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Tintorerías japonesas


Mucha gente pregunta ¿por qué los japoneses son todos tintoreros?
Bueno, no todos los japoneses o descendientes de japoneses son tintoreros, también los hay floricultores.





Postal de un barco pre-Segunda Guerra Mundial. Como curiosidad, horizontalmente está escrito de derecha a izquierda y no de izquierda a derecha como se lee actualmente.
Kawachi Maru de la NYK (日本郵船會社 – Nippon Yusen Kaisha).
Años: Enero de 1930 – Marzo 1931.
Ruta: Yokohama, Nagoya, Kobe, Moji, Hong Kong, Singapur, Mombasa, Lourenço Marques, Durban, Port Elizabeth, Ciudad del Cabo, Santos, Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires.




Resulta que es una cuestión muy simple. La cultura del inmigrante funciona para casi todos los pueblos por igual.

Les voy a dar un pequeño ejemplo dramatizado para que se lo puedan graficar mejor. Tómenlo como eso, un ejemplo…

Viene la primer tanda de inmigrantes a Sudamérica y se las ve negra. Sin embargo sale adelante con el empleo que se consigue o con lo que se pueda vivir. De los primeros inmigrantes japoneses, no todos vinieron a trabajar como tintoreros sino que muchos empezaron en el puerto o en otras tareas. Entre ellos estaba el señor… Higa (se pronuncia jiga) por nombrar un típico apellido okinawense, como el González o Fernández nuestro. Este señor en verdad tenía apenas 18 años y era un flaquito de 1,60m que venía de una zona pobre en donde apenas tenían para comer. Nada de una buena alimentación con lácteos, cereales, carne, verduras como hay aquí y mucho menos comer dos o tres veces al día.
Entonces ¿qué oportunidad de trabajo y cuánta resistencia podía tener este japonesito contra un ruso o un alemán de 1,80m y 80 kilos de peso a la hora de acarrear bolsas en el puerto?
No tenía un futuro muy prometedor en eso, seguro.

Al igual que este joven, muchos inmigrantes japoneses se vieron en la misma situación y encontraron en la tintorería una forma de salir adelante rompiéndose un poco menos (un poquito nomas) el lomo. Tengo entendido que la tintorería era un oficio de inmigrantes españoles pero pronto fue adquiriendo un color más “amariiiiillo”. :mrgreen:

Entonces retomando la historia, en la primer carta que envía el joven Higa a su familia y a los de su pueblo (que son lo mismo), les comenta que como tintorero se puede trabajar (y vivir) porque no se necesita saber mucho español. Solo es necesario aprenderse los días de la semana y el precio del servicio para tal prenda. Por lo otro es lavar (o teñir).
Por lo tanto si alguien del pueblo quería probar suerte en estas tierras lejanas podía encontrar seguramente trabajo en la tintorería donde él estaba trabajando y podían compartir cuarto.

Así era más o menos el modus operandi de los inmigrantes japoneses. Y con las tintorerías, pasó lo mismo que con los floricultores. En Florencio Varela, Escobar y otros lugares de la provincia de Buenos Aires se encuentran muchos floricultores japoneses.

Otros ejemplos los tenemos con los chinos que tienen supermercados o restaurantes, los coreanos negocios de ropa, los bolivianos verdulerías y así podríamos dar ejemplos con otras colectividades. Todos vienen a trabajar por referencia y recomendaciones.

Según relatos familiares mi abuelo vino con la intención de explotar unos pequeños terrenos para seguir su oficio de granjero pero cuando llegó se enteró que esos campitos no existían. ¡Le hicieron el cuento del tío! Primer shock cultural y bienvenida a estas generosas tierras :mrgreen:
En fin, a trabajar en la tintorería como todos los de su pueblo.
















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