Brujo advierte riesgos de ouija
Masaya
El "brujo bueno" de Masaya (Nicaragua), don Carlos Garay, advirtió sobre los peligros que encierra sentarse a invocar espíritus a través de la "ouija", debido a que entes de otras dimensiones pueden traspasar umbrales vedados para ellos y alojarse en los cuerpos de quienes creen estar jugando algo inocente.
Relató que recientemente se reunieron cuatro estudiantes del V año, todos habitantes del barrio San Juan, cercano al estadio Roberto Clemente, de Masaya. Los chavalos iban mal en una materia y alguien les dijo que la "ouija" les podría decir las preguntas exactas que aparecerían en el examen pendiente.
TODO A PEDIR DE BOCA
La curiosidad y los deseos de mejorar la clase los impulsaron a juntarse una noche, comprobando para su asombro que todo salió a pedir de boca. Desde entonces incorporaron la invocación a los espíritus a través de la "ouija", como uno de sus pasatiempos preferidos.
El "brujo bueno" de Masaya, quien habita en el reparto La Reforma, en Masaya, explicó a EL NUEVO DIARIO que los estudiantes de tanto jugar la famosa "ouija", empezaron a comportarse de manera extraña.
El considera que algún "espíritu" se le introdujo en los cuerpos de los muchachos y eso los hizo mostrarse extraños en sus actitudes, lo que obligó a padres a llevarlos ante un médico.
El galeno examinó a cada uno de los pacientes "posesionados" y diagnosticó que padecían de un agotamiento físico y mental. Orientó que les aplicaran suero y vitaminas reconstituyentes, lo cual las familias cumplieron al pie de la letra. Pero todo resultó negativo.
LOCO POR JUGAR A LA OUIJA
Uno de los padres llevó a su hijo donde el brujo Carlos Garay Gutiérrez, quien examinó detenidamente al muchacho que se mostraba agresivo, "pelaba" los dientes y amenazaba con morder a las personas que se le acercaban. Fue entonces que se inició la primera "sesión de exorcismo" y el estudiante al recibir las primeras oraciones de San Cipriano, enfureció más.
Durante siete días con sus noches, el estudiante fue llevado a la casa del brujo, quien ponía en práctica todas las oraciones para hacer salir el espíritu que se había "posesionado" del estudiante. La última noche, el joven jugador de la "ouija" lanzó un tremendo grito que parecía salido de ultratumba.
El brujo Garay ordenó a través del exorcismo que aprendió en Nueva York con un sacerdote de Quito, Ecuador, que el espíritu maligno abandonara el cuerpo del atormentado estudiante. Una voz ronca de hombre salió de las entrañas del estudiante.
CURO A LOS CUATRO QUE JUGARON LA OUIJA
Al fin el estudiante fue sanado a través de las siete sesiones de exorcismo. Los otros tres que también jugaron la "ouija", sufrían de los efectos de las "posesiones de espíritus malignos" y los otros padres de familia, al darse cuenta que el brujo curó al primer estudiante, llevaron a sus hijos.
Todos fueron sanados y manifestaron que no volverían a jugar la "ouija", porque es muy peligrosa, ya que los espíritus consultados después se "posesionan" de los cuerpos de los vivos.
Masaya
El "brujo bueno" de Masaya (Nicaragua), don Carlos Garay, advirtió sobre los peligros que encierra sentarse a invocar espíritus a través de la "ouija", debido a que entes de otras dimensiones pueden traspasar umbrales vedados para ellos y alojarse en los cuerpos de quienes creen estar jugando algo inocente.
Relató que recientemente se reunieron cuatro estudiantes del V año, todos habitantes del barrio San Juan, cercano al estadio Roberto Clemente, de Masaya. Los chavalos iban mal en una materia y alguien les dijo que la "ouija" les podría decir las preguntas exactas que aparecerían en el examen pendiente.
TODO A PEDIR DE BOCA
La curiosidad y los deseos de mejorar la clase los impulsaron a juntarse una noche, comprobando para su asombro que todo salió a pedir de boca. Desde entonces incorporaron la invocación a los espíritus a través de la "ouija", como uno de sus pasatiempos preferidos.
El "brujo bueno" de Masaya, quien habita en el reparto La Reforma, en Masaya, explicó a EL NUEVO DIARIO que los estudiantes de tanto jugar la famosa "ouija", empezaron a comportarse de manera extraña.
El considera que algún "espíritu" se le introdujo en los cuerpos de los muchachos y eso los hizo mostrarse extraños en sus actitudes, lo que obligó a padres a llevarlos ante un médico.
El galeno examinó a cada uno de los pacientes "posesionados" y diagnosticó que padecían de un agotamiento físico y mental. Orientó que les aplicaran suero y vitaminas reconstituyentes, lo cual las familias cumplieron al pie de la letra. Pero todo resultó negativo.
LOCO POR JUGAR A LA OUIJA
Uno de los padres llevó a su hijo donde el brujo Carlos Garay Gutiérrez, quien examinó detenidamente al muchacho que se mostraba agresivo, "pelaba" los dientes y amenazaba con morder a las personas que se le acercaban. Fue entonces que se inició la primera "sesión de exorcismo" y el estudiante al recibir las primeras oraciones de San Cipriano, enfureció más.
Durante siete días con sus noches, el estudiante fue llevado a la casa del brujo, quien ponía en práctica todas las oraciones para hacer salir el espíritu que se había "posesionado" del estudiante. La última noche, el joven jugador de la "ouija" lanzó un tremendo grito que parecía salido de ultratumba.
El brujo Garay ordenó a través del exorcismo que aprendió en Nueva York con un sacerdote de Quito, Ecuador, que el espíritu maligno abandonara el cuerpo del atormentado estudiante. Una voz ronca de hombre salió de las entrañas del estudiante.
CURO A LOS CUATRO QUE JUGARON LA OUIJA
Al fin el estudiante fue sanado a través de las siete sesiones de exorcismo. Los otros tres que también jugaron la "ouija", sufrían de los efectos de las "posesiones de espíritus malignos" y los otros padres de familia, al darse cuenta que el brujo curó al primer estudiante, llevaron a sus hijos.
Todos fueron sanados y manifestaron que no volverían a jugar la "ouija", porque es muy peligrosa, ya que los espíritus consultados después se "posesionan" de los cuerpos de los vivos.