¿A que fue Lanata a New York?
Ojalá nos soprenda y el domingo que viene Lanata plantee una discusión en la que confronte ideas. Ojalá haya escuchado atentamente el discurso de la Presidenta en la Asamblea General de las Naciones Unidas y luego repase punto por punto, yendo al fondo de cada politica planteada, de cada cuestionamiento que la Presidenta haga al orden mundial. Ojalá Lanata se preocupe por los contenidos de la reunión que Cristina va a tener con el Secretario general de la ONU Ban Ki Moon, ojalá atienda a qué acuerdo de inversiones va a llegar con Soros o con Exxon. Ojalá escuche atentamente las conferencias que la Presidenta va a brindar en Harvard y en Georgetown. Ojalá Lanata recoja las cosas importantes que se vayan a plantear en este viaje de la Presidenta a los Estados Unidos. Ojalá que de una vez escuchemos a Lanata hablar de política.
Me atrevo a aventurarme en que el domingo que viene, gracias al programa de Lanata vamos enterarnos de otras cosas, tales como las carteras y los zapatos que Cristina se compró y otros detalles que irritan a las señoras de las cacerolas (que a la sazón, usan o envidian esas mismas carteras) pero que en nada transforman la vida de los argentinos de José C. Paz, ni de las señoras que envidian carteras.
¿Qué significa la cobertura de un viaje presidencial? ¿Qué es lo importante de ese viaje? ¿Para qué se hace tal esfuerzo en viáticos, producción y riesgo?
El periodismo que se propone como poder “contra la política” hace lo que en fútbol se llama la “marca hombre a hombre” o marca personal. Donde hay un político hay un periodista que sigue sus pasos en busca de las contradicciones que muestren que “algo” falla. En qué hotel se aloja, cuánto deja de propina, dónde hace compras, cuáles son sus rutinas, si viajó el peluquero. Preguntas que nadie se hace, que conforman la normalidad de cualquier actividad presidencial de un “país serio”, pero que en la revelación de cada detalle arriesgan una explicación que concluya en la naturaleza del poder. Una naturaleza del mal, y de la que el periodismo antipolítica -con Lanata como primer exponente- viene a protegernos.
Cristina es una política que se luce en el concierto internacional. Se ha distinguido y así lo mostró, incluso, la prensa internacional. Sabe hacerlo, le gusta hacerlo y lo hace cuanto haga falta en un mundo conmocionado por la crisis económica, donde los países perfiéricos (como el nuestro) no son países obedientes que mendigan paradigmas y créditos impagables. Lo que duele del viaje de Cristina es que no viaja a pedir clemencia o paciencia a un estado descontrolado, sino, al revés, ese plus del discurso presidencial que pretende -¡por una vez!- arrojar algunas pistas de la que podría ser una salida de la crisis. En un mundo sin paradigmas, con salvatajes financieros que cubren a bancos y capitales buitres, la humilde experiencia sudamericana, de este lado del mundo.
Para colmo de males es una Presidenta que pisa con la misma dedicación José C. Paz tanto como un encuentro de Naciones Unidas. No discrimina.