Si nombramos a Adabel Guerrero (33) enseguida se nos dibuja una figura escultural, una mujer de ojos felinos, una bailarina con gran destreza y una vedette que sabe cómo brillar en el teatro de revista sin necesidad de cubrirse de lentejuelas. Pero a ella, según asegura, le gustan los desafíos y, si bien disfruta del lugar que supo ganarse, le gusta ir por más y por eso, este año, se anima a Cantando por un Sueño. "Estamos ensayando a full. Estoy superfeliz porque quería profundizar esta faceta de cantante o, por lo menos, comenzar a hacerlo. Ahora se me da y me parece que es una buena manera de arrancar", sostiene la morocha, que será una de las voces del ciclo. La que no está cerrada aun es su presencia en el Bailando que, de confirmarse, también aceptaría gustosa. A lo que le dijo que no, durante la temporada invernal, es a las tablas: "Decidí no hacer teatro. Es bastante cansador y me imposibilita hacer otras cosas porque me abarca mucho tiempo. Ahora necesito un pequeño descanso para recobrar las ganas, evaluar propuestas y volver en el verano. Sé que lo voy a extrañar porque es mi vida". –Sin revista hay menos escándalos, aunque hace poco tu ex compañera Jésica Cirio tuvo un cruce con Julieta Prandi. ¿Existe una guerra entre modelos y vedettes? –Creo que es todo un gran caretaje. Quizá algunas personas –entre las que me incluyo–, nos arrepentimos un poco de nuestros comienzos, que fueron poniéndonos muy en bolas, por así decirlo, ¡o muy platinadas! Pero llamamos la atención de esa manera, se nos abrieron las puertas y después una intenta o logra cambiar el perfil. Algunas lo sostienen con talento, otras con suerte, otras con simpatía. Pero me parece de muy poca persona opinar cómo hizo o dejó de hacer otra su carrera. Hay muchas modelos divinas como Ingrid Grudke –que es lo más– pero, en general, la modelo te mira por arriba de la nariz y es más que sabido que, a veces, es peor que una vedette. Nos juzgan porque nos pusimos lolas o nos mostramos con poca ropa. Muestran una careta y después terminan siendo más atorrantas que las que tienen una imagen supersexy. Es una hipocresía. Hay ambientes en los que todas se la dan de señoras y, al final, te enterás que pertenecen a un catálogo finoli, mientras una la sigue remando y se tiene que bancar los comentarios. Una chica como yo. En la intimidad, la sexy bailarina –que se inició en el ballet de su La Plata natal– descubre una mujer que está bastante alejada de las plumas, los tacos de diez centímetros y las riñas entre colegas. En más de una oportunidad mostró su sensibilidad frente a las cámaras, sus problemas familiares y su inclinación espiritual. En pareja desde hace cuatro años con el empresario Martín Lamela, ahora Ada se está reconciliando con su perfil de ama de casa. –En Twitter subís recetas y fotos de tus platos. No sabíamos que te gusta cocinar… –Me gustaba mucho cuando era más chica y lo sé hacer muy bien. Antes que Martín he tenido otra convivencia y me la pasaba cocinando, hasta que me harté. Todo lo rutinario me cansa y pasé a no hervir ni una salchicha. Ahora compré una vaporiera que me recomendaron y me recopé, es como un juego: la programás y no se te pega ni se te quema nada. Estoy superentusiasmada… –Te amigaste con la cocina, pero te peleaste con el autobronceante, ¡¿qué está pasando?! –(Risas) Una, a veces, descubre un producto práctico –¡como ahora descubrí la vaporiera!– pero todo tiene su pro y su contra. El autobronceante te mancha, te deja un olor horrible y sos esclava porque te tenés que pasar seguido. La verdad, me cansé. No soy una mujer obsesionada con su estética. Aunque quizá no parezca, me aburre sobremanera tener que maquillarme, peinarme, pintarme las uñas. Igual, no voy a mentir: si vuelvo al teatro o Bailando, donde tengo que estar semidesnuda, vuelvo al autobronceante. Mientras que esté más tapadita, seguiré blanca. –Existen rumores de que, en pos de exhibir un cuerpo torneado, algunas vedettes consumen anabólicos. ¿Conocés a alguien que los tome o tomaste? –No tengo idea quién toma o no. Sé que los efectos colaterales son muy desagradables. Puedo hablar de mí. Con mi genética, si tomara anabólicos, sería Arnold Schwarzenegger. A mí no me gusta ser tan musculosa, prefiero los cuerpos más esbeltos, pero acepto cómo soy y lo exploto. Creo en lo natural, en la buena alimentación, en el ejercicio, en un estilo de vida. –Sonás como la mujer perfecta… ¿Tenés algún vicio? –Si voy a cenar no como postre, porque me asquea lo dulce inmediatamente después de cenar. Ahora, a las tres horas me meto en la cama, miro un poco de tele y necesito un helado, un poco de chocolate o unas gomitas de fruta, que las amo. ¡Ah! Y a veces fumo un cigarrillo en la cama, pero a Martín no le molesta. Es más, le gusta, me dice que lo seduce. Soledad Cotelo. Fotos: Diego Omar. Producción: Flor Mellino. Peinó: Daniel Veiga. Maquilló: Ariel Paredes con productos Kryolan. Agradecemos a Lencería Carmelita Descalza, Paz Cornú, zapatos Uccello, Bikesis, Pablo Clifford, Gustavo Sampietro y Lic. Daniel Horacio Clavel.
Adabel Guerrero "Si tomara anabólicos, sería Schwarze
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