JOSE SABINO NAVARRO

Obrero, Cristiano y Peronista, el Negro José Sabino Navarro sintetizó en su figura la voluntad, la capacidad, la convicción y el coraje de las mujeres y hombres que supieron entender que lo individual solo puede estar supeditado a lo colectivo y que únicamente se puede ser totalmente feliz en una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
José Sabino Navarro nació en Corrientes el 11 de diciembre de 1942.
Su padre, ferviente peronista, contagió a su hijo con esa pasión de pueblo. En una oportunidad lo llevó a la Plaza de Mayo, a escuchar uno de los históricos discursos del líder del movimiento.
Una gestión directa de Evita permitió que la madre de Sabino pudiera viajar a Bs As para que la operaran.
A los 12 años, la familia lo trajo hasta Buenos Aires. Y todavía era un pibe de 15 años cuando acompañó al viejo hasta los basurales de José León Suárez, apenas se enteraron de la masacre, para buscar algún sobreviviente. El Negro, recordaría para siempre el recuerdo del odio al pueblo de los mismos que pintaban -Viva el cáncer! cuando Evita se moría.
En 1959 conoció a Pina, su mujer y madre de sus hijos, fue en la Algodonera Textil, empresa donde ambos trabajaban.
Entre 1962 y 1963 hizo la colimba y recibió su primera instrucción militar.
Al finalizar la conscripción Sabino pasó a trabajar en Deutz Cantábrica y se incorporó al SMATA, llegando a ser delegado, ganando un prestigio entre sus compañeros por sus luchas sindicales, y todavía más, debido a una feroz paliza que le propinó a José Rodríguez, quien había traicionado una huelga.
Ahí empieza a distanciarse del sindicato y comienza a surgir la idea de acompañar la lucha político sindical con el desarrollo de acciones armadas.
Era un fervoroso militante en la Juventud Obrera Católica. Ahí conoce a García Elorrio, director de Cristianismo y Revolución, y comienza a participar en actividades en ese ámbito.
En agosto de 1968 Sabino participó del primer congreso del peronismo revolucionario y, en enero del año siguiente, concurrió al plenario peronista en Pajas Blancas, Córdoba.
Para entonces, ya no quedaban dudas acerca de la necesidad de complementar la lucha político sindical con la lucha armada.
Dos meses más tarde se produjo una de las últimas apariciones públicas de Sabino, cuando fue invitado por los trabajadores de la empresa Renault para intervenir en un conflicto gremial.
A principios de 1969, comenzó a participar en los primeros operativos armados.
Con fierros en mal estado y sin municiones, encararon los primeros operativos para autoabastecer el grupo. Siempre, convencidos de que el peronismo era revolucionario y debía actuar como tal, para lograr el retorno de Perón al país, y avanzar en la construcción de la patria socialista.
El grupo jamás abandonó su militancia política y gremial, junto a los operativos armados.
Tras el aramburazo, en mayo de 1970, el grupo de El Negro comenzó a identificar sus acciones con un mismo sello: Montoneros.
A mediados de 1970, José Sabino Navarro se transformó en uno de los dirigentes de la conducción de Montoneros. En setiembre, la organización incipiente tiene un enfrentamiento con la policía en William Morris.
Caen muertos Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus, él salva su vida milagrosamente.
Fue buscado intensamente por las fuerzas represivas de la dictadura de Lanusse,
Lo detectaron en Villa Ballester, donde se enfrentó con ellos como último recurso y mató a dos policías a quienes les quitó sus armas.
En 1971, Sabino se traslada a Córdoba y queda a cargo de la regional y su reestructuración, tras su debilitamiento después de la Toma de La Calera.
El 21 de Julio de ese año viaja a Rio Cuarto, junto a un santafesino estudiante en la Docta, Jorge Cotone. Van a realizar una operación de apoyo al conflicto de trabajadores de Fiat Con otros compañeros toman un garaje y recuperan 2 vehículos para llevarlos a la ciudad de Córdoba.
La policía es alertada. Monta operativos de control en toda la ruta que va de Río Cuarto a Córdoba. A los 40 ó 50 kilómetros, comienzan los enfrentamientos.
El grupo montonero logra superar los primeros cercos. Sin embargo, deben abandonar uno de los vehículos, y en otro combate cae muerto en Berrotarán, el Negro Juan Antonio Díaz. Tenía 28 años, era de Río Cuarto, hijo de un obrero ferroviario y peronista, un tipo bien de base, que había comenzado a trabajar desde los 9 años, también peón ferroviario y delegado. Había participado en la toma de La Calera.
El grupo continúa. Ya sin auto, deciden internarse en el monte, que es bastante bajo y, con pocas hojas, ofrece poca protección. Cecilio Salguero, otro de los militantes, se queda cuidando la retaguardia, para que los demás puedan avanzar más. Es detenido al día siguiente.
El Negro Sabino y Cotone siguen la marcha y van obteniendo provisiones en las pocas casas que van encontrando. A esa altura son rastreados por helicópteros y por la infantería. Las fuerzas de la represión ya peinaban todo el monte.
Los combatientes montoneros se movilizan de noche. Ante cada intento de salir a la ruta se ven obligados a entablar combate y deben volver a internarse en el monte.
Una noche encuentran el camino que buscaban que conducía al dique Los Molinos. Toman un Citroen, pero son perseguidos y Sabino es herido en un hombro.
Para avanzar, recuperan un colectivo.
El propio Negro maneja, mientras continuaba la persecución y el tiroteo. Chocan y se internan de nuevo al monte.
Llevaban más de una semana de combates y persecución, estaban casi sin municiones y Sabino Navarro había perdido bastante sangre, sin recibir atención médica. Le pide a Cottone que siga e intente salvarse, que él va a quedarse.
Ante la negativa de Cottone a abandonar al compañero, Sabino se lo ordenó. -Yo no caigo -le dijo-, no quiero caer y me muero. A los 200 metros, contaría después Cottone, cuando ya se alejaba, se escuchó un disparo…
La policía lo buscó durante semanas, hasta que lo encontró, ya muerto. Estaba en una cueva escondido entre las piedras, el revolver 38 todavía en su mano derecha.
Como hicieron con el Che Guevara y con Juan Perón, le cortaron las manos, se las llevaron como trofeo y escondieron su cuerpo, enterrándolo debajo de otra sepultura.
Recién en 1974, los Gobernadores Oscar Bidegain y Ricardo Obregón Cano, consiguieron la información del lugar en el que se encontraban los restos del Negro.
Arnaldo Lizaso, otro de nuestros luchadores, colaboró con el traslado del cuerpo hasta El Cementerio de Olivos.
Este 29 de julio, 35 años después nos hemos damos cita: familiares, amigos, compañeros, compañeras, organizaciones políticas y sociales para:
Recordar a Sabino reconstruyendo su historia de lucha, de compromiso, de su inquebrantable voluntad de justicia desde la trascendencia de su vida, la que habría de convocar masivamente a los jóvenes, a los trabajadores, a los humildes a asumir las banderas del -luche y vuelve, del -socialismo nacional, de que -la patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas.
Recordar a Sabino en lo que sostenía J .W.Cooke -la conciencia nacional es también conciencia histórica, en tiempos de creación surge una visión propia de la Patria y del mundo y la nacionalidad se repliega sobre sí misma, bebiendo en la sabiduría y la experiencia colectiva acumulada en el decurso de las generaciones.
En el pasado buscamos afirmación, antecedentes, claves.
Recordar a Sabino es encontrar esa afirmación, esos antecedentes, esas claves que nos permitan asumir que los 30.000 compañeros desparecidos, los miles de presos, perseguidos y exiliados asumieron su ejemplo y su coraje para rebelarse ante las imposiciones de la dictadura oligárquica del terrorismo de Estado.
Recordar a Sabino es reconocerlo en cada movilización, cada corte de rutas, cada huelga, en cada una de las múltiples experiencias que el pueblo asumió como propias, sintetizadas en la rebelión popular de diciembre del 2.001 que pone en crisis de legitimidad y de acumulación al modelo neoliberal, al que Jauretche habría anticipado como estatuto del coloniaje.
Recordar a Sabino vuelve a ser una necesidad colectiva, nos vuelve a encontrar unidos en la misma convicción y acá es donde se vuelve a manifestar ante nosotros esa imagen con su viejo en la Plaza, desde la que nos dice -tenemos que asumir el mismo desafío, reconstruir lo que interrumpió el 55, aquél país que construyó la felicidad del pueblo organizado.
Hasta acá, hasta hoy, hasta este abrazo de todos, para darle calor y vida a la memoria del Negro José Sabino Navarro.
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