En entrevista con Soledad Moliner, la columnista habló de su libro 'El club del buen sexo'.
No soy periodista sino profesora de lenguaje. ¿Por qué, entonces, acepté entrevistar a Esther Balac? Por dos coincidencias y una alarma. Las coincidencias: ambas escribimos columnas en EL TIEMPO y las dos nos encontramos en un congreso en Valencia. La alarma: la frecuencia de la palabra 'polvo' en su columna. Aunque es término que a veces se menciona en la literatura del Siglo de Oro con aparente sentido sexual, el profesor Francisco Rico demostró que "la acepción lasciva era tan desconocida en el habla de entonces cuanto común es en la de ahora". Aparece con alta carga soez a mediados del XIX y en Balac se vuelve normal. Seguí leyéndola con interés y ahora veo que publica un libro: El club del buen sexo. (Siga este enlace para leer la columna: Vibrador, un buen tercero en la cama)
Confieso que la primera vez que vi la palabra 'polvo' escrita en EL TIEMPO, un diario tan mesurado, casi me escandalizo.
La lingüista es usted. Yo escribo una columna de sexo, no de gramática, y la palabra 'coito', que es quizá la que a usted le atraería, además de antipática y cacofónica es desconocida por la mayoría de las personas. Si me permite una sugerencia, por frecuencia de uso, ¿no sería bueno incluir la palabra polvo en los diccionarios que usted lee?
Ya está incluida. Es la sexta acepción del 'Diccionario' de la Academia. Las palabras solo adquieren un color en el momento en que se pronuncian o escriben, dependiendo de quien y cómo las diga y quien y cómo las reciba. Esto me lleva a preguntarle cuál es el papel del lenguaje en su columna.
No pretendo enseñar en ella lexicografía, sino desmitificar un tema tan natural como el sexo. Por eso, debo hacerlo con las palabras que conoce la gente.
¿Por qué cree que, como dice en una de sus columnas, "las palabras sucias causan excitación"?
Si lee otra de mis columnas encontrará que la mayoría de nosotras tenemos el punto G dentro de la oreja. Como usted dice, las palabras tienen un sentido que depende de cómo se digan y quien las diga y las oiga, y en este caso se ha comprobado que las palabras sucias son un poderoso afrodisiaco, sobre todo en las mujeres. Confío en que usted no lleve un ejemplar del diccionario de la Real Academia a la cama.
Ya veo que su humor no solo está presente en sus columnas. Le pregunto: ¿qué función cumple el humor en 'Sexo con Esther'?
El humor es una función cerebral superior, y qué mejor que el humor para adobar el sexo, la actividad más divertida que tiene la humanidad. En el propósito de desmitificar, nada más eficaz que la sonrisa.
Por lo que ha estudiado (¿o acaso experimentado?), ¿es muy distinto el comportamiento sexual de los colombianos respecto a otras culturas?
El sexo es como un club. El comportamiento sexual de cada persona es distinto. Constituye un error generalizar en esta materia y pensar que una cultura, una religión, una raza se comportan distinto a otras en algo tan natural como el sexo. Es como si la digestión dependiera del color de la piel o el partido político.
Perdóneme el afán de pillar errores, pero ese es el prurito de los gramáticos. ¿Cuáles son los principales errores de la mujer en materia sexual?
Hacernos de rogar y creer que siempre hay que estar a la defensiva..., no expresar lo que nos gusta o disgusta..., carecer de iniciativa..., comparar en la cama. Y, sin ser feminista -posición que detesto-, el sexo subordinado. Es decir, dejar que el hombre marque la ruta.
¿Y los del hombre?
El peor, considerar a las mujeres un objeto: que el aquello sea entrada por salida, dejar en segundo plano nuestra satisfacción, pensar solo en ellos. Otros pecados: suponer que nos gusta lo mismo que a ellos y creer que siempre tenemos que estar disponibles. Frente a estas monumentales fallas, el tamaño de su herramienta, la eyaculación precoz y la impotencia ocasional son cosas de menor cuantía.
¿Cuáles son los principales errores de los padres al educar a sus hijos en el sexo?
El principal error es no educarlos y dejarles ese trabajo a terceros: el colegio, los amigos, la televisión o, incluso, las columnas de los periódicos. La sexualidad es una función inherente al ser humano y debe ser un tema natural en la casa.
¿Y los principales errores de las parejas?
Pensar que porque se tiene pareja está garantizada la satisfacción sexual, que no hay que preocuparse por innovar, por gustar, por salir de la rutina y, sobre todo, por complacer al otro. Ese es el primer paso para que la gente pasee por otras camas.
¿Cuáles son los más notables errores de los jóvenes?
Creer que se las saben todas, que nacen aprendidos y con el equipaje completo para enfrentar las tareas íntimas, y, por falta de educación, considerar el desempeño sexual un concurso o una repartición de medalla.
¿Y los de los mayores de 50?
Olvidar que el tiempo pasa y que ya no están en condiciones de emprender maratones, que en los primeros metros evidencian su limitación en todos los departamentos del cuerpo.
¿No le reprochan que, en vez de criticarlos, aconseje cómo debe llevarse el sexo de oficina y el adulterio?
Yo no defino qué es moral o no; esas situaciones existen y procuro que tales experiencias no generen traumas a la gente. En mis columnas no pretendo obligar a nadie, ni propongo lo moralmente correcto.
¿El amor es prerrequisito del sexo?
El amor es una emoción ligada al cerebro evolucionado, y el sexo existe en todas las especies en las que no hay emociones. A muchas personas les gustaría que fuera el amor el que nos llevara a la cama, pero biológicamente no es así.
¿Cuál es la palabra más aconsejable para emplear durante el acto sexual?
Más que una palabra, es una frase. Si la siente, un "te amo"; si no la siente, basta un "te quiero". Y, en caso de escasez emocional, vale un enérgico "me gustas". Lo inaceptable es quedarse callado y tener el polvo de los mudos. Pido perdón por la palabra, pero no conozco ningún sinónimo de 'mudo'.
Podría usar 'afásico', 'silente' o 'callado'. Finalmente, ¿a quién va dirigido su libro?
A todas las personas que vean en la sexualidad una función tan natural como caminar o, en el caso suyo, escribir. Me agradaría saber si a usted la excita un buen gerundio.
Acabó acertando...