La brecha salarial aún persiste "A las mujeres se les echa la culpa del aumento del desempleo. Al haber salido a buscar trabajo, aumentaron la masa laboral, ergo, son culpables por no haberse quedado en la casa" “La tarea es coser la brecha”. La noticia es de hace un par de semanas, (28/02/2008) pero no por eso puede decirse que “pasó la vieja”. El siempre agudo decano El Mercurio señala que eso de andar diciendo que las diferencias de salarios entre hombres y mujeres persisten ya es un dato totalmente obsoleto. Porque las diferencias aumentaron. Buen chiste. Porque el mismo diario culpa a las mujeres de sus propios males. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) se quejó. Eso es todo. No más cobertura de la noticia. A las mujeres se les echa la culpa del aumento del desempleo. Al haber salido a buscar trabajo, aumentaron la masa laboral, ergo, son culpables por no haberse quedado en la casa. Apunta el decano que los varones, independientemente de que trabajen a tiempo parcial o no, contribuyen con apenas siete horas a la semana al trabajo en el hogar. Las mujeres en cambio, dedicaban 35 hs a la semana si tenían jornada parcial y 24 si trabajaban a jornada completa. Eso hace imposible que ellas dediquen tanto tiempo como ellos a sus carreras. Esto no es un tema de las mujeres, es una llamada a los hombres: no es posible reducir la brecha salarial si no contribuimos más en casa. Al tener que trabajar en casa, para poder seguir cumpliendo tareas domésticas. Muchas mujeres buscan empleos peor pagados o de tiempo parcial, lo que hace que algunos sectores estén dominados por mujeres, lo que reduce los sueldos. No es raro ver como las mujeres desde el poder se agreden a si mismas. Cuando la ministra Provoste se defiende en cámara de tevé de las acusaciones que le hace la derecha, otra mujer, la Senadora Matthei se fija en su ropa y en su línea. Es una paradoja, porque de verdad es que las mujeres ya no son la mitad invisible de la historia. Son menos pobres, tienen más educación, trabajan más que hace 10 años y lideran uno de cada tres hogares chilenos. Esas son las mujeres chilenas. Nunca faltan –es cosa de leer las cartas al lector del decano-, los que creen que la culpa de la brecha la tienen las leyes que protegen a la mujer. Esto se debe a la gran cantidad de "ayudas" que han recibido las mujeres con las respectivas leyes laborales que las convertirían en "un cacho" para cualquier empresa. Si realmente se quiere ayudar al trabajador@, dicen hay que promover leyes mediante las cuales sea atractivo contratar mano de obra. O sea que las mujeres sean baratas. (¿Todavía más?) Pero no es entre las profesiones de ingresos más bajos donde la situación es escandalosa. Es en los ingresos medios. Es donde el ingreso imponible de los hombres llegó a los $417.244, y el de las mujeres, a $353.513, según estadísticas de la Superintendencia de AFP para las cotizaciones enteradas en diciembre de 2007. La brecha, así, llegó al 18%. Cinco años antes, en diciembre de 2002, la distancia entre uno y otro había sido de 14,1%. La diferencia salarial ha aumentado paulatinamente en los últimos años, pese a que tengamos Presidenta y un Servicio nacional de la mujer. Aunque suene un tanto anacrónico, o sea un tema demasiado maquillado de clichés para el siglo XXI, el salario sigue siendo todavía hoy un problema de sexos. Los hombres ganan en general un 30% más que las mujeres por realizar idéntica tarea u ocupar iguales puestos. Aunque parezca un tema trillado, los varones siguen estando mejor ubicados que las empleadas en materia de retribución económica. En promedio, podría decirse que a igualdad de circunstancias laborales, en nuestro país una mujer gana 100 pesos allí donde un hombre obtendría 120. En los últimos 17 años, la participación laboral femenina creció desde 31,7% (1990) hasta un récord de 40,3% (2007), según los registros del último trimestre de cada ejercicio en el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Para qué hablar de nuestra vida sindical, donde las mujeres siguen perdiendo. Dormir poco, viajar mucho, trabajar muchas horas, cobrar menos que el compañero de al lado, hacer las compras al llegar a la casa, cocinar, mirar los cuadernos del colegio de los hijos, no poder ir a la reunión del sindicato, vivir con la incertidumbre de no saber si se renovará el contrato y levantarse temprano para volver a salir. La brecha salarial no es la principal discriminación laboral. Lo es la informalidad, el trabajo precario, el insuficiente acceso al mercado de trabajo. Es evidente que se debe incorporar a las mujeres al empleo. Si tenemos más mujeres en el mercado de trabajo habrá menos pobreza, menos familias desamparadas, menos vulnerabilidad. La discriminación no sólo opera por diferencia de salarios. Pocos saben que las mujeres tienen en promedio 11,8 años de estudios versus 10,7 de los hombres. La sociedad carga con prejuicios y estereotipos respecto a las mujeres. Esos prejuicios son una tremenda limitante para superar las discriminaciones laborales o la violencia. Hoy nos sorprende cómo en el discurso público se tardó tanto en incorporar la violación de derechos humanos más común y tolerada: el 92 por ciento de las víctimas de maltratos son mujeres. Reciben 30 por ciento menos de salario que los hombres por el mismo trabajo y sufren “castigos” por la maternidad aunque hay un discurso que la protege. Aunque el test de embarazo fue prohibido por ley, algunas empresas siguen exigiéndolo. En el currículum opera la misma discriminación respecto de mujeres y hombres. Pero en el caso de la mujer se añade el factor género. Si la mujer estudia en liceos municipales o vive en una comuna popular, no la contratan. En un reportaje en el que hablaba una mujer que hace más de 30 años había sido la primera en integrar el consejo Banco Central, en ese tiempo ella ganaba menos sueldo que sus compañeros y cuando preguntó el motivo le dijeron simplemente que porque era mujer. Era María Elena Ovalle, ahora reconocidísima. Si bien hoy las razones no son tan explícitas, al parecer ser mujer sigue siendo una desventaja en el mundo laboral. Por Claudio González Jara Presidente Nacional Fenpruss Publicada el lunes, 10 de marzo de 2008 Nayareth Quevedo Millán Periodista, Asesora Comunicacional Fenpruss