Los templos del Kamasutra-
por Antonio Aguilar
por Antonio Aguilar
Abandoné Benarés de madrugada tras despedirme de los saddhus con quienes pernoctaba en un ghat junto
al río. Ellos mismos me recomendaron subirme al último vagón del tren nocturno a Patna ¿Por qué? Al
ser el que utilizan los mismos saddhus, y aquellos a quienes no les queda otra que ahorrarse unas
rupias, algo más que frecuente en India, se llena tanto que no puede pasar el revisor. En definitiva,
que “no hace falta billete”. A cambio, sacrificas todo tipo de comodidad, pues ni siquiera vas
sentado. Al amanecer del día siguiente llegué a Patna, desde donde hice autostop a Khajuraho.
Uno de los veinte templos que siguen en pie.
Todos los templos están cubiertos de figuras como éstas.
Khajuraho era la antigua capital cultural, que no política, de un reinado que los rajputs – o esa
sucesión de terratenientes y dirigentes del Noroeste de India y Pakistán- establecieron al instalarse
en la actual provincia de Madhya Pradesh. El hecho de que no fuera usada como residencia de estos
dirigentes explica que la ciudad no se encontrase amurallada ni aparezcan restos de ningún castillo o
fortaleza. Son los ochenta templos esparcidos por su superficie los que definían el encanto de esta
ciudad.
Detalles de las paredes exteriores.
Detalles de las paredes exteriores.
Sin embargo, lo que más ha trascendido y llamado la atención de este lugar no es la belleza de su
entorno, ni las evidencias históricas atestiguan el gran pasado del reinado de los chandelas (como
posteriormente decidieron llamarse los rajputs), ni la superioridad y fineza artística de las
estatuas para los estándares de la época, si no el que entre las tantas figuras que envuelven el
exterior de los templos, aparezcan escenas de sexo explícito. Así, los templos de Khajuraho son
frecuentemente conocidos como los templos tántricos ó los templos del Kamasutra.
Esculturas eróticas.
Bonito balcón para ver atardecer…
No obstante, para la desilusión del turista, visitante o simplemente curioso que decida conocer este
Patrimonio de la Humanidad, cabe decir que apenas un diez por ciento de estos relieves representan
escenas sexuales, siendo el resto representaciones de la vida cotidiana en aquella época. El que no
se hayan encontrado textos que aclaren fidedignamente el significado de estas esculturas sexuales, y
el que con alguna notable excepción sea, todo sea dicho, algo poco habitual en India, ha llevado a
los expertos a discrepar en la explicación a este fenómeno.
A mi izquierda el interior de uno de los templos.
A la derecha, el pasillo de entrada desde el que veía llover.
Una de las más básicas apunta a que antes de entrar en los templos, uno debe “dejar fuera” todo tipo
de instinto humano, y esto incluye, evidentemente, los impulsos y deseos sexuales. Así
metafóricamente se representa fuera del área sacra todo lo que no tiene cabida en ella. Otra teoría
afirmaría que las escenas representadas, al estar representadas en el exterior de los templos,
ilustrarían todo lo que las deidades han conseguido superar: sentimientos dolorosos, impulsos,
instintos y todo este batiburrillo de sensaciones que conlleva nacer en un cuerpo humano. Otros
entendidos defienden que las escenas no tienen otro fin que el educativo, principalmente para los
pubertosos. Hay también quien sostiene que simplemente se han representado escenas de la vida
cotidiana, donde tiene obviamente lugar el sexo, y que no ha de buscársele más explicación. Lo cierto
es que en todos los templos se repite tanto el patrón de figuras humanas en sus quehaceres rutinarios
como alusiones a los cambios que se suceden en la vida. Así es fácil ver mujeres limpiando, hombres
arando, niños jugando, ceremonias de matrimonio, funerales y partos.
Si hay algo que nunca olvidaré de mi visita a Khajuraho es la enorme tormenta que el cielo me regaló.
No he estado en Asia más que en verano, esto es, época de monzones, y gracias a ellos he visto
espectáculos únicos como el que presencié en la jungla de Chitwan (leer). Otras veces he visto
derrumbarse carreteras delante de mis ojos, como en Sikkim, impidiéndome seguir el camino, y la gran
mayoría de las veces lo he tomado como simple rutina. A todo se acostumbra uno. Ese día llovía tanto
que me refugié en uno de los templos, creyendo que estaba solo. A pesar de la oscuridad, noté que
algo se movía en el interior. En mi espera a que amainase la lluvia, compartía templo con un mono. A
esas alturas de mi viaje por India, ya sabía que en este país suelen encontrarse dos tipos de esta
especie. Unos marrones, pequeños y muy ágiles que suelen enervarse y morder, y unos algo más grandes
y de piel grisácea bastante más temerosos. Me sorprendió que no saliese, y al entrar yo al templo, se
escondía en la parte diametralmente opuesta. Si andaba a un lado, el lo hacía hacia el contrario,
ocultándose en las columnas centrales. Tuve que irme al interior del todo para que saltando de
estatua en estatua saliese corriendo al exterior. No es que sea una historia del otro mundo ésta,
pero en otros países no ocurren.
¡Relieves mires donde mires!
¡Ni un espacio sin pulir!
Si bien varios de los templos continúan siendo lugar de culto, la gran mayoría están vacíos por
dentro, no quedando más que grabados y relieves en la pared. El habitáculo interior alberga en su
centro una suerte de habitación flanqueada normalmente por varias estatuas o columnas. En él se
alzaba la figura de la deidad correspondiente, y a sus pies se emplazaban los “poojis”, en los que
los fieles realizan las ‘poojas’ (ofrendas). Las estatuas principales han sido trasladadas al museo
aledaño al complejo, de construcción obligatoria por el Archeological Survey of India para que la
Unesco declarase Khajuraho como Patrimonio de la Humanidad. El que todo el complejo esté en tan
exquisito estado de conservación puede deberse a la distancia a la que se hallaba de las principales
ciudades del Imperio Mogol, quienes al ocupar estas tierras destruyeron buena parte de los elementos
hinduistas que encontraban.
Día a día de los habitantes de Khajuraho.
Calle principal del Khajuraho actual.
Graffiti centenario al estilo de Khajuraho.
Detalles de las paredes exteriores.
Sea como sea, los famosos templos del Kamasutra no son tal. Primeramente, por la abismal diferencia
entre este libro, y las figuras que se pueden ver en los templos. Tristemente, lo que ha trascendido
hoy en día acerca de esta muy recomendable obra del siglo segundo de nuestra era es aquel episodio
relativo a posturas sexuales, obviando la parte fundamental y de mayor volumen, la que presenta una
guía sobre el comportamiento humano y explicaciones relativas a la vida virtuosa, a través de la
familia, amigos, desarrollo personal y espiritual y otros ámbitos. El morbo que tal censura ha sido
quizá decisivo para que Khajuraho sea incluido cada vez más en los packs y circuitos turísticos, y
poco han tardado algunos habitantes de esta ciudad en sacar tajada del asunto. Así, un “profesor” en
su “escuela” de la calle principal aprovecha para explicar a los turistas las escasas subvenciones
que reciben en el centro, y la precariedad de las instalaciones, pidiendo posteriormente una ayuda.
Otros intentan cobrar una entrada por acceder a algunos templos (particularmente los del complejo
Oeste) y otros triplican el precio traslados en tuk-tuk, quitándoles la clientela a quienes siempre
habían tenido tal oficio. Como el sexo, con o sin Kama Sutra, tan real como la vida misma. Día a día
sin más, en otro lugar de nuestro planeta.