Viaje microscópico al interior de una abeja
La glándula de veneno de la abeja obrera la forma un largo conducto y saco grande para almacenar el
veneno. Este saco es el que está conectado al aguijón.
Por razones desconocidas, la longitud de los conductos no siempre es igual.
En esta imagen se observa perfectamente cómo una serie de conductos transfieren el veneno de las
células secretoras al saco de almacenamiento.
La glándula de veneno está unida a un tubo largo que finaliza en dos ramas y por eso se le conoce
como la Base Y.
En la Base Y los conductos son mucho más gruesos.
Con un filtro rojo se capta aquí como las celulas segregadoras se congregan en torno a la bolsa de
veneno, que a su vez, se conecta al aguijón.
Al saco de veneno lo rodea un músculo muy fuerte y un pequeño nodo nervioso proporciona señales
eléctricas para desencadenar una contracción muscular que bombea el contenido del saco en el cuerpo
de la víctima.
Estas son las glándulas hipofaríngeas que están situados en la cabeza de abejas obreras. Las
glándulas en su conjunto se asemejan a ristras de cebollas y segregan una sustancia lechosa y de
color blanquecino conocida como la Jalea Real.
Cada glándula se forma por unas 15 células en forma de uvas.
Visto en más detalle, se ve que las célula se conecta con pequeños tubitos a un conducto, que es el
que transporta la Jalea Real, conocido como probóscide.
El probóscide viene del idioma griego pro, "anterior " y baskein, "para comer". Este tubo viene
siendo el apéndice alargado y tubular situado en la cabeza de la abeja.
Los investigadores de la Universidad de Queensland, descubrieron con un potente microscopio que los
tubos cuentan con pequeños músculos a su alrededor.
Las abejas obreras son hembras y son las que producen la Jalea Real. Su esperanza de vida es de 3-4
semanas. Los machos, conocidos como zánjanos, mueren poco después de aparearse con la reina.