Hola amigos míos. Hoy os traigo la quinta parte de mi increíble historia de zombies. Lamento tanto la tardanza es que he estoy en mi período... de exámenes finales. Pero no os preocupéis que aquí está la continuación. Posiblemente publiqué la sexta los siguientes días. Si os ha gustado pueden comentar para sugerencias, quejas, opiniones, etc. También pueden dejar puntos o seguirme para estar al tanto de las continuaciones. Recuerden que comentarios negativos o carentes de sentido alguno serán eliminados y pueden ser bloqueados si insisten en publicarlos. Sin más preámbulos, está es la continuación de Civilización Z:
Día 11.
-Que buen sueño he tenido. ¿Cómo qué horas serán? A ver, las 9 de la mañana. Es temprano, mejor me cambio para el resto del día. –Se cambió la ropa, agarró su escopeta de dos cañones, su Python, el machete y cerró la puerta, bajó las escaleras para ver la escuela.
-Qué raro no ver a nadie por aquí. ¿Dónde podrán estar? –Paseando por la cancha de fútbol logró ver que en el salón de matemáticas se encontraban todos sus compañeros en una especie de junta. -¿Qué rayos estarán haciendo ahí?
-Sigilosamente se acercó para poder escuchar lo que decían.
-¡Calmados todos, cállense! –Gritó Enrique. –Y todos se callaron.
-Gracias Enrique, la razón por la que hemos decidido reunirlos todos hoy es por nuestro nuevo inquilino, bueno no es nuevo porque ya lo conocíamos, Lucio. –Dijo Carlos.
-¿Qué hay con él? –Preguntó Elisa.
-Bueno, aprovechando de que él sigue dormido hemos hecho esta asamblea para discutir sobre su estancia. –Respondió él.
-¿Qué hay de malo con Lucio? –Cuestionó María Elena.
-Bueno, Carlos cree que él puede ser un peligro para la seguridad de esta comunidad.
-¿Cómo? –Preguntó Gustavo.
-Bueno, les explicaré las causas. Primero, la matanza de infectados que hizo hace dos días, los mató como si fueran moscas. Segundo, él nos dio una advertencia, quien ose robar algo de su propiedad morirá. Y tercero, me vengo enterando de que él ya mató gente. ¿Eso es más que suficiente para ustedes? –Dijo Carlos.
-Bueno, Carlos, debemos de ver cómo actúa, mientras no se comporte de manera violenta con nosotros. –Dijo Grecia. De repente se escucharon unos aplausos.
-Pero qué bonito, ¿con qué queriendo echarme? –Respondió Lucio. -¿Qué mierda creen que hacen, conspirando contra mí? Me ofenden malditos hijos de puta. Si quieren que me vaya, díganmelo en la cara. Me sorprende de ustedes, los consideraba mis amigos, pero veo que ni en ustedes puedo confiar. Bien hasta luego idiotas.
-¡Lucio espera! –Gritó Grecia.
-¿Ahora qué quieres niña?
-No te vayas, te necesitamos, cada uno de nosotros.
-No, no me necesitan. Porque gracias a este par de estúpidos –señaló con su revólver a Carlos y Enrique, con el dedo en el gatillo- parece que quieren que me largue de aquí. ¿O me equivoco? –Todos guardaron silencio. –Eso pensé.
-Un momento Lucio, te necesitamos aquí. Esto fue idea exclusivamente de Carlos, yo no tuve nada que ver. Te lo juro. –Replicó Enrique.
-Aja, lo que digas. Porque eso no es lo que parece.
-Mira, sé que esto se ve mal. Pero no queríamos que te enteraras, queríamos ver que pensaban los demás sobre ti. –Dijo Enrique.
-Muy bien, pues sometámoslo a votación. ¿En contra? 0. ¿Abstenciones? 0. ¿A favor? Todos. Bien, parece que me dices la verdad amigo mío. –Dijo Lucio.
-¿Entonces te quedarás? –Le preguntó Grecia.
-Al parecer sí, el pueblo ha hablado. Me quedaré para entrenarlos, pero no planeen estas reuniones a mis espaldas o les irá como en feria. ¿Entendido? Bien. Ahora vuelvan a sus trabajos, este lugar no se mantendrá solo por su cuenta, el entrenamiento para armas de fuego empieza en 1 hora, los que quieran practicar, les sugiero que se empiecen a preparar. –Dijo Lucio y se fue. Todos salieron después de él y volvieron a lo que estaban haciendo. Él volvió a su salón a arreglar algunas cosas.
-Bueno, eso pudo salir peor, pero que bien que todo salió bien. –Se dijo a sí mismo.
-Tienes razón. –Le respondió Grecia.
-¿Ahora qué quieres, me vienes a regañar?
-No, ¿qué acaso no puedo venir a visitar a mi viejo amigo?
-No sin razón alguna. ¿Qué se te ofrece?
-Nada que tú tengas, solo, conocimiento.
-¿Qué quieres saber?
-Quiero saber porque te comportas así.
-¿Así cómo?
-Tú no eras así, digo sé que no eras precisamente una persona sensible o “normal” se podría decir. Tú eras diferente a como eres ahora. No eras tan violento e insensato.
-¿Qué más quieres? La civilización tal como la conocíamos ya no existe. Tenemos que alzarnos de las ruinas de lo que era nuestra sociedad. No podemos hacer mucho ahora, solo sobrevivir. Ahora, no cambié, solo me adapté a mi entorno. Yo veo las cosas tal como son y como veo, puedo decirte que no podemos hacer gran cosa, si apenas ustedes pudieron sobrevivir y eso porque llegué yo.
-¿Ya ves? Hablas sin pensar, razona.
-La razón ya no sirve, uno tiene que actuar. Los sentimientos son lo de menos ahorita.
-Escúchate a ti mismo, tú no eres así, por favor, piensa por un momento. ¿No ves que tus palabras pueden herir a alguien?
-¡Me importa un carajo! Solo te diré algo, si quieres sobrevivir en este mundo, la regla es la siguiente: Piensa en ti y solamente en ti, que los demás se jodan. Solo así he sobrevivido todo este tiempo, viendo por mí mismo. Mejor vete, estoy muy ocupado como para atender trivialidades de una persona que no tiene idea de lo que es sobrevivir en extremas condiciones. ¡Vamos, vete de aquí!
-Adiós Lucio. –Se fue disgustada mientras que Lucio se preparaba para dar lecciones de tiro. Pasó la hora y fue a la cancha.
-Bien niños, he puesto un blanco a unos metros. Les explicaré como darle en la cabeza, solo así pueden matar un zombie. Bien esto es una escopeta… -Y pasaron las horas hasta que empezó a atardecer cuando todos pararon a los disparos.
-¡Alto al fuego! Muy bien, veo que algunos de ustedes tienen puntería, pero aun así tienen que mejorar, necesitan ser lo suficientemente buenos como para matar a una horda de zombies que se les acerca de manera rápida y eficaz. Vamos, todos a sus casas, denme las armas, las limpiaré, eso será otra lección. Vamos, largos de aquí. –Le entregaron las armas y él volvió a su habitación.
-Bueno, tardaré un poco en limpiar esto. –Pasaron como un par de horas y dieron las 11 de la noche. –Debería de dormir, estoy muy cansado.
Día 12.
-¿Qué horas son? –Miró su reloj. -9 de la mañana, justo a tiempo debería de devolver las armas que limpié. –Bajó las escaleras con un mochilón lleno hasta el tope de armas. Fue con Carlos a devolvérselas.
-Oye Carlos, ten, limpias como nuevas. Mejor guárdalas, no malgasten munición. Hay que ahorrarla para las prácticas y casos de necesidad.
-Está bien, gracias Lucio.
-Nos vemos, por cierto diles a todo que la siguiente práctica será mañana. –Se alejó y volvió a su habitación. –Pensándolo bien, ayer me porté como un patán con Grecia, debería de disculparme, ¿pero cómo? ¡Ya sé, un regalo! ¿Pero que le puedo regalar? Oh vaya, esto es perfecto. –Cerró el salón y buscó a Grecia, se topó con Enrique y le preguntó.
-Oye negro, ¿has visto a tu novia?
-Ex novia, por favor.
-Oh, lo lamento. Pero como sea, ¿no sabes dónde está?
-En la dirección. ¿Para qué la necesitas?
-Necesito decirle algo importante.
-Está bien, nos vemos. –Lucio se fue pero en cuanto entró en el edificio Enrique se ocultó y se puso a escuchar la conversación.
-¡Grecia, oye!
-¿Qué quieres?
-Oye, este, yo. Lamento lo de ayer, no debí hablarte así. Es que he estado en un mar de emociones estos últimos días y no he podido controlarme. Lamento si herí tus sentimientos, no era yo. ¿Podrías perdonarme?
-Je, está bien. Pero a la siguiente te llevarás una madriza de aquellas, ¿entendido?
-Entendido. Te traje un regalo.
-Oh, ¿en serio, qué es?
-Nada grande, una pistola. Solo para ti, es calibre .25. Era de mis abuelos, te la he venido a entregar a ti. Solo le caben como 10 balas, no la necesito ya tengo muchas armas.
-No puedo aceptarla, es de tu familia.
-Lo es y lo seguirá siendo. Porque tú eres como de mi familia. Insisto ten. –La sujetó de la mano y se la entregó.
-Muchas gracias. –Y lo abrazó.
-No hay por qué. Como sea, me tengo que ir a checar mis armas y esas cosas. Nos vemos.
-Hasta luego. –En cuanto Lucio estaba saliendo Enrique ya se había fugado del lugar y entonces empezó a pensar.
-No, no puede ser. Imposible, Lucio no quiere a Grecia ni ella a Lucio. No sé porque me preocupo, son solo amigos… muy buenos amigos. Me tengo que tranquilizar. ¡Ya sé, me desharé de ese bastardo desgraciado! ¿Pero cómo? Ya se me ocurrirá algo.
-¡Hola Quique! –Dijo Lucio.
-¡Hola Lucio! –Le respondió.
-Au revoir! – (Sí, sabe hablar francés).
-Maldito. –Lucio se alejó despreocupado de la vida y volvió a su cuarto.
-Quique, actuaba un poco raro. Supongo que no ha de ser nada, debo de prepararme para la siguiente práctica. Qué bueno que los zombies son lentos y son fáciles de matar con un arma de fuego. Aun así, debo de seguirles enseñando ya un par más de prácticas y creo que ya estarán listos para matar no muertos.
Mientras tanto en la dirección de la escuela se encontraba un grupo conglomerado de personas.
-Ok, debemos de empezar a buscar armas. Las comisarías de policía, las patrullas, los campamentos del ejército y la marina. Incluso los malditos narcotraficantes tuvieron que tener un madrero de armas en sus guaridas. Todo esto, tenemos, tenemos que encontrarlo. –Dijo Carlos.
-Apoyo la idea de Carlos, pero no solo tenemos que buscar armas. También vehículos, ya muchos sabemos conducir. Los vehículos del Mando Único nos serían muy útiles. Ya saben, camionetas de carga, rápidas, espaciosas, perfectas. Y no solo eso, también suministros como ropa, comida, agua, cobijas, todo eso lo necesitamos si queremos subsistir en este lugar. –Respondió Enrique.
-Bueno, tienen razón. Quizás Lucio nos podría ayudar a dirigir estas expediciones en búsqueda de las armas, vehículos y suministros. Él sabe cómo sobrevivir, nos lo ha demostrado. Tenemos que pedir su ayuda. –Dijo Martín.
-Muy bien, creo que hemos llegado a un acuerdo. Debemos comenzar cuanto antes nuestras operaciones, debemos dejar de defendernos y empezar a atacar. –Aclamó Grecia.
-Está bien, tenemos que buscarlo, ¿alguien sabe dónde está? –Preguntó Carlos.
-Creo que en su salón, vamos a por él. –Respondió Grecia. En lo que el grupo de amigos iban a por Lucio, éste estaba revisando sus armas como siempre.
-Me gusta mi Remington, pensar que esta escopeta tiene más de 20 años. Es tan vieja, como, como… como mi hermano. Mi familia, ¿qué será de ellos, estarán bien, con quién estarán y dónde?
Al otro lado de México…
-Eloísa, ¿no has visto a Luis?
-Creo que fue al baño.
-Ese chamaco, como sea, ¿no te parece genial este lugar? Refugio, comida, ropa, armas, gente, digo todo es perfecto. Me gusta aquí, se podría decir que hasta cierto punto es mejor que nuestra vieja vivienda.
-Quizás, digo, es Mérida, una hermosa ciudad. Siempre quise visitar este lugar, pero no bajo estas circunstancias.
-Yo digo lo mismo.
-¿Qué crees que le haya pasado a nuestro hijo?
-Pues está cagando.
-No ese no, Lucio.
-Ya sé, ya sé, no te preocupes. Es un chico listo, sabrá apañárselas él solo, de eso estoy seguro. Además tiene armas y comida en la casa, eso es suficiente.
-Tienes razón, solo podemos desear lo mejor para él en este momento.
De vuelta en la escuela…
-Lucio, ¡oye Lucio! –Gritó Carlos.
-Ah, este, perdón, estaba un poco distraído. Como sea, ¿qué se les ofrece?
-Requerimos… de tus servicios. –Pidió Enrique.
-¿Qué clase de servicios?
-Armamentísticos. Queremos de tu apoyo en una búsqueda de suministros.
-Está bien, ¿cuándo y dónde?
-En cuanto antes mejor. Lugares como estaciones de policía, campamentos de la marina y el ejército.
-Ok, los espero mañana por la mañana. Había un retén como a media hora caminando y una estación a 2 horas. Necesito a 6 personas como mínimo. 2 grupos de 3. Yo dirigiré el de la estación. Busquen mochilas, muchas mochilas. Traeremos varias cosas. Volveremos al atardecer como máximo y para el día siguiente iremos a los supermercados. Iremos en 4 grupos de 2, ahí si usaremos vehículos porque mañana amigos míos tendremos más vehículos. Partimos mañana por la mañana. ¿Alguna duda?
-Este, supongo que no. –Respondió Carlos.
-Ok, recuerden llevar armas. Nos vemos en el estacionamiento y luego a las 7 salimos, despiértense temprano.
-Muy bien, nos vemos. Au revoir! –Respondió Grecia. Se fueron y Lucio se empezó a organizar.
-Bien, supongo que me debería de organizar. Agarrar un par de mochilas y unas cuantas armas, veamos. Mi escopeta Remington, el revólver .38 y el machete. Creo que con eso bastará, no será una expedición tan ardua. Además hay que ir lo más ligero posible. ¿Qué horas son? Diantres, ya es tarde. Son las 7 de la noche. Debería de ir a cenar y luego dormirme. Mejor ya bajo, pero antes agarro mi revólver. –Bajo las escaleras y se dirigió a los salones de secundaria donde estaban todos congregados cenando.
-Bon appétit mes amis. –Dijo abriendo la puerta. – ¿Me puedo unir a vosotros?
-Éntrale, hay espacio. –Dijo Martín.
-¿Qué comen?
-Chatarra, desde la última expedición ha sido nuestro desayuno, comida y cena. –Respondió Carlos.
-Ah claro, en la que salvé tu trasero. –Dijo Lucio. –Cómo olvidarla. Je, como sea. En serio, ¿no tienen nada más? Digo me gusta la comida basura como a todo el mundo, ¿pero no tienen algo más “saludable”? Fruta, pan, carnes, aunque las odie, ¿ni siquiera verduras, aunque sean enlatadas?
-No, es todo. Pero como tú dices, no será así por mucho. En un par de días tendremos más comida. Dudo que hayan saqueado los supermercados, no hubo pánico colectivo. Todos huyeron o fueron evacuados por los soldados. –Dijo Enrique.
-Tan siquiera está eso. ¿Creen que haya más sobrevivientes? –Preguntó incrédula Fernanda.
-No seas tonta, ¿no crees que ya nos los habíamos encontrado? Además si los hay, son unos verdaderos hijos de perra. Posiblemente sean narcotraficantes, los Zetas. Esos están armados hasta los dientes. Está cabrón matarlos. Será mejor alejarnos de cualquier persona. Solo podemos confiar en nosotros en estos momentos. –Respondió Lucio.
-Apoyo a Lucio, somos las únicas personas de confianza. –Dijo Grecia.
-Solo les diré una cosa, de ser necesario, mátenlos. No dejen que os saquen información. Solo querrán aprovecharse de nosotros. –Dijo Lucio.
-¿No es un poco drástico lo qué propones? –Cuestionó Grecia.
-Al contrario, querida, es indispensablemente necesario. Las drasticidades son la única manera de sobrevivir en este mundo. Mejor precavido que jodido. ¿No os parece?
-Creo que sí. –Respondió Martín. –Apoyo su idea, debemos de prever cualquier escenario que nos pueda perjudicar.
-Bueno tanta plática me ha dejado hambriento. Paséenme ese paquete de galletas, Quique sírveme un poco de Coca Cola. –Pasaron un par de horas, entre anécdotas y risas ya todos estaban satisfechos.
-Vaya, que buen banquete me he dado. Me despido amigos, amigas… y Grecia. –Ésta se enojó. –No te creas chaparra, buenas noches a todos ustedes. –Se retiró del salón y volvió a su habitación.
-Será mejor dormir, mañana hay mucho trabajo que hacer.
Bien eso ha sido todo por hoy. Espero que haya sido de vuestro agrado. Les dejo los links a las partes anteriores:
Parte 1:
Parte 2:
Parte 3:
Parte 4:
Bueno, nos vemos hasta la próxima amigos.
Día 11.
-Que buen sueño he tenido. ¿Cómo qué horas serán? A ver, las 9 de la mañana. Es temprano, mejor me cambio para el resto del día. –Se cambió la ropa, agarró su escopeta de dos cañones, su Python, el machete y cerró la puerta, bajó las escaleras para ver la escuela.
-Qué raro no ver a nadie por aquí. ¿Dónde podrán estar? –Paseando por la cancha de fútbol logró ver que en el salón de matemáticas se encontraban todos sus compañeros en una especie de junta. -¿Qué rayos estarán haciendo ahí?
-Sigilosamente se acercó para poder escuchar lo que decían.
-¡Calmados todos, cállense! –Gritó Enrique. –Y todos se callaron.
-Gracias Enrique, la razón por la que hemos decidido reunirlos todos hoy es por nuestro nuevo inquilino, bueno no es nuevo porque ya lo conocíamos, Lucio. –Dijo Carlos.
-¿Qué hay con él? –Preguntó Elisa.
-Bueno, aprovechando de que él sigue dormido hemos hecho esta asamblea para discutir sobre su estancia. –Respondió él.
-¿Qué hay de malo con Lucio? –Cuestionó María Elena.
-Bueno, Carlos cree que él puede ser un peligro para la seguridad de esta comunidad.
-¿Cómo? –Preguntó Gustavo.
-Bueno, les explicaré las causas. Primero, la matanza de infectados que hizo hace dos días, los mató como si fueran moscas. Segundo, él nos dio una advertencia, quien ose robar algo de su propiedad morirá. Y tercero, me vengo enterando de que él ya mató gente. ¿Eso es más que suficiente para ustedes? –Dijo Carlos.
-Bueno, Carlos, debemos de ver cómo actúa, mientras no se comporte de manera violenta con nosotros. –Dijo Grecia. De repente se escucharon unos aplausos.
-Pero qué bonito, ¿con qué queriendo echarme? –Respondió Lucio. -¿Qué mierda creen que hacen, conspirando contra mí? Me ofenden malditos hijos de puta. Si quieren que me vaya, díganmelo en la cara. Me sorprende de ustedes, los consideraba mis amigos, pero veo que ni en ustedes puedo confiar. Bien hasta luego idiotas.
-¡Lucio espera! –Gritó Grecia.
-¿Ahora qué quieres niña?
-No te vayas, te necesitamos, cada uno de nosotros.
-No, no me necesitan. Porque gracias a este par de estúpidos –señaló con su revólver a Carlos y Enrique, con el dedo en el gatillo- parece que quieren que me largue de aquí. ¿O me equivoco? –Todos guardaron silencio. –Eso pensé.
-Un momento Lucio, te necesitamos aquí. Esto fue idea exclusivamente de Carlos, yo no tuve nada que ver. Te lo juro. –Replicó Enrique.
-Aja, lo que digas. Porque eso no es lo que parece.
-Mira, sé que esto se ve mal. Pero no queríamos que te enteraras, queríamos ver que pensaban los demás sobre ti. –Dijo Enrique.
-Muy bien, pues sometámoslo a votación. ¿En contra? 0. ¿Abstenciones? 0. ¿A favor? Todos. Bien, parece que me dices la verdad amigo mío. –Dijo Lucio.
-¿Entonces te quedarás? –Le preguntó Grecia.
-Al parecer sí, el pueblo ha hablado. Me quedaré para entrenarlos, pero no planeen estas reuniones a mis espaldas o les irá como en feria. ¿Entendido? Bien. Ahora vuelvan a sus trabajos, este lugar no se mantendrá solo por su cuenta, el entrenamiento para armas de fuego empieza en 1 hora, los que quieran practicar, les sugiero que se empiecen a preparar. –Dijo Lucio y se fue. Todos salieron después de él y volvieron a lo que estaban haciendo. Él volvió a su salón a arreglar algunas cosas.
-Bueno, eso pudo salir peor, pero que bien que todo salió bien. –Se dijo a sí mismo.
-Tienes razón. –Le respondió Grecia.
-¿Ahora qué quieres, me vienes a regañar?
-No, ¿qué acaso no puedo venir a visitar a mi viejo amigo?
-No sin razón alguna. ¿Qué se te ofrece?
-Nada que tú tengas, solo, conocimiento.
-¿Qué quieres saber?
-Quiero saber porque te comportas así.
-¿Así cómo?
-Tú no eras así, digo sé que no eras precisamente una persona sensible o “normal” se podría decir. Tú eras diferente a como eres ahora. No eras tan violento e insensato.
-¿Qué más quieres? La civilización tal como la conocíamos ya no existe. Tenemos que alzarnos de las ruinas de lo que era nuestra sociedad. No podemos hacer mucho ahora, solo sobrevivir. Ahora, no cambié, solo me adapté a mi entorno. Yo veo las cosas tal como son y como veo, puedo decirte que no podemos hacer gran cosa, si apenas ustedes pudieron sobrevivir y eso porque llegué yo.
-¿Ya ves? Hablas sin pensar, razona.
-La razón ya no sirve, uno tiene que actuar. Los sentimientos son lo de menos ahorita.
-Escúchate a ti mismo, tú no eres así, por favor, piensa por un momento. ¿No ves que tus palabras pueden herir a alguien?
-¡Me importa un carajo! Solo te diré algo, si quieres sobrevivir en este mundo, la regla es la siguiente: Piensa en ti y solamente en ti, que los demás se jodan. Solo así he sobrevivido todo este tiempo, viendo por mí mismo. Mejor vete, estoy muy ocupado como para atender trivialidades de una persona que no tiene idea de lo que es sobrevivir en extremas condiciones. ¡Vamos, vete de aquí!
-Adiós Lucio. –Se fue disgustada mientras que Lucio se preparaba para dar lecciones de tiro. Pasó la hora y fue a la cancha.
-Bien niños, he puesto un blanco a unos metros. Les explicaré como darle en la cabeza, solo así pueden matar un zombie. Bien esto es una escopeta… -Y pasaron las horas hasta que empezó a atardecer cuando todos pararon a los disparos.
-¡Alto al fuego! Muy bien, veo que algunos de ustedes tienen puntería, pero aun así tienen que mejorar, necesitan ser lo suficientemente buenos como para matar a una horda de zombies que se les acerca de manera rápida y eficaz. Vamos, todos a sus casas, denme las armas, las limpiaré, eso será otra lección. Vamos, largos de aquí. –Le entregaron las armas y él volvió a su habitación.
-Bueno, tardaré un poco en limpiar esto. –Pasaron como un par de horas y dieron las 11 de la noche. –Debería de dormir, estoy muy cansado.
Día 12.
-¿Qué horas son? –Miró su reloj. -9 de la mañana, justo a tiempo debería de devolver las armas que limpié. –Bajó las escaleras con un mochilón lleno hasta el tope de armas. Fue con Carlos a devolvérselas.
-Oye Carlos, ten, limpias como nuevas. Mejor guárdalas, no malgasten munición. Hay que ahorrarla para las prácticas y casos de necesidad.
-Está bien, gracias Lucio.
-Nos vemos, por cierto diles a todo que la siguiente práctica será mañana. –Se alejó y volvió a su habitación. –Pensándolo bien, ayer me porté como un patán con Grecia, debería de disculparme, ¿pero cómo? ¡Ya sé, un regalo! ¿Pero que le puedo regalar? Oh vaya, esto es perfecto. –Cerró el salón y buscó a Grecia, se topó con Enrique y le preguntó.
-Oye negro, ¿has visto a tu novia?
-Ex novia, por favor.
-Oh, lo lamento. Pero como sea, ¿no sabes dónde está?
-En la dirección. ¿Para qué la necesitas?
-Necesito decirle algo importante.
-Está bien, nos vemos. –Lucio se fue pero en cuanto entró en el edificio Enrique se ocultó y se puso a escuchar la conversación.
-¡Grecia, oye!
-¿Qué quieres?
-Oye, este, yo. Lamento lo de ayer, no debí hablarte así. Es que he estado en un mar de emociones estos últimos días y no he podido controlarme. Lamento si herí tus sentimientos, no era yo. ¿Podrías perdonarme?
-Je, está bien. Pero a la siguiente te llevarás una madriza de aquellas, ¿entendido?
-Entendido. Te traje un regalo.
-Oh, ¿en serio, qué es?
-Nada grande, una pistola. Solo para ti, es calibre .25. Era de mis abuelos, te la he venido a entregar a ti. Solo le caben como 10 balas, no la necesito ya tengo muchas armas.
-No puedo aceptarla, es de tu familia.
-Lo es y lo seguirá siendo. Porque tú eres como de mi familia. Insisto ten. –La sujetó de la mano y se la entregó.
-Muchas gracias. –Y lo abrazó.
-No hay por qué. Como sea, me tengo que ir a checar mis armas y esas cosas. Nos vemos.
-Hasta luego. –En cuanto Lucio estaba saliendo Enrique ya se había fugado del lugar y entonces empezó a pensar.
-No, no puede ser. Imposible, Lucio no quiere a Grecia ni ella a Lucio. No sé porque me preocupo, son solo amigos… muy buenos amigos. Me tengo que tranquilizar. ¡Ya sé, me desharé de ese bastardo desgraciado! ¿Pero cómo? Ya se me ocurrirá algo.
-¡Hola Quique! –Dijo Lucio.
-¡Hola Lucio! –Le respondió.
-Au revoir! – (Sí, sabe hablar francés).
-Maldito. –Lucio se alejó despreocupado de la vida y volvió a su cuarto.
-Quique, actuaba un poco raro. Supongo que no ha de ser nada, debo de prepararme para la siguiente práctica. Qué bueno que los zombies son lentos y son fáciles de matar con un arma de fuego. Aun así, debo de seguirles enseñando ya un par más de prácticas y creo que ya estarán listos para matar no muertos.
Mientras tanto en la dirección de la escuela se encontraba un grupo conglomerado de personas.
-Ok, debemos de empezar a buscar armas. Las comisarías de policía, las patrullas, los campamentos del ejército y la marina. Incluso los malditos narcotraficantes tuvieron que tener un madrero de armas en sus guaridas. Todo esto, tenemos, tenemos que encontrarlo. –Dijo Carlos.
-Apoyo la idea de Carlos, pero no solo tenemos que buscar armas. También vehículos, ya muchos sabemos conducir. Los vehículos del Mando Único nos serían muy útiles. Ya saben, camionetas de carga, rápidas, espaciosas, perfectas. Y no solo eso, también suministros como ropa, comida, agua, cobijas, todo eso lo necesitamos si queremos subsistir en este lugar. –Respondió Enrique.
-Bueno, tienen razón. Quizás Lucio nos podría ayudar a dirigir estas expediciones en búsqueda de las armas, vehículos y suministros. Él sabe cómo sobrevivir, nos lo ha demostrado. Tenemos que pedir su ayuda. –Dijo Martín.
-Muy bien, creo que hemos llegado a un acuerdo. Debemos comenzar cuanto antes nuestras operaciones, debemos dejar de defendernos y empezar a atacar. –Aclamó Grecia.
-Está bien, tenemos que buscarlo, ¿alguien sabe dónde está? –Preguntó Carlos.
-Creo que en su salón, vamos a por él. –Respondió Grecia. En lo que el grupo de amigos iban a por Lucio, éste estaba revisando sus armas como siempre.
-Me gusta mi Remington, pensar que esta escopeta tiene más de 20 años. Es tan vieja, como, como… como mi hermano. Mi familia, ¿qué será de ellos, estarán bien, con quién estarán y dónde?
Al otro lado de México…
-Eloísa, ¿no has visto a Luis?
-Creo que fue al baño.
-Ese chamaco, como sea, ¿no te parece genial este lugar? Refugio, comida, ropa, armas, gente, digo todo es perfecto. Me gusta aquí, se podría decir que hasta cierto punto es mejor que nuestra vieja vivienda.
-Quizás, digo, es Mérida, una hermosa ciudad. Siempre quise visitar este lugar, pero no bajo estas circunstancias.
-Yo digo lo mismo.
-¿Qué crees que le haya pasado a nuestro hijo?
-Pues está cagando.
-No ese no, Lucio.
-Ya sé, ya sé, no te preocupes. Es un chico listo, sabrá apañárselas él solo, de eso estoy seguro. Además tiene armas y comida en la casa, eso es suficiente.
-Tienes razón, solo podemos desear lo mejor para él en este momento.
De vuelta en la escuela…
-Lucio, ¡oye Lucio! –Gritó Carlos.
-Ah, este, perdón, estaba un poco distraído. Como sea, ¿qué se les ofrece?
-Requerimos… de tus servicios. –Pidió Enrique.
-¿Qué clase de servicios?
-Armamentísticos. Queremos de tu apoyo en una búsqueda de suministros.
-Está bien, ¿cuándo y dónde?
-En cuanto antes mejor. Lugares como estaciones de policía, campamentos de la marina y el ejército.
-Ok, los espero mañana por la mañana. Había un retén como a media hora caminando y una estación a 2 horas. Necesito a 6 personas como mínimo. 2 grupos de 3. Yo dirigiré el de la estación. Busquen mochilas, muchas mochilas. Traeremos varias cosas. Volveremos al atardecer como máximo y para el día siguiente iremos a los supermercados. Iremos en 4 grupos de 2, ahí si usaremos vehículos porque mañana amigos míos tendremos más vehículos. Partimos mañana por la mañana. ¿Alguna duda?
-Este, supongo que no. –Respondió Carlos.
-Ok, recuerden llevar armas. Nos vemos en el estacionamiento y luego a las 7 salimos, despiértense temprano.
-Muy bien, nos vemos. Au revoir! –Respondió Grecia. Se fueron y Lucio se empezó a organizar.
-Bien, supongo que me debería de organizar. Agarrar un par de mochilas y unas cuantas armas, veamos. Mi escopeta Remington, el revólver .38 y el machete. Creo que con eso bastará, no será una expedición tan ardua. Además hay que ir lo más ligero posible. ¿Qué horas son? Diantres, ya es tarde. Son las 7 de la noche. Debería de ir a cenar y luego dormirme. Mejor ya bajo, pero antes agarro mi revólver. –Bajo las escaleras y se dirigió a los salones de secundaria donde estaban todos congregados cenando.
-Bon appétit mes amis. –Dijo abriendo la puerta. – ¿Me puedo unir a vosotros?
-Éntrale, hay espacio. –Dijo Martín.
-¿Qué comen?
-Chatarra, desde la última expedición ha sido nuestro desayuno, comida y cena. –Respondió Carlos.
-Ah claro, en la que salvé tu trasero. –Dijo Lucio. –Cómo olvidarla. Je, como sea. En serio, ¿no tienen nada más? Digo me gusta la comida basura como a todo el mundo, ¿pero no tienen algo más “saludable”? Fruta, pan, carnes, aunque las odie, ¿ni siquiera verduras, aunque sean enlatadas?
-No, es todo. Pero como tú dices, no será así por mucho. En un par de días tendremos más comida. Dudo que hayan saqueado los supermercados, no hubo pánico colectivo. Todos huyeron o fueron evacuados por los soldados. –Dijo Enrique.
-Tan siquiera está eso. ¿Creen que haya más sobrevivientes? –Preguntó incrédula Fernanda.
-No seas tonta, ¿no crees que ya nos los habíamos encontrado? Además si los hay, son unos verdaderos hijos de perra. Posiblemente sean narcotraficantes, los Zetas. Esos están armados hasta los dientes. Está cabrón matarlos. Será mejor alejarnos de cualquier persona. Solo podemos confiar en nosotros en estos momentos. –Respondió Lucio.
-Apoyo a Lucio, somos las únicas personas de confianza. –Dijo Grecia.
-Solo les diré una cosa, de ser necesario, mátenlos. No dejen que os saquen información. Solo querrán aprovecharse de nosotros. –Dijo Lucio.
-¿No es un poco drástico lo qué propones? –Cuestionó Grecia.
-Al contrario, querida, es indispensablemente necesario. Las drasticidades son la única manera de sobrevivir en este mundo. Mejor precavido que jodido. ¿No os parece?
-Creo que sí. –Respondió Martín. –Apoyo su idea, debemos de prever cualquier escenario que nos pueda perjudicar.
-Bueno tanta plática me ha dejado hambriento. Paséenme ese paquete de galletas, Quique sírveme un poco de Coca Cola. –Pasaron un par de horas, entre anécdotas y risas ya todos estaban satisfechos.
-Vaya, que buen banquete me he dado. Me despido amigos, amigas… y Grecia. –Ésta se enojó. –No te creas chaparra, buenas noches a todos ustedes. –Se retiró del salón y volvió a su habitación.
-Será mejor dormir, mañana hay mucho trabajo que hacer.
Bien eso ha sido todo por hoy. Espero que haya sido de vuestro agrado. Les dejo los links a las partes anteriores:
Parte 1:
Parte 2:
Parte 3:
Parte 4:
Bueno, nos vemos hasta la próxima amigos.