Ironía ؟ Ironía, dissimulatio o ilussio Con la ironía o afectación de ignorancia se afirma lo que no se piensa, escondiéndolo de quien no llega a entenderlo, unas veces para rehuir el castigo o reprobación, otras veces por afecto respetuoso, otras por no herir ni suscitar discusiones y las más de las ocasiones por burla y afán de superioridad, como cuando dijo Pilatos “Salve, rey de los judíos”. Francisco Umbral afirma que “la ironía es la ternura de la inteligencia”. Designa de la forma intencionada ya expuesta personas o cosas con nombres que significan lo contrario de lo que son, o con expresión que significa lo contrario de lo que se quiere o pretende decir. Ej. “¡Vaya angelito!” Cuando se emplea en forma amarga o cruel se llama sarcasmo. Hay diversas propuestas para un símbolo tipográfico que la represente: La ironía es la figura del discurso mediante el cual se da a entender lo contrario de lo que se dice. Se origina cuando, por el contexto, la entonación o el lenguaje corporal (guiñando un ojo, alzando y bajando los dedos corazón e índice de ambas manos sobre la cabeza, colocando el pulgar sobre los otros dos dedos bajados mientras se dice la ironía) se da a entender lo contrario de lo que se está diciendo. La intención que generalmente de tener una perspectiva cambia en base a acciones o efectos de la cual se aleja por posibilidades externas. Cuando la ironía tiene una intención muy agresiva, se denomina sarcasmo. En el lenguaje escrito, la intención irónica puede explicitarse con un signo de exclamación encerrado entre paréntesis, mediante comillas, con un emoticono, etc.; aunque también existe un signo de ironía propiamente dicho (؟), propuesto en el s. XIX por el poeta francés Alcanter de Brahms, que sin embargo no logró extender su uso. Cita (Ethan Jarlewsky): Le pregunté a Kaitlin sobre la ironía, y resulta que sólo el veinte por ciento de los seres humanos capta la ironía, lo cual significa que el ochenta por ciento del mundo se lo toma todo al pie de la letra. No puedo imaginarme nada peor que eso. Bueno, igual sí, pero imagínate que lees el periódico y te crees que todo es verdad a un cierto nivel. Etimología de la palabra El término griego del que procede ironía, εἰρωνείa (eironeia), significa «simulación». El pícaro o simulador (eiron) finge ignorar aquello que conoce. Sócrates hizo un uso hábil de la ironía para desenmascarar a los sofistas: se acercaba a ellos como un humilde aprendiz y les interrogaba sobre cuestiones que, en teoría, dominaban. Poco a poco, con sus preguntas hábiles ponía de manifiesto la ignorancia de los presuntos sabios. Cita (Ejemplos): * «Claro está: fue con buenísimas intenciones». * «El valiente soldado, huyó de la batalla». * «La Grande y Felicísima Armada». * «¿Aún es ilegal hacerles autopsias a pacientes vivos?». * «¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Hay posibilidad de tarifa de grupo?». * «Un payaso llorando». Algunas de las razones que tratan de explicar su falta de uso señalan que los signos como el de interrogación o de exclamación son útiles en la transcripción de una entonación oral a un enunciado con puntuación. En cuanto tal, no es necesario marcar de algún modo una frase irónica, ya que generalmente el contexto por sí mismo permite reconocer ese carácter. Otra razón es que la mayoría de las veces la ironía requiere de un uso muy ingenioso de la sutileza. El uso explícito de un signo para resaltar la intención irónica termina destruyendo toda sutileza (sino me creen, vean la nota al pie). Y, finalmente, no necesariamente la parte irónica de un texto se limita a una única frase, sino que todo el texto puede ser irónico. El empleo de un carácter atípico a lo largo de varias páginas podría ser más molesto que útil. Por otro lado, algunos emoticones como ;-) tienen un valor tipográfico que se aproxima al del signo de la ironía, y ese era de hecho la función de muchos de los primeros smileys. Pero esa función parece haberse perdido a causa de la lectura ultra veloz y poco comprensiva de estos días. Ironía socrática La ironía es la primera de las fórmulas utilizadas por Sócrates en su método dialéctico. Sócrates comienza siempre sus diálogos psicopedagógicos y propedéuticos desde la posición ficticia que encumbra al interlocutor (en este caso el alumno) como el sabio en la materia a tratar. Dado que Sócrates era considerado como el hombre más sabio de Atenas es fácil entender el porqué de la ironía. El siguiente paso del diálogo sería la mayéutica, esto es ayudar a sacar de dentro de la psique aquello que el interlocutor sabe pero ignora saber. Para ello el método socrático sugiere realizar preguntas sencillas sobre el tema en el que el sujeto (alumno) ha sido nombrado como sabio. Después, las respuestas que el interlocutor daba a Sócrates eran rebatidas, en especial confutadas con la finalidad de que el alumno descubriera que su "saber" era un conjunto de pre-juicios y las fuera completando y precisando por sí mismo tomando consciencia, en todo lo posible, de lo real. Ironía cómica Es una incongruencia aguda entre nuestras expectativas de un suceso y lo que ocurre. La ironía tiene gran parte como origen en la percepción del individuo de la paradoja. Por ejemplo, en junio de 2005, la agencia de empleo del estado de Virginia, EEUU, que maneja las compensaciones a los parados, anunció que echaría a 400 empleados por falta de trabajo porque el paro era muy bajo en el estado. La percepción del lector de una desconexión entre la expectativa común y la aplicación de la lógica con un suceso inesperado, las dos vistas como un elementos, mostrando conexión entre la ironía y el humor cuando la sorpresa nos sumerge en la risa. No todas las ironías son gracias por otro lado. La primera frase de la novela de Jane Austen, Orgullo y Prejuicio, comienza con una postulado casi matemático. «Es una verdad concebida que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna debe estar en búsqueda de mujer». La escena siguiente traiciona el postulado. «No, un hombre rico moviéndose entre el vecindario no buscaba encontrar una mujer». De hecho, pronto se ve claro que este se refería a lo contrario: las mujeres (o sus madres) están siempre en búsqueda de un soltero rico para tomarle como esposo. La ironía yace en cómo promueve el romance y termina en una boda doble. Ironía romana En los tiempos de la antigua Roma, la ironía era usada en los discursos y conversaciones retóricas publicas, en las cuales las palabras usadas eran opuestas a su significado o intención. Shakespeare imita la ironía romana en su obra Julio César en el discurso de Marco Antonio: «Amigos, romanos, paisanos, prestadme vuestros oídos, he venido a enterrar a Cesar, no a aplastarlo». Continuamente enfatizando que Bruto y los conspiradores eran «hombres honorables». El monólogo usa la ironía para glorificar a César, Antonio elige palabras que parecen dar soporte a los asesinos, mientras que su propósito y efectos son incitar a la gente contra ellos. Ironía verbal La ironía verbal es tradicionalmente definida como el uso de palabras para referirse a algo que es más, y normalmente, lo opuesto al significado literal de las palabras. Un ejemplo clásico es un hablante diciendo «Qué bien nos lo estamos pasando» mientras mira todas las hojas que le queda por estudiar intentando expresar su disgusto por el trabajo. Sin embargo, no hay ejemplo de ironía verbal que no relacionan diciendo lo contrario a lo que uno se refiere, y estos son los casos donde todo el criterio tradicional de ironía existe y el resultado no es irónico. Bastante confusión ha crecido en torno a la relación entre la ironía verbal y el sarcasmo, y los psicólogos han apelado el tema. Por ejemplo, el ridículo es una aspecto importante de sarcasmo, pero no de ironía verbal en general. Así, el sarcasmo es un tipo de crítica hacia una persona o grupo de personas que incorpora ironía verbal. Por ejemplo, una persona dice a su amiga que ante un cáncer de ovarios, prefiere acudir a un espiritista antes que a un médico para que la trate. En respuesta su amiga dice sarcásticamente «¡Gran idea! ¡He escuchado que hacen un trabajo estupendo!». (Recalcando que esto puede ser dicho literalmente por una persona que realmente confía en los espiritistas y su curación como tratamiento legítimo para la enfermedad). Ironía trágica (o dramática) En la tragedia, la llamada «ironía trágica» es un instrumento o recurso para aumentar la intensidad de la situación dramática. La ironía trágica está especialmente presente en los dramas de la Antigua Grecia. En esta forma de ironía, las palabras y acciones del personaje muestran la situación real, que el espectador observa y es completamente consciente de lo que sucede. Puede tener varias formas, el personaje hablando puede darse cuenta de la ironía de sus palabras mientras que el resto de los personajes puede que no, o él o ella pueden inconscientemente, mientras otros actores comparte el conocimiento con los espectadores, o los espectadores solos se darían cuenta de la ironía. El rey Edipo de Sófocles da un ejemplo de ironía certera y en toda su extensión. La ironía llega a la expresión en un comportamiento inapropiado. Un texto en una escena con amenazas de violentas, por ejemplo, puede percibir camaradería por parte de la víctima como incrementan irónicamente hasta convertirse en llamativamente inapropiado. Cuando no está reconocida, la ironía puede llevar al malentendido. Incluso si una ironía es entendida como tal, a menudo expresa menos claramente lo que el hablante o escritor quiere decir que si lo dijera directamente. Otro famoso caso de ironía trágica ocurra en la obra de Shakespeare Romeo y Julieta cuando Romeo encuentra a Julieta drogada como si estuviera muerta, él asume que lo está y se suicida. Al ver a su amante muerto yaciendo junto a ella, Julieta se mata con un puñal. Variación cultural La ironía a menudo requiere una bagaje cultural que debe tenerse en cuenta, y como una forma de hablar de una lengua determinada, la ironía a veces no puede ser perfectamente traducida. Una excepción con un segundo significado fácil de entender para un estadounidense proveniente del este, puede ser extraña para un canadiense, austriaco, o incluso estadounidense del oeste. Intentar una traducción literal de la expresión irónica a otro idioma a menudo lleva el concepto hacia lo incoherente. Más allá, el uso de la ironía verbal puede también relacionarse con pautas no literales como el tono de voz o la postura. Toda cultura incorpora su propia manera de metáfora lingüística y expresiones verbales. En tales casos, la traducción requerirá un cuidado extra, y quizás una explicación. Existen nueve clases a) antífrasis: dar a algo un nombre que indique cualidades contrarias (“Peludo”, a un calvo) b) asteísmo: fingir que se vitupera para alabar con más finura (“Te falta mundo”, a un viajero). Véase Asteísmo. c) carientismo: usar expresiones que suenan verdaderas o serias para burlarse (“Nunca oí algo tan certero”, ante una frase desafortunada); d) clenasmo: atribuir a alguien las buenas cualidades que nos convienen y a nosotros, sus malas cualidades (“Tu vigoroso estado atlético contrasta con mi débil figura”, cuando en realidad es al revés); e) diasirmo: humillar la vanidad del otro, recordándole cosas de que debe avergonzarse (“¿Qué otra cosa puede esperarse de un hombre que una vez se vistió de mujer…?”); f) mímesis: imitar a quien se quiere ridiculizar (“_io_ no quiero ye-yelección; quiero irme a mi _Aniyaco_”) g) Sarcasmo: cuando la burla es tal y tan cruel que se convierte en un redondo insulto h) meiosis: atenuación que rebaja exageradamente la importancia de algo que en verdad la tiene. Véase su entrada respectiva. i) auxesis: lo opuesto a la meiosis, tipo de hipérbole irónica que confiere una importancia desusada a algo trivial o despreciable. j) tapínosis: rodear aquello que se quiere dar a entender con unas palabras que le quitan o rebajan su importancia: “Su señora, señor, con el pretexto de que trabaja en un lupanar vende géneros de contrabando” *** ¿Que es la ironía para el psicoanalisis? (...) Como analistas, podemos ir más allá de la retórica, en lo que respecta a la ironía, intentando situar en este uso particular cómo el sujeto se relaciona con la palabra. La ironía sería una estrategia discursiva consciente, que no se reduce a entender lo opuesto de lo que se hace entender, es decir un enunciado inverso, sino que testimonia una forma particular de distanciamiento, mantenida por el enunciador en relación al enunciado, en la situación de interlocución. De este modo, el hablante irónico se hace portavoz del discurso supuesto del Otro, pero sin introducir indicadores de su propia posición subjetiva en relación a este enunciado. Se trataría de una relación de desprendimiento, de no-creencia, que mantiene el sujeto de la enunciación con su propio enunciado en la ironía, distanciamiento particular en la medida que ella no es dicha sino mostrada, usando las posibilidades de figuración ofrecida por el acto de palabra. Podríamos pensar, entonces, que el hablante irónico expone su relación subjetiva de desconfianza respecto de la palabra. De este modo se introduce el tema de la creencia que el sujeto tiene con su decir en lo dicho. Esta estrategia subjetiva es lo que intentamos situar en las distintas viñetas, ya sea cuando pone en cuestión, o descompleta una significación absoluta, mediante cierta descreencia en lo que el otro sostiene, a través del recurso a la ironía, o bien al hacerse jugar este recurso en la relación transferencial. Esto es, poder tomar distancia de los dichos del otro, sirviéndose de la estructura de la ironía, que como figura de la retórica, implica en sí misma un distanciamiento del discurso y donde proponemos leer una posición ética. *** La ironía caracteriza el estilo de escritores muy dotados e inteligentes, como Voltaire, Ambrose Bierce, Leopoldo Alas, Mark Twain, Swift o Jon Juaristi. Obsérvese como el viajero Escarmentado de Voltaire se refiere a las consecuencias que tuvieron unas indiscretas palabras en la España del siglo XVIII: Por la noche, cuando iba a introducirme en mi lecho, llegaron a mi casa dos familiares de la Inquisición con la Santa Hermandad; me abrazaron cariñosamente y me condujeron, sin decir una sola palabra, a una habitación muy fresca, amueblada con una estera y un bello crucifijo. Quedé allí seis semanas, al cabo de las cuales el reverendo padre inquisidor me envió a rogar que viniese a hablarle. Me envolvió algún tiempo entre sus brazos con afecto por entero paternal; me dijo que estaba sinceramente afligido por haberse enterado de que estuviese tan mal alojado, pero que todas las estancias de la casa estaban ocupadas y que otra vez esperaba estuviera más a mi gusto. Además me preguntó cordialmente si sabía por qué estaba allí. Dije al reverendo padre que era aparentemente por mis pecados. “Y bien, mi querido niño, ¿por qué pecado? Habladme con confianza”. Quisiera imaginarlo, no adivinaba nada en absoluto; él me puso caritativamente en la senda. Al fin, me acordé de mis indiscretas palabras. Por ello fui reprendido y pagué una multa de treinta mil reales. Se me condujo a hacer la reverencia al Gran Inquisidor: era un hombre educado, que me preguntó qué me parecía su pequeña fiestecilla. Yo le dije que era deliciosa y marché velozmente a aconsejar a mis compañeros de viaje abandonar este país, tan hermoso como es. Voltaire, Viajes de Scarmentado. fuente+ fuente+ fuente+ fuente
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