
Asistimos al fin de un continente sometido por el norte. El fin de siglos de tirana y colonizacin, el fin del mundo que conocemos tan bien que ya no soportamos ms.
Para muchos de los que vivimos en Argentina no es una novedad escuchar frases como “Argentina esta en el fin del mundo”. La australidad de nuestras tierras y la soberana de siglos del norte contra el sur hacen que esta forma casi popular de llamar a nuestra tierra sea algo cotidiano, automático.
Esta misma cotidianidad que hace que la frase pase desapercibida en la mayoría de los casos, es la que también es capaz de revelarnos cuando lo cotidiano cambia dramáticamente como ha pasado desde el 19 de diciembre un misterio casi profético y alucinante.
Durante muchos años he tratado de imaginar –y lo sigo haciendo- como podrá ser posible un mundo distinto. Muchas veces las respuestas eran claras. Entonces el problema fundamental era de que manera comenzara una movilización y organización mundial semejante. Ya que, al menos para mi, solo los pueblos despiertos pueden sonar con lo imposible.
Y en estos tiempos de crisis y confusión una nueva conciencia esta naciendo en la gente. Los motivos por los cuales se llego a tales movilizaciones y manifestaciones civiles son muchos, y las interpretaciones sobre el porque de estos acontecimientos son demasiadas y en ultima instancia no es el tema que ahora me ocupa.
En esos momentos de reflexión, donde ademas de los análisis, la imaginación cumple el lugar principal en la mente, vea a las personas sin distinciones partidarias ni religiosas que de forma organizada reclamaban por las calles sus derechos y exigían a los gobernantes la dignidad que durante siglos no fueron capaces de tener. Imaginaba a un pueblo despierto, lucido, valiente y combativo, que era capaz de ser libre y reclamar a los buitres y a las fieras esa libertad como condición del existir.
Creo que es por eso que cuando observo las asambleas populares de los barrios, las marchas y los cacerolazos, y veo como en otros pases imitan el estilo de protestas para reclamar sus derechos, siento por momentos que estamos asistiendo al principio del fin. Y si mi entusiasmo se mantiene, entonces pienso que los últimos comienzan a avanzar lugares en la fila de la historia para poder, por fin, ser los primeros.
Soy cociente de que la revolución esta lejos, y no precisamente hablo de una revolución armada y menos años de una guerra civil inventada –que sera algo desastroso- sino de ese sentido de sociedad y de que pase que poco a poco y con mucho esfuerzo, comienza a nacer en los pensamientos de la gente. Ese mismo sentido de sociedad que alguna vez –espero- una a todos los pueblos de la tierra.
Y entonces me digo a mi misma: Argentina ensaya el fin del mundo. Y es literal. El fin de un continente sometido por el norte, el fin de siglos de tirana y colonización, el fin del mundo que conocemos tan bien que ya no soportamos mas, donde los buenos están fuera del camino, despojados e incrédulos y los malos cuidan y velan por nuestra seguridad a toda hora y en todo momento. El fin de ese mundo que nos cobija, pero que por decisión del mismo grupo de hombres que nos “cuida” también nos somete. Nos somete a una forma de vida de artefactos electrónicos, teléfonos celulares y tarjetas platicas y nos obliga. Nos obliga a que entreguemos nuestras vidas a un sistema que ni siquiera tuvimos la posibilidad de elegir.
Y si el fin del mundo que conocemos existiera y no fuera por otro diluvio universal no sera un mal comienzo que sea por las tierras del sur de este planeta. Para cumplir as el designio de los dichos populares y que los ltimos sean los primeros y que la Argentina, de verdad, sea el fin del mundo.
Para muchos de los que vivimos en Argentina no es una novedad escuchar frases como “Argentina esta en el fin del mundo”. La australidad de nuestras tierras y la soberana de siglos del norte contra el sur hacen que esta forma casi popular de llamar a nuestra tierra sea algo cotidiano, automático.
Esta misma cotidianidad que hace que la frase pase desapercibida en la mayoría de los casos, es la que también es capaz de revelarnos cuando lo cotidiano cambia dramáticamente como ha pasado desde el 19 de diciembre un misterio casi profético y alucinante.
Durante muchos años he tratado de imaginar –y lo sigo haciendo- como podrá ser posible un mundo distinto. Muchas veces las respuestas eran claras. Entonces el problema fundamental era de que manera comenzara una movilización y organización mundial semejante. Ya que, al menos para mi, solo los pueblos despiertos pueden sonar con lo imposible.
Y en estos tiempos de crisis y confusión una nueva conciencia esta naciendo en la gente. Los motivos por los cuales se llego a tales movilizaciones y manifestaciones civiles son muchos, y las interpretaciones sobre el porque de estos acontecimientos son demasiadas y en ultima instancia no es el tema que ahora me ocupa.
En esos momentos de reflexión, donde ademas de los análisis, la imaginación cumple el lugar principal en la mente, vea a las personas sin distinciones partidarias ni religiosas que de forma organizada reclamaban por las calles sus derechos y exigían a los gobernantes la dignidad que durante siglos no fueron capaces de tener. Imaginaba a un pueblo despierto, lucido, valiente y combativo, que era capaz de ser libre y reclamar a los buitres y a las fieras esa libertad como condición del existir.
Creo que es por eso que cuando observo las asambleas populares de los barrios, las marchas y los cacerolazos, y veo como en otros pases imitan el estilo de protestas para reclamar sus derechos, siento por momentos que estamos asistiendo al principio del fin. Y si mi entusiasmo se mantiene, entonces pienso que los últimos comienzan a avanzar lugares en la fila de la historia para poder, por fin, ser los primeros.
Soy cociente de que la revolución esta lejos, y no precisamente hablo de una revolución armada y menos años de una guerra civil inventada –que sera algo desastroso- sino de ese sentido de sociedad y de que pase que poco a poco y con mucho esfuerzo, comienza a nacer en los pensamientos de la gente. Ese mismo sentido de sociedad que alguna vez –espero- una a todos los pueblos de la tierra.
Y entonces me digo a mi misma: Argentina ensaya el fin del mundo. Y es literal. El fin de un continente sometido por el norte, el fin de siglos de tirana y colonización, el fin del mundo que conocemos tan bien que ya no soportamos mas, donde los buenos están fuera del camino, despojados e incrédulos y los malos cuidan y velan por nuestra seguridad a toda hora y en todo momento. El fin de ese mundo que nos cobija, pero que por decisión del mismo grupo de hombres que nos “cuida” también nos somete. Nos somete a una forma de vida de artefactos electrónicos, teléfonos celulares y tarjetas platicas y nos obliga. Nos obliga a que entreguemos nuestras vidas a un sistema que ni siquiera tuvimos la posibilidad de elegir.
Y si el fin del mundo que conocemos existiera y no fuera por otro diluvio universal no sera un mal comienzo que sea por las tierras del sur de este planeta. Para cumplir as el designio de los dichos populares y que los ltimos sean los primeros y que la Argentina, de verdad, sea el fin del mundo.
YAPA