Hola que tal, hoy les traigo la 2° parte de "Catarsis" Es un tanto burda, espero la disfruten
dijo:--- BARRA DE BAJO CONSUMO ---
- Mírame a los ojos y dime que esto es una mentira.
El largo de la mesa nos separa. Y un mundo completo a su vez. Sus manos sobre la cuchillería con gestos delicados y homicidas. Cada sonido retumba en la pequeña sala. No ha dirigido la mirada más allá del salero, en la mitad de la mesa.
- ¿Es esta una especie de “Última Cena”?
- No sé, tal vez – Me dice sin levantar la vista – Si vas a morir, pues es una.
- No voy a morir, creo.
- Allá tú si mueres o no.
No ha levantado la vista. Se concentra en el salero y en su plato. Todo está en un silencio sepulcral sin interrupciones. Como si nada hubiera pasado, empieza a mirarme con sus ojos cafés profundos, contemplando mi rostro nervioso con su rostro pecoso.
- Esto querías, o me equivoco.
- Correcto.
- ¿Qué quieres?
- No lo sé, trato de hallarme a mí mismo.
- Entonces, ¿Para qué me quieres? ¡Dime!
- Fuiste parte de mi historia.
- Buscas algo más…
- Eso es todo. Ya sé que no me crees. No importa.
- Se sincero conmigo por única vez en tu vida y dime qué buscas.
- Trato de encontrarme a mí mismo.
Ella golpea la mesa, El salero cae hacia un costado. El eco del golpe aún se siente. Se levanta y se va, ocultando su rostro. La luz se va de a poco. Todo está color de hormiga.
Golpeo una puerta y me abre una mujer en ropa interior. Valentina.
- ¿Necesitas ayuda?
- Correcto.
Me invita a la casa. Valentina sube una escalera. Baja ella con una bata y su novio. Me ofrecen un café. Miro al sujeto, despeinado, sin preocupaciones.
- Estás buscando algo, o me equivoco.
- Exacto.
- ¿Creerás encontrarlo a tiempo antes que tu vida se vaya?
- No sé, no tengo idea. Esperemos que sí.
El reloj de la pared marca las 2:20. De la mañana. Valentina y su novio parecen no inmutarse con la hora, como si vivieran en un mundo aparte.
- Apuesto a que no tienes preocupaciones.
De un bolsillo saca unos casquillos de bala.
- Apuesto que no dormirías si fueras yo.
En cierto punto me desconcierta: Está con peligro de morir asesinado todos los días en todo momento, y aún así vive en un relajo total.
- Siento que me voy quedando vacío.
- Suele pasar – Dice Valentina desde el pórtico del baño. – Todo es cuestión de vistas, de formas, de ambientes, de personas, y todas esas cosas bien abstractas.
Salgo de esa casa en la plena oscuridad de la noche vacía de mi mente.
Llueven los papeles por las ventanas, una gran fogata en el medio del patio central con una humareda que no deja ver la luz del sol. Fajos de papeles que tiran por las ventanas y que unos sujetos empujan hacia la fogata.
- ¿Qué hacen? – Le digo a un sujeto vestido de buzo negro.
- Estamos evacuando todo, nos vamos.
- ¿Dónde?
- No lo sé, nos mandaron evacuar todo. Esa es toda la información que hay.
Bajo por unas escaleras hasta el piso inferior. Unos sujetos vestidos de cotonas grises tirando unos cajones por la ventana, gritando con voz marcial:
- ¡Ya no quedan emociones acá arriba, procedan a evacuar recuerdos!
Sigo bajando por las escaleras. Salgo al patio. La mujer del rostro conocido está ordenando a los saqueadores. Siguen cayendo papeles por las ventanas.
- ¿Qué haces?
- Estoy vaciando tu inspiración y tus recuerdos. No los necesitas más.
- Eso no tiene sentido. Ni siquiera sé quién eres.
- Estamos bien entonces.
- ¿Es esto necesario?
- ¡Es mi orden!
- Este Lugar me pertenece, Me quedaré aquí. Es imperante que retires a tus hombres de este lugar.
Me mira con un gesto de desprecio. Se sube a una camioneta y se va por la entrada principal. Recojo entre los papeles una carpeta. Hojeo los restos de informes. Miro hacia la camioneta que se aleja lentamente.
- ¡Ya sé quién eres, Catalina!
En el instante en que termino de hablar, el edificio entero se vacía como por arte de magia. Ya no hay saqueadores. Ya no hay papeles lloviendo desde las ventanas. No hay gritos ni órdenes. Sólo estoy yo, mis pocos recuerdos tirados en el piso en forma de papeles. En el inmenso edificio que dice parecer mi mente. Me he quedado solo. Y parte de mi memoria se sigue quemando en la gran fogata. Camino por los pasillos abandonados, trato de rescatar algunas cosas que debo recordar o que me recuerdan ciertas emociones. Escombros acumulados en un rincón. Un inmenso forado en una pared, que da a otros edificios como el mío, pero llenos de color, de vida, de luminosidad. Quisiera salir de acá. Puedo.
La noche cae de golpe acompañado por un frio de mil inviernos juntos. Paso junto a un edificio inmenso, luminoso, con todas sus ventanas y luces encendidas. Entro por una pequeña puerta. Entro a una sala vacía. Al lado se escuchan gritos, bailes, euforia. Abro un cajón. Hay cosas mías en él. La música y el ruido se detienen. Se oyen unos pasos de tacones hacia la puerta de la sala. Miro la puerta abrirse. Es ella, flamante, impávida, implacable, ocultando su historia tras un trozo de seda café. Queriendo burlarse de la vida, queriendo burlarse de todo, de mí también, por supuesto. Se siente la ira, aunque el maquillaje y el rubor de la euforia lo oculten.
- ¡Tú!
Me mira a los ojos, con un desprecio infinito, con una rabia de no poder sacarme de su vida.
- Yo estoy en todas partes, Catalina. En todas partes.
Se apaga la luz y cae el pánico entre la multitud agolpada en el pasillo. Salgo por la misma puerta por la que entré, sin pena, sin gloria, sin humillación, sin orgullo. El frío pareció irse, la noche se estrelló más, como una luminaria celestial. Entro a mi viejo edificio. Desde acá se siente el dolor y el pánico. Va y viene.
…Una chica rayó su nombre por casualidad en una pared. Un trocito de luz entre los escombros…
dijo:--- BARRA DE BAJO CONSUMO ---
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