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Cristo, muerte y resurrección

Offtopic•4/22/2011

Cristo, Muerte y Resurrección.





Hola! Este post empieza con una canción legendaria de Vox Dei









Letra:

Aquí está el camino para el que quiere ver,
Conoce la verdad, libre te hará.
Grita a una montaña, y pídele que se echce al mar.
Si crees lo que dices,
Seguro que se hará.

Escucha mis palabras y reconcíliate con vos
sólo debes amar
así como amo yo.
Ahora caminemos que hay mucho por andar,
ya vamos a estar
Sentados y en paz
Después de andar.

Ya no habrá más calma, no.
Ya empezó el final.
Recuerda que sos mi amigo.
Y que no me perderás.
Y te cerrarán caminos,
Por decir lo que es verdad.
Pero nunca estarás solo,
Porque allí yo voy a estar.

Llorarás amigo,
y me buscarás.
Será cuando yo me haya ido
A prepararte un lugar.
Pasará un poco de tiempo,
y ya no me verás.
Y otra vez pasará el tiempo
y a verme volverás.







El Domingo de Ramos


Se conmemora la llegada a Jerusalén.


Jesús es aclamado por todo el pueblo como Rey. Se paran sobre una colina para saludarlo agitando ramas de olivo, como si fueran banderines.









Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: "Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: "El Señor los necesita y los va a devolver en seguida".
Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó.
Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:
"¡Hosana al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: "¿Quién es este?" Y la gente respondía: "Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea".


(del evangelio de Mateo)



Después Jesús entró al templo y expulsó a los que hacian negocios y lucraban con la fe de la gente




Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo.
Y les enseñaba: "¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".
Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.


(del evangelio de Marcos)

Al caer la tarde, Jesús salió de la ciudad y fue a pasar la noche en casa de Lázaro, en Betania (quedaba a 3 km, pero hoy es parte de la ciudad)


Ese día, los sumos sacerdotes empezaron a buscar una forma de acusarlo, porque todo el pueblo lo seguía y eso les daba miedo.









Del lunes al miércoles Jesús se preparó para lo que iba a venir. Hizo tantas cosas que seguramente no entrarían en este post. Casi un tercio del evangelio de Juan transcurre en esos tres días.





El Jueves Santo







Jesús se reúne a celebrar la pascua judía con sus 12 discípulos. Durante la cena celebra el ritual de la misa y anuncia que uno de sus discípulos lo va a traicionar.

Después de eso, le lava los piés a sus discípulos. (Lavar los piés era algo que sólo hacían los esclavos).

"Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les lavé los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les dí el ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."





Después deja su último mandamiento: "Ámense lo unos a los otros así como yo los amé a ustedes. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros."




Ojalá todos los cristianos nos comportáramos así.












Viernes Santo.





Entrada la noche, Jesús va a orar al monte de los olivos (que quedaba justo afuera de la ciudad - hoy en Jerusalén esa parte es céntrica).



Después de haber dicho esto, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia.
Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: "¿A quién buscan?" Le respondieron: "A Jesús, el Nazareno". Él les dijo: "Soy yo". Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: "Soy yo", ellos retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente: "¿A quién buscan?" Le dijeron: "A Jesús, el Nazareno". Jesús repitió: "Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan".





El via crucis





Entonces se fueron con Jesús y los apóstoles se dispersaron. Los soldados lo llevaron ante la corte del templo. Buscaron testigos falsos, pero nadie se atrevía a mentir en contra de él. Lo interrogaban, pero Jesús no decía nada. Entonces el Sumo Sacerdote le preguntó ¿vos sos el Enviado, el Hijo de Dios, el bendecido? Respondió que sí.
Para los sacerdotes y los escribas, decir que uno era el mesías, era una blasfemia; y la blasfemia la penaban con la muerte.
Pero había un problema: los jefes de los judíos tenían el permiso de aplicar la Ley, pero no para condenar a muerte: esa decisión tenía que ser aprobada por el gobernador romano. Entonces llevaron a Jesús ante Herodes, el gobernador de galilea (la provincia donde quedaba Nazaret) que justo estaba en la ciudad. Herodes lo trató con desprecio y aprobó que lo mataran. Después lo llevaron ante Poncio Pilato, el gobernador de judea (la provincia a la que pertenecía Jerusalén).

Pilato quería dejar en libertad a Jesús, pero lo presionaban para que autorizara la ejecución.


Pilato salió a donde estaban ellos y les preguntó: "¿Qué acusación traen contra este hombre?" Ellos respondieron:
"Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado".
Pilato les dijo: "Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la Ley que tienen". Los judíos le dijeron: "A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie".
Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?"
Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?"
Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?"
Jesús respondió:
"Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí".
Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?"
Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz".
Pilato le preguntó: "¿Qué es la verdad?" Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: "Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo.
Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?"
Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición.
La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado.
Pilato les dijo: "¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?"
Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás.
Pilato continuó diciendo: "¿Qué quieren que haga, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?"
Ellos gritaron de nuevo: "¡Crucifícalo!"
Pilato les dijo: "¿Qué mal ha hecho?". Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: "¡Crucifícalo!"
Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: "Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes".
Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás.


Pilato mandó entonces azotar a Jesús.
Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto de color púrpura, y acercándose, le decían: "¡Salud, rey de los judíos!", y lo abofeteaban. Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje.





Pilato volvió a salir y les dijo: "Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena".
Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto de color púrpura. Pilato les dijo: "¡Aquí tienen al hombre!"



Aquí está el hombre


Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!" Pilato les dijo: "Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo".
Los judíos respondieron: "Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios".
Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía.
Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: "¿De dónde eres tú?" Pero Jesús no le respondió nada.
Pilato le dijo: "¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?"
Jesús le respondió: "Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave".

Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: "Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César".
Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado "el Empedrado", en hebreo, "Gábata". Pilato dijo a los judíos: "Aquí tienen a su rey".
Ellos vociferaban: "¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!". Pilato les dijo: "¿Voy a crucificar a su rey?" Los sumos sacerdotes respondieron: "No tenemos otro rey que el César".
Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.




Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.
Cuando llegaron al lugar llamado "del Cráneo", lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.

El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!". También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: "Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!"


Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo". Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino". Él le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso".






Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo:
"Tengo sed."
Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.











Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús —pero secretamente, por temor a los judíos— pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo.
Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos.
Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.
En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado.
Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.











Algunas enseñanzas de Jesús




Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo, pero yo les digo: amen a sus enemigos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿no hacen lo mismo los que colaboran con el imperio romano?





Dale al que te pide, y no le des la espalda al que quiere pedirte algo prestado.





No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.





Cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres.





Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos.





Ámense los unos a los otros, así como yo los he amado.






Les aseguro que todo el que peca, es esclavo del pecado. Si ustedes permanecen fieles a mi palabra serán verdaderamente mis discípulos, conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.










¡Qué bueno sería si todos los que nos decimos 'Cristianos' hiciéramos estas cosas!



Lamentablemente hay muchos hipócritas que se llaman a sí mismos "cristianos" y no buscan más que su propio beneficio











Un episodio en la vida de Jesús, según relata su amigo Juan:


Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?"
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.
Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?". Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, y no peques más en adelante".

























Descripción: La Pasión de Cristo recrea las últimas doce horas en la vida de Jesús de Nazaret (James Cazaviel)desde el momento en el que acude al Huerto de los Olivos (Getsemaní) a orar tras la Última Cena, enfrentándose a las tentaciones de Satanás. Allí sufre la traición de Judas Iscariote (Luca Lionello), siendo arrestado y conducido a Jerusalén para ser juzgado por blasfemia, según denuncian los fariseos.

Jesús es presentado ante Pilatos (Histro Naumov), el Gobernador Romano en la provincia, quien escucha las acusaciones levantadas contra él y se da cuenta de que se trata de un conflicto político, delegando el asunto en el Rey Herodes que no tarda en devolverlo a las autoridades romanas para ser juzgado.

De nuevo ante Pilatos, éste ofrece al pueblo la oportunidad de elegir a quien liberar: a Jesús o al asesino Barrabás. La multitud elige a Barrabás y condena a Jesús, que es puesto en manos de los soldados romanos y flagelado como castigo.

Aunque Pilatos trata de hacer ver a la multitud que el castigo ya ha sido suficiente, los fariseos no lo consideran así. Lavándose las manos, ordena a sus hombres cumplir los deseos del pueblo y Jesús es condenado a muerte.

Jesús deberá cruzar las calles de Jerusalén cargando con la cruz camino del Gólgota, lugar en el que será crucificado. Allí, clavado a la cruz, superará la última tentación: el temor a ser abandonado por su Padre. Sobreponiéndose a su miedo, mira a María (Maia Morgenstern), su madre, y pronuncia palabras que sólo ella puede entender: “Todo está acabado”; finalmente expira diciendo: “En tus manos entrego mi espíritu”. Las fuerzas de la naturaleza se rebelan en el momento de la muerte de Cristo.


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