Himmler.-
En 1925 uno de los personajes más cercanos a Hitler dirigió un cuerpo de guardias personales cuyo principal cometido era proteger al futuro dictador alemán. Con el tiempo, la conocida como Orden Negra sería una de las fuerzas más siniestras y misteriosas del Tercer Reich, cuyos ritos, prácticas ocultistas y extravagantes creencias conducirían inexorablemente a Europa hacia la destrucción. Heinrich Himmler, el “mago negro” , quiso crear un auténtico Estado de las SS. Este fue su delirante sueño frustrado…
En parte sugestionar a las masas y ganarse el apoyo incondicional del pueblo alemán, y principalmente por las creencias ocultistas de varios de sus líderes, el nazismo se rodeó desde su nacimiento de un halo providencialista, cuasi mágico, al que contribuiría toda una amlgama de símbolos y creencias pseudocientíficas que acabarían desembocando en la mayor catástrofe de la historia humana.
Adolf Hitler había aparecido ante sus seguidores como un nuevo Mesías, un iluminado que se creía tocado por la divina Providencia, Como Führer (Canciller-Salvador) del pueblo germano, pretendía instaurar un Nuevo Orden, una nueva Germania que, con centro en Berlín, se conviertiera nada menos que en la capital del mundo. Un mundo regido por arios y creado por y para ellos. En él, claro, no tenían cabida las “razas inferiores” ni los opositores ideológicos o religiosos, por lo que el Reich “iluminado” se entregó a una caza indiscriminada, brutal, de personas inocentes.
Algunas de las caras más visibles del partido nazi -NSDAP- reconvertido en régimen político, individuos que casi del anonimato saltarían a dirigir los designios de miles de personas con mano implacable, habían forjado su mentalidad racista y esotérica en diversas sociedades secretas surgidas en Alemania a finales del siglo XIX y principios del XX, como la Sociedad Thule, creada por el excéntrico ocultista Rudolf von Sebottendorff, y la Liga de los Artamanes, fundada por Guido von List, cuyo ariosofismo y obsesión con el pasado nacionalista germánico contribuiría a dar forma al nazismo más secreto.
Entre los que participaron de esta obsesión ocultista se hallaban el mismo Hitler, Rudolf Hess, Alfred Rosenberg -el principal ideólogo del régimen- y el que sería considerado como “mago negro” del Tercer Reich: el Reichsführer-SS Heinrich Himmler. Nacido en el seno de una familia burguesa de Baviera, Himmler sería instruido por su padre en la pasión por la arqueología y en un profundo sentimiento de orgullo de su pasado alemán.
De constitución enfermiza -algo que no le impediría después proclamar la superioridad de la raza “aria”-, fue educado en el catolicismo y soñó desde pequeño con ser un oficial del ejército alemán, lo que logró a finales de la Primera Guerra Mundial aunque sin acudir al frente. La derrota de su país y las drásticas medidas del Tratado de Versalles avivaron en su interior, como en el resto de futuros nazis, el odio visceral contra los demócratas de Weimar y agudizaron su intransigente nacionalismo.
Meticuloso estudiante, se diplomó en Agronomía en el Instituto Universitario Técnico de Munich en 1922, y más tarde se dedicaría a la cría de pollos en una granja de Pomerania; las técnicas de selección aprendidas entonces para obtener los especímenes más perfectos serían aplicadas por Himmler años más tarde, aunque esta vez, tristemente, con seres humanos. La obsesión por recuperar del olvido lo que él creía la raza aria ancestral y por servir a su Führer cual si se tratara del nuevo Mesías, le llevó a blindar una de las organizaciones más siniestras y a su vez poderosas del Tercer Reich: las SS -Schutzstaffel o escuadras de protección-, más tarde conocidas extraoficialmente bajo el inquietante nombre de la Orden Negra, en alusión directa a los trajes de sus oficiales y a sus prácticas secretas.
Los ancestros de la “raza superior”
En medio de su obsesión por recuperar el pasado mítico germánico, Himmler creó, en el seno de la RuSHA, un nuevo departamento cuyo objetivo era “fomentar la ciencia de la antigua historia intelectual”; su nombre era Deutsches Ahnenerbe, o “Herencia Ancestral Alemana, Sociedad para el Estudio de la Historia de las Ideas Primitivas”, más conocida como Ahnenerbe. El historiador Herman Wirth sería el presidente y Himmler asumió el cargo de superintendente. Se trataba de una organización pseudocientífica con el objetivo de reescribir la prehistoria e historia alemanas. Sus miembros fueron enviados en diferentes expediciones secretas a recónditos lugares del planeta, como al Tíbet pues el
Reichsführer, imbuido del esoterismo reinante en la Alemania de principios de siglo, y de las estrambóticas teorías de personajes como Wiligut o Wirth, estaba convencido de que sus oficiales serían capaces de encontrar el reino perdido -Shambhala-, en el que se hallarían los vestigios de los primeros arios.
No fue la única expedicion que patrocinó la organización; se sabe que recorrieron Europa y Asia, visitando desde las remotas esculturas de piedra suecas de la Edad de Bronce y las casas rurales de los chamanes de Finlandia hasta los muros de los palacios de Croacia, llenos de extrañas inscripciones, y los derruidos templos de los reyes partos de Irán. Viajaron hasta las cuevas paleolíticas de Francia, las ruinas de asentamientos griegos, las dunas de la costa de Libia y también a España.
Pero el rostro más siniestro de la Ahnenerbe pudo verse tras la caída del Tercer Reich, cuando se descubrió que algunos de sus miembros fueron los responsables de procurar recursos para que se llevasen a cabo siniestros experimentos con prisioneros en campos de concentración. En Nüremberg fueron juzgados algunos de sus miembros, por experimentar la “resistencia a la altitud” dentro de cámaras de gas y despresurización; resistencia a la congelación, e inocular en personas enfermedades como la icteria, el tifus o la malaria.
Himmler quiso crear una Orden pagana y oscura que emulara a los antiguos caballeros teutónicos.
Los caballeros negros.
Aunque las SS fueron creadas en 1923 dentro de las SA -tropas de asalto- como una compañía paramilitar con la función de proteger a los miembros más veteranos del NSDAP durante actos públicos, y en 1925 se convirtieron en la guardia personal de Hitler, no sería hasta 1929, ya bajo la dirección de Himmler, cuando pasaron de ser una pequeña organización a erigirse en una de las más poderosas fuerzas del Tercer Reich. Para crear su cuerpo de élite, con el que soñaba instaurar un orden racial en una nueva Europa pagana, el Reichsführer se inspiró en la antigua Orden mediaval de los Caballeros Teutónicos o Deutsche Ritterorden, fundada por Heinrich Walpot von Bassenheim en el año 1198 y que se formó, como la Orden de los Templarios o los caballeros de San Juan de Jerusalén, para auxiliar a los caballeros cristianos qe habían sido heridos en Tierra Santa durante las Cruzadas. Pero los teutónicos tenían una peculiaridad: sólo admitían en su organización a personas de origen germánico. En tiempo de Hermann von Salza, cuarto Gran Maestre, la Orden emprendió un programa de expansión alemana -antecedente histórico de la futura Lebensraum o “espacio vital” nazi-, extendiendo su dominio sobre Prusia y los países bálticos; los teutónicos alcanzaron un gran poderío hasta que en julio de 1410 fueron masacrados en la batalla de Tannenberg por un ejército compuesto por lituanos, polacos y mongoles, pero durante siglos los alemanes guardarían un recuerdo romántico de sus hazañas.
Pronto, al servicio de Himmler, las SS se convertirían en arquetipo del “Estado dentro del Estado”, un grupo exclusivo de hombres y mujeres que se regía por férreas normas de las cuales la principal era la lealtad al Reichsführer y la obediencia incondicional a sus órdenes. En mayo de 1944 llegarían a ejercer un dominio absoluto en todo el Reich.
Wewelsburg, el Vaticano de las SS
Una vez que consolidó su poder en 1934, en plena ebullición del poderío nazi, Himmler dio rienda suelta a sus obsesiones ocultistas. Ya entonces había convertido en su consejero espiritual a Karl Maria Wiligut, el “Rasputín nazi”, un ex combatiente iluminado y loco que decía poseer una memoría ancestral que le “permitía” nada menos que comunicarse con los ancestros arios de Alemania y que diseñaría los símbolos esotéricos de las SS. Una vez que ingresó en el cuerpo bajo el pseudónimo de Karl Maria Weisthor, fue nombrado jefe de la Sección de Prehistoria e Historia Antigua, que formaba parte del Departamento de raza y asentamientos -RuSHA- que dirigía Walter Darré. Para Himmler, sus “memoria ancestral” sería la llave que abrirlia la puerta de la gloriosa prehistoria germana.
Parece ser que fue Karl Maria quien llamó la atencion del líder nazi sobre el enclave que se convertiría en el centro de poder de la Orden Negra. Es posible que el “brujo” se inspirase en la antigua leyenda germánica de la “Batalla del abedul” -Schlacht am Birkenbaum-, una saga profética que señala que en la última batalla que se libraría en el futuro contra un “gran ejército eslavo del Este” lo único que saldría indemne sería un castillo en Westfalia. Himmler, que esperaba un gran conflicto entre Asia y Europa -en medio de una lucha atávica entre los germanos y las “razas inferiores”-, creyó aquella burda patraña y se entregó a la búsqueda de aquel bastión.
Lo halló en una montaña, en las ruinas de Wewelsburg, cerca de Paderborn, llamado así en recuerdo de Wewell von Büren, líder medieval de la resistencia sajona contra los hunos; aquella fortaleza había sido reconstruida en el siglo XVII en forma triangular y, según algunos estudiosos, el Reichsführer creyó ver en ella una alusión a la Lanza del Destino. Además, el lugar se hallaba cerca del antiguo campo de batalla del bosque de Teutoburgo, en el que el caudillo de origen germánico Arminio había aplastado a las legiones romanas de Publio Quintillo Varo el año 9 d.C.
A imitación de Hermann von Salza, que había construido su fortaleza en Marienburg, el líder nazi arrendó el castillo y entregó la sustanciosa cantidad de doce millones de reichmarks al arquitecto Hermann Bartels con la intención de que crease un centro ceremonial para la Orden Negra, un cuartel general que habría de convertirse en una especia de Vaticano de las SS. Bartels había conseguido en 1937 convertirla en una verdadera fortaleza mística de otro tiempo.
La Orden Negra “Los soldados paganos de Himmler”
El ejército pagano de Himmler
En 1925 uno de los personajes más cercanos a Hitler dirigió un cuerpo de guardias personales cuyo principal cometido era proteger al futuro dictador alemán. Con el tiempo, la conocida como Orden Negra sería una de las fuerzas más siniestras y misteriosas del Tercer Reich, cuyos ritos, prácticas ocultistas y extravagantes creencias conducirían inexorablemente a Europa hacia la destrucción. Heinrich Himmler, el “mago negro” , quiso crear un auténtico Estado de las SS. Este fue su delirante sueño frustrado…
En parte sugestionar a las masas y ganarse el apoyo incondicional del pueblo alemán, y principalmente por las creencias ocultistas de varios de sus líderes, el nazismo se rodeó desde su nacimiento de un halo providencialista, cuasi mágico, al que contribuiría toda una amlgama de símbolos y creencias pseudocientíficas que acabarían desembocando en la mayor catástrofe de la historia humana.
Adolf Hitler había aparecido ante sus seguidores como un nuevo Mesías, un iluminado que se creía tocado por la divina Providencia, Como Führer (Canciller-Salvador) del pueblo germano, pretendía instaurar un Nuevo Orden, una nueva Germania que, con centro en Berlín, se conviertiera nada menos que en la capital del mundo. Un mundo regido por arios y creado por y para ellos. En él, claro, no tenían cabida las “razas inferiores” ni los opositores ideológicos o religiosos, por lo que el Reich “iluminado” se entregó a una caza indiscriminada, brutal, de personas inocentes.
Algunas de las caras más visibles del partido nazi -NSDAP- reconvertido en régimen político, individuos que casi del anonimato saltarían a dirigir los designios de miles de personas con mano implacable, habían forjado su mentalidad racista y esotérica en diversas sociedades secretas surgidas en Alemania a finales del siglo XIX y principios del XX, como la Sociedad Thule, creada por el excéntrico ocultista Rudolf von Sebottendorff, y la Liga de los Artamanes, fundada por Guido von List, cuyo ariosofismo y obsesión con el pasado nacionalista germánico contribuiría a dar forma al nazismo más secreto.
Entre los que participaron de esta obsesión ocultista se hallaban el mismo Hitler, Rudolf Hess, Alfred Rosenberg -el principal ideólogo del régimen- y el que sería considerado como “mago negro” del Tercer Reich: el Reichsführer-SS Heinrich Himmler. Nacido en el seno de una familia burguesa de Baviera, Himmler sería instruido por su padre en la pasión por la arqueología y en un profundo sentimiento de orgullo de su pasado alemán.
De constitución enfermiza -algo que no le impediría después proclamar la superioridad de la raza “aria”-, fue educado en el catolicismo y soñó desde pequeño con ser un oficial del ejército alemán, lo que logró a finales de la Primera Guerra Mundial aunque sin acudir al frente. La derrota de su país y las drásticas medidas del Tratado de Versalles avivaron en su interior, como en el resto de futuros nazis, el odio visceral contra los demócratas de Weimar y agudizaron su intransigente nacionalismo.
Meticuloso estudiante, se diplomó en Agronomía en el Instituto Universitario Técnico de Munich en 1922, y más tarde se dedicaría a la cría de pollos en una granja de Pomerania; las técnicas de selección aprendidas entonces para obtener los especímenes más perfectos serían aplicadas por Himmler años más tarde, aunque esta vez, tristemente, con seres humanos. La obsesión por recuperar del olvido lo que él creía la raza aria ancestral y por servir a su Führer cual si se tratara del nuevo Mesías, le llevó a blindar una de las organizaciones más siniestras y a su vez poderosas del Tercer Reich: las SS -Schutzstaffel o escuadras de protección-, más tarde conocidas extraoficialmente bajo el inquietante nombre de la Orden Negra, en alusión directa a los trajes de sus oficiales y a sus prácticas secretas.
Los ancestros de la “raza superior”
En medio de su obsesión por recuperar el pasado mítico germánico, Himmler creó, en el seno de la RuSHA, un nuevo departamento cuyo objetivo era “fomentar la ciencia de la antigua historia intelectual”; su nombre era Deutsches Ahnenerbe, o “Herencia Ancestral Alemana, Sociedad para el Estudio de la Historia de las Ideas Primitivas”, más conocida como Ahnenerbe. El historiador Herman Wirth sería el presidente y Himmler asumió el cargo de superintendente. Se trataba de una organización pseudocientífica con el objetivo de reescribir la prehistoria e historia alemanas. Sus miembros fueron enviados en diferentes expediciones secretas a recónditos lugares del planeta, como al Tíbet pues el
Reichsführer, imbuido del esoterismo reinante en la Alemania de principios de siglo, y de las estrambóticas teorías de personajes como Wiligut o Wirth, estaba convencido de que sus oficiales serían capaces de encontrar el reino perdido -Shambhala-, en el que se hallarían los vestigios de los primeros arios.
No fue la única expedicion que patrocinó la organización; se sabe que recorrieron Europa y Asia, visitando desde las remotas esculturas de piedra suecas de la Edad de Bronce y las casas rurales de los chamanes de Finlandia hasta los muros de los palacios de Croacia, llenos de extrañas inscripciones, y los derruidos templos de los reyes partos de Irán. Viajaron hasta las cuevas paleolíticas de Francia, las ruinas de asentamientos griegos, las dunas de la costa de Libia y también a España.
Pero el rostro más siniestro de la Ahnenerbe pudo verse tras la caída del Tercer Reich, cuando se descubrió que algunos de sus miembros fueron los responsables de procurar recursos para que se llevasen a cabo siniestros experimentos con prisioneros en campos de concentración. En Nüremberg fueron juzgados algunos de sus miembros, por experimentar la “resistencia a la altitud” dentro de cámaras de gas y despresurización; resistencia a la congelación, e inocular en personas enfermedades como la icteria, el tifus o la malaria.
Himmler quiso crear una Orden pagana y oscura que emulara a los antiguos caballeros teutónicos.
Los caballeros negros.
Aunque las SS fueron creadas en 1923 dentro de las SA -tropas de asalto- como una compañía paramilitar con la función de proteger a los miembros más veteranos del NSDAP durante actos públicos, y en 1925 se convirtieron en la guardia personal de Hitler, no sería hasta 1929, ya bajo la dirección de Himmler, cuando pasaron de ser una pequeña organización a erigirse en una de las más poderosas fuerzas del Tercer Reich. Para crear su cuerpo de élite, con el que soñaba instaurar un orden racial en una nueva Europa pagana, el Reichsführer se inspiró en la antigua Orden mediaval de los Caballeros Teutónicos o Deutsche Ritterorden, fundada por Heinrich Walpot von Bassenheim en el año 1198 y que se formó, como la Orden de los Templarios o los caballeros de San Juan de Jerusalén, para auxiliar a los caballeros cristianos qe habían sido heridos en Tierra Santa durante las Cruzadas. Pero los teutónicos tenían una peculiaridad: sólo admitían en su organización a personas de origen germánico. En tiempo de Hermann von Salza, cuarto Gran Maestre, la Orden emprendió un programa de expansión alemana -antecedente histórico de la futura Lebensraum o “espacio vital” nazi-, extendiendo su dominio sobre Prusia y los países bálticos; los teutónicos alcanzaron un gran poderío hasta que en julio de 1410 fueron masacrados en la batalla de Tannenberg por un ejército compuesto por lituanos, polacos y mongoles, pero durante siglos los alemanes guardarían un recuerdo romántico de sus hazañas.
Pronto, al servicio de Himmler, las SS se convertirían en arquetipo del “Estado dentro del Estado”, un grupo exclusivo de hombres y mujeres que se regía por férreas normas de las cuales la principal era la lealtad al Reichsführer y la obediencia incondicional a sus órdenes. En mayo de 1944 llegarían a ejercer un dominio absoluto en todo el Reich.
Wewelsburg, el Vaticano de las SS
Una vez que consolidó su poder en 1934, en plena ebullición del poderío nazi, Himmler dio rienda suelta a sus obsesiones ocultistas. Ya entonces había convertido en su consejero espiritual a Karl Maria Wiligut, el “Rasputín nazi”, un ex combatiente iluminado y loco que decía poseer una memoría ancestral que le “permitía” nada menos que comunicarse con los ancestros arios de Alemania y que diseñaría los símbolos esotéricos de las SS. Una vez que ingresó en el cuerpo bajo el pseudónimo de Karl Maria Weisthor, fue nombrado jefe de la Sección de Prehistoria e Historia Antigua, que formaba parte del Departamento de raza y asentamientos -RuSHA- que dirigía Walter Darré. Para Himmler, sus “memoria ancestral” sería la llave que abrirlia la puerta de la gloriosa prehistoria germana.
Parece ser que fue Karl Maria quien llamó la atencion del líder nazi sobre el enclave que se convertiría en el centro de poder de la Orden Negra. Es posible que el “brujo” se inspirase en la antigua leyenda germánica de la “Batalla del abedul” -Schlacht am Birkenbaum-, una saga profética que señala que en la última batalla que se libraría en el futuro contra un “gran ejército eslavo del Este” lo único que saldría indemne sería un castillo en Westfalia. Himmler, que esperaba un gran conflicto entre Asia y Europa -en medio de una lucha atávica entre los germanos y las “razas inferiores”-, creyó aquella burda patraña y se entregó a la búsqueda de aquel bastión.
Lo halló en una montaña, en las ruinas de Wewelsburg, cerca de Paderborn, llamado así en recuerdo de Wewell von Büren, líder medieval de la resistencia sajona contra los hunos; aquella fortaleza había sido reconstruida en el siglo XVII en forma triangular y, según algunos estudiosos, el Reichsführer creyó ver en ella una alusión a la Lanza del Destino. Además, el lugar se hallaba cerca del antiguo campo de batalla del bosque de Teutoburgo, en el que el caudillo de origen germánico Arminio había aplastado a las legiones romanas de Publio Quintillo Varo el año 9 d.C.
A imitación de Hermann von Salza, que había construido su fortaleza en Marienburg, el líder nazi arrendó el castillo y entregó la sustanciosa cantidad de doce millones de reichmarks al arquitecto Hermann Bartels con la intención de que crease un centro ceremonial para la Orden Negra, un cuartel general que habría de convertirse en una especia de Vaticano de las SS. Bartels había conseguido en 1937 convertirla en una verdadera fortaleza mística de otro tiempo.
Un gran puerta con runas y esvásticas daba paso al vestíbulo, donde se encontraba una escalinata majestuosa, una barandilla de hierro forjado decorada con motivos rúnicos; y en las paredes colgaban inmensos tapices que representaban escenas gloriosas del pasado alemán y escenas rurales. Toda la carpintería era de roble y podían verte distintas estatuas en mármol del rey sajón del siglo X Enrique I “el pajarero”, de quien Himmler tenía la convicción de ser su reencarnación; asimismo, estaba convencido de que podía entrar en comunicacion psíquica con él y creía que había heredado su misión de conquistar Oriente y crear un imperio ario.
El 2 de julio de 1936, con motivo de los mil años de la muerte del rey germano, Himmler acudió con sus generales SS a la catedral de Quedlinburg, donde se hallaba enterrado, para inaugurar un solemne festival conmemorativo y crear una fundación de honor de Ewig das Reich -la eternidad del Reich-, como le gustaba llamarle. A partir de entonces, cada 2 de julio el mago negro acudía con sus “caballeros” a la abadía, para colocar una gran corona de flores, en medio de solemnes rituales, sobre la lápida, custodiada por soldados de la Orden Negra.
En el salón -de 30 por 45 metros-, Himmler ordenó colocar una inmensa mesa circular que, a modo de nueva Tabla Redonda, sirviera para que él y sus doce SS Obergruppenführers más antiguos se sentasen a celebrar sus conferencias. Había también una gigantesca chimenea y en la pared, situado estratégicamente detrás de cada general, se colocó un escudo de armas de las SS diseñados por Karl Diebitsch.
Durante años el líder de la Orden Negra había estudiado cómo sería gobernada su Orden. Inspirándose en los caballeros de la Mesa Redonda, organizó un sombrío concilio de doce oficiales superiores de las SS, conocido como “Consejo de los 12″.
Para Sus “elegidos” Wewelsburg, un nuevo Camelot, sería el lugar donde podrían meditar solemnemente y practicar rituales germánicos de corte secreto inspirados por Weisthor. Alrededor de la sala había doce columnas y en su suelo de mármol se había trazado un mosaico de esvásticas que formaban una rueda solar de doce rayos -Sonnenrad-, la antigua representación nórdica del Sol, adoptada como emblema por la Sociedad Thule.
Himmler junto a sus oficiales SS, Franz Ziereis y August Eigrüber a la derecha y a su izquierda, Georg Bachmayer. (Foto tomada en Mauthausen, 1941)
Rituales secretos de la Orden Negra.
Himmler concibió como sanctasanctórum de su fortaleza la llamada Sala de los Generales de División -GruppenführerSaal-, donde se llevarían a cabo los rituales germánicos más secretos. Era una gran sala circular situada en la torre norte de Wewelsburg, que tenía paredes de 4m de groso. En su interior, el Reichsführer instruiría a sus caballeros para que entrasen en “comunión” con los ancestros espirituales de los arios.
Dentro de la cámara se hallaba, tallada en la roca, la cripta conocida como Valhalla o “reino de los muertos”, en alusión a la fortaleza celestial a la que según la mitología nórdica iban los espíritus de los guerreros tras morir en combate; sin embargo, la naturaleza de los rituales que se llevaban a cabo allí continúa siendo un verdadero misterio, ya que ninguno de los iniciados que sobrevivieron reveló nunca lo que conocía. No obstante, varios historiadores creen que la cripta debió ser el escenario de solemnes rituales de sacrificio.
En el centro de la sala debían quemarse ceremonialmente los escudos de armas en madera de los caballeros de las SS caídos en combate. Había doce plintos de piedra situados en las paredes sobre los que se dispondrían doce urnas, cada una de las cuales estaba destinada a guardar en el futuro las cenizas de un general fallecido. En la cripta ardía constantemente una llama que para Himmler simbolizaba “la misión infinita de las SS al servicio de la raza aria”. Una teoría apunta que su ambición más íntima era que un día la cripta del castillo contuviera los restos de su Führer, Adolf Hitler, el “Elegido”, convirtiéndose en el principal santuario del nazismo.
El líder nazi concibió la idea de crear una nueva provincia germánica que comprendiera los Países Bajos, Bélgica y el Noroeste de Francia y que sirviera de barrera para proteger Alemania de cualquier invasión procedente de Oriente. Su nombre sería Burgundia y su capital Wewelsburg: la torre norte iba a ser el centro de unos extensos terrenos con forma circular; rodeándolos sería construido un vasto complejo de bibliotecas e institutos de investigación de campos como la astrología la astronomía y la historia teutónica.
En la “Sala de los Generales de División” los líderes de las SS llevaban a cabo misteriosos rituales paganos.
Rodeando la ciudad, Himmler pensó levantar unos muros de más de 12m de altura. El proyecto debía estar finalizado en la decáda de los sesenta y su coste alcanzaría la suma de trescientos millones de marcos.
Convincente orador, en 1937, en un discurso radiofónico, el Reichsführer afirmó que era mucho mejor ser pagano que cristiano, y “rendir culto a las certidumbres de la naturaleza y los antepasados que a una divinidad invisible y a sus supuestos representantes en la Tierra”. Se veía a sí mismo como el fundador de una nuevo Orden pagana cuyo objetivo era extenderse por toda Europa y que duraría al menos tanto como el “Reich de los Mil Años” que había iniciado Adolf Hitler al tomar el poder.
En un memorándum del año 1936, Himmler hizo pública una lista de festividades aprobadas por la Orden Negra basada en precendes paganos y políticos y destinada a apartar a los miembros de las SS de su dependencia de las festividades cristianas. La lista incluía el 20 de abril -cumpleaños de Hitler, convirtiéndose así el Führer casi en una divinidad-, el primero de mayo y el solsticio de verano; también una fiesta de la cosecha y el 9 de noviembre se celebraba en recuerdo del aniversario del Putsch de la Cervercería de Munich. Durante el solsticio de invierno, fecha más importante para Himmler, los miembros de las SS se reunían y celebraban banquetes a la luz de las velas y alrededor de gigantescas hogueras que evocaban a los antiguos ritos tribales germanos.
Estos rituales no tenían sin embargo la misma finalidad pacífica que las festividades navideñas cristianas. En referencia a este tema, el periódico de las SS, El Cuerpo Negro, señalaba en 1938: “Los magos de Oriente lanzan hoy asustadas miradas en dirección a las brillantes llamas que iluminan las noches del solsticio de invierno”.
Asimismo, los matrimonios de corte cristiano fueron sustituidos por matrimonios seculares; antes de casarse, un oficial de las SS debía demostrar que su prometida compartía su herencia aria, que debía remontarse a 1750; el enlace se realizaba en medio de ritos especiales presididos por el comandante del prometido, algo parecido a los que sucedía en el bautizo de los niños, algunos de los cuales nacían en centros Lebensborn, hogares de maternidad gratuitos para los miembros de la organización y creados para alentar la concepción entre los “arios puros”.
Emblemas místicos de las SS
A partir de 1934 de las SS fueron promovidas no sólo como una élite racial, sino también como una hermandad secreta y oscura, creándose a tal efecto insignias simbólicas, emblemas y uniformes que con su elegancia sirvieron como un señuelo para atraer hombres a sus filas. Durante toda su historia, el emblema que quedaría irremisiblemente asociado a la organización sería la “cabeza de la muerte” o Totenkopf, una calavera con tibias cruzadas.
Las runas SS -SS Runen o runas Sigel (Sig)-, símbolo de la Orden Negra, representaban el elitismo y la camaredería de la organización, siendo pronto elevadas a una condición cuasi sagrada. La palabra runa proviene del nórdico antiguo run, cuyo significado era “escritura secreta”; eran caracteres que constituían los alfabetos de las tribus germánicas de la Europa precristiana y que se utilizaban tanto para la escritura corriente como para la que contenía un poder mágico.
Las runas llamaron poderosamente la atención de los movimientos folk -Völkisch-, nacionalistas del norte de Europa, que inspirarían en Himmler la fascinación por los códigos crípticos y los mensajes ocultos. El mismo Guido von List, uno de los ocultistas que más influirían en la mentalidad nazi y en Himmler, escribió en 1908 El Secreto de las Runas, un concienzudo estudio de la adivinación a través de las denominadas runas Armanen, un conjunto de 18 runas ideadas como oráculos por el propio List. A todos los Antwärter de la Allgemeine-SS que entraron en la organización antes de 1939 se les impartían clases de simbolismo rúnico como parte de su formación, y en 1945 la Orden Negra utilizaba hasta 14 variedades principales de runas.
El simbolismo de la cabeza de la muerte y de las runas-SS se combinaba en uno de los adornos más siniestros y poderosos del uniforme de la Orden: el Totenkopfringder SS -el a”anillo de la muerte” o Anillo de Honor-, diseñado por Wiligut. No formaba parte de las condecoraciones nacionales porque era un regalo personal del Reichsführer, pero tenñia un valor altamente simbólico en el seno de la hermandad, un reconocimiento a la lealtad del oficial al que era entregado. Himmler adoptó la forma rúnica del anillo asimilando conceptos de la mitología germánica, según la cual el dios Thor poseía un anillo de plata pura que servía para tomar juramento.
Como señala Robin Lumsdem, a fin de inculcar una sensación de caballerosidad en todos sus oficiales y soldados jóvenes, el Reichsführer los recompensaba con los tres símbolos menos grandiosos pero muy significativos dentro de la organización: la daga, la espada ceremonial -Ehrendegen- y el anillo, “una combinación mística que, evocadora de una aristocracia y de la leyenda de los Nibelungos, simbolizaría la Ritterschaft -Caballería- de la nuevo Orden de las SS”.
Totenkopf, la “cabeza de la muerte”
Este símbolo no sólo fue adoptado por las SS para atemorizar, sino como un vínculo “directo y emocional” con el pasado de la élite militar de la Alemania imperial. En 1740, en los ornamentos funerarios de Federico el Grande de Prusia, podía verse una gran cabeza de muerte, sin mandíbulas, bordada en plata. Apenas un año después, en recuerdo del mandatario fallecido, dos unidades de élite de la Escolta Real prusiana, entre ellas los miembros de 5º regimiento de Húsares -conocidos como “Húsares negros o de la Muerte”-, adoptaron el color negro para su uniforme y estamparon una enorme Totenkopf en sus gorros.
También en la Gran Guerra, varias unidades del ejército alemán utilizaron como insignia de su formación la cabeza de la muerte. En 1918 volvió a verse pintada en los cascos y los vehículos de algunos de los mejores Freikorps -grupo paramilitar creado en la posguerra para “liberar” Alemania del comunismo-, convirtiéndose en un símbolo de osadía y sacrificio en tiempos de guerra, además del tradicionalismo y el antibolchevismo en el que se movió el incipiente nazismo.
En 1923 los miembros de los Stosstrupp de Hitler adoptaron la Totenkopf como emblema distintivo, que seguirían llevando sus sucesores de las SS, aunque con un diseño exclusivo a partir de 1934, con una “cabeza de la muerte” sonriente, con mandíbula inferior, sirviendo de modelo del prestigioso anillo de las SS -Totenkopfring- diseñado por Weisthor.
Montségur, el bastión secreto del Grial
Obsesionado por las reliquias sagradas y el pasado mítico, Himmler también ordenó buscar algunos de los objetos de poder más esquivos de la historia, como el Grial, la Lanza del Destino o el martillo de Thor. A finales de los años 20 conoció la obra del medievalista alemán Otto Rahn, que había realizado investigaciones sobre Parzival de Wolfram von Eschembach y los cátaros en Montségur (Francia), explorando las grutas que circundaban la montaña sobre la que se erigía esta fortaleza, supuesto lugar de cobijo del Santo Grial.
Fruto de aquello estudios fue su obra Cruzada contra el Grial, que llamó poderosamente la atención del Reichsführer. Nombrado Obersturmführer de las SS en 1936, la Ahnenerbe financiaría una nueva expedicion suya al Sur de Francia y en 1937 publicaría su obra La Corte de Lucifer, no obstante, sus investigaciones fueron silenciadas y los hombres de Himmler se guardaron la verdad acerca de su periplo.
El 13 de marzo de 1939 Rahn moría en extrañas circunstancias; según algunos, practicando la endura, el antiguo suicidio ritual de los cátaros.
La fijación del Reichsführer por los objetos de poder le llevaría incluso a España, en un viaje oficial a Montserrat el 23 de octubre de 1940, la abadía catalana donde la tradición esotérica sitúa también el Grial, para acudir después a la capital de España, donde visitó el Escorial, el Museo del Prado y el Museo Arqueológico Nacional.
Algunos investigadores apuntan que pudo haber seguido también la pista de la Mesa de Salomón -donde, siguiendo la tradición cabalística, estaría comprendido todo el conocimiento del Universo-, cobijada según diversas hipótesis en algún lugar secreto de Toledo.
Además, la Ahnenerbe se interesó por el arte rupestre español y por los visigodos. Otro enclave hispano relevante para la Orden Negra fueron las Islas Canarias, pues Hermann Wirth, que llevaba años buscando la Atlántida, creía que las islas eran restos meridionales del continente desaparecido y que los primitivos canarios podían ser los últimos descendientes de una raza aria ancestral.
Himmler también buscaría el “Martillo de Thor”. Según se recoge en una carta, ordenó investigar su paradero a miembros de la Ahnenerbe. Creía que el objeto mítico se basaba en un arma real de los antiguos arios, un avanzado conocimiento centrado en la electricidad, un “arma milagrosa” que serviría en la lucha contra los aliados.
Símbolos rúnicos de la Orden Negra
A Continuación mostramos una clasificación de algunas de las principales runas que utilizaban las SS
La Hakenkreuz -esvástica o cruz gamada-; aunque utilizada en Oriente como rueda solar y símbolo de buena suerte, también era el símbolo del martillo del dios germánico Thor o Donner.
Durante el siglo XIX fue considerado el símbolo del nacionalsocialismo y la lucha racial y a partir de 1918 fue adoptada por los Freikorps, para convertirse en los años 20 en emblema principal del NSDAP.
Sería considerada como símbolo de la raza aria a partir de los escritos de Emile Burnouf, pero sería Guido von List quien la vincularía definitivamente con el ariosofismo.
El Wolfsangel o gancho del lobo, fue en un primer momento un emblema pagano al que se atribuía el poder de alejar a los lobos. Más tarde se convirtió en un símbolo heráldico que representaba una trampa para lobos y fue adoptado en el siglo XV por los campesinos que se alzaron contra los mercenarios de los príncipes alemanes; así, se convirtió en símbolo de libertad e independencia. Fue uno de los primeros emblemas del NSDAP más tarde adoptado por las Waffen-SS.
La runa Opfer simbolizaba la abnegación y fue utilizada a partir de 1918 por la asociación de veteranos de guerra Stahlhelm y más tarde la insignia que sirvió para conmemorar a los mártires nazis del putsch de Munich que tuvo lugar en 1923.
La runa Leben simbolizaba la vida y fue adoptada por la asociación Lebensborn y por la Ahnenerbe.
La runa Toten -la runa de la muerte-, representaba la muerte y era utilizada en los documentos de las SS y en las lápidas de las sepulturas.
La runa Tyr o Kampf -la runa de la batalla-, era el símbolo germánico pagano de Tyr, el dios de la guerra y representaba el liderazgo en la batalla. Además era a menudo utilizada en las sepulturas de los miembros de las SS como sustitución de la cruz cristiana para indicar la fecha de la muerte.
La runa Hagal representaba la fe impertubable que debían tener todos los miembros de la Orden Negra. Aparecía en las vestimentas ceremoniales que se usaban en las bodas de las SS y en el Totenkopfring.
El Fin del Reich milenario
Con la llegada de la guerra Himmler poseía un gran imperio, desde fábricas a campos de concentración. La Operación Barbaroja, que comenzó en junio de 1941 con la inteción de derrotar a la Unión Soviética, le sirvió para dar rienda suelta a sus delirios de grandeza: crear el citado Estado de las SS que se levantaría sobre las cenizas de una URSS conquistada.
Tras la victoria, cada hombre de la Orden Negra recibiría una granja y cada oficial nada menos que un Estado; los nobles de la hermandad gobernarían como señores feudales, como nuevos caballeros teutónicos, sobre los esclavos rusos y los granjeros alemanes colonos, rindiendo pleitesía a Himmler como el Gran Maestre.
Sin embargo, el frente del Este significaría el comienzo del fin del Tercer Reich y de las ambiciones ocultistas y alucinadas del Reichsführer. Próxima la inevitable derrota, vería frustrados sus ambiciosos planes. En abril de 1945 el castillo de Wewelsburg había sido quemado por orden del propio Himmler, y posteriormente saqueado por los lugareños. Sin embargo, sus muros aún albergaban un importante secreto: el Reichsführer había ocultado en el sótano más profundo de la torre oeste una caja fuerte con multitud de documentos y objetos. Varios días después de la llegada de los aliados y tras una minuciosa exploración, una unidad especial estadounidense hizo estallar la caja fuerte y retiró su contenido, desapareciendo así de la historia uno de los mayores secretos del Tercer Reich.
Con su muerte, Himmler se llevó a la tumba gran parte de los secretos ocultistas del Tercer Reich
Cuando Hitler ya se había supuestamente suicidado, Himmler vagaba como un fantasma por un berlín destruido. Su último intento de negociar con los aliados un armisticio -sustituyendo al Führer al mando del Reich, su último delirio-, había fracasado, y ya no le quedaba sino escapar. A pesar de haberse afeitado su característico bigote, rapado la cabeza y colocado un parche sobre un ojo, haciéndose pasar por un gendarme de la policía militar para llegar a Baviera, fue detenido por una unidad británica -entonces adoptó la falsa identidad de un sargento alemán ejecutado tiempo atrás-.
Internado en un campo de prisioneros durante dos días, quiso revelar su verdadera identidad, que finalmente reconoció el sargento mayor Edwin Austin. Aunque al examinar el interior de su boca un médico se dio cuenta de que Himmler llevaba una cápsula de cianuro oculta, no pudieron evitar que la mordiera, ingiriendo su contenido y muriendo poco tiempo después a pesar de realizarle un lavado de estómago.
Eran las once y cuatro minutos de la noche del 23 de mayo de 1945 cuando uno de los mayores monstruos que había dado la historia, dejaba este mundo, llevándose a la tumba gran parte de los secretos ocultistas de la Alemania nazi. Tras la caída definitiva del nacionalsocialismo, las palabras que Heinrich Himmler, el mago negro, había dirigido un día a sus “caballeros” sonaban realmente excéntricas: “Nos reunimos y marchamos según leyes inalterables, como una Orden nacionalsocialista de nórdicos y como una comunidad bajo juramento de camino a un futuro distante”.
En 1925 uno de los personajes más cercanos a Hitler dirigió un cuerpo de guardias personales cuyo principal cometido era proteger al futuro dictador alemán. Con el tiempo, la conocida como Orden Negra sería una de las fuerzas más siniestras y misteriosas del Tercer Reich, cuyos ritos, prácticas ocultistas y extravagantes creencias conducirían inexorablemente a Europa hacia la destrucción. Heinrich Himmler, el “mago negro” , quiso crear un auténtico Estado de las SS. Este fue su delirante sueño frustrado…
En parte sugestionar a las masas y ganarse el apoyo incondicional del pueblo alemán, y principalmente por las creencias ocultistas de varios de sus líderes, el nazismo se rodeó desde su nacimiento de un halo providencialista, cuasi mágico, al que contribuiría toda una amlgama de símbolos y creencias pseudocientíficas que acabarían desembocando en la mayor catástrofe de la historia humana.
Adolf Hitler había aparecido ante sus seguidores como un nuevo Mesías, un iluminado que se creía tocado por la divina Providencia, Como Führer (Canciller-Salvador) del pueblo germano, pretendía instaurar un Nuevo Orden, una nueva Germania que, con centro en Berlín, se conviertiera nada menos que en la capital del mundo. Un mundo regido por arios y creado por y para ellos. En él, claro, no tenían cabida las “razas inferiores” ni los opositores ideológicos o religiosos, por lo que el Reich “iluminado” se entregó a una caza indiscriminada, brutal, de personas inocentes.
Algunas de las caras más visibles del partido nazi -NSDAP- reconvertido en régimen político, individuos que casi del anonimato saltarían a dirigir los designios de miles de personas con mano implacable, habían forjado su mentalidad racista y esotérica en diversas sociedades secretas surgidas en Alemania a finales del siglo XIX y principios del XX, como la Sociedad Thule, creada por el excéntrico ocultista Rudolf von Sebottendorff, y la Liga de los Artamanes, fundada por Guido von List, cuyo ariosofismo y obsesión con el pasado nacionalista germánico contribuiría a dar forma al nazismo más secreto.
Entre los que participaron de esta obsesión ocultista se hallaban el mismo Hitler, Rudolf Hess, Alfred Rosenberg -el principal ideólogo del régimen- y el que sería considerado como “mago negro” del Tercer Reich: el Reichsführer-SS Heinrich Himmler. Nacido en el seno de una familia burguesa de Baviera, Himmler sería instruido por su padre en la pasión por la arqueología y en un profundo sentimiento de orgullo de su pasado alemán.
De constitución enfermiza -algo que no le impediría después proclamar la superioridad de la raza “aria”-, fue educado en el catolicismo y soñó desde pequeño con ser un oficial del ejército alemán, lo que logró a finales de la Primera Guerra Mundial aunque sin acudir al frente. La derrota de su país y las drásticas medidas del Tratado de Versalles avivaron en su interior, como en el resto de futuros nazis, el odio visceral contra los demócratas de Weimar y agudizaron su intransigente nacionalismo.
Meticuloso estudiante, se diplomó en Agronomía en el Instituto Universitario Técnico de Munich en 1922, y más tarde se dedicaría a la cría de pollos en una granja de Pomerania; las técnicas de selección aprendidas entonces para obtener los especímenes más perfectos serían aplicadas por Himmler años más tarde, aunque esta vez, tristemente, con seres humanos. La obsesión por recuperar del olvido lo que él creía la raza aria ancestral y por servir a su Führer cual si se tratara del nuevo Mesías, le llevó a blindar una de las organizaciones más siniestras y a su vez poderosas del Tercer Reich: las SS -Schutzstaffel o escuadras de protección-, más tarde conocidas extraoficialmente bajo el inquietante nombre de la Orden Negra, en alusión directa a los trajes de sus oficiales y a sus prácticas secretas.
Los ancestros de la “raza superior”
En medio de su obsesión por recuperar el pasado mítico germánico, Himmler creó, en el seno de la RuSHA, un nuevo departamento cuyo objetivo era “fomentar la ciencia de la antigua historia intelectual”; su nombre era Deutsches Ahnenerbe, o “Herencia Ancestral Alemana, Sociedad para el Estudio de la Historia de las Ideas Primitivas”, más conocida como Ahnenerbe. El historiador Herman Wirth sería el presidente y Himmler asumió el cargo de superintendente. Se trataba de una organización pseudocientífica con el objetivo de reescribir la prehistoria e historia alemanas. Sus miembros fueron enviados en diferentes expediciones secretas a recónditos lugares del planeta, como al Tíbet pues el
Reichsführer, imbuido del esoterismo reinante en la Alemania de principios de siglo, y de las estrambóticas teorías de personajes como Wiligut o Wirth, estaba convencido de que sus oficiales serían capaces de encontrar el reino perdido -Shambhala-, en el que se hallarían los vestigios de los primeros arios.
No fue la única expedicion que patrocinó la organización; se sabe que recorrieron Europa y Asia, visitando desde las remotas esculturas de piedra suecas de la Edad de Bronce y las casas rurales de los chamanes de Finlandia hasta los muros de los palacios de Croacia, llenos de extrañas inscripciones, y los derruidos templos de los reyes partos de Irán. Viajaron hasta las cuevas paleolíticas de Francia, las ruinas de asentamientos griegos, las dunas de la costa de Libia y también a España.
Pero el rostro más siniestro de la Ahnenerbe pudo verse tras la caída del Tercer Reich, cuando se descubrió que algunos de sus miembros fueron los responsables de procurar recursos para que se llevasen a cabo siniestros experimentos con prisioneros en campos de concentración. En Nüremberg fueron juzgados algunos de sus miembros, por experimentar la “resistencia a la altitud” dentro de cámaras de gas y despresurización; resistencia a la congelación, e inocular en personas enfermedades como la icteria, el tifus o la malaria.
Himmler quiso crear una Orden pagana y oscura que emulara a los antiguos caballeros teutónicos.
Los caballeros negros.
Aunque las SS fueron creadas en 1923 dentro de las SA -tropas de asalto- como una compañía paramilitar con la función de proteger a los miembros más veteranos del NSDAP durante actos públicos, y en 1925 se convirtieron en la guardia personal de Hitler, no sería hasta 1929, ya bajo la dirección de Himmler, cuando pasaron de ser una pequeña organización a erigirse en una de las más poderosas fuerzas del Tercer Reich. Para crear su cuerpo de élite, con el que soñaba instaurar un orden racial en una nueva Europa pagana, el Reichsführer se inspiró en la antigua Orden mediaval de los Caballeros Teutónicos o Deutsche Ritterorden, fundada por Heinrich Walpot von Bassenheim en el año 1198 y que se formó, como la Orden de los Templarios o los caballeros de San Juan de Jerusalén, para auxiliar a los caballeros cristianos qe habían sido heridos en Tierra Santa durante las Cruzadas. Pero los teutónicos tenían una peculiaridad: sólo admitían en su organización a personas de origen germánico. En tiempo de Hermann von Salza, cuarto Gran Maestre, la Orden emprendió un programa de expansión alemana -antecedente histórico de la futura Lebensraum o “espacio vital” nazi-, extendiendo su dominio sobre Prusia y los países bálticos; los teutónicos alcanzaron un gran poderío hasta que en julio de 1410 fueron masacrados en la batalla de Tannenberg por un ejército compuesto por lituanos, polacos y mongoles, pero durante siglos los alemanes guardarían un recuerdo romántico de sus hazañas.
Pronto, al servicio de Himmler, las SS se convertirían en arquetipo del “Estado dentro del Estado”, un grupo exclusivo de hombres y mujeres que se regía por férreas normas de las cuales la principal era la lealtad al Reichsführer y la obediencia incondicional a sus órdenes. En mayo de 1944 llegarían a ejercer un dominio absoluto en todo el Reich.
Wewelsburg, el Vaticano de las SS
Una vez que consolidó su poder en 1934, en plena ebullición del poderío nazi, Himmler dio rienda suelta a sus obsesiones ocultistas. Ya entonces había convertido en su consejero espiritual a Karl Maria Wiligut, el “Rasputín nazi”, un ex combatiente iluminado y loco que decía poseer una memoría ancestral que le “permitía” nada menos que comunicarse con los ancestros arios de Alemania y que diseñaría los símbolos esotéricos de las SS. Una vez que ingresó en el cuerpo bajo el pseudónimo de Karl Maria Weisthor, fue nombrado jefe de la Sección de Prehistoria e Historia Antigua, que formaba parte del Departamento de raza y asentamientos -RuSHA- que dirigía Walter Darré. Para Himmler, sus “memoria ancestral” sería la llave que abrirlia la puerta de la gloriosa prehistoria germana.
Parece ser que fue Karl Maria quien llamó la atencion del líder nazi sobre el enclave que se convertiría en el centro de poder de la Orden Negra. Es posible que el “brujo” se inspirase en la antigua leyenda germánica de la “Batalla del abedul” -Schlacht am Birkenbaum-, una saga profética que señala que en la última batalla que se libraría en el futuro contra un “gran ejército eslavo del Este” lo único que saldría indemne sería un castillo en Westfalia. Himmler, que esperaba un gran conflicto entre Asia y Europa -en medio de una lucha atávica entre los germanos y las “razas inferiores”-, creyó aquella burda patraña y se entregó a la búsqueda de aquel bastión.
Lo halló en una montaña, en las ruinas de Wewelsburg, cerca de Paderborn, llamado así en recuerdo de Wewell von Büren, líder medieval de la resistencia sajona contra los hunos; aquella fortaleza había sido reconstruida en el siglo XVII en forma triangular y, según algunos estudiosos, el Reichsführer creyó ver en ella una alusión a la Lanza del Destino. Además, el lugar se hallaba cerca del antiguo campo de batalla del bosque de Teutoburgo, en el que el caudillo de origen germánico Arminio había aplastado a las legiones romanas de Publio Quintillo Varo el año 9 d.C.
A imitación de Hermann von Salza, que había construido su fortaleza en Marienburg, el líder nazi arrendó el castillo y entregó la sustanciosa cantidad de doce millones de reichmarks al arquitecto Hermann Bartels con la intención de que crease un centro ceremonial para la Orden Negra, un cuartel general que habría de convertirse en una especia de Vaticano de las SS. Bartels había conseguido en 1937 convertirla en una verdadera fortaleza mística de otro tiempo.
La Orden Negra “Los soldados paganos de Himmler”
El ejército pagano de Himmler
En 1925 uno de los personajes más cercanos a Hitler dirigió un cuerpo de guardias personales cuyo principal cometido era proteger al futuro dictador alemán. Con el tiempo, la conocida como Orden Negra sería una de las fuerzas más siniestras y misteriosas del Tercer Reich, cuyos ritos, prácticas ocultistas y extravagantes creencias conducirían inexorablemente a Europa hacia la destrucción. Heinrich Himmler, el “mago negro” , quiso crear un auténtico Estado de las SS. Este fue su delirante sueño frustrado…
En parte sugestionar a las masas y ganarse el apoyo incondicional del pueblo alemán, y principalmente por las creencias ocultistas de varios de sus líderes, el nazismo se rodeó desde su nacimiento de un halo providencialista, cuasi mágico, al que contribuiría toda una amlgama de símbolos y creencias pseudocientíficas que acabarían desembocando en la mayor catástrofe de la historia humana.
Adolf Hitler había aparecido ante sus seguidores como un nuevo Mesías, un iluminado que se creía tocado por la divina Providencia, Como Führer (Canciller-Salvador) del pueblo germano, pretendía instaurar un Nuevo Orden, una nueva Germania que, con centro en Berlín, se conviertiera nada menos que en la capital del mundo. Un mundo regido por arios y creado por y para ellos. En él, claro, no tenían cabida las “razas inferiores” ni los opositores ideológicos o religiosos, por lo que el Reich “iluminado” se entregó a una caza indiscriminada, brutal, de personas inocentes.
Algunas de las caras más visibles del partido nazi -NSDAP- reconvertido en régimen político, individuos que casi del anonimato saltarían a dirigir los designios de miles de personas con mano implacable, habían forjado su mentalidad racista y esotérica en diversas sociedades secretas surgidas en Alemania a finales del siglo XIX y principios del XX, como la Sociedad Thule, creada por el excéntrico ocultista Rudolf von Sebottendorff, y la Liga de los Artamanes, fundada por Guido von List, cuyo ariosofismo y obsesión con el pasado nacionalista germánico contribuiría a dar forma al nazismo más secreto.
Entre los que participaron de esta obsesión ocultista se hallaban el mismo Hitler, Rudolf Hess, Alfred Rosenberg -el principal ideólogo del régimen- y el que sería considerado como “mago negro” del Tercer Reich: el Reichsführer-SS Heinrich Himmler. Nacido en el seno de una familia burguesa de Baviera, Himmler sería instruido por su padre en la pasión por la arqueología y en un profundo sentimiento de orgullo de su pasado alemán.
De constitución enfermiza -algo que no le impediría después proclamar la superioridad de la raza “aria”-, fue educado en el catolicismo y soñó desde pequeño con ser un oficial del ejército alemán, lo que logró a finales de la Primera Guerra Mundial aunque sin acudir al frente. La derrota de su país y las drásticas medidas del Tratado de Versalles avivaron en su interior, como en el resto de futuros nazis, el odio visceral contra los demócratas de Weimar y agudizaron su intransigente nacionalismo.
Meticuloso estudiante, se diplomó en Agronomía en el Instituto Universitario Técnico de Munich en 1922, y más tarde se dedicaría a la cría de pollos en una granja de Pomerania; las técnicas de selección aprendidas entonces para obtener los especímenes más perfectos serían aplicadas por Himmler años más tarde, aunque esta vez, tristemente, con seres humanos. La obsesión por recuperar del olvido lo que él creía la raza aria ancestral y por servir a su Führer cual si se tratara del nuevo Mesías, le llevó a blindar una de las organizaciones más siniestras y a su vez poderosas del Tercer Reich: las SS -Schutzstaffel o escuadras de protección-, más tarde conocidas extraoficialmente bajo el inquietante nombre de la Orden Negra, en alusión directa a los trajes de sus oficiales y a sus prácticas secretas.
Los ancestros de la “raza superior”
En medio de su obsesión por recuperar el pasado mítico germánico, Himmler creó, en el seno de la RuSHA, un nuevo departamento cuyo objetivo era “fomentar la ciencia de la antigua historia intelectual”; su nombre era Deutsches Ahnenerbe, o “Herencia Ancestral Alemana, Sociedad para el Estudio de la Historia de las Ideas Primitivas”, más conocida como Ahnenerbe. El historiador Herman Wirth sería el presidente y Himmler asumió el cargo de superintendente. Se trataba de una organización pseudocientífica con el objetivo de reescribir la prehistoria e historia alemanas. Sus miembros fueron enviados en diferentes expediciones secretas a recónditos lugares del planeta, como al Tíbet pues el
Reichsführer, imbuido del esoterismo reinante en la Alemania de principios de siglo, y de las estrambóticas teorías de personajes como Wiligut o Wirth, estaba convencido de que sus oficiales serían capaces de encontrar el reino perdido -Shambhala-, en el que se hallarían los vestigios de los primeros arios.
No fue la única expedicion que patrocinó la organización; se sabe que recorrieron Europa y Asia, visitando desde las remotas esculturas de piedra suecas de la Edad de Bronce y las casas rurales de los chamanes de Finlandia hasta los muros de los palacios de Croacia, llenos de extrañas inscripciones, y los derruidos templos de los reyes partos de Irán. Viajaron hasta las cuevas paleolíticas de Francia, las ruinas de asentamientos griegos, las dunas de la costa de Libia y también a España.
Pero el rostro más siniestro de la Ahnenerbe pudo verse tras la caída del Tercer Reich, cuando se descubrió que algunos de sus miembros fueron los responsables de procurar recursos para que se llevasen a cabo siniestros experimentos con prisioneros en campos de concentración. En Nüremberg fueron juzgados algunos de sus miembros, por experimentar la “resistencia a la altitud” dentro de cámaras de gas y despresurización; resistencia a la congelación, e inocular en personas enfermedades como la icteria, el tifus o la malaria.
Himmler quiso crear una Orden pagana y oscura que emulara a los antiguos caballeros teutónicos.
Los caballeros negros.
Aunque las SS fueron creadas en 1923 dentro de las SA -tropas de asalto- como una compañía paramilitar con la función de proteger a los miembros más veteranos del NSDAP durante actos públicos, y en 1925 se convirtieron en la guardia personal de Hitler, no sería hasta 1929, ya bajo la dirección de Himmler, cuando pasaron de ser una pequeña organización a erigirse en una de las más poderosas fuerzas del Tercer Reich. Para crear su cuerpo de élite, con el que soñaba instaurar un orden racial en una nueva Europa pagana, el Reichsführer se inspiró en la antigua Orden mediaval de los Caballeros Teutónicos o Deutsche Ritterorden, fundada por Heinrich Walpot von Bassenheim en el año 1198 y que se formó, como la Orden de los Templarios o los caballeros de San Juan de Jerusalén, para auxiliar a los caballeros cristianos qe habían sido heridos en Tierra Santa durante las Cruzadas. Pero los teutónicos tenían una peculiaridad: sólo admitían en su organización a personas de origen germánico. En tiempo de Hermann von Salza, cuarto Gran Maestre, la Orden emprendió un programa de expansión alemana -antecedente histórico de la futura Lebensraum o “espacio vital” nazi-, extendiendo su dominio sobre Prusia y los países bálticos; los teutónicos alcanzaron un gran poderío hasta que en julio de 1410 fueron masacrados en la batalla de Tannenberg por un ejército compuesto por lituanos, polacos y mongoles, pero durante siglos los alemanes guardarían un recuerdo romántico de sus hazañas.
Pronto, al servicio de Himmler, las SS se convertirían en arquetipo del “Estado dentro del Estado”, un grupo exclusivo de hombres y mujeres que se regía por férreas normas de las cuales la principal era la lealtad al Reichsführer y la obediencia incondicional a sus órdenes. En mayo de 1944 llegarían a ejercer un dominio absoluto en todo el Reich.
Wewelsburg, el Vaticano de las SS
Una vez que consolidó su poder en 1934, en plena ebullición del poderío nazi, Himmler dio rienda suelta a sus obsesiones ocultistas. Ya entonces había convertido en su consejero espiritual a Karl Maria Wiligut, el “Rasputín nazi”, un ex combatiente iluminado y loco que decía poseer una memoría ancestral que le “permitía” nada menos que comunicarse con los ancestros arios de Alemania y que diseñaría los símbolos esotéricos de las SS. Una vez que ingresó en el cuerpo bajo el pseudónimo de Karl Maria Weisthor, fue nombrado jefe de la Sección de Prehistoria e Historia Antigua, que formaba parte del Departamento de raza y asentamientos -RuSHA- que dirigía Walter Darré. Para Himmler, sus “memoria ancestral” sería la llave que abrirlia la puerta de la gloriosa prehistoria germana.
Parece ser que fue Karl Maria quien llamó la atencion del líder nazi sobre el enclave que se convertiría en el centro de poder de la Orden Negra. Es posible que el “brujo” se inspirase en la antigua leyenda germánica de la “Batalla del abedul” -Schlacht am Birkenbaum-, una saga profética que señala que en la última batalla que se libraría en el futuro contra un “gran ejército eslavo del Este” lo único que saldría indemne sería un castillo en Westfalia. Himmler, que esperaba un gran conflicto entre Asia y Europa -en medio de una lucha atávica entre los germanos y las “razas inferiores”-, creyó aquella burda patraña y se entregó a la búsqueda de aquel bastión.
Lo halló en una montaña, en las ruinas de Wewelsburg, cerca de Paderborn, llamado así en recuerdo de Wewell von Büren, líder medieval de la resistencia sajona contra los hunos; aquella fortaleza había sido reconstruida en el siglo XVII en forma triangular y, según algunos estudiosos, el Reichsführer creyó ver en ella una alusión a la Lanza del Destino. Además, el lugar se hallaba cerca del antiguo campo de batalla del bosque de Teutoburgo, en el que el caudillo de origen germánico Arminio había aplastado a las legiones romanas de Publio Quintillo Varo el año 9 d.C.
A imitación de Hermann von Salza, que había construido su fortaleza en Marienburg, el líder nazi arrendó el castillo y entregó la sustanciosa cantidad de doce millones de reichmarks al arquitecto Hermann Bartels con la intención de que crease un centro ceremonial para la Orden Negra, un cuartel general que habría de convertirse en una especia de Vaticano de las SS. Bartels había conseguido en 1937 convertirla en una verdadera fortaleza mística de otro tiempo.
Un gran puerta con runas y esvásticas daba paso al vestíbulo, donde se encontraba una escalinata majestuosa, una barandilla de hierro forjado decorada con motivos rúnicos; y en las paredes colgaban inmensos tapices que representaban escenas gloriosas del pasado alemán y escenas rurales. Toda la carpintería era de roble y podían verte distintas estatuas en mármol del rey sajón del siglo X Enrique I “el pajarero”, de quien Himmler tenía la convicción de ser su reencarnación; asimismo, estaba convencido de que podía entrar en comunicacion psíquica con él y creía que había heredado su misión de conquistar Oriente y crear un imperio ario.
El 2 de julio de 1936, con motivo de los mil años de la muerte del rey germano, Himmler acudió con sus generales SS a la catedral de Quedlinburg, donde se hallaba enterrado, para inaugurar un solemne festival conmemorativo y crear una fundación de honor de Ewig das Reich -la eternidad del Reich-, como le gustaba llamarle. A partir de entonces, cada 2 de julio el mago negro acudía con sus “caballeros” a la abadía, para colocar una gran corona de flores, en medio de solemnes rituales, sobre la lápida, custodiada por soldados de la Orden Negra.
En el salón -de 30 por 45 metros-, Himmler ordenó colocar una inmensa mesa circular que, a modo de nueva Tabla Redonda, sirviera para que él y sus doce SS Obergruppenführers más antiguos se sentasen a celebrar sus conferencias. Había también una gigantesca chimenea y en la pared, situado estratégicamente detrás de cada general, se colocó un escudo de armas de las SS diseñados por Karl Diebitsch.
Durante años el líder de la Orden Negra había estudiado cómo sería gobernada su Orden. Inspirándose en los caballeros de la Mesa Redonda, organizó un sombrío concilio de doce oficiales superiores de las SS, conocido como “Consejo de los 12″.
Para Sus “elegidos” Wewelsburg, un nuevo Camelot, sería el lugar donde podrían meditar solemnemente y practicar rituales germánicos de corte secreto inspirados por Weisthor. Alrededor de la sala había doce columnas y en su suelo de mármol se había trazado un mosaico de esvásticas que formaban una rueda solar de doce rayos -Sonnenrad-, la antigua representación nórdica del Sol, adoptada como emblema por la Sociedad Thule.
Himmler junto a sus oficiales SS, Franz Ziereis y August Eigrüber a la derecha y a su izquierda, Georg Bachmayer. (Foto tomada en Mauthausen, 1941)
Rituales secretos de la Orden Negra.
Himmler concibió como sanctasanctórum de su fortaleza la llamada Sala de los Generales de División -GruppenführerSaal-, donde se llevarían a cabo los rituales germánicos más secretos. Era una gran sala circular situada en la torre norte de Wewelsburg, que tenía paredes de 4m de groso. En su interior, el Reichsführer instruiría a sus caballeros para que entrasen en “comunión” con los ancestros espirituales de los arios.
Dentro de la cámara se hallaba, tallada en la roca, la cripta conocida como Valhalla o “reino de los muertos”, en alusión a la fortaleza celestial a la que según la mitología nórdica iban los espíritus de los guerreros tras morir en combate; sin embargo, la naturaleza de los rituales que se llevaban a cabo allí continúa siendo un verdadero misterio, ya que ninguno de los iniciados que sobrevivieron reveló nunca lo que conocía. No obstante, varios historiadores creen que la cripta debió ser el escenario de solemnes rituales de sacrificio.
En el centro de la sala debían quemarse ceremonialmente los escudos de armas en madera de los caballeros de las SS caídos en combate. Había doce plintos de piedra situados en las paredes sobre los que se dispondrían doce urnas, cada una de las cuales estaba destinada a guardar en el futuro las cenizas de un general fallecido. En la cripta ardía constantemente una llama que para Himmler simbolizaba “la misión infinita de las SS al servicio de la raza aria”. Una teoría apunta que su ambición más íntima era que un día la cripta del castillo contuviera los restos de su Führer, Adolf Hitler, el “Elegido”, convirtiéndose en el principal santuario del nazismo.
El líder nazi concibió la idea de crear una nueva provincia germánica que comprendiera los Países Bajos, Bélgica y el Noroeste de Francia y que sirviera de barrera para proteger Alemania de cualquier invasión procedente de Oriente. Su nombre sería Burgundia y su capital Wewelsburg: la torre norte iba a ser el centro de unos extensos terrenos con forma circular; rodeándolos sería construido un vasto complejo de bibliotecas e institutos de investigación de campos como la astrología la astronomía y la historia teutónica.
En la “Sala de los Generales de División” los líderes de las SS llevaban a cabo misteriosos rituales paganos.
Rodeando la ciudad, Himmler pensó levantar unos muros de más de 12m de altura. El proyecto debía estar finalizado en la decáda de los sesenta y su coste alcanzaría la suma de trescientos millones de marcos.
Convincente orador, en 1937, en un discurso radiofónico, el Reichsführer afirmó que era mucho mejor ser pagano que cristiano, y “rendir culto a las certidumbres de la naturaleza y los antepasados que a una divinidad invisible y a sus supuestos representantes en la Tierra”. Se veía a sí mismo como el fundador de una nuevo Orden pagana cuyo objetivo era extenderse por toda Europa y que duraría al menos tanto como el “Reich de los Mil Años” que había iniciado Adolf Hitler al tomar el poder.
En un memorándum del año 1936, Himmler hizo pública una lista de festividades aprobadas por la Orden Negra basada en precendes paganos y políticos y destinada a apartar a los miembros de las SS de su dependencia de las festividades cristianas. La lista incluía el 20 de abril -cumpleaños de Hitler, convirtiéndose así el Führer casi en una divinidad-, el primero de mayo y el solsticio de verano; también una fiesta de la cosecha y el 9 de noviembre se celebraba en recuerdo del aniversario del Putsch de la Cervercería de Munich. Durante el solsticio de invierno, fecha más importante para Himmler, los miembros de las SS se reunían y celebraban banquetes a la luz de las velas y alrededor de gigantescas hogueras que evocaban a los antiguos ritos tribales germanos.
Estos rituales no tenían sin embargo la misma finalidad pacífica que las festividades navideñas cristianas. En referencia a este tema, el periódico de las SS, El Cuerpo Negro, señalaba en 1938: “Los magos de Oriente lanzan hoy asustadas miradas en dirección a las brillantes llamas que iluminan las noches del solsticio de invierno”.
Asimismo, los matrimonios de corte cristiano fueron sustituidos por matrimonios seculares; antes de casarse, un oficial de las SS debía demostrar que su prometida compartía su herencia aria, que debía remontarse a 1750; el enlace se realizaba en medio de ritos especiales presididos por el comandante del prometido, algo parecido a los que sucedía en el bautizo de los niños, algunos de los cuales nacían en centros Lebensborn, hogares de maternidad gratuitos para los miembros de la organización y creados para alentar la concepción entre los “arios puros”.
Emblemas místicos de las SS
A partir de 1934 de las SS fueron promovidas no sólo como una élite racial, sino también como una hermandad secreta y oscura, creándose a tal efecto insignias simbólicas, emblemas y uniformes que con su elegancia sirvieron como un señuelo para atraer hombres a sus filas. Durante toda su historia, el emblema que quedaría irremisiblemente asociado a la organización sería la “cabeza de la muerte” o Totenkopf, una calavera con tibias cruzadas.
Las runas SS -SS Runen o runas Sigel (Sig)-, símbolo de la Orden Negra, representaban el elitismo y la camaredería de la organización, siendo pronto elevadas a una condición cuasi sagrada. La palabra runa proviene del nórdico antiguo run, cuyo significado era “escritura secreta”; eran caracteres que constituían los alfabetos de las tribus germánicas de la Europa precristiana y que se utilizaban tanto para la escritura corriente como para la que contenía un poder mágico.
Las runas llamaron poderosamente la atención de los movimientos folk -Völkisch-, nacionalistas del norte de Europa, que inspirarían en Himmler la fascinación por los códigos crípticos y los mensajes ocultos. El mismo Guido von List, uno de los ocultistas que más influirían en la mentalidad nazi y en Himmler, escribió en 1908 El Secreto de las Runas, un concienzudo estudio de la adivinación a través de las denominadas runas Armanen, un conjunto de 18 runas ideadas como oráculos por el propio List. A todos los Antwärter de la Allgemeine-SS que entraron en la organización antes de 1939 se les impartían clases de simbolismo rúnico como parte de su formación, y en 1945 la Orden Negra utilizaba hasta 14 variedades principales de runas.
El simbolismo de la cabeza de la muerte y de las runas-SS se combinaba en uno de los adornos más siniestros y poderosos del uniforme de la Orden: el Totenkopfringder SS -el a”anillo de la muerte” o Anillo de Honor-, diseñado por Wiligut. No formaba parte de las condecoraciones nacionales porque era un regalo personal del Reichsführer, pero tenñia un valor altamente simbólico en el seno de la hermandad, un reconocimiento a la lealtad del oficial al que era entregado. Himmler adoptó la forma rúnica del anillo asimilando conceptos de la mitología germánica, según la cual el dios Thor poseía un anillo de plata pura que servía para tomar juramento.
Como señala Robin Lumsdem, a fin de inculcar una sensación de caballerosidad en todos sus oficiales y soldados jóvenes, el Reichsführer los recompensaba con los tres símbolos menos grandiosos pero muy significativos dentro de la organización: la daga, la espada ceremonial -Ehrendegen- y el anillo, “una combinación mística que, evocadora de una aristocracia y de la leyenda de los Nibelungos, simbolizaría la Ritterschaft -Caballería- de la nuevo Orden de las SS”.
Totenkopf, la “cabeza de la muerte”
Este símbolo no sólo fue adoptado por las SS para atemorizar, sino como un vínculo “directo y emocional” con el pasado de la élite militar de la Alemania imperial. En 1740, en los ornamentos funerarios de Federico el Grande de Prusia, podía verse una gran cabeza de muerte, sin mandíbulas, bordada en plata. Apenas un año después, en recuerdo del mandatario fallecido, dos unidades de élite de la Escolta Real prusiana, entre ellas los miembros de 5º regimiento de Húsares -conocidos como “Húsares negros o de la Muerte”-, adoptaron el color negro para su uniforme y estamparon una enorme Totenkopf en sus gorros.
También en la Gran Guerra, varias unidades del ejército alemán utilizaron como insignia de su formación la cabeza de la muerte. En 1918 volvió a verse pintada en los cascos y los vehículos de algunos de los mejores Freikorps -grupo paramilitar creado en la posguerra para “liberar” Alemania del comunismo-, convirtiéndose en un símbolo de osadía y sacrificio en tiempos de guerra, además del tradicionalismo y el antibolchevismo en el que se movió el incipiente nazismo.
En 1923 los miembros de los Stosstrupp de Hitler adoptaron la Totenkopf como emblema distintivo, que seguirían llevando sus sucesores de las SS, aunque con un diseño exclusivo a partir de 1934, con una “cabeza de la muerte” sonriente, con mandíbula inferior, sirviendo de modelo del prestigioso anillo de las SS -Totenkopfring- diseñado por Weisthor.
Montségur, el bastión secreto del Grial
Obsesionado por las reliquias sagradas y el pasado mítico, Himmler también ordenó buscar algunos de los objetos de poder más esquivos de la historia, como el Grial, la Lanza del Destino o el martillo de Thor. A finales de los años 20 conoció la obra del medievalista alemán Otto Rahn, que había realizado investigaciones sobre Parzival de Wolfram von Eschembach y los cátaros en Montségur (Francia), explorando las grutas que circundaban la montaña sobre la que se erigía esta fortaleza, supuesto lugar de cobijo del Santo Grial.
Fruto de aquello estudios fue su obra Cruzada contra el Grial, que llamó poderosamente la atención del Reichsführer. Nombrado Obersturmführer de las SS en 1936, la Ahnenerbe financiaría una nueva expedicion suya al Sur de Francia y en 1937 publicaría su obra La Corte de Lucifer, no obstante, sus investigaciones fueron silenciadas y los hombres de Himmler se guardaron la verdad acerca de su periplo.
El 13 de marzo de 1939 Rahn moría en extrañas circunstancias; según algunos, practicando la endura, el antiguo suicidio ritual de los cátaros.
La fijación del Reichsführer por los objetos de poder le llevaría incluso a España, en un viaje oficial a Montserrat el 23 de octubre de 1940, la abadía catalana donde la tradición esotérica sitúa también el Grial, para acudir después a la capital de España, donde visitó el Escorial, el Museo del Prado y el Museo Arqueológico Nacional.
Algunos investigadores apuntan que pudo haber seguido también la pista de la Mesa de Salomón -donde, siguiendo la tradición cabalística, estaría comprendido todo el conocimiento del Universo-, cobijada según diversas hipótesis en algún lugar secreto de Toledo.
Además, la Ahnenerbe se interesó por el arte rupestre español y por los visigodos. Otro enclave hispano relevante para la Orden Negra fueron las Islas Canarias, pues Hermann Wirth, que llevaba años buscando la Atlántida, creía que las islas eran restos meridionales del continente desaparecido y que los primitivos canarios podían ser los últimos descendientes de una raza aria ancestral.
Himmler también buscaría el “Martillo de Thor”. Según se recoge en una carta, ordenó investigar su paradero a miembros de la Ahnenerbe. Creía que el objeto mítico se basaba en un arma real de los antiguos arios, un avanzado conocimiento centrado en la electricidad, un “arma milagrosa” que serviría en la lucha contra los aliados.
Símbolos rúnicos de la Orden Negra
A Continuación mostramos una clasificación de algunas de las principales runas que utilizaban las SS
La Hakenkreuz -esvástica o cruz gamada-; aunque utilizada en Oriente como rueda solar y símbolo de buena suerte, también era el símbolo del martillo del dios germánico Thor o Donner.
Durante el siglo XIX fue considerado el símbolo del nacionalsocialismo y la lucha racial y a partir de 1918 fue adoptada por los Freikorps, para convertirse en los años 20 en emblema principal del NSDAP.
Sería considerada como símbolo de la raza aria a partir de los escritos de Emile Burnouf, pero sería Guido von List quien la vincularía definitivamente con el ariosofismo.
El Wolfsangel o gancho del lobo, fue en un primer momento un emblema pagano al que se atribuía el poder de alejar a los lobos. Más tarde se convirtió en un símbolo heráldico que representaba una trampa para lobos y fue adoptado en el siglo XV por los campesinos que se alzaron contra los mercenarios de los príncipes alemanes; así, se convirtió en símbolo de libertad e independencia. Fue uno de los primeros emblemas del NSDAP más tarde adoptado por las Waffen-SS.
La runa Opfer simbolizaba la abnegación y fue utilizada a partir de 1918 por la asociación de veteranos de guerra Stahlhelm y más tarde la insignia que sirvió para conmemorar a los mártires nazis del putsch de Munich que tuvo lugar en 1923.
La runa Leben simbolizaba la vida y fue adoptada por la asociación Lebensborn y por la Ahnenerbe.
La runa Toten -la runa de la muerte-, representaba la muerte y era utilizada en los documentos de las SS y en las lápidas de las sepulturas.
La runa Tyr o Kampf -la runa de la batalla-, era el símbolo germánico pagano de Tyr, el dios de la guerra y representaba el liderazgo en la batalla. Además era a menudo utilizada en las sepulturas de los miembros de las SS como sustitución de la cruz cristiana para indicar la fecha de la muerte.
La runa Hagal representaba la fe impertubable que debían tener todos los miembros de la Orden Negra. Aparecía en las vestimentas ceremoniales que se usaban en las bodas de las SS y en el Totenkopfring.
El Fin del Reich milenario
Con la llegada de la guerra Himmler poseía un gran imperio, desde fábricas a campos de concentración. La Operación Barbaroja, que comenzó en junio de 1941 con la inteción de derrotar a la Unión Soviética, le sirvió para dar rienda suelta a sus delirios de grandeza: crear el citado Estado de las SS que se levantaría sobre las cenizas de una URSS conquistada.
Tras la victoria, cada hombre de la Orden Negra recibiría una granja y cada oficial nada menos que un Estado; los nobles de la hermandad gobernarían como señores feudales, como nuevos caballeros teutónicos, sobre los esclavos rusos y los granjeros alemanes colonos, rindiendo pleitesía a Himmler como el Gran Maestre.
Sin embargo, el frente del Este significaría el comienzo del fin del Tercer Reich y de las ambiciones ocultistas y alucinadas del Reichsführer. Próxima la inevitable derrota, vería frustrados sus ambiciosos planes. En abril de 1945 el castillo de Wewelsburg había sido quemado por orden del propio Himmler, y posteriormente saqueado por los lugareños. Sin embargo, sus muros aún albergaban un importante secreto: el Reichsführer había ocultado en el sótano más profundo de la torre oeste una caja fuerte con multitud de documentos y objetos. Varios días después de la llegada de los aliados y tras una minuciosa exploración, una unidad especial estadounidense hizo estallar la caja fuerte y retiró su contenido, desapareciendo así de la historia uno de los mayores secretos del Tercer Reich.
Con su muerte, Himmler se llevó a la tumba gran parte de los secretos ocultistas del Tercer Reich
Cuando Hitler ya se había supuestamente suicidado, Himmler vagaba como un fantasma por un berlín destruido. Su último intento de negociar con los aliados un armisticio -sustituyendo al Führer al mando del Reich, su último delirio-, había fracasado, y ya no le quedaba sino escapar. A pesar de haberse afeitado su característico bigote, rapado la cabeza y colocado un parche sobre un ojo, haciéndose pasar por un gendarme de la policía militar para llegar a Baviera, fue detenido por una unidad británica -entonces adoptó la falsa identidad de un sargento alemán ejecutado tiempo atrás-.
Internado en un campo de prisioneros durante dos días, quiso revelar su verdadera identidad, que finalmente reconoció el sargento mayor Edwin Austin. Aunque al examinar el interior de su boca un médico se dio cuenta de que Himmler llevaba una cápsula de cianuro oculta, no pudieron evitar que la mordiera, ingiriendo su contenido y muriendo poco tiempo después a pesar de realizarle un lavado de estómago.
Eran las once y cuatro minutos de la noche del 23 de mayo de 1945 cuando uno de los mayores monstruos que había dado la historia, dejaba este mundo, llevándose a la tumba gran parte de los secretos ocultistas de la Alemania nazi. Tras la caída definitiva del nacionalsocialismo, las palabras que Heinrich Himmler, el mago negro, había dirigido un día a sus “caballeros” sonaban realmente excéntricas: “Nos reunimos y marchamos según leyes inalterables, como una Orden nacionalsocialista de nórdicos y como una comunidad bajo juramento de camino a un futuro distante”.