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La censura en los medios ingleses durante Malvinas

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La primera reunión entre sir Frank Cooper, subsecretario de Defensa británico en 1982, y los editores de las organizaciones de medios más importantes del Reino Unido, tuvo lugar el 7 de abril". Cinco días después de que las tropas argentinas hicieran pie en las Islas Malvinas, el gobierno inglés comenzó a comunicar a los medios los nuevos criterios editoriales que "deberían" manejar durante el conflicto. En principio, esa reunión, la que sostuvieron Cooper y los editores, no debería ser publicada por ninguno de ellos.

Aquí, en la Argentina, y como bien se sabe, los medios periodísticos masivos padecieron la estricta censura instituida por la dictadura militar.

En Inglaterra, y bajo el gobierno ultraconservador pero democrático de Margaret Thatcher, se implementó a la vez un esquema de control sobre cada cable noticioso emitido durante los días de la guerra.

Lawrence Freedman es un minucioso historiador del King College de London, que escribió lo que tituló como "The Official History of the Falklands Campaign", efectivamente la versión oficial británica del conflicto. Uno de los capítulos de su voluminoso trabajo se titula "La guerra de la información". Tiene un subtítulo sugerente. "Good news, bad news and no news at all": "Buenas noticias, malas noticias y finalmente ninguna noticia".

Los corresponsales de guerra que embarcaron en la flota inglesa fueron provistos de información por el propio Ministerio de Defensa. Sandy Woodward, el almirante al mando del primer pelotón de la flota inglesa, sostuvo, el 18 de abril, una larga reunión con los corresponsales embarcados en el Hermes. Según Freedman, "el objetivo a esa altura parece haber sido hacerles tomar conciencia de la necesidad de las restricciones y de hablar solamente de cuestiones sustanciales en la medida en que eso pudiera acobardar a los argentinos".Cooper se volvió a reunir con los editores el 20 de abril y precisó los temas sensibles respecto de los cuales los medios deberían moderarse: no deberían dar noticias precisas respecto de la magnitud de la fuerza anfibia británica, y tampoco informar sobre la partida de barcos ingleses desde la isla de Ascensión (la base de Ascensión era un enclave estratégico y operativo durante la guerra que los ingleses querían a toda costa disimular como tal). La tensión entre los funcionarios del gobierno de Thatcher y los editores se volvió tangible cuando el periodista Michael Nicholson de la ITN (Independent Television News, el canal comercial del Reino Unido), revelara que había sido el submarino Conqueror desde donde se habían lanzado los proyectiles que hundieron al crucero "General Belgrano". En los círculos oficiales de Londres, la información emitida por Nicholson "se interpretó como una violación a las reglas". Nicholson comenzó a emitir sus informes con una leyenda en cámaras en la que informaba a su audiencia que su despacho "había sido censurado". Las tensiones se ahondaron cuando el Daily Express publicó el 3 de mayo algunas especulaciones relativas a grupos especiales de tareas al desembarcar en las Islas. "Figuras de alto nivel contemplaron la posibilidad de retirar a los corresponsales de prensa embarcados en el Canberra««1". Pero se desistió de aquello evaluando también la posibilidad de que el mundo acusara a Inglaterra de manipular a sus propios medios. Por lo demás, como cuenta Freedman, "para los tabloides, (los diarios sensacionalistas y los más vendidos en Inglaterra) la causa era patriótica y justa, y este apoyo resultaba fundamental para sostener el apoyo mayoritario a la guerra".

Según Freedman, de acuerdo a los "estudios realizados después de la guerra, los 'cerebros oficiales' habían.tachado noticias enteras. De los 627 despachos recibidos por el Ministerio de Defensa durante el conflicto, 139 tardaron más de ocho horas en ser aprobados". Los medios enviaban sus despachos al ministerio que los devolvía "editados" para su publicación.

Los censores no solamente modificaban o borraban datos que pudieran influir en la seguridad de las tropas inglesas, sino que con demasiada frecuencia corregían el estilo, quitando adjetivos por ejemplo, porque consideraban de pronto a las notas como "demasiado emocionales". Las notas se enviaban a Londres por comunicaciones satelitales .

Cuando los aviones argentinos bombardearon y hundieron al Sheffield, la conmoción en el gabinete de prensa fue mayúscula. Querían demorar la información. Se trataba de una pieza vital de la armada inglesa y evidenciaba "una falla fatal en las defensas de la Royal Navy". "Además, se argumentó que los argentinos no estaban todavía muy seguros de la eficacia de sus Exocet ni del barco que habían hundido y que difundirlo primero por vía inglesa habría de ser para ellos un golpe propagandístico".

Según Freedman, "Margaret Thatcher pidió al instante que se difundiera una noticia 'positiva' para los británicos para contrarrestar el efecto Shefield".


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