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Post Sobre Fantasmas (Historias,fotos,video,info,etc)

Paranormal1/4/2013
Hice es ''investigación'', porque busque en algunas pagina y me encontre con esto:

Lo que le paso a este tipo:

La verdad esto lo vengo Guardando Hace Días, Y quiero contárselos a Ustedes Resulta, que en la calle donde vivía mi abuela ( Ya muerta) Hay una vecina, llamada Aurora, conocida de mi madre, que la invito a el Cumpleaños del Hijo de 10 años en su casa, Obviamente para no ir sola me dijo que la acompañara. En el momento de Entrar a la casa note una cosa Rara ,su casa es muy fría, Pasando eso, cuando empezó el cumpleaños la mayoría de los chicos entraron a una Habitación donde dormía la madre de la chica ( La del cual murió teniendo problemas de riñones y siendo ciega desde pequeña, que recién cuando es mayor, logra recuperar la vista a trabes de una operación, la señora según me contó mi mama, sufrió mucho y que se ve que ese problema de riñón también lo tiene Su hija, ya que es Genético) De repente, se escuchan a todos los chicos saliendo de la Habitación Rompiendo el Llanto Desconsoladamente, Yo inmediatamente me dije: “¿Que paso acá?”, Al ver a la Habitación, no encontré nada de nada, era vacía, con las cosas de la madre dentro (eso creo la verdad, no se si eran de otra persona o de su madre). Luego de esa situación, al terminar el Cumpleaños, fuimos a la casa de una vecina, Susana, de Ese barrio que es amiga de mi mama, fueron a tomar “Mates” (Típica yerba con agua que se toma en Mucho en Argentina). Al entrar mi mama le cuenta que fuimos al Cumpleaños y Bla, Bla, Bla...... Luego de eso La chica nos empieza a contar, que se ve que la Madre muerta de la chica, Sige ahí como Fantasma, nos contó muchas Cosas particulares (yo solo contare 2 por que, En verdad Son muchos xDDDD, Si tengo mas tiempo ire diciendo mas cosas) el primero (paso a Principios de este año) que el Hijo (el del Cumpleaños) se cambio de escuela, Solo necesitaba confirmación Oficial de la respectiva escuela, Su Mama Aurora se ve que no la llamaban, Entonces para ver cuando empezaba el Hijo, Se decidió llamar Ella a la Escuela, y Adivinen que les dijeron? Dijeron que, ya habían llamado a la casa hace Meses, Que les había atendido Marta (Su Madre muerta) y que iba a dejar la información al Respecto, Yo la verdad me quede con la Boca Abierta no lo podía creer, Despues la Segunda Particularidad es que el Padre de la chica Casi mas se le muere en su casa de un susto ya que según el, vio a su Ex mujer con una manta larga Blanca con un niño en sus Brazos, Para mi mama ,ese Bebe, Era el hijo que ella iba a tener el año pasado Pero se le murió Por tener “Síndrome de Dauwn” y ese Problema de riñones. Luego de eso, Llegamos a mi casa y Obviamente se lo contamos a mi hermano e hermana Solo Familiares, Luego de eso no se volvio a tocar el tema Con esto no quiero creer que en verdad existan fantasmas, Pero me deja con una Gran duda, Según leí en Internet los Fantasmas esos son “Almas sin Pena” que vagan por la tierra sin poder irse al cielo ya que no pudieron cumplir su destino yo oviamente le pregunte de donde saco esta información, y me dijo que se lo habia dicho La misma Aurora la primera cosa y la otra el Chico ( Oviamente con otras palabras)


Información

¿En verdad existen?

Algunos investigadores del tema, más de acuerdo con la época, han manifestado que los fantasmas son producto del subconsciente y que sólo los ven con la imaginación ciertas personas. Pero, si esto fuera cierto, ¿qué explicación podría darse a tantos casos increíbles?.

¿Cómo explicar la presencia de un espíritu, que viene a informar acerca de algo que el testigo desconocía, es decir, que no estaba contenido en su subconsciente? Los antiguos tenían en gran respeto a estas apariciones y es por esta razón que han llegado hasta nosotros tantos testimonios valiosos.

Uno de los episodios con espíritus más antiguo es el que vivió el poeta griego Simónides (556-467 a.C.). Iba a emprender un viaje por mar. Daba la víspera un paseo por la playa cuando encontró un cadáver abandonado en la playa. Abrió un hoyo y le dio sepultura. Aquella misma noche se presentó ante él el alma del difunto y le aconsejó no embarcar. El poeta siguió el consejo y salvó la vida, puesto que el barco naufragó y murió hasta el último pasajero.

Otro caso extraño es el de Cicerón cuatro siglos más tarde. Decía que dos viajeros procedentes de Arcadia llegaron a Megara para pasar la noche. Uno encontró alojamiento en casa de un amigo, mientras el otro se acomodaba en una posada.

El primero acababa de cenar cuando le pareció ver la figura de su compañero pidiendo ayuda. Decía que el posadero iba a asesinarlo. Una hora más tarde regresó la figura, pero esta vez para decir que era ya muerto y que el posadero se había quedado con su bolsa. Su cuerpo estaba oculto en una carreta, bajo una capa de estiercol. Debía aclarar la verdad, porque el posadero tenía la intención de llevar el cuerpo lejos de la ciudad para enterrarlo. El hombre escéptico fue a ver, finalmente, al posadero. Lo encontró en la carreta, dispuesto a irse. Le gritó que quería ver el cuerpo que había escondido en la carreta. El posadero huyó al verse descubierto.

Otra historia de aparecidos que hizo las delicias de los romanos que vivieron en el siglo I de nuestra era sería dada a conocer por Plinio el Joven (32-113). El filósofo Atenágoras compró una casa que, según se decía, estaba embrujada. Le pareció que la vendían a muy buen precio y se fue a vivir en ella. No tardó en conocer a su habitante nocturno. Mientras trabajaba una noche a la luz de una vela escuchó ruido de cadenas que se aproximaban al cuarto donde se encontraba. Abandonó el filósofo la tarea para ver quién lo interrumpía y descubrió a un anciano en harapos, con expresión de loco, quien le hizo un gesto para que lo siguiese. Tuvo que insistir el aparecido varias veces antes de que Atenágoras lo acompañase hasta un patio interior, donde se desvaneció en el aire.

La mañana siguiente contrató el filósofo a un hombre para que abriese un hoyo en aquel lugar. Apareció un esqueleto cubierto de cadenas. Las autoridades llegaron a la casa y, después de opinar que se trataba del anterior dueño de la casa, quien había desaparecido años antes, se llevaron los huesos para darles sepultura. El fantasma dejó de visitar al filósofo. Este pudo terminar su libro.


Algunas fotos conocidas:

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fantasma

mentira


Algunas Historias

A lo largo de mi vida pasé por experiencias muy extrañas, las recuerdo todas y cada una de ellas como si hubiera sido ayer. Pero una de ellas particularmente bizarra es sin duda la mas terrorífica de todas. Se trata de el emisor anónimo.

Era tan solo un adolecente común con problemas de adolecente común, las personas que me conocían opinarían que era solo uno mas de el montón. Sin embargo ellos no sabían la clase de infancia que tuve y creo que lo mejor para mi era que así fuesen las cosas. Cuando yo nací, mis padres no tenían mucho dinero. Esto era en parte a que aun no terminaban la preparatoria cuando por azares de la vida fui concebido. Sin una profesión a mi padre le costaba bastante trabajo conseguir el pan de cada día y mi madre no podía tener un oficio porque tenía que hacerse cargo de mi. Fue únicamente por la valentía y honradez de mi padre que el decidió viajar a otro estado para asistir a la universidad y titularse, así el podría obtener un mejor empleo. El partió del hogar pero nunca regreso. Nunca tuve el valor de preguntarle a mi madre que había sido de el porque cada vez que me acercaba al tema ella se ponía demasiado sensible y era difícil decir si lo que la dominaba era tristeza o enojo, probablemente las dos cosas. Debido a que era imposible que mi madre se hiciera cargo del hogar ella sola tuvimos que mudarnos con una hermana de ella. Ambas eran mujeres solteras por lo que se facilitaba la convivencia entre ellas. Recuerdo que durante las noches solía ver televisión con mi tía lo cual me tranquilizaba un poco, ya que mi madre trabajaba durante las noches en lo que creo no era un oficio muy honrado, yo era tan solo un niño en ese entonces pero entendía lo que mi madre tenía que hacer para que no faltara la comida. Me rompía el corazón cada vez que veía llegar a mi madre en la mañana y todo lo que podía hacer era tratar de no pensar en ello.

Conforme fui creciendo comencé a tener prioridades en la vida, una de ellas era la escuela debido a que no quería pasar por lo mismo que mis padres, y la otra era mi hermosa novia. Ella era la única persona que sabia por lo que yo eh pasado y siempre podía contar con ella para todo. Era casi como si fuera mi razón para vivir.

Un día como cualquier otro llegue a mi casa de la escuela, cene con mi tía y fui a mi cuarto a encender la computadora. Como era de costumbre abrí mi correo electrónico y revise la bandeja de entrada. No encontré ningún correo importante sin embargo había uno que me llamo la atención, el titulo decía: “¿Te gusta vivir?”

Decidí abrirlo pero no contenía ningún mensaje, solo era un titulo. Como no conocía al emisor no le di mayor importancia. Hice mi tarea y fui a dormir temprano porque al día siguiente debía asistir al colegio.

Transcurrieron un par de semanas y después siguieron las vacaciones de verano, en las cuales conseguí un trabajo para poder pagar la inscripción del próximo semestre y las colegiaturas que le seguirían. Por dos largos meses me levante temprano todos los días para poder trabajar. Ya casi al finalizar las vacaciones decidí ir a visitar a mi novia sin avisarle. Me resulta difícil describir lo que sentí cuando al llegar a su casa la vi besándose con alguien mas. La confronte, le dije: “Explícame esto, ¿Quién es el?” ella no me respondió, solo le dijo al tipo con el que estaba: “El es el idiota de mi ex novio que te había contado, el pobre sigue obsesionado conmigo”. Nunca había sentido semejante humillación, yo juraba que por ella daba mi vida y así me fui a enterar como son las cosas. Estaba devastado.

Esa misma noche cuando regrese a mi casa encendí la computadora y por mera costumbre revise mi bandeja de entrada. Entonces volví a encontrar un mensaje del emisor anónimo. “¿Te gusta vivir?” decía el titulo, pero al igual que la vez anterior no había ningún mensaje escrito. Lo ignore, pero sería un mentiroso de no admitir que no pude dormir porque la pregunta me dejo pensando.

Al terminar las vacaciones llego el día de inscripciones del colegio, esa mañana me levante lleno de orgullo sabiendo que yo solo me había esforzado por conseguir todo el dinero necesario para pagarlas, pero al momento de revisar mi caja de ahorro note que estaba vacía. Alguien me lo había robado todo. Espere a mi madre todo el día para preguntarle si ella lo había tomado prestado o algo así, pero ese día ella no llego a la casa, ni al día siguiente, ni al siguiente. Me tarde bastante en darme cuenta que la mujer que me dio la vida y que me había cuidado a lo largo de ella me había robado y abandonado.

Fue difícil ser abandonado por mi madre y perder la escuela por falta de dinero el mismo día. Era patético no tener una razón para levantarme de mi cama. De lo único que tengo memoria de haber hecho ese día es de ir a mi computadora y revisar mi correo, y una vez mas encontré el mensaje “¿Te gusta vivir?”

Para entonces el mensaje me produjo mucha ira. “A ti que te importa” respondí y bloque al emisor. Pensaba que así dejaría de molestarme. No me imaginaba con quien estaba hablando. Algunos días después mientras dormía, el calor era tan insoportable que desperté pasada la media noche. Fui al pasillo a encender el aire acondicionado y cuando regrese a mi habitación note algo infinitamente horripilante y grotesco. Mi cuarto esta en un primer piso y mi ventana da hacia la calle, y fuera de mi ventana estaba un hombre cuyas características no puedo describir porque había una luz de alumbrado público del otro lado de la calle de manera que solo veía su silueta, su contorno, su sombra. Lo que si puedo describir es lo que estaba haciendo, el hombre tenía la lengua de fuera y estaba lamiendo mi ventana. Por un momento me pareció como si estuviera escribiendo algo con su lengua pero no puede pensar en lo que decía porque estaba demasiado estupefacto por la horrible escena. El hombre se fue poco después de que yo hubiera notado su presencia, pero yo me quede de pie sin poder hacer nada hasta que amaneció, no recuerdo cuanto tiempo estuve de pie en mi cuarto viendo la ventana pero seguramente fueron varias horas sin hacer ni decir nada. Sin poder reaccionar. Pero el horror no termino ahí. Fue hasta medio día que me atreví a salir a limpiar la ventana de la infinitamente asquerosa saliva del desconocida, al acercarme a la ventana note que el polvo de la intemperie se había adherido a la saliva. En ese momento me di cuenta que efectivamente el extraño escribió algo en mi ventana. “¿Te gusta vivir?” decía.

Después de ese incidente pasaron semanas para que pudiera dormir bien. La impresión que me había causado se había desvanecido pero no olvidado. Ya había sido de lejos la experiencia mas bizarra de mi vida, pero aun no concluía.

Me desperté pasada la media noche, esta vez no fue el calor, sino un ruido que escuche dentro de mi casa. Al abrir los ojos mire hacia mi ventana, luego hacia el techo, luego hacia la puerta de mi cuarto. Y allí se encontraba el extraño, era fácil distinguirlo por su silueta. Tenía un cuchillo en su mano izquierda. Una vez mas quede infinitamente horripilado pero no estupefacto, pude escuchar su voz ( que no era como uno esperaría que fuera, yo esperaba que fuera desentonada, aguda y cortante, como la de un drogadicto, pero era fría y seria, ni tan grave ni tan aguda). El pregunto: “¿Te gusta vivir?”

Para entonces mi ira había superado mi miedo y le grite: “¡No, no me gusta vivir, no me gusta vivir porque mi padre me abandono, no me gusta vivir porque mi novia me traiciono como nadie lo ah hecho, no me gusta vivir porque no tengo una escuela donde estudiar, no me gusta vivir porque mi madre, la persona que me dio la vida y me cuido a lo largo de ella me robo y se fue, no me gusta vivir porque mi tía es una alcohólica! ¡No tengo una razón para levantarme de la cama y si vas a hacer algo pues hazlo, sino ya déjame en paz!”

Para cuando termine de gritar el extraño ya no estaba, había desaparecido. Hubiera jurado que era mi imaginación de no ser porque lo escuche correr a lo lejos en la calle. Lo que hice después fue cerrar las puertas y ventanas y regresar a mi cama obviamente sin poder dormir. Me quede pensando en la razón por la cual el extraño había decidido huir. “¿Acaso habría sido que le di lastima? ¿ Sera porque se asusto porque grite?” Me decía a mi mismo.

Pasaron los días, semanas, incluso meses. Y decidí dejar todos mis problemas atrás y seguir adelante. Conseguí un trabajo de medio tiempo mejor pagado y pude regresar a la escuela y mi relación familiar con mi tía mejoro. También conocí a una linda chica y pude tener una relación estable. Mi vida una vez mas tenía sentido sin embargo aun tenia la interrogante. ¿Por qué el extraño me hacia esa pregunta extraña?

Una noche encendí la computadora, me metí a mi correo y abrí mi bandeja de entrada. Busque uno de los correos que me había mandado el emisor anónimo y le escribí yo una pregunta.

-“¿Por qué me preguntabas que si me gustaba vivir?”- Pregunte.

-“Necesitaba saberlo.”- Respondió el extraño inmediatamente.

-“¿Por qué necesitabas saberlo?”-

-“Porque no obtengo ningún placer cuando asesino a alguien que no le gusta vivir”-


Otra historia


El sicario


El sombrío señor Azurri golpeó la puerta de madera con los nudillos, dos cortos y uno largo. En el frío silencio de la medianoche el ruido de puño contra puerta resonó ásperamente por toda la calle: la soledad reinaba, aplastante, en el lujoso barrio residencial.
El visitante se restregó las manos y exhaló sobre ellas para calentarlas; trabajar en invierno era horrible, sobre todo si el cliente te citaba a horas tan inusuales. Se frotó los brazos y dio pequeños saltitos para generar calor: el frío ya se estaba poniendo insoportable. Estaba insultando al morador de la vivienda cuando la puerta se entornó apenas. Desde adentro se asomaba una cara juvenil, veinteañera. ¿Se habría equivocado de casa?
— ¿Es usted el señor Azurri? —preguntó el habitante de la casa.
— Así es. ¿Usted es Vladimir?
— El mismo. Pase, por favor.
Azurri entró a la magnificente vivienda, mientras pensaba –como siempre –en su contratador. Tenía un ligero, ligerísimo acento ruso que contrastaba con la decoración de su casa. Un cambalache de objetos, pinturas y detalles habitaban la sala de estar: Pinturas góticas europeas, una katana japonesa en un pedestal, instrumentos de feng shui, un televisor de tamaño exagerado y sillones feos pero cómodos habitaban la primera habitación de la casa.
El visitante dejó su gabán negro en las manos solícitas de Vladimir, que caminó hasta un pequeño ropero y lo dejó adentro, colgado de una percha. En esos segundos, Azurri aprovechó para mirar a través de la puerta entreabierta la habitación siguiente: grande fue su sorpresa al ver que estaba completamente vacía. Quizá fuese efecto de la perspectiva o la estaba remodelando, pero el visitante sintió una extraña sensación a pesar de todo.
— ¿Quiere tomar algo, señor Azurri?—inquirió Vladimir, arrastrando casi imperceptiblemente las erres — tengo té, café, bebidas alcohólicas, agua, gaseosa…
—Un café, por favor.
— ¿Crema, azúcar, leche?
—Azúcar solamente, gracias —respondió Azurri, realmente agradecido por poder calentar las tripas.
Desde la sala de estar partían tres habitaciones, siendo la cuarta puerta la que daba a la calle. Hacia una de esas habitaciones –probablemente la cocina –había ido Vladimir a preparar el café. La opuesta a la puerta de entrada era la habitación vacía, y la otra era una puerta cerrada. Se levantó sin hacer ruido, siempre vigilando la puerta de la sala donde estaba Vladimir. Su instinto le gritaba que había algo raro en toda esta situación.
Se movió –rápido e imperceptible como siempre –hasta la puerta abierta. Echó una ojeada hacia adentro y confirmó que la habitación estaba totalmente vacía. Frunció apenas el ceño y volvió a su correspondiente sillón, mirando hacia la cocina. Espero unos segundos para ver si su cliente volvía, y al ver que no era así se movió hasta la otra puerta, la que estaba cerrada. Depositó su mano en el picaporte y la abrió lentamente: era pesadísima, probablemente hecha de hierro o metal, no se había dado cuenta de que era una puerta de seguridad. Un rayo de luz creció mientras abría, iluminando lo que parecían ser unas escaleras. ¿Un sótano?
Escuchó, gracias al profundo silencio en que estaba sumergida la casa, el silbido de la pava. Cerró la puerta con una suavidad inhumana y volvió a su lugar en el sillón. Observó con más detalle las pinturas hasta que Vladimir entró, portando una bandeja con el café y una taza. Azurri sorbió el oscuro líquido y halagó la preparación con una sonrisa fingida.
Miró a su cliente por encima de la taza mientras tomaba. Entre veinte y treinta años, enfermizamente pálido y ojeroso, cabello negro azabache y rostro bastante bello, Vladimir poseía un encanto que probablemente lo hacía tener éxito con las mujeres. Vestía bastante pasado de moda, con una corbata rayada y un traje negro, sumándole una excentricidad más al cúmulo de rarezas que era esa noche.
Azurri sintió una extraña picazón. No había nada que temer, nada demasiado raro o que no le haya pasado antes, pero estaba inquieto por demás. Algo se le escapaba y lo ponía muy incómodo no saber qué era lo que estaba pasando por alto. Su rostro lo ponía nervioso, a pesar de ser casi adolescente. Una sensación de dejavú estaba sobre él: tenía la impresión de haber visto esa cara anteriormente.
Vladimir carraspeó intencionalmente, sacando a su visitante de su ensimismamiento.
—Disculpe, estaba disfrutando el café —se disculpó Azurri —. Muy bueno, la verdad.
—Gracias, aprendí hace unos años a hacerlo correctamente. En la Madre Patria no solíamos tomar mucho de esto.
— ¿Madre Patria?
—Da, me refiero a Rusia obviamente.
—Ah, no había entendido bien —respondió Azurri con una sonrisita nerviosa —. Bueno, vayamos al grano entonces, no quiero robarle más de su tiempo.
—Muy bien, me gusta que las cosas sean simples. Como usted ya sabe, necesito que haga un… trabajo para mí.
—Bueno, como usted sabrá, mientras me pague hago cualquier clase de trabajo, solamente tiene que darme algunos pequeños detalles sobre lo que quiere que haga.
—Quiero un asesinato. —formuló el cliente, con un dejo de reticencia.
—Perfecto. Le costará treinta mil pesos, más gastos de la operación. Mitad como anticipo, mitad luego del trabajo.
—Dejemos el costo en cuarenta mil. Le daré todo después.
—No, señor Vladimir —respondió firmemente Azurri —. Mitad ahora, mitad luego del trabajo.
—Cuando sepa los detalles de la operación no tendrá problemas en cobrarlo todo junto, señor Azurri. —retrucó Vladimir con una pequeña sonrisa ladeada.
—No es negociable, pero cuénteme que es lo que desea y a quién.
—Tome, aquí hay una foto —dijo Vladimir, pasándole una fotografía por sobre la mesa ratona. Azurri la levantó, la miró unos segundos y después observó a su cliente, totalmente perplejo —. Así es —prosiguió el cliente, sonriendo ampliamente y mostrándole unos agudos colmillos.
II
En sus veinte años de experiencia como sicarios y caza-recompensas profesional, era la primera vez que algo así le sucedía. Definitivamente el hombre que tenía enfrente tenía un serio problema.
— ¿Y bien? ¿Tomará el encargo? —preguntó Vladimir, desafiante.
—No… no entiendo bien. —respondió Azurri, visiblemente perturbado. — ¿Por qué no lo hace usted mismo?
—No podría hacerlo jamás. Va en contra de mi naturaleza, me es imposible.
—Pero mucha gente se suicida, ¿Por qué me contrata a mí? —repuso Azurri, mirando fijamente la foto que Vladimir le había pasado: una foto del mismo Vladimir.
—Va en contra de mi naturaleza, no soy como los demás humanos. Quiero morir, pero nunca podré hacerme daño intencionalmente, esa es una ley muy antigua. Venga, quiero mostrarle algo.
Vladimir se levantó, seguido de Azurri. Se dirigió hasta la puerta cerrada, la abrió y comenzó a bajar las escaleras a oscuras. El sicario dudó, y dirigió la mano hacia el costado, buscando algún interruptor.
—Es inútil, señor. Venga, no tropezará si tiene cuidado —dijo la voz casi espectral de Vladimir desde la oscuridad —. No hay necesidad de que haya luz aquí.
Azurri bajó las escaleras tímida y recelosamente. Se tomó fuertemente de la baranda mientras tanteaba los próximos escalones con el pie. La poca luz que había en el sótano provenía desde la sala de estar, la suficiente para ver la silueta de Vladimir sentando en una especie de banco sólido.
— ¿Qué es eso? —preguntó Azurri, ya con algo de miedo.
—El mueble más importante de esta casa. Tóquelo, por favor.
El sicario llegó hasta al lado de Vladimir, y extendió la mano en la oscuridad hasta tocar el banco. Sintió la rugosidad de la madera. Deslizó la mano hacia abajo y sintió un pliegue, como si fuese una tapa. Vladimir bajó de donde estaba sentado con un movimiento rápido. Los ojos de Azurri ya se estaban adaptando a la oscuridad, permitiéndole ver mejor la forma del objeto que tenía enfrente. El habitante de la casa deslizó las manos y levantó la tapa, permitiéndole ver, apenas, una especie de cama, forrada en tela roja.
Azurri se percató de que estaba tocando un ataúd.
III
“Señor Azurri, le contaré mi historia para que entienda, pero por favor no interrumpa hasta que termine.
Todo empezó en 1876, en la ciudad de París. Yo era un joven ruso, proveniente de familia aristocrática. Había ido a Francia para finalizar mis estudios en medicina y, de paso, ver el mundo. La nueva república que estaba surgiendo era prometedora para el pueblo, pero yo, perteneciente a la nobleza, no podía más que ver con recelo a esos demagogos corta cabezas. Por si no lo notaste, ese cuadro que está allá, sobre la espada, es de esa época, y es un retrato mío.
Se estará preguntando por qué te estoy contando todo esto. La verdad es que tiene que saber todo para poder llevar a cabo este trabajo tan singular. Una vez que me mate, nadie le va a creer, así que no tiene sentido que cuente esta historia luego.
Me fui por las ramas, definitivamente. Como le decía, en París conocí a una bella señorita de familia adinerada. Luego de un corto romance, ella desapareció sin decir nada. La busqué por toda la ciudad, moví contactos y hasta acudí a la guardia, pero parecía que se la había tragado la tierra.
Luego de dos meses, y cuando estaba a punto de volver a Rusia, apareció en mi pequeña casa. Hicimos el amor de una manera increíble, y luego me contó su historia. No puedo contársela por varios motivos, incluyendo el respeto a su memoria y que no tenemos tanto tiempo, pero tenía que ver con determinados rituales en los que se había mezclado su hermano mayor. Ella terminó en el medio por querer sacarlo de esa secta, y recién a los dos meses pudo lograr escapar.
Estaba asustada e imploraba mi ayuda, no podía hacer otra cosa sino sacarla de donde se había metido. Tomamos el primer tren al este, y luego de un par de semanas, llegamos a destino. Mi familia me recibió extrañada, pero se aliviaron las tensiones en cuanto les conté que Marguerite provenía de buena familia.
Pero las cosas empeoraron. Marguerite vivía nerviosa, no sólo por estar en un lugar extraño con gente extraña, sino por cosas relacionadas con su experiencia en esa secta. Por las noches cerraba fuertemente las ventanas y las puertas, y no se despegaba de mi lado (obviamente yo aprovechaba esto último). Tiempo después, Marguerite enfermó y languideció. Estuvo en cama por dos meses hasta que murió finalmente.
Grande fue mi sorpresa cuando, una noche, la encontré desnuda y pálida a mi lado. Obviamente tenía que ser un sueño, así que hicimos el amor como aquella vez que nos reencontramos en Francia. Me di cuenta que algo andaba mal cuando noté que estaba horrorosamente fría, y que las sensaciones eran demasiado vívidas como para ser un sueño. Un sopor increíble me dominó luego del orgasmo, y me quedé dormido sin poder despedirme.
El día siguiente me encontró volando de fiebre. Mis padres me cuidaron e iniciaron una especie de cuarentena para que nadie más se enferme del mal que había traído esa sucia francesa, según sus palabras. Una semana después, al borde de la muerte, decidieron trasladarme a una pequeña cabaña, donde podrían cuidar mejor de mí, según las palabras de mis padres. La verdad era que estaban terriblemente asustados y no querían contagiarse de nada. Yo era el leproso.
Dos días después de que me lleven a esa cabaña, perdí la conciencia. Desperté luego de no sé cuánto tiempo, con mis progenitores mirándome. Nunca dijeron nada, pero ellos sabían que yo había muerto.”
Vladimir hizo una pausa en su relato y miró penetrantemente a Azurri, sorbiendo un líquido de una taza. El asesino a sueldo se preguntó hasta el fin de sus días qué era lo que tomaba su cliente esa noche.
“A pesar de todos sus defectos, es rescatable lo que mis padres hicieron por mí. En vez de matarme me cuidaron y se encargaron de que nadie sepa que era lo que me pasaba, hasta que pasaron los años y mi aspecto juvenil ya era sospechoso: decidí empezar a viajar por el mundo y hacer fortuna por mi propia cuenta.
Los negocios rindieron y volví hecho ya no un aristócrata sino un burgués. Mientras me encargaba de mis empresas, derrochaba una parte del dinero en buscar a Marguerite, sin frutos hasta el día de hoy. Lo único que quería era decirle que la amaba, lo que no había podido decirle la última noche que estuvimos juntos.
Otra vez estoy divagando. Como le decía, volví al castillo de mis padres haciéndome pasar por un primo lejano. Mis progenitores ya estaban muy ancianos, y tuve la mala suerte de volver en la década de 1910. La revolución estalló y los rebeldes cayeron sobre nosotros. Todos los habitantes del castillo fueron fusilados, incluyéndome, claro. Tuve que hacerme el muerto (irónico, ¿no?) hasta que logré escaparme. Quizá en venganza, me dediqué a matar rebeldes con mis propias manos, me alimenté de ellos hasta que estuve los suficientemente fuerte para poder escapar de la nueva Unión Soviética.
Sin rumbo, sin hogar, sin amor, me dediqué a los negocios. Sin embargo, participé en los conflictos bélicos del siglo pasado, para poder saciar mi sed de venganza. Debo haber matado veinte veces más hombres que usted, y totalmente gratis.
Y ahora, un siglo y medio después de mi nacimiento, ya estoy hastiado. No puedo acabar conmigo mismo, está en mi ADN, pero necesito terminar con mi “vida”. No sé que hay después de la muerte, pero espero tener mi justo castigo por tanto mal que le hice a este mundo. Este mundo no puede ofrecerme más que sufrimiento, y por toda la eternidad: el infierno no me asusta, y por lo menos lo mereceré. “
Azurri pensaba que, si los vampiros pudiesen llorar, este estaría hundido en lágrimas. Sin embargo, era todo demasiado fabuloso como para poder creerlo.
— ¿Vos pretendés que yo crea todo lo que me acabás de contar? —Increpó el asesino, agresivo — ¿Te parece que yo nací ayer?
—Esa es la historia. No importa si la cree o no, yo solamente le estoy contando mi historia para que pueda entender mejor lo que tiene que hacer —repuso Vladimir, algo ofendido —. Como usted dijo, mientras le pague lo suficiente, lo hará.
— ¡Pe…pe… pero vos estás loco! —Azurri ya estaba al borde del ataque de nervios: no sabía en que debía creer.
—Mañana voy a estar durmiendo allá abajo, en mi lecho. Va a tener que conseguir una estaca de metal, un martillo y agua bendita para embeber la estaca. Voy a dejar en esta mesa un maletín con los cuarenta mil pesos que acordamos, ni más ni menos. La decisión de creerme o no está en usted: pero un trabajo es un trabajo, cúmplalo —Vladimir se levantó y caminó hasta la puerta para abrirla—. Adiós, señor Azurri.
IV
Azurri salió de la casa desconcertado, a punto de vomitar. Su mundo racional se había desmoronado. Sí, quizá era un loco que dormía en un ataúd y usaba colmillos de plástico, pero todo había sido tan real…
Vampiro, loco o pesadilla, el tenía un trabajo que hacer y mucho dinero por cobrar. Fue directo a su casa y se acostó sin desvestirse, entregándose al sueño. Soñó con su extraño cliente, y con su rostro que le era tan familiar y lejano al mismo tiempo.
Eran las dos de la tarde cuando se despertó, con el rostro iluminado por la luz solar. Almorzó las sobras del día anterior, se puso ropa vieja y salió a la calle. Caminó por las calles habituales, disfrutando del aire frío. Quizá, si realmente el ruso era un vampiro, podría pedirle que lo convierta. No tenía una mala vida, seguir con ella uno o dos siglos más realmente le gustaría.
Entró a una ferretería para comprar una estaca de metal y un martillo. Entró a la iglesia de su barrio y robó un poco de agua bendita. Mientras se dirigía a la casa de Vladimir, sonrió pensando en que era una especia de Van Hellsing moderno. El capitalismo corrompía hasta a la caza de vampiros, pensó, largando una carcajada en medio de la calle.
Llegó a la puerta de la casa y dudó por unos instantes. Sacudió la cabeza y las dudas en un mismo movimiento y extrajo unas ganzúas de su bolso. Abrió la puerta, no sonó ninguna alarma.
La casa estaba silenciosa como una tumba. Cerró la puerta con suavidad y vio el maletín abierto en la mesa ratona. Se sentó y contó los billetes con parsimonia, notando alegre que había cinco mil pesos más de lo acordado. Cerró el maletín y lo dejó al lado de la puerta, para posteriormente pasar por la puerta del sótano, abierta de par en par. Bajó las chirriantes escaleras: la tapa del ataúd estaba abierta, y a pesar de la poca luz, podía notarse una silueta adentro de la caja fúnebre.
Pensó en retirarse, huir con el dinero, pero esa suma no era lo suficiente como para empezar una vida en otro lugar, y las represalias del vampiro podrían ser más terribles que la muerte. Ya no le quedaba ninguna duda respecto a la verdadera identidad de Vladimir: verlo en el ataúd sin respirar, tieso como un verdadero muerto, no le dejaba ninguna incertidumbre.
Dejó el martillo en el suelo y abrió la tapa del frasquito donde guardaba el agua bendita. Roció la estaca y, tomando de nuevo el martillo, se acercó al féretro. No se le veía el rostro al desgraciado ruso, por lo que agradeció al cielo, a pesar de ser ateo. Apoyó la húmeda estaca en el centro del pecho del vampiro y levantó el martillo.
Descargó el golpe, y, al mismo tiempo, la puerta del sótano se cerró.
V
El terror se apoderó de Azurri. Estaba encerrado en un sótano con el cadáver (¿o no?) de un vampiro. Se sentía torpe por no haber asegurado la puerta antes de haber bajado, pero jamás pensó que le iba a pasar eso. Buscó desesperado en su bolso y encontró unos antiguos fósforos, que guardaba ahí quién sabía desde hace cuanto tiempo. Encendió uno y la curiosidad lo venció, iluminando el ataúd.
Casi se desvaneció cuando vio el rostro del vampiro.
El vampiro no tenía rostro.
Palpó el cuerpo.
Era un maniquí.
Vladimir lo había engañado, ahora entendía. La puerta de seguridad, la pintura, seguramente falsa, la historia del vampiro para tener una excusa que lo haga bajar solo al sótano… El dinero lo había enceguecido y había caído en la trampa.
Desde algún punto de la habitación, a través de la pared, oyó la voz de Vladimir:
— ¿Cree en los vampiros, Azurri?
— ¿Por qué me hacés esto? —increpó el sicario, con desesperación en la voz.
— Necesitaba una excusa para que baje al sótano. Quería matarte yo mismo, y no instantáneamente: ahora vas a pudrirte en esta habitación.
— ¡Hijo de mil puta! ¡Sacame de acá!
— Quizá te parezca raro que me haya tomado el trabajo de urdir una historia tan compleja para todo esto, pero… ¿qué sería de nuestra vida sin el arte? —Respondió burlonamente Vladimir —Fue realmente divertido hacer todo esto, en serio.
— ¿Qué es lo que te hice? ¿Por qué me querés matar? —gritó Azurri, presa de la histeria.
— Víctor Daniels, presidente de la Empresa de seguros homónima. ¿Te acordás?
Azurri recordó, y se dio cuenta en un nanosegundo de por qué le había parecido tan familiar su cara. Era un rostro casi idéntico, pero más joven, al del hombre que había matado dos años atrás por encargo. Apostaría lo poco que le quedaba de vida a que el hombre que lo había encerrado era Vladimir Daniels.
— El mundo es un lugar horrible, Azurri. Por lo menos, cuando muera, me voy a ir contento, pensando en que ayudé a limpiar un poco la suciedad. No grites: nadie te va a escuchar y vas a desperdiciar el aire que te queda. Au revoir, sicario.
VI
Pasaron unas cuantas horas, y la noche siguió al ocaso. Vladimir Daniels tomó el maletín y salió de la casa –luego de encender la alarma –con una sonrisa en el rostro. Cerró la puerta con llave, pensando en cómo estaría muriendo aquel hombre del sótano. Miró la luna llena, pensando su padre y también en la cantidad de verdades y mentiras que había dicho en esos últimos días. Sonrió, y los agudos colmillos se asomaron tímidamente, como festejando la primacía de la noche.


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Mi Opinio

Yo creo que algunos de estas historias es algo falso pero tambien me pregunto ¿Si existe el cielo tambien debe a ver el infierno y almas que esperan entrar al cielo, y por eso estan en la tierra, perrooooooooo vaya a saber uno
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