La primera vez, Luis no entendió nada. Él escucho a los Pregoneros muchas noches proclamar la misma noticia sobre Shamballa, un paraíso perdido, donde vivían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. Ellos decían:
"]En Shambala solo pueden ser recibidos seres con mente pura porque los hombres y mujeres se volverán cada vez mas bélicos y codiciosos, perseguirán el poder para su propio bien y la ideología del materialismo se extenderá sobre la tierra. Cuando quienes siguen esta ideología estén unidos bajo un rey perverso y crean que no hay nada más por conquistar, los místicos surgirán para revelar las montañas de hielo de Shamballa. Los materialistas atacaran Shamballa con una armada enorme, equipadas con armas terribles, en esta última gran batalla, todos los materialistas serán destruidos.".
Fue entonces que Luis reconoció que el dolor aún permanecía en su memoria. Él recordó la noche en África, cuando una tribu más fuerte que la suya, invadió su aldea. Esa noche hace miles de años en el pasado, asesinaron a su compañera, a sus hijos, a sus amigos, a los sobrevivientes y a él los los llevaron a trabajar como sus esclavos. Luis también recordó las invasiones que hicieron otros pueblos a la Mesopotamia, las guerras entre ellos, la destrucción de Nívive. Él no podía entender como en unos instantes en el tiempo, invasores sedientos de codicia y de poder pueden destruir vidas humanas y los edificios construídos en decenas de cientos de años.
Fue recién después de escuchar repetidamente a los Pregoneros, que Luis comprendió que su destino era Shamballa; un lugar en el que viven seres, perfectos y semi perfectos, en armonía y constante estudio para guiar a la humanidad hacia la paz, la armonía y la vida eterna.
Él esa noche entendió que el eclipse lunar que vio ese día antes del mediodía, fue el llamado a un nuevo caminar en su vida hacia un destino que en ese momento no le fue revelado. Todo el tiempo que él pasó en el Valle del Indo, fue para que él pueda romper en mil pedazos todos los prejuicios mentales que le impedían comprender que lo irreal era posible, que una Utopía no es un espejismo en el desierto sino el reflejo de algo real que existe en otra dimensión, el tiempo, que solo los hombres y mujeres de corazón puro y libres de toda codicia material y anhelos de poder, pueden conocer y pregonar.
ENTRADAS SIMILARES.
Ilusiones.
Dime.
Guerra santa.