El Vaticano y las putas. Flavia Julia Helena. Puta y santa. Parte I
Voy a publicar una serie de artículos sobre las relaciones comerciales entre el clero cristiano y las meretrices. Se llamará el conjunto “El Vaticano y las putas”. Por cuestiones de llamar la atención voy a usar un anacronismo, pues la palabra “Vaticano” no es usada por el clero católico hasta los acuerdos lateralenses entre Achille Ratti, alias Pío XI, y Mussolini, en los cuales el duce los forró de dinero y los ensotanados convencieron de los “parabienes” fascistas a mucho italianos. Entre otros el ir a matar a un millón de abisinios y otro cinco más que murieron después a las consecuencias posteriores de la invasión italiana en Abisinia.
También debo pedir disculpas a la hetairas por usar ese sustantivo tan peyorativo de “puta”. Tal uso me lo voy a permitir para mezclar a los ensotanados con sus despreciables putas, según ellos las tildas, para denigrarlos. Hetaira significa prostituta en griego. En España hay un colectivo en defensa de estas mujeres que se denomina así. Por tanto es la palabra más respetuosa para con ellas, que además tienen todo mi respeto, no así los asquerosos sacerdotes, aunque debo de reconocer que estos son un colectivo amplio de las meretrices. Ya os contaré cuando legue el momento de la gran cantidad de hetairas que pululan por los alrededores del Vaticano para ganarse la vida.
Los cristianos condenan las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Es más, las únicas relaciones que permiten son las de hombre y mujer dentro de eso que ellos llaman el sacramento del santo matrimonio, siempre y cuando sean para procrear.

No digamos la opinión que los curas mantienen sobre las prostitutas. Encima de mujeres que ejercen el oficio más viejo del mundo y corrompen a los hombres, a los varones que tienen que decirle a las mujeres lo que tienen que hacer, como comportarse y cuál en su cometido.. Es decir de sumisas pueden pasar a negociar con el sexo. ¡Intolerable! Ahí están ellos para concederles la oportunidad de arrepentirse de sus pecados. Cómo a María Magdalena. Joaquín Sabina, un cante español, decía sobre ella, en una de sus canciones, que era una mujer de bandera y que a Jesucristo no le cobraba. A lo mejor era verdad. Pero es imposible porque Cristo no existió.
Los curas nunca siempre han ocultado lo que de deben a las hetairas. Ni más ni menos que las bases del negocio cristiano. Santa Helena, es la número uno de meollo de esta cuestión. O la Griega, como se la conocía en los ambientes estabularios. Ella era “stabuilaria”, pero esta palabra posee tres significados. Puta, tabernera o moza de corral. Y comenzaron las andas de esta Flavia Julia Helena. Ejercía por la zona de los Balcanes moviendo las caderas al son del que más pagase.
Seguramente nació en Drépano, actual Trapani en Turquía. Su primer salto en su vida espectacular consistió en el paso de puta a concubina del tetrarca romano Constancio Cloro. Se lo debía de hacer muy bien para acoger entre sus piernas ni menos que aun tetrarca.
Alguien puede pensar que ser puta y cristiana no tiene nada que ver, pero no es cierto. Helena se arrodillaba a la altura de las inglés de sus clientes y así practica la “proskynesis” que consiste en arrodillarse ante alguien superior en los centros de poder de los antiguos. La “fellatio” en latín o felación en castellano dicen los curas que no entra en el juego. Sin comentarios. Y claro los cristianos se arrodillan ante su Señor. Ellos sabrán dónde está.
Pero la hábil Helena, o la Griega, no se conformó con ser concubina de Constancio. Fue su esposa, aunque luego éste se divorció de ella por cosas de la política, pues se caso con Flavia Maximiana Teodora, la hijastra de Maximiano, césar que compartía el poder con Constancio. Y la pobre Flavia no duraría mucho como esposa, pues esa mujer, puta, asesina y modelo de cristina, conocida entre los cristianos como santa Helena la acabo largando de Constancio, sustituyéndola y ocupando su puesto de esposa anterior.
Helena se llevaba muy bien con su hijo Constantino, cuyo padre era Constancio Cloro. Lo ayudó en todo lo que pudo para llegar al poder y se apoyó mucho en los cristianos al igual que él y porque “los caminos del señor que son inescrutables” se juntaron una mala bestia, como el que llegaría a ser san Constantino I el Grande, la puta Helena y los cristianos. Para que luego digan que los curas y las putas se llevan mal, siendo además estos buenos clientes de las hetairas. Repito.
Constantino era un buen hijo de su madre. Su mama le enseñó a matar y éste aprendió estupendamente. San Constantino. Los curas ortodoxos y los católicos orientales le otorgaron este título que corresponde a algo así como a ser un modelo de cristino, además de ser un pase para el cielo allí con el Dios de los cristianos ortodoxos, como también con el Dios de los católicos orientales. Y ahora qué, con qué Dios está, si lo seguidores de ambos afirman que su Dios es el verdadero, que es el que existe y que los de la competencia no existen. Bueno no va ser un ateo el que revele la santa verdad.

Escuchemos a Percy Bysshe Shelley para que no hagamos una idea precisa de lo que es un santo cristiano: “Ese monstruo Constantino [...] Ese verdugo hipócrita y frío, que degolló a su hijo, estranguló a su mujer, asesinó a su padre y a su hermano políticos, y mantuvo en su corte una caterva de sacerdotes sanguinarios y cerriles, de los que uno solo se habría bastado para poner a media humanidad en contra de la otra media y obligarlas a matarse mutuamente,”
Constantino de compartir el poder con otros tetrarcas y césares paso a emperador matando a cada uno de ellos y ganándoles las batallas en las que en total hubo más de cien mil muertos. Eso sí acompañado siempre por una caterva apestosa de ensotanados que prodigaban y esparramaban muchas bendiciones.
Fausta fue la infeliz esposa de Constantino que éste mató siguiendo el consejo y la orden de su mama. La Puta Helena. Los escrúpulos y la santidad se corresponden en cuanto que cuanto más santidad menos escrúpulos. Algo así como la fórmula “los escrúpulos son inversamente proporcionales a la santidad”. Poquita santidad mucho escrúpulos. Mucha santidad falta de estos. Mucha más santidad psicopatía. ¡Qué será Su Santidad que vive en Roma!
Helenita la puta se hizo peregrina y se fue a Tierra santa y se trajo la “Cruz de Cristo” y otros artilugios por el estilo. Allí mandó matar a unos cuantos judíos que no entendían tal empeño y no se tomaron la divina misión de la Puta en serio. La santa dama se cargó de reliquias y las esparramó por el orbe conocido. Tenemos aquí ni más ni menos que la primera multinacional. Patrañas SA la podrías llamar.
A partir de estas fechas las otras religiones que le hacían la competencia al cristianismo, las que se conocen como paganismo, empezaron a sufrir de lo lindo, mayormente con Constancio II, destrucciones de templos, robos, torturas y asesinatos por parte de los hombres del Dios cristiano. Así la puta Helena le ordenó a su hijito, y éste la obedeció, que mano dura a la competencia, por ello, en el año 326, fueron destruidos el templo del Dios Asclepio en Cilicia y muchos más de la Diosa Afrodita en Jerusalén, en Afka en el Líbano, en Mambre, Fenicia, Baalbek, etc.
Podemos afirmar que en esta época surge la Inquisición. Siniestra institución con la que los curas se divirtieron mucho representando el infierno aquí en a tierra y atrapando los bienes de los condenados “Ad maior gloriam Dei”
¡Qué cosas tienen los cristianos y sus putas! Ya os contaré más hermanos ateos. No hay desperdicio.
Nai Ramone