Luis, profundamente concentrado en sus pensamientos, repentinamente sintió un viento frío, abrió sus ojos y él vio que la luz del sol comenzaba a disminuir de a pocos cuando el Sol aún no llegaba al mediodía, fue una forma diferente a un atardecer porque todo a su alrededor comenzó a ponerse de una coloración gris metálica, las aguas del mar eran de color casi negro.
Entonces Luis levantó sus ojos y miró al cielo, la Luna estaba ocultando a Sol, era uno de los 71 eclipses del llamado Ciclo de Saros formado por 43 eclipses solares y 28 eclipses lunares. Fue en Ugarit, cuando él con otros sacerdotes de la Mesopotamia, notaron que la Luna ocultaba al Sol después de 18 años y 11 días.
Fue ese día cuando Luis recordó haber leído en las tablillas de arcilla, que en medio de una batalla ocurrió una repentina oscuridad sobre la tierra, entonces los ejércitos detuvieron la batalla atemorizados, todos los guerreros interpretaron como el enojo de los dioses, dejaron de matarse entre ellos y volvieron a sus pueblos.
Los cronistas escribieron en la tablillas de arcilla: En el día de Luna Nueva, en el mes de Hiyar, el Sol fue puesto en vergüenza y se ocultó en pleno día, con Marte por compañero.
Ese día cuando Luis meditaba, en este eclipse que miró, fue la primera que él vio en la Luna unos pequeños puntos luminosos de los cuales salían unos rayos, miles de años después estos puntos luminosos serían llamados, las Perlas de Bayli.
Él sabía que los eclipses lunares sólo son visibles por la noche y solo la mitad de las veces ocurren durante el día y sólo se ven desde la otra cara de la Tierra. Luis interpretó que era el momento de continuar con su viaje a un destino que no conocía. Reunió su ligero equipaje, cruzó las aguas tibias de los ríos Éufrates y Tigris, y comenzó su caminar de su vida hacia al Este, en la oscuridad gris metálica sobre la Tierra.