voy a contarles las costumbres arabes de mis antepasados
Arabes sudaneses
Asentados originariamente en la región de Khartoum, hay nueve subgrupos diferentes repartidos tanto en Sudán como en otros paises vecinos.
Son el resultado de la mezcla de diversas razas y culturas preexistentes aunque manteniendo el sustrato cultural dominante de los grupos beduinos originarios. Su idioma es conocido como Sudani o árabe de Khartoum, aunque a su vez se distinguen diferentes dialectos como el Shukriyya, o Badawi hablado por los Shukria, uno de los grupos minoritarios árabes sudaneses, que habitan en el centro de Sudán, en la orilla occidental del Rio Nilo y en el sudoeste de Khartoum.
Los valores y las prácticas tradicionales de aquellos Beduinos es lo que más les acerca a otros grupos árabes. Los códigos de honor rígidos, lealtad, beligerancia y hospitalidad están entre aquéllos que han permanecido a lo largo de los siglos.
Se considera que los hijos son el principal recurso de una familia y se consideran como el seguro para la vejez de los padres. Dan una educación muy diferente a los hijos varones y a las niñas. Las madres muestran gran afecto hacia los muchachos, los miman y atienden fácilmente a sus deseos. Los muchachos son enseñados por sus padres a obedecer y respetar a los ancianos. En cambio, a las chicas se les inculca desde muy jóvenes los valores de obediencia a sus futuros maridos.
Mientras los hombres acuden a la mezquita local cinco veces al día para las oraciones, las mujeres se se recluyen en sus casas para el cumplimiento de la oración y sólo en ciertas ocasiones les es permitido acudir a las mezquitas.
Son el resultado de la mezcla de diversas razas y culturas preexistentes aunque manteniendo el sustrato cultural dominante de los grupos beduinos originarios. Su idioma es conocido como Sudani o árabe de Khartoum, aunque a su vez se distinguen diferentes dialectos como el Shukriyya, o Badawi hablado por los Shukria, uno de los grupos minoritarios árabes sudaneses, que habitan en el centro de Sudán, en la orilla occidental del Rio Nilo y en el sudoeste de Khartoum.
Los valores y las prácticas tradicionales de aquellos Beduinos es lo que más les acerca a otros grupos árabes. Los códigos de honor rígidos, lealtad, beligerancia y hospitalidad están entre aquéllos que han permanecido a lo largo de los siglos.
Se considera que los hijos son el principal recurso de una familia y se consideran como el seguro para la vejez de los padres. Dan una educación muy diferente a los hijos varones y a las niñas. Las madres muestran gran afecto hacia los muchachos, los miman y atienden fácilmente a sus deseos. Los muchachos son enseñados por sus padres a obedecer y respetar a los ancianos. En cambio, a las chicas se les inculca desde muy jóvenes los valores de obediencia a sus futuros maridos.
Mientras los hombres acuden a la mezquita local cinco veces al día para las oraciones, las mujeres se se recluyen en sus casas para el cumplimiento de la oración y sólo en ciertas ocasiones les es permitido acudir a las mezquitas.
Arabes argelinos
Aunque influenciados por la cultura bereber de los pueblos autóctonos, ambas culturas, la árabe y la bereber se han mantenido separadas.
El árabe argelino vive principalmente a lo largo de la costa mediterránea. Otros viven en las colinas del Rif y del macizo del Atlas. Su idioma se llama Jazairi (o Maghribi).
La sociedad árabe argelina, mayoritariamente musulmana, al igual que en la mayor parte de otras sociedades árabes, ya sean musulmanas, cristianas o agnósticas, es fuertemente patriarcal. Esta cultura patriarcal es más manifiesta en las zonas rurales donde es más clara la división del trabajo en función del género. Los hombres trabajan los campos, cuidan de los rebaños y son los responsables de la seguridad de la familia, mientras las mujeres se dedican fundamentalmente a los quehaceres domésticos y al cuidado de los hijos; entre los quehaceres de la casa se inchuye el ordeñe de las vacas, cabras y ovejas, así como la elaboración de productos derivados de la leche. Las mujeres en los pueblos raramente trabajan fuera de sus casas.
Entre las ceremonias importantes, que giran en torno al nacimiento, el matrimonio y muerte se encuentran la que celebra el primer corte de cabello y la circuncisión en los muchachos, y quizás la más importante o con mayores detalles de celebración que el la ceremonia de la boda.
El árabe argelino vive principalmente a lo largo de la costa mediterránea. Otros viven en las colinas del Rif y del macizo del Atlas. Su idioma se llama Jazairi (o Maghribi).
La sociedad árabe argelina, mayoritariamente musulmana, al igual que en la mayor parte de otras sociedades árabes, ya sean musulmanas, cristianas o agnósticas, es fuertemente patriarcal. Esta cultura patriarcal es más manifiesta en las zonas rurales donde es más clara la división del trabajo en función del género. Los hombres trabajan los campos, cuidan de los rebaños y son los responsables de la seguridad de la familia, mientras las mujeres se dedican fundamentalmente a los quehaceres domésticos y al cuidado de los hijos; entre los quehaceres de la casa se inchuye el ordeñe de las vacas, cabras y ovejas, así como la elaboración de productos derivados de la leche. Las mujeres en los pueblos raramente trabajan fuera de sus casas.
Entre las ceremonias importantes, que giran en torno al nacimiento, el matrimonio y muerte se encuentran la que celebra el primer corte de cabello y la circuncisión en los muchachos, y quizás la más importante o con mayores detalles de celebración que el la ceremonia de la boda.
Arabes yibuties
Los árabes de Yibuti, hoy representan el 11 % de la población. Se cree que inmigraron a Yibuti desde Omán durante el siglo XVIII.
Arabes marroquies
Al igual que sucede en otros paises magrebíes están influenciados por la cultura bereber existente antes de la llegada de los primeros grupos beduinos aunque manteniéndose de forma separada ambas culturas, salvo en lo religioso en que los bereberes hace siglo que adoptaron la religión musulmana de los árabes.
Se cree que la mayor parte de los árabes marroquíes son descendientes de los moros aunque cuando éstos llegaron a las costas de Marruecos hacía ya siglos que estaban asentados otros grupos de procedencia árabe. Entre el árabe rural, se mantiene aún hoy día la división social originaria, que se compone de nobles (considerados como descendientes de Mahoma), hacendados grandes, campesinos agricultores arrendatarios. El árabe marroquí vive principalmente en el norte y oriente del país.
Se cree que la mayor parte de los árabes marroquíes son descendientes de los moros aunque cuando éstos llegaron a las costas de Marruecos hacía ya siglos que estaban asentados otros grupos de procedencia árabe. Entre el árabe rural, se mantiene aún hoy día la división social originaria, que se compone de nobles (considerados como descendientes de Mahoma), hacendados grandes, campesinos agricultores arrendatarios. El árabe marroquí vive principalmente en el norte y oriente del país.
Arabes tunecinos
Hoy, 6.5 millones de árabes tunecinos viven en Túnez, Libia, y Francia.
Quizás sea Túnez el país donde la población bereber autóctona fue más arabizada creándose una población mixta con rasgos culturales predominantemente árabes.
Si ya existía una población muy homogénea antes de la independencia de Túnez, tras ésta, en 1956, la salida de franceses, italianos y judíos reforzaría esa situación de una población Árabe-Bereber. Tres características distinguen a Túnez de los paises vecinos: una clase media grande que es una rareza entre los árabes; una población sumamente juvenil; y un único idioma árabe-tunecino como medio de comunicación.
Arabes yemenies
Hoy, más de 12 millones árabes yemeníes viven en la República de Yemen , y otros 723,000 en los países circundantes de Somalia, Etiopía, Sudán, Arabia Saudita, Madagascar, Egipto, Unión de Emeratos Arabes, y Djibouti.
La estructura social del árabe yemení consta de cuatro clases: Sayyid, o nobleza (que se consideran descendientes de un nieto de Mahoma), Qatani, (miembros de un clan árabe determinado), los Shafi'ite (comerciantes, artesanos y artesanos), y el Akhdam (esclavos).
Prácticamente la casi totalidad de los árabe yemeníes son musulmanes: aproximadamente el 50% Zaydis, el 40% son Shafi'itas y un 5% Ismailitas.
A pesar del hecho de que a un varón se permite tener hasta cuatro esposas, la mayoría de los matrimonios son monógamos. En la actualidad está desapareciendo la costumbre según la cual eran los padres quienes preparan las alianzas matrimoniales (una niña era considerada apta para el matrimonio a partir de los nueve años de edad) y hoy, cada vez más, los jóvenes deciden en su elección de pareja.
Por otra parte, casi han desaparecido los nómadas y los últimos grupos de nómadas hace ya tiempo que se establecieron en los pueblos montañeses donde cultivan cereales, verduras, café, melones, mangos y últimamente crían ganado vacuno además del tradicional ganado doméstico como cabras, ovejas y gallinas.
Costumbres durante las comidas
Como en casi cualquier ámbito de su cultura, el agua ha jugado desde siempre un papel esencial, y de ahí que lavarse las manos con ella antes de comer sea más que obligatorio, más aún cuando éstas hacen las veces de cubierto único. Además, se limpian de un modo distinto al nuestro, pues son ayudados por otra persona que vierte el líquido sobre ambas manos, lo que contribuye a una depuración más efectiva. Así, reúnen las condiciones idóneas para acometer una comida completa sin cucharas, tenedores ni cuchillos, lo que para nosotros es poco menos que inimaginable.
Tampoco nos parecería lógico prescindir de una mesa, como siguen haciendo muchos árabes, especialmente los que habitan en enclaves rurales; a éstos les basta una estera extendida sobre el propio suelo, en torno a la cual sentarse a compartir las delicias de su gastronomía, aunque también se usa una especie de mesa muy baja, que obliga a comer de rodillas o sentado. En ambos casos, la presencia de sillas es meramente accesoria, siendo sustituidas a lo sumo por pequeñas banquetas.
Teniendo en cuenta el alto grado de religiosidad de la civilización árabe, no es de extrañar que recen una oración antes de llevarse cualquier alimento a la boca, como no obstante sigue sucediendo en muchos hogares de nuestro país. Pero volviendo a las diferencias, una de las más grandes es la relativa a los platos; lo normal para ellos es servir toda la comida en una gran vasija común que ocupa la parte central de la mesa o estera, y de la que cada comensal va cogiendo con la mano lo que desea comer. Ocasionalmente, cuando degustan alimentos que deben acompañarse de un caldo, se utiliza un cuenco más pequeño para servirlo. Lo correcto es emplear únicamente la derecha para este cometido de alcanzar la comida, ya que la izquierda se ocupa, por lo general, de otros menesteres más ligados al campo de lo escatológico. Y teniendo en cuenta que también las servilletas brillan por su ausencia, lo mejor es adoptar esta rutina sin objeciones.
Existe, a pesar de todo, la opción de utilizar pan a modo de cubierto, cortando pedazos alargados y con corteza, como si fueran una cuchara, o bien aprovechando la miga para absorber el caldo y las salsas, tal y como nosotros lo hacemos. En cualquier caso, ha de tenerse presente que lavarse las manos con agua es tan importante al comienzo como al final de la comida, pues tras ella se realiza una nueva ablución en cooperación con un sirviente u otro de los comensales.
Tampoco nos parecería lógico prescindir de una mesa, como siguen haciendo muchos árabes, especialmente los que habitan en enclaves rurales; a éstos les basta una estera extendida sobre el propio suelo, en torno a la cual sentarse a compartir las delicias de su gastronomía, aunque también se usa una especie de mesa muy baja, que obliga a comer de rodillas o sentado. En ambos casos, la presencia de sillas es meramente accesoria, siendo sustituidas a lo sumo por pequeñas banquetas.
Teniendo en cuenta el alto grado de religiosidad de la civilización árabe, no es de extrañar que recen una oración antes de llevarse cualquier alimento a la boca, como no obstante sigue sucediendo en muchos hogares de nuestro país. Pero volviendo a las diferencias, una de las más grandes es la relativa a los platos; lo normal para ellos es servir toda la comida en una gran vasija común que ocupa la parte central de la mesa o estera, y de la que cada comensal va cogiendo con la mano lo que desea comer. Ocasionalmente, cuando degustan alimentos que deben acompañarse de un caldo, se utiliza un cuenco más pequeño para servirlo. Lo correcto es emplear únicamente la derecha para este cometido de alcanzar la comida, ya que la izquierda se ocupa, por lo general, de otros menesteres más ligados al campo de lo escatológico. Y teniendo en cuenta que también las servilletas brillan por su ausencia, lo mejor es adoptar esta rutina sin objeciones.
Existe, a pesar de todo, la opción de utilizar pan a modo de cubierto, cortando pedazos alargados y con corteza, como si fueran una cuchara, o bien aprovechando la miga para absorber el caldo y las salsas, tal y como nosotros lo hacemos. En cualquier caso, ha de tenerse presente que lavarse las manos con agua es tan importante al comienzo como al final de la comida, pues tras ella se realiza una nueva ablución en cooperación con un sirviente u otro de los comensales.
Moradores de Tiendas de Campaña
El vivir en tiendas es de origen muy antiguo según la Biblia. Se remonta hasta antes de los días de Abrahán. En las Sagradas Escrituras encontramos la primera referencia a esa vida en Génesis 4:20, cuando se refiere a un hombre llamado Jabal, que "fue el padre de los que habitaron en tiendas". Después del diluvio se dice en las Sagradas "Dios engrandezca a Japhet, y habite en sus tiendas de Sem" (Génesis 9:27).
Los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob pasaron la mayor parte de su vida en tiendas en la tierra de Canaán y sus alrededores. Se dice de Abraham que "levantó su tienda" cerca de Bethel (Gén. 12:8). De Isaac se dice que "levantó su tienda" en el Valle de Gerar (Gén. 26:17). Y de Jacob, que "levantó su tienda" frente a la ciudad de Sichem, (Gén. 33:18).
Los hijos de Israel vivieron en tiendas durante su peregrinación por el desierto durante cuarenta años. De ellos dice Moisés "los hijos de Israel asentarán en tiendas, cada uno en su escuadrón" (Núm. 1:52). Refiriéndose a Balaam, dice: "alzando sus ojos vio a Israel alojado por sus tribus" (Núm. 24:2).
Por muchos años después que Israel entró a poseer la Tierra Prometida aún vivían en sus tiendas. Al rey David le fue dicho en sus días: "El arca, e Israel, y Judá están debajo de tiendas" (2 Sám. 11:11), lo que indica que la mayoría de las gentes moraban en tiendas. En tiempos de las diez tribus comandadas por Jeroboam el grito que se oía era "Israel, a tus estancias" (1 Reyes 12:16).
Cuando las tribus se reunían en lugares pequeños como Gilgal y Silo, siempre llevaban consigo sus tiendas. Y cuando el templo fue terminado en Jerusalén, y el pueblo hacía sus peregrinaciones para ir a la celebración de las fiestas del Señor, algunos millares de ellos dormían en tiendas que levantaban en las laderas de las montañas que rodean la ciudad.
Como los judíos de antaño, los nómadas o árabes beduinos de Palestina, y especialmente de la Transjordania, por siglos han morado en sus tiendas, y su manera de vivir es bastante parecida a la de las gentes de la Biblia. De ahí que un estudio de la estructura de las tiendas de las tierras bíblicas de hoy día, arrojará mucha luz sobre la manera de vivir de los hombres de los primitivos tiempos bíblicos. Con tal estudio estaremos capacitados para imaginarnos el fondo para entender la vida y las contribuciones de esos hombres de épocas pasadas.
Los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob pasaron la mayor parte de su vida en tiendas en la tierra de Canaán y sus alrededores. Se dice de Abraham que "levantó su tienda" cerca de Bethel (Gén. 12:8). De Isaac se dice que "levantó su tienda" en el Valle de Gerar (Gén. 26:17). Y de Jacob, que "levantó su tienda" frente a la ciudad de Sichem, (Gén. 33:18).
Los hijos de Israel vivieron en tiendas durante su peregrinación por el desierto durante cuarenta años. De ellos dice Moisés "los hijos de Israel asentarán en tiendas, cada uno en su escuadrón" (Núm. 1:52). Refiriéndose a Balaam, dice: "alzando sus ojos vio a Israel alojado por sus tribus" (Núm. 24:2).
Por muchos años después que Israel entró a poseer la Tierra Prometida aún vivían en sus tiendas. Al rey David le fue dicho en sus días: "El arca, e Israel, y Judá están debajo de tiendas" (2 Sám. 11:11), lo que indica que la mayoría de las gentes moraban en tiendas. En tiempos de las diez tribus comandadas por Jeroboam el grito que se oía era "Israel, a tus estancias" (1 Reyes 12:16).
Cuando las tribus se reunían en lugares pequeños como Gilgal y Silo, siempre llevaban consigo sus tiendas. Y cuando el templo fue terminado en Jerusalén, y el pueblo hacía sus peregrinaciones para ir a la celebración de las fiestas del Señor, algunos millares de ellos dormían en tiendas que levantaban en las laderas de las montañas que rodean la ciudad.
Como los judíos de antaño, los nómadas o árabes beduinos de Palestina, y especialmente de la Transjordania, por siglos han morado en sus tiendas, y su manera de vivir es bastante parecida a la de las gentes de la Biblia. De ahí que un estudio de la estructura de las tiendas de las tierras bíblicas de hoy día, arrojará mucha luz sobre la manera de vivir de los hombres de los primitivos tiempos bíblicos. Con tal estudio estaremos capacitados para imaginarnos el fondo para entender la vida y las contribuciones de esos hombres de épocas pasadas.
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