Aclaro que el post no lo escribí yo, lo saué de la columna de la señorita Schapira
Amo a los pelados. Tengo que decirlo. Son sexys, eróticos, despiertan mis más locas fantasías y mis más bajos instintos. No siempre me gustaron; más bien les tenía cierta animadversión. Pero vieron cómo es eso de que “del amor al odio hay un solo paso”: de rechazar a los hombres sin pelambre – seguramente por desconocimiento de sus virtudes - pasé a idolatrarlos. Mi prejuicio con los calvos venía, seguramente, de la mano de la historia de Sansón: imaginaba que la falta de pelo era directamente proporcional a la falta de fuerza o de virilidad. Como tantas veces en mi vida, me equivocaba.
Un buen día, se hizo la luz sobre la pelada de un señor y empecé a mirar a los calvos con otros ojos. Hubo uno puntual que abrió la puerta al universo pelón y de este modo, pelados y peladitos se volvieron para mí seres entrañables a los que no cambio por nada.
Ofrecen una serie de ventajas comparativas, a saber:
- Son simpáticos y entradores. ¿O acaso conocen a algún pelado mala onda?
- Son cancheros. Quizás para suplir lo que les falta le ponen onda con accesorios como boinas o sombreros. Y fundamentalmente, actitud ganadora. Pecho afuera, cabeza arriba, nunca una pose de derrota.
- Son muy sensuales. Si son flacos y altos, más aún. Si a estos atributos le suman manos grandes, de largos dedos, que Dios los tenga en la gloria. Si una mujer deja escapar a uno como los antes descriptos, que calce más de 43, esa dama no está en sus cabales.
- Salen de la media y generalmente se destacan por sus dotes artísticas. Por nombrar a algunos vernáculos, Ronnie Arias, el de CQC, Gustavo Cordera, el Bahiano y la lista sigue…
- Erotizan, insisto. Estimo que la calva remite a la genitalidad. Si algún sexólogo me ofrece una explicación más científica, se lo agradezco. Por lo pronto, a mí los pelados me calientan.
- Son fácilmente identificables en una multitud. Una jamás perdería a un pelado en un recital.
- Hacen el amor como los dioses. En el sexo oral son impecables.
Soy fan de los pelados. Todo elogio es poco para ellos. En cualquier momento llamo a un casting para elegir a Mr. Primavera Calva. Sería una linda excusa para darme el gusto de tenerlos a todos juntitos.
Y vos, ¿saliste con algún peladito?
Amo a los pelados. Tengo que decirlo. Son sexys, eróticos, despiertan mis más locas fantasías y mis más bajos instintos. No siempre me gustaron; más bien les tenía cierta animadversión. Pero vieron cómo es eso de que “del amor al odio hay un solo paso”: de rechazar a los hombres sin pelambre – seguramente por desconocimiento de sus virtudes - pasé a idolatrarlos. Mi prejuicio con los calvos venía, seguramente, de la mano de la historia de Sansón: imaginaba que la falta de pelo era directamente proporcional a la falta de fuerza o de virilidad. Como tantas veces en mi vida, me equivocaba.
Un buen día, se hizo la luz sobre la pelada de un señor y empecé a mirar a los calvos con otros ojos. Hubo uno puntual que abrió la puerta al universo pelón y de este modo, pelados y peladitos se volvieron para mí seres entrañables a los que no cambio por nada.
Ofrecen una serie de ventajas comparativas, a saber:
- Son simpáticos y entradores. ¿O acaso conocen a algún pelado mala onda?
- Son cancheros. Quizás para suplir lo que les falta le ponen onda con accesorios como boinas o sombreros. Y fundamentalmente, actitud ganadora. Pecho afuera, cabeza arriba, nunca una pose de derrota.
- Son muy sensuales. Si son flacos y altos, más aún. Si a estos atributos le suman manos grandes, de largos dedos, que Dios los tenga en la gloria. Si una mujer deja escapar a uno como los antes descriptos, que calce más de 43, esa dama no está en sus cabales.
- Salen de la media y generalmente se destacan por sus dotes artísticas. Por nombrar a algunos vernáculos, Ronnie Arias, el de CQC, Gustavo Cordera, el Bahiano y la lista sigue…
- Erotizan, insisto. Estimo que la calva remite a la genitalidad. Si algún sexólogo me ofrece una explicación más científica, se lo agradezco. Por lo pronto, a mí los pelados me calientan.
- Son fácilmente identificables en una multitud. Una jamás perdería a un pelado en un recital.
- Hacen el amor como los dioses. En el sexo oral son impecables.
Soy fan de los pelados. Todo elogio es poco para ellos. En cualquier momento llamo a un casting para elegir a Mr. Primavera Calva. Sería una linda excusa para darme el gusto de tenerlos a todos juntitos.
Y vos, ¿saliste con algún peladito?