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Lecciones que deja la debacle argentina

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Lecciones que deja la debacle argentina

Por Joseph Stiglitz
Premio Nobel de Economía 2001



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Joseph E. Stiglitz es catedrático de la Universidad de Columbia, Premio Nobel de Economía 2001 y ex economista jefe del Banco Mundial. Es el gran crítico de las actuales políticas económicas internacionales y de las instituciones que las aplican: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Luego de una prestigiosa carrera académica en el M.I.T., Yale y Stanford, fue miembro del Consejo Asesor Económico de Bill Clinton.



Joseph Stiglitz, ex economista jefe del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía 2001, acusa al FMI de aconsejar políticas que llevan al fracaso. En este artículo dice que la sucesión de errores que terminaron en la catastrófica crisis argentina contó hasta último momento con la bendición del Fondo Monetario Internacional. La crisis deja lecciones que habrá que recordar para no volver a cometer errores. Una de ellas, que la globalización aumenta mucho el grado de exposición de los países, que es peligroso anclar la moneda y que el contexto político y social de un país no se puede ignorar. Dice también que es necesario reformar el sistema financiero internacional, y que el primer paso debe ser reformar el FMI.

El colapso argentino provocó el más grande default de la historia. Unos dicen que el FMI fue muy tolerante; otros, que fue muy duro, y algunos creen que el problema se lo creó la propia Argentina, corrupta y desvergonzadamente inmoral. Todos intentan poner la culpa donde no corresponde: el default resulta de errores económicos cometidos durante una década. Comprender qué salió mal deja grandes lecciones.

Los problemas comenzaron con la hiperinflación de los años '80. Para matar la inflación, había que cambiar las expectativas: y se creyó que eso se lograría "anclando" la moneda al dólar. Esta receta funcionó por un tiempo en algunos países, pero era peligrosa, como demostraría Argentina.

El FMI alentó este régimen cambiario. Ahora duda, pero quien paga el pato es Argentina. La paridad 1 a 1 bajó la inflación pero no generó crecimiento sostenido.

Argentina debió haber adoptado una tasa de cambio más flexible, o al menos una que reflejara mejor sus pautas comerciales.

Hubo otros errores en el programa de "reforma" argentino. Fue aplaudido por permitir gran participación extranjera en compra de bancos. Eso creó un sistema bancario que parecía más estable; sin embargo, no dio préstamos a la pequeña y mediana empresa.

Después del brote de crecimiento que hubo al finalizar la hiperinflación, el ritmo cedió, en parte porque las empresas no conseguían el financiamiento que necesitaban. El gobierno reconoció el problema, pero antes de que pudiera actuar fue alcanzado por varios cimbronazos que escapaban a su control.

La crisis del sudeste asiático de 1997 asestó el primer golpe. En parte debido a lo mal que la manejó el FMI, esa crisis se convirtió en crisis financiera global, y subieron las tasas de interés para todos los mercados emergentes, Argentina inclusive. El sistema cambiario argentino sobrevivió, pero a un alto costo: desempleo de dos dígitos.

Pronto, las altas tasas de interés le debilitaron el presupuesto. Sin embargo, la relación entre PBI y deuda se mantuvo moderada (45%), inferior a la de Japón. Pero con intereses de 20%, el país gastaría por año 9% de su PBI para financiar su deuda.

El gobierno buscó austeridad fiscal, pero no lo suficiente para compensar los caprichos del mercado.
La crisis financiera global que siguió a la crisis del Sudeste asiático dio origen a grandes ajustes cambiarios. El dólar estadounidense, al cual el peso estaba anclado, aumentó mucho su valor. Mientras tanto Brasil, vecino y socio comercial de Argentina en el Mercosur, veía que su moneda se devaluaba.

Cayeron salarios y precios, pero no lo suficiente como para permitir que Argentina compitiera eficazmente, sobre todo porque los productos agrícolas - sus ventajas naturales- se topan con grandes obstáculos para entrar en los mercados de los países ricos.

Apenas acababa el mundo de recuperarse de la crisis financiera de 1997-1998 cuando comenzó la recesión global de 2000-2001, y eso empeoró la situación argentina. Aquí el FMI cometió su error fatal: aconsejó política fiscal contractiva, el mismo error que había cometido en Asia.

Suponía que la austeridad fiscal iba a devolver la confianza. Pero los números en el programa del FMI eran ficción; cualquier economista habría previsto que una política contractiva provocaría recesión, y que los objetivos de presupuesto no se podrían cumplir. Demás está decir, el programa del FMI no logró lo que buscaba.


Siete lecciones

► En un mundo de paridad cambiaria volátil, anclar una moneda al dólar es muy riesgoso.

► La globalización expone a un país a enormes sacudones. Los ajustes cambiarios son parte del mecanismo para sobrevivir.

► Quien ignora el contexto político y social corre peligro. Un gobierno que adopta políticas que dejan sin empleo a grandes sectores de la población está incumpliendo con su máxima misión.

► Concentrarse sólo en la inflación - sin atender el desempleo o el crecimiento - es peligroso.

► El crecimiento necesita instituciones financieras que otorguen préstamos a las empresas nacionales. Vender bancos a extranjeros sin adecuada protección, puede bloquear el crecimiento y la estabilidad.

► Rara vez se recupera fortaleza económica - o confianza - con políticas que empujan a la economía hacia una profunda recesión.

► Hacen falta mejores formas de actuar con situaciones como la de Argentina.

Yo dije todo esto durante la crisis asiática; el FMI prefirió su estrategia de salvataje. Ahora, tarde, reconoce que habría que explorar alternativas. El FMI va a hacer lo imposible para deslindar culpas; hablará de corrupción y dirá que Argentina no hizo suficientes reformas.

Claro que tenía que reformar, pero al seguir el consejo del FMI empeoró las cosas.

Esta crisis debería recordarnos la urgente necesidad de reformar el sistema financiero global, y el punto de partida debe ser la total reforma del FMI.


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