia me impedía sentir confianza. Esto podía ser muy molesto pero esta sensación ya antes me había librado de varias.
En algún lugar debía haber un herido, algún infectado quizá que pasó desapercibido, incluso uno solo podía echar a perder todo el festejo. Primero que nada había que ver si estábamos todos aun, empecé por mis amigos.
Las mujeres y los niños empezaron a llegar sumándose a la algarabía y dificultando mi tarea. Tuve que subirme a un auto para poder encontrar a Andrew y al Sgto.
Al fin los vi, estaban entre los demás. Pero no podía ver a John ni a su padre por ninguna parte. Hice un repaso general por cada rostro pero no estaban por ninguna parte.
Volví a mirar hacia donde mis amigos. Venían hacia mí abriéndose paso entre los refugiados. Como líder el Sgto. Cohen parecía haber jugado un buen papel y todos querían agradecérselo medida que avanzaba alguno quería estrechar su mano o felicitarle. El solo seguía adelante con una sonrisa. Como una celebridad entre sus fanáticos. Al fin llego hasta mí auto y subió.
-David, deberían agradecerte a ti, tú eres el héroe.-fue lo primero que dijo.
-solo tuve suerte, mucha suerte.-le respondí
-bueno es igual, de todas formas estamos agradecidos, ya ni recuerdo cuantas veces me has salvado la vida.
-es lo mínimo que puedo hacer por un amigo.
Hubo una sonrisa más amplia en el rostro de mi amigo. Y luego se dirigió a todos los que empezaban a apostarse junto a nuestro auto.
-no me den las gracias a mi, este muchacho es quien ha salvado a todos.
Hubo un corto silencio, luego estallaron los aplausos.
No supe que decir, ser reconocido no era algo muy común para mí, pero me agradaba.
-pero ustedes también, todos y cada uno de ustedes han podido hacer esto posible. Mañana a esta hora estaremos a salvo, y lo habremos logrado por nuestra propia mano.-
Ahora el Sgto. Parecía más a un predicador barato. Pero todos aplaudían y soltaban vítores con más fuerza.
-ahora escuchen, vamos a poner esto en orden quedan cosas por hacer, la celebración puede esperar. Para empezar quiero a seis para levantar la puerta y luego...-
Al fin lo que aguardaba, pronto pondrían manos a la obra.me baje del auto y deje al Sgto. En lo suyo.me introduje entre la multitud, hasta ahora no había ni rastro de John y su padre.
EL SECUESTRO
La noche era ya casi absoluta. La multitud se había dispersado en varias direcciones para hacer lo suyo. Había mucho trabajo que hacer.
Camine hacia las tiendas, esperando ver a Emily. La tienda donde ella y varias mujeres habían esperado junto a los niños era una de las más lejanas.
Algunas antorchas se habían encendido. Eran estacas de metro y medio enterrada en la arena, había varias en todo el campamento. Y todas lanzaban una luz rojiza en la oscuridad.
Me sentía algo desorientado. Tenía un zumbido incesante en los oídos y también algo de cansancio. Solo quería ver a Emily y luego regresaría a la empalizada para ver qué hacer.
Distinguí a dos niños a unos metros de mi junto a la tienda que buscaba.me acerque a ellos y de entre las sombras apareció alguien.me sobresalte y estuve a punto de desenfundar el revólver, por reflejo. Los niños regresaron rápidamente a esconderse en la tienda.
-acércate a la luz lentamente, no intentes nada.-escuche, era la voz de una mujer, tenía una escopeta y me apuntaba con ella, podía ver la luz de las antorchas reflejada en el largo cañón.
-¿qué está ocurriendo?-dije tratando de parecer amigable.
-quien eres.
-quiero ver a Emily. Hemos acabado con todos allá afuera. Podrías decirme que está pasando.
Entonces apareció Franz, dando ladridos. Luego Emily. Salieron de la tienda, ella aparto el cañón de la escopeta para que no me apuntase más. La otra mujer parecía decepcionada de no haber podido hacerme un agujero. Ambos se acercaron hasta mí.
Avance unos pasos al encuentro de Emily y la abrace,
Ella hizo lo mismo, con mucha fuerza .sentí la presión de sus brazos alrededor de mi. Parecía muy nerviosa, me dio la impresión de que sollozaba.
La bese y luego le sonreí, pude ver la preocupación en sus enormes ojos verdes.
-lo hemos logrado allá, mañana saldremos de aquí. Ya no tienes de que preocuparte; Andrew y el Sgto. Están bien. Creo que todos están bien nadie ha salido herido.-le dije para aliviarla pero su estado no cambio.
Levante la vista hacia la mujer de la escopeta. Sabía que algo malo ocurría.
-se han llevado a un niño. Apareció aquel hombre de la furgoneta en la tienda y nos amenazó a todas con una escopeta. Dijo que había matado al policía. Estaba como un loco, todas estábamos muy asustadas. Estuvo a punto de disparar a la madre de la bebe porque se negaba a entregársela. No pudimos hacer nada, se la ha llevado diciendo que la mataría si alguien le seguía.-conto, note el miedo en el rostro de la mujer, no lo había visto antes. Pero después de relatarme todo con la voz entrecortada el miedo se apodero de sus facciones.
Empezaba a comprender lo que había pasado. Miré a Emily, parecía a punto de llorar. Desde el interior de la carpa oí un llanto.
Entre rápidamente, habían unas cinco mujeres alrededor de una sola que no dejaba de llorar. También había niños, todos estaban desconcertados y asustados.
Repetía algo en mi cabeza sin cesar, un nombre el del responsable de todo esto. Miller.
Cuando la mujer me vio se puso de pie súbitamente.se apoyó contra mí con los ojos desorbitados e inundados en lagrimas
-mi niña, se ha llevado a mi niña.-gimió desesperada
Las demás mujeres incluida Emily trataron de calmarla en vano. Estaba en shock. Y no paraba de lamentarse.
La regresaron a su asiento. Esta vez dijo.
-tienen que traerla, le hará daño, por favor díselo al Sgto. Tienen que ir por ella.
-¿hace cuánto ocurrió?-pregunte.
-hace como diez minutos-me respondió una mujer muy anciana. Tenía en una mano un trozo de algodón empapado en alcohol y trataba de acercarlo al rostro de la desconsolada madre- aprovecho que nos habíamos separado para aparecer, el muy cobarde. Tuvimos que ir hacia la otra tienda y nos llevamos al perro con nosotras entonces apareció. Cuando llegamos ya había ocurrido todo.
no podía imaginar cómo había escapado Miller, era obvio que aprovecho todo este incidente del ataque para poder escaparse de la furgoneta, además de alguna forma había conseguido un arma y tenía secuestrada a la niña. No sería fácil pero había posibilidad de darle alcance, solo habría que ser rápido y cuidadoso. Después de todo lo de este día, después de haber estado tan cerca de conseguirlo, se presentaba una nueva dificultad. Desde el inicio de mi recorrido, una desgracia tras otra se sucedían. Esta porquería parecía nunca a acabar. Pero ya estaba decidido, Miller no iba a echar todo a perder justo ahora, no se lo iba a permitir.
-voy a traerla. Señora se lo prometo-le dije a la madre. Esta levanto la vista con el rostro descompuesto y bañado en lágrimas, la había conmovido. La demás mujeres estaban asombradas-voy a traer a su hija. Puede estar segura. Necesito alguna prenda de la niña, de preferencia que haya usado hace poco.
La anciana dejo un momento su labor y fue a traer una cobija, todos los presentes miraron el pedazo de tela rosada como si este hubiera envuelto al mismo Jesucristo. La mujer me lo extendió con solemnidad diciendo:
-el tipo la dejo caer, cuando se llevó a la pequeña.
La cogí sin decir más y salí de la tienda con Franz. Emily me dio alcance afuera. Ahora se veía más preocupada que antes. Podía saber lo que pensaba solo con verla.me detuvo tomándome del brazo, luego me abrazo, apoyando su cabeza contra mi pecho. Ella no quería me arriesgue, pero tampoco quería que la hija de esa mujer, termine de la peor manera y yo tampoco lo quería.
-Emily, tengo que hacerlo. Si pudiera ahorrarte toda esa preocupación, lo haría. Escucha voy a regresar, no debe estar muy lejos y aun puedo alcanzarle lo he hecho antes no hay de qué preocuparse, me llevare a algunos hombres !Maldición!...perdona es que hay muchas cosas que decir...pero las diré cuando vuelva está bien?-ella solo me miraba con ojos suplicantes, quizá sabia como yo ,que sería casi imposible encontrar por la noche a Miller si es que llegaba al bosque. Una lagrima se deslizo por su rostro en una mejilla y luego en la otra. No había tiempo que perder .la bese, primero en la boca luego en la frente, y me aleje de ella. Por alguna razón no pude decirle que la amaba. Aunque lo hubiera dado todo por ella.
PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE
TERCERA PARTE
CUARTA PARTE
QUINTA PARTE
SEXTA PARTE
SEPTIMA PARTE
OCTAVA PARTE
NOVENA PARTE
DECIMA PARTE
ONCEAVA PARTE
DOCEAVA PARTE
TRECEAVA PARTE
si tienen alguna idea para mejorar la historia por favor haganmelo saber y gracias los que la lean.
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