Si usted es de aquellos que encuentra que todas las canciones modernas parecen sonar exactamente igual, tiene razón. Comparado con lo que se escuchaba en los años 50 o 60, dicen nuevas investigaciones, la música pop de hoy es más ruidosa y más parecida. Puede ser el típico “baja esa música, que es demasiado ruidosa y vas a dejar sorda a tu abuela” o bien el clásico “no entiendo qué te gusta de esa música si todas las canciones suenan igual”. Si usted es adulto, probablemente ha experimentado algo como esto, en especial al tener que lidiar con aquellas canciones que a su hijo le gusta escuchar a todo volumen cuando está en su pieza o cuando van en el auto y con voz inocente le pregunta “¿papá, puedo poner mi música?”. (Lo que, a su vez, implícitamente significa que le están diciendo que la suya es muy fome). Para su tranquilidad, esta melómana brecha generacional tiene una explicación científica, una que en este caso le da a usted la razón. La música de hoy es efectivamente más ruidosa y las canciones de moda son también más parecidas entre sí que las más populares de hace 40 o 50 años. Todos podemos hacer el ejercicio. Tome dos canciones, una de los años 50 y otra de la década pasada. Luego, ponga ambas al mismo volumen y vea cuál de las dos es más ruidosa. Seguramente, comprobará que la más reciente es 30% más estridente que la de los 50. Así lo señala una investigación llevada a cabo por especialistas de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, España, que asegura que esta “evolución” de la música tiene que ver también con la forma en que ha evolucionado el consumo en la sociedad. Si en los años 60 y 70, por ejemplo, el mensaje y la experimentación de bandas como Pink Floyd o Queen podían llamar la atención de los jóvenes, hoy se busca en la música una forma de relajarse, pasarlo bien y bailar. Y es de esta manera que los compositores de hoy quieren captar la atención con esos elementos. Otras investigaciones apuntan en direcciones parecidas: un estudio dado a conocer el año pasado señala que las canciones más pegajosas de todos los tiempos no provenían de décadas recientes, sino de los años 60 y 70. El pop monótono Más de medio millón de canciones editadas entre 1955 y 2010 fueron analizadas por los expertos españoles, incluyendo éxitos del pop, el rock y el hip-hop. Según la investigación, que fue publicada en la revista Scientific Reports, se aprecia que desde las últimas dos décadas las grabaciones en estudio que realizan los ingenieros en sonido son deliberadamente más ruidosas que en el pasado. Y no se trata solo de un efecto de la avanzada tecnología para grabación, sino de un esfuerzo para llamar la atención del que escucha, a lo que se suma la búsqueda de sonidos fuertes para ser tocados y bailados en las discos. En definitiva, señala la investigación, hoy se privilegia la música más simple y que resulta más fácil de digerir en tanto “objeto de consumo masivo”. Muy distinto al concepto de la música que se desarrolló con fuerza décadas atrás, como cuando en los años 60 el contendio y mensaje resultaban fundamentales. Por aquellos años, era la música más compleja y la experimentación de nuevos estilos en el rock lo que llamaba más la atención de los jóvenes. Fue así que surgieron géneros como el rock progresivo y fue así que se hicieron populares bandas sicodélicas como Pink Floyd o de rock sinfónico como Queen. A modo de ejemplo, el estudio grafica que las secuencias de acordes en las canciones exitosas de hoy son mucho más cortas que las de antaño: si una canción como “We are The Champions” podía incluir una decena de variaciones melódicas, las canciones de hoy se construyen con tres acordes simples, que son fácilmente asimilados por la gente cuando las escucha, y que las hace más perecidas entre sí. Esto también explica por qué la música de hoy parece ser más desechable, con nuevos estilos que surgen y desaparecen tan rápido como la repentina famas que los ve nacer. De hecho, una investigación dada a conocer el año pasado señala que las canciones más pegajosas de todos los tiempos provienen de los años 70 y comienzos de los 80. Tras revisar miles de canciones, expertos de la Universidad Goldsmith, Gran Bretaña, concluyeron que “We Are The Champions”, del grupo Queen, es la canción más pegajosa de todos los tiempos, a las que se suman otras como “Living on Prayer”, de Bon Jovi. La clave, según este estudio, es la combinación de muchos cambios de tonalidades y una voz masculina aguda que denota esfuerzo. Pero esta nueva investigación demuestra que los parámetros del éxito han cambiado. Ya no se busca una canción cuyo éxito perdure en el tiempo, sino estilos que tengan un rápido ascenso. Luego saldrá otro y otro más, como un producto de consumo masivo cualquiera, más que “una pieza de valor artístico”, aseveran los expertos españoles en el estudio. Las implicancias de estos cambios en la música impactan también a nivel del cerebro. Un estudio de la Universidad de Stanford, realizado con imágenes del cerebro mientras las personas escuchaban complejas composiciones musicales, demostró que las áreas involucradas en la atención se potencian con estos estilos musicales. De alguna forma, concluyen estos investigadores, nuestro cerebro aprendió a valerse de este recurso artístico para “entrenar” su capacidad para anteponerse a los eventos futuros y mantener la atención. Esta habilidad es considerada clave para, por ejemplo, seguir una conversación en una habitación repleta de gente y no distraerse con el rudio del resto de la gente que está hablando. Desde el putno de vista sociológico, que la música de hoy sea más simple, parecida y menos compleja, responde a un mundo donde una multiplicidad de estímulos compiten por captar la atención de las personas: desde la lectura, que en la era de internet se fragmenta privilegiando extensiones de texto menores, hasta la rápida forma en que accedemos a la información a través de los buscadores y, por cierto, pasando también por la música que escuchamos.
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