En las primeras culturas, los dioses procedían de los espíritus de los antepasados del clan o de los animales en los que habían creído los antiguos pobladores. La vida estos dioses era similar a la vida común de los humanos, los dioses tenían discusiones, peleas, podían llegar amar y odiarse a muerte, jugarse malas bromas. El trabajo de estos dioses, era igual que la de los hombres, los dioses eran muy humanos y los humanos podían directamente, sin intermediarios, hablar con ellos, aquellos que no podían hacerlo, acudían a los chamanes o a los magos.
Con el transcurrir de los miles de años, los sacerdotes fueron los herederos de los magos y chamanes, pero con mayor poder, constituían una clase social privilegiada dentro de la comunidad, ellos eran los encargados de distribuir semillas y los animales y almacenar las cosechas de los agricultores.
El templo se convirtió en el centro de la vida económica de la comunidad. El templo era almacén y centro de administración de todos los recursos económicos. El templo era fuente de trabajo, pues se necesitaban empleados que llevaran el control del impuesto y de los productos almacenados, albañiles y carpinteros que reparen el templo y amplíen los almacenes, tejedores de ropas para sus rituales religiosos, escultores para construir monumentos religiosos, alfareros para fabricar las copas y platos para el culto, panaderos, y lo más importante, cocineros que tuvieran bien servida la mesa de los dioses para comiesen solamente el espíritu de la comida, porque el sabor de los potajes, era para el estómago de los sacerdotes.
La población egipcia estaba dividida en clases sociales y era muy conservadora, solo podían contraer matrimonio los hijos de la misma clase social.
La clase social egipcia más alta, el Faraón y su familia era la punta de la pirámide social. La siguiente clase social era la de los sacerdotes que gozaban de riqueza y poder, poseían grandes propiedades, no pagaban impuesto y ejercían su poder sobre el pueblo y aún sobre el Faraón. A esta clase social pertenecían los que se ocupaban de atender los oficios religiosos y muchas personas ajenas de esta ocupación. En Egipto el concepto de sacerdote era igual a ser sabio. Muchas personas con gran conocimiento o simplemente riqueza, formaban parte de esta clase social privilegiada, poetas, historiadores, legisladores, médicos, magos, ingenieros y arquitectos.
Los guerreros formaban la tercera clase social, cada uno poseía la propiedad de dos hectáreas de terreno y no pagaban el impuesto al imperio.
En la clase social más baja, en la base de la pirámide, estaban los agricultores, cocineros, panaderos, albañiles, tejedores, escultores, pintores, trabajadores del cuero, de la madera y de los metales, y los embalsamadores de los muertos. Esta clase social no tenía propiedad de nada, pues la tierra pertenecía o al imperio, o los sacerdotes o a los militares.
Esta clase social estaba obligada a pagar un impuesto al Faraón o a los sacerdotes o a los militares, los dueños de la tierra donde vivían.
Parafraseando el dicho popular, "por la boca muere el pez, por la olla muere el hombre."