Puertas y pasillos
Estaba en mi casa, yendo a mi habitación caminando por el pasillo que camine ciento de veces en mi vida. Había olvidado las llaves de la oficina como tantas otras veces. Nada fuera de lo común excepto el pasillo. Esta vez era largo y estrecho. Sin ventanas ni muebles. Solo lo iluminaban unos focos que aparentaban tener bastantes años y desgaste al igual que el suelo de madera y las paredes. Era todo extraño. Había dos puertas, por la que entré y la que debía cruzar. Di varios pasos para acercarme a mi destino pero inesperadamente de la misma nada se materializó otra puerta a mi derecha. Una puerta de madera, común y corriente como a la que debía ir excepto por el hecho de su aparición espontanea.
Gracias al espíritu de aventura alentado por una socarrona rutina diaria no veía mejor opción que cruzarla ignorando todo cuestionamiento de cómo demonios apareció allí. Giré la perilla, la abrí y la crucé.
Me encontré en el principio de otro pasillo idéntico al anterior pero a mi izquierda, al final del trecho, había dos cosas que no esperaba aunque en realidad no tenía idea de lo que encontraría. Había una escalera y un joven. La escalera evidentemente conducía a un sótano mientras que el muchacho solo se encontraba allí parado, con buen ánimo, como si me estuviera esperando. Aparentaba unos 24 años, caucásico, de un metro y noventa centímetros de altura, de rulos castaños muy cortos y prolijos, vistiendo una remera celeste, jeans y zapatillas rojas de tela.
Me acerqué a él y me habló:
-Vaya, parece que encontraste un glitch en el sistema.
-Un glitch? -le pregunte.
-Sí, un error. No te preocupes -respondió totalmente relajado-. Seguime.
Entonces se dio vuelta, se dirigió a las escaleras y ambos empezamos a bajar.
Al bajar un piso, nos encontrábamos en una habitación con una puerta al pie de las escaleras, una pequeña mesa con una flor blanca en un florero y una entrada que parecía ser el acceso lateral a otro pasillo. Por cierto, mientras caminábamos no pude soportar la tentación de abrir la puerta cercana a las escaleras sólo por dar rienda suelta a mi sentimiento de aventura que empezaba a brotar poco a poco en mi pecho. No lo logré. Estaba cerrada. El joven al percatarse de mi acción se dio vuelta y me sonrió. Me sonrió como los padres le sonríen a sus hijos pequeños cuando estos exploran un objeto que les es totalmente desconocido pero no para el papá quien sabe a la perfección que es y para qué sirve.
Al llegar al centro de la habitación, el joven se acercó al lado de la mesa junto a la entrada del pasillo lateral desde donde me pidió con ademanes que me acercara. Al estar allí, de la oscuridad del pasillo asomó una anciana de nariz prominente, cabello cano, de baja estatura, encorvada y vistiendo un vestido gris. No podía infundir más misterio como miedo. Me miró a los ojos para preguntarme:
-Conoces a Julieta?
-No conozco a ninguna Julieta personalmente. Sólo de la televisión -respondí haciendo alusión a la actriz y modelo Julieta Prandi.
-Tú tienes un problema -arremetió enfadada- y no lo quieres admitir. Hasta un bebe lo admite. Hasta Julieta siendo un bebe lo admitiría.
-No le entiendo -dije evidentemente confundido sin comprender de que hablaba.
-Bah! No vale la pena.
Luego de esas palabras se dio vuelta y se retiro por donde vino. El joven que me había conducido hasta estos lugares me dijo mirándome de forma fija:
- Vete por las escaleras.
-Espera, te conozco? -le pregunte.
Él solo se limito a sonreírme de la misma manera que lo hizo antes y siguió a la anciana. Segundos después, me acerque al pasillo donde se metieron para detenerlos y preguntarle qué rayos sucedía pero mi sorpresa fue bastante ingrata. El pasillo no tenía salida alguna. No había puertas, ventanas ni ninguna clase de salida ni a la izquierda, ni a la derecha, ni arriba, ni abajo. Donde fueron? Como se fueron? Dónde estoy? Quienes eran? A que se refería con el sistema? Quién es Julieta? Qué problema tengo? Quien soy…? Lo único que sabía era que me encontraba solo.
Era hora de volver a casa y no por ese pasillo cerrado, debía irme por las escaleras. Nuevamente sentí curiosidad por la puerta cerrada. Estaba caminando hacia las escaleras pero cuando pasaba cerca, a modo de juego de niños, camine con los brazos extendidos tocando la manija. Había algo diferente esta vez. No la sentía trabada. Me detuve en frente, gire el picaporte y la puerta se abrió. Estaba abierta! A pesar de haber estado cerrada cuando ingrese a la habitación ahora se encontraba abierta! Que sucedió mientras la anciana me hablaba? Toda esta situación había superado los límites de mi comprensión.
Del otro lado se observaba otro pasillo pero este era diferente, tenía ventanas abiertas de par en par, cortinas blancas que bailaban al son del viento de un día bellísimo lleno de sol, verde y pájaros cantando. Al final del pasillo había una puerta bastante más alta que las anteriores. En ese momento lo que menos me interesaba era la puerta, quería pasar y escapar de los tétricos pisos de madera, de las paredes grises y saltar por la ventana para disfrutar aquel bello paisaje que asomaba por las ventanas. Lo había decidido. A recostarme al pasto iría. Antes de saltar la ventana decidí cerrar la puerta pero parecía que se habían atascado los goznes. Me di vuelta y la cerré fuertemente con ambos brazos dando un portazo. Al darme vuelta de nuevo, ya no estaba cerca de las ventanas, no estaban ni las cortinas ni el pasto ni nada de lo que había visto. Debí irme por las escaleras.
No me encontraba dentro las habitaciones misteriosas, no me encontraba rodeado de verde. Me encontraba en un lugar conocido pero con un llamativo tono gris en absolutamente todo. Me encontraba en el patio trasero de mi casa. Qué alegría de volver a un lugar conocido! Se encontraba tal como lo recordaba pero todo en un tono más gris producto, quise imaginarme, de lo nublado que se encontraba el día. El cielo se encontraba totalmente cubierto por nubes y era difícil saber dónde estaba e sol. No me importaban esos detalles, estaba en casa y lejos de aquel escenario surrealista. Lo estaba?
Al darme vuelta la puerta que había cerrado con cierta violencia había desaparecido para que en su lugar apareciera pegada sobre la pared una nota. Era la hoja de un bloc denotas pegada con cinta adhesiva la cual decía en una letra imprenta "VETE AL TECHO. HAZLO". La palabra techo estaba masivamente subrayada dando a entender que era muy importante. La nota me la habrá dejado aquel joven de rulos? Como lo hizo? A esta altura ya nada tenía sentido. Guarde la nota en mi bolsillo y nuevamente me decía a mi mismo que era hora de irme sin importar lo que me esperara en ese lugar. No había escapado de aquella realidad aún. Me disponía a trepar por los enrejados de las ventanas para llegar al techo pero algo empezó a perturbarme. Una sensación bastante incómoda recorría todo mi cuerpo. Que era lo me sucedía? Lo supe cuando estaba cerca de llegar al techo, me observaban desde la calle.
Mi espíritu de aventura, mis instintos reprimidos por años empezaron a brotar lo que se tradujo en saltar de las rejas al suelo. Me fui acercando prepotentemente a la calle para encarar a los que me clavaban la mirada. En la vereda de enfrente había 8 niños, pero no eran niños ordinarios, eran chicos grises, de cabello largo, vistiendo harapos, con ojos profundamente rojos que no apartaban ni un segundo la vista de mi. Lo más aterrador de todo era que no parpadeaban. Me seguí acercando a ellos para hacer que depongan su actitud. Estaba a pasos del portón. Al dar un paso más devolviéndoles la mirada tan fijamente como ellos sentí que pise algo. Miré hacia abajo y descubrí con gran sorpresa que había pisado la nota que encontré anteriormente. "VETE AL TECHO. HAZLO" empezó a retumbar en mi cabeza. Debía irme pero mi hombría pactó con mi conciencia no dejar que esos infantes me fastidiaran con tal actitud. El acuerdo fue gritarles. Gritarles e irme.
Estaba allí frente a ellos, en la vereda de enfrente. Aspire aire para dar el grito, pero al apenas accionar la manija del portón sucedieron cosas. Cosas terribles.
Los niños se pusieron de pie y sus ojos eran aún más aterradores que antes. Empezó a sonar un horrible sonido causándome una migraña instantánea. Mi cabeza quería estallar. A esto empezaron a introducirse terriblemente imágenes del joven de rulos corriendo, la anciana lamentándose y los niños grises mirándome estáticos. Era todo tan psicodelicamente torturador hasta que de repente todo se detuvo. Era el fin? Temí por mi vida pero aún había más. A continuación me encontraba en mi sala de estar con mi familia pero ellos no me veían, es más, una versión joven de mi estaba al lado de mi padre cenando. Comíamos un pollo con patatas. Mi hermana no dejaba de sonreír a mi abuela y hermano, contenta por lo delicioso que estaba el pastel. Por lo visto estábamos celebrando su cumpleaños. La escena era muy tranquila pero no duraría mucho.
Alguien llamaba a la puerta. Mi hermano se levanto para ver quién llamaba. Se escuchó un portazo y disparos. Mi padre me tomó de la mano y me llevó al baño. Nos encerramos mientras escuchábamos destrozos, gritos de mujer y más disparos. Yo miraba al techo sin emitir un sonido. Mi padre entre sollozos decía "mamá" mientras trataba de comunicarse con la policía pero era tarde. Se escucharon patadas en la puerta que terminaron por romperla. Una persona ingresó con un revólver y efectuó tres disparos.
Y tras un segundo de agonía, estaba viendo el techo mientras mi celular sonaba. Estaba en mi habitación. Eran las 7 de la mañana y estaba por llegar tarde a la oficina sino me levantaba ya. Nada fue real? Sólo sabía que debía irme y no olvidar las llaves. Ni a Julieta.