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El Sarampión

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El sarampión es una infección respiratoria sumamente contagiosa


El sarampión es una infección respiratoria sumamente contagiosa –aunque muy poco frecuente- que está provocada por un virus. Cursa con una erupción cutánea que afecta a todo el cuerpo y con síntomas de tipo gripal, como fiebre, tos y secreción nasal.

Puesto que el sarampión está provocado por un virus, los síntomas suelen remitir por si solos sin tratamiento (médico) una vez el virus ha seguido su curso. Pero, si su hijo contrae el sarampión, es importante que usted se asegure de que guarda reposo e ingiere abundante líquido, aparte de impedir que contagie la infección a otras personas. Si hay algo que le preocupa sobre el estado de salud su hijo, llame al pediatra.





Signos y síntomas

Aunque el sarampión es más conocido por la erupción que provoca, los primeros síntomas de la infección suelen ser: tos seca, secreción nasal, fiebre alta y ojos rojos y llorosos. Otro signo característico del sarampión son las llamadas manchas de Koplik, unas pequeñas manchas de color rojo con la parte central de color blanco o azulado que aparecen en el interior de la boca.

La erupción del sarampión tiene típicamente un aspecto parcheado y es de color rojo o rojizo; suele aparecer primero en la frente, extendiéndose posteriormente hacia abajo por toda la cara, el cuello y luego el resto del cuerpo hasta los pies.

El sarampión es sumamente contagioso. Cuando alguien con sarampión estornuda o tose, puede diseminar por el aire gotitas infectadas por el virus e infectar a otras personas.


Lo más importante que puede hacer para proteger a su hijo del sarampión es vacunarlo siguiendo el calendario de vacunaciones sistemáticas recomendado por el pediatra del niño.




Prevención

Generalmente los lactantes están protegidos del sarampión durante los primeros seis a ocho meses de vida debido a la inmunidad que les transmiten sus madres. Los niños mayores se suelen vacunar contra el sarampión siguiendo las regulaciones estatales y escolares.

La mayoría de los niños reciben la vacuna del sarampión como parte de la vacuna triple vírica, que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola, y que se administra entre los 12 y los 15 meses de edad y de nuevo entre los cuatro y los seis años. La vacuna del sarampión no se suele administrar a lactantes de menos de 12 meses. Pero, si se declara una epidemia de sarampión, se puede administra la vacuna a niños de solo 9 meses, seguida de la habitual vacuna triple vírica entre los 12 y lo 15 meses de edad.


Como ocurre con todos los programas de vacunación, hay excepciones importantes y circunstancias especiales. El pediatra de su hijo debería estar al corriente de la información actualizada sobre la vacuna del sarampión. Esta vacuna no debería administrase a mujeres embarazadas, a niños con tuberculosis activa, leucemia o linfoma, ni a personas cuyo sistema inmune está deprimido por cualquier razón.

Asimismo, la vacuna del sarampión no se debería administrar a aquellos niños que tengan antecedentes de graves reacciones alérgicas a la gelatina o al antibiótico neomicina, ya que existe el riesgo de que presenten reacciones graves a la vacuna. Estos niños pueden protegerse de la infección provocada por el virus del sarampión mediante una inyección de anticuerpos denominados gammaglobulinas, que debe administrase durante los seis días inmediatamente posteriores a la exposición al virus. Estos anticuerpos pueden impedir que el niño contraiga el sarampión o bien mitigar sus síntomas.

En algunas ocasiones la vacuna del sarampión provoca efectos secundarios en niños que no tenían previamente problemas de salud. En aproximadamente el 10% de los casos la vacuna del sarampión provoca fiebre al cabo de entre cinco y 12 días de su administración, y en aproximadamente el 5% de los casos provoca una erupción que no es contagiosa y que suele remitir por si sola.


Tratamiento

Los síntomas del sarampión suelen durar aproximadamente dos semanas. Es una enfermedad sumamente contagiosa, y el 90% de las personas que no se han vacunado contra el sarampión contraerán esta enfermedad si viven en la misma casa que una persona infectada.

Si a su hijo le han diagnosticado sarampión, es importante que le controle atentamente la fiebre y otros síntomas para detectar posibles complicaciones. En algunos casos el sarampión puede provocar otros problemas de salud, como el crup, e infecciones como la bronquitis, la bronquiolitis, la neumonía, la conjuntivitis, la miocarditis y la encefalitis. Asimismo el sarampión puede hacer que el cuerpo sea más proclive a contraer infecciones de oído y a otros problemas de salud provocados por bacterias.

Si su hijo se encuentra mal debido a la fiebre, le puede administrar un fármaco antipirético (para bajar la fiebre) que no contenga ácido acetilsalicílico, como el paracetamol. Recuerde que nunca se deben administrar fármacos que contengan ácido acetilsalicílico, como la aspirina, a un niño que tenga una enfermedad de origen vírico, puesto que su uso en tales circunstancias se ha relacionado con el desarrollo de una enfermedad grave conocida como síndrome de Reye.

Como en cualquier infección vírica, inste a su hijo a beber abundante líquido: agua, zumo de frutas, infusiones y agua de limón. Así le ayudará a reponer los fluidos corporales que perderá a través del sudor en los episodios de fiebre.

Utilice un humidificador de vapor frío para mitigar la tos y suavizar las vías respiratorias. Limpie diariamente el humidificador para impedir que se forme moho. Evite los humidificadores de vapor caliente, que pueden provocar quemaduras accidentales en los niños.

Los niños con sarampión deben guardar reposo para recuperarse. Suele ser seguro que los niños vuelvan a ir al colegio cuando hayan transcurrido entre siete y 10 días desde la remisión de la fiebre y la erupción. Pero, para estar seguro, pregúnteselo al pediatra de su hijo.



Cuándo llamar al pediatra


Llame al pediatra inmediatamente si sospecha que su hijo puede haber contraído el sarampión. Asimismo, es importante que solicite atención médica si su hijo:

Es todavía un lactante y ha estado expuesto al sarampión.
Está tomando algún medicamento que deprime el sistema inmunitario.
Padece tuberculosis, cáncer o cualquier enfermedad que repercute sobre el sistema inmunitario.
Controle la temperatura de su hijo. Informe al pediatra en caso de que el niño tenga dolor de oído, ya que podría ser un indicador de infección.

No obstante, recuerde que el sarampión es una enfermedad muy poco frecuente y que, si su hijo ha seguido adecuadamente el calendario de vacunaciones sistemáticas, es sumamente improbable que contraiga esta enfermedad.











































































































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