Desde luego que es lógico que los niños no tomen parte en las actividades de los “adultos”, hasta que no se encuentren física y psicológicamente preparados para las relaciones de pareja o el cuidado de los niños que pudiese necesitarse como una consecuencia de sus acciones. La mayoría de los padres aborrecerían intensamente la sola idea de que algún adulto (particularmente un extraño) pudiese tener sexo consentido o no consentido con sus hijos no adultos. Sin embargo parece que el sistema de atención a la infancia y el judicial están más alerta a la posibilidad de que haya víctimas femeninas de abusadores masculinos que víctimas masculinas de abusadoras femeninas. Por ejemplo, conozco a alguien que telefoneó anónimamente a un departamento de atención social, porque le preocupaba el hecho de que su pareja femenina estuviese abusando sexualmente de su hijo aún niño. Casi la primera pregunta que la asistente social femenina preguntó fue, “¿tiene el niño erecciones en esas ocasiones?” Al parecer si las tenía, ¿pero qué tiene esto que ver? Cuando condenan a los hombres por acosar a las chicas jóvenes, estoy convencido de que no formulan preguntas irrelevantes como: “¿Se endurecen en tales ocasiones los pezones de la chica?” No importa que sean pocas las personas que consideran que el abuso sexual cometido por las mujeres sobre los chicos sea un problema, a pesar del hecho de que las madres tienen más posibilidades de acosar a sus hijos, en la mayoría de las ocasiones, que los padres. El uno de junio de 1996 El New Zealand Listener, por ejemplo, informó que en un estudio realizado sobre 97 varones que habían sufrido abuso sexual, 15 habían sufrido el abuso sexual de parte de mujeres. La propaganda feminista representa a las mujeres como víctimas de los hombres. Se nos machaca con este mensaje de un modo tan eficiente que habría enorgullecido a Goebbels. La sociedad ha aprendido la tendencia a tratar a los hombres como abusadores y a las mujeres como víctimas, sin embargo, ha convertido a todos los hombres en víctimas potenciales de falsas acusaciones. He escuchado que muchos abogados masculinos se están volviendo cada vez más paranoicos-adoptan la postura de no dar nunca un baño a sus hijos, por temor a que les acusen posteriormente de abuso sexual en un juicio si el matrimonio se rompe. Soy profesor, y tengo la experiencia de una chica en la escuela secundaria superior que se colocó a si misma en una situación en la que claramente deseaba que su profesor masculino tomase la iniciativa (y probablemente se metiese en problemas.) Esta chica siempre se sentaba en la primera fila, justo delante de mi mesa. Comenzó a quedarse rezagada tras la clase, después de que todos sus compañeros se habían marchado. Ella sencillamente permanecía allí sentada –sin decir ni hacer nada- mientras yo recogía y me preparaba para abandonar la clase. Un profesor de sexo masculino puede tener la tendencia a considerar esta clase de conducta como una invitación para comenzar una conversación con ella, porque éste es el rol masculino cuando una chica se comporta de este modo. Si un estudiante masculino le hiciese esto a una profesora femenina, sin embargo, ella no lo consideraría como una invitación para hablar con él, porque no se considera como el rol femenino el comenzar esta clase de encuentros. Así que considero que esta chica estaba hostigándome sexualmente al sentarse ahí sin hacer nada todos los días. Este tipo de acoso sexual por parte de las estudiantes femeninas debería ser reconocido, de otro modo un profesor masculino que la hubiese hablado podría verse en problemas por algo que era básicamente culpa de ella. Los sindicatos de profesores advierten a sus miembros sobre esta clase de situaciones. Puede ser que a las autoridades les haya llegado el momento de advertir a los hombres respecto a las mujeres que les tienden trampas. Las mujeres deberían ser castigadas por el sistema judicial si llevan a los hombres a situaciones en las que estos tomen iniciativas sobre las que las mujeres puedan presentar una queja legal. Existe un visible doble patrón en funcionamiento en el sistema educativo de Nueva Zelanda- y probablemente en el de todos los países occidentales: Los hombres son juzgados con más dureza que las mujeres por comportamientos similares. Por ejemplo, una profesora que admitió haber tenido sexo con algunos de sus estudiantes varones no vio negada una renovación de su matricula de profesora, porque su escuela no interpuso una demanda contra ella, ¡y resultó, además, capacitada para seguir siendo profesora! ¡Su única excusa, en la televisión, fue que los chicos eran atractivos! Es imposible imaginarse a un profesor masculino tratado con esa indulgencia. ¡Así que no resulta sorprendente que la abrumadora mayoría (cerca de un 90%) de los profesores neozelandeses a los que se les negó una renovación de su matrícula en el año 2000, fueran hombres!
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