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Siete Razones para ver una pelicula pornografica... o en su defecto estar en P! (?)



¿Es el cine pornográfico el húmedo patito feo, confundido y ondulante, en los mares castos de la industria cinematográfica actual? De acuerdo al sentido común que se le suele atribuir a la mayoría de las personas -tal vez equivocadamente- esto es una verdad desnuda, inocultable, que no tolera hipocresías ni censuras.
Más aún: negarlo sería un acto inmoral. Por sus limitaciones, cómo lo diremos, casi fisiológicas (impotencia creativa crónica, flaccidez del tejido argumental, eyaculación precoz de la trama, genitalidad aburrida, burda, maniáticamente tautológica...), lo porno, como género, tendería a ser considerado -mirado de arriba abajo, o de abajo arriba, como quieran- el hijo tarado, el idiota de la familia (aunque ciertamente muy útil para ciertos "encargos" ), condenado a priori -¿qué pensaría Kant de todo esto?- al ostracismo estético de una categoría inferior, si cabe, pequeña y en el mejor de los casos graciosa, blanda e inofensiva, careciendo además de una crítica especializada que se comporte a la altura; es decir: examinando con el debido rigor su aspecto formal y explorando las latentes, excitantes posibilidades de evolución inherentes a su naturaleza traviesa y vivaz.

En suma, el cine porno es considerado como un (sub)producto básicamente descartable (un preservativo, o casi) y no un artefacto artístico en sí mismo, un receptáculo digno y valioso merecedor de una atención especial, más delicada y hasta, hay que decirlo sin vergüenzas, amorosa.

Tal escenario especulativo/teórico/anafrodisíaco/oscuro y pesimista ha ido variando para felicidad y lubricidad de los espectadores más serios y responsables aficionados a este tipo de cine, hay un cambio de postura, de paradigma, en cuanto a los textos, la hermenéutica y el decodificador. Se reconoce, claro, ya como lugar común, pero inescapable, que cualquier texto, desde la perspectiva de la cultura moderna, posee una red intertextual cuya riqueza depende, en buena medida, de la audacia del enfoque de su propia trayectoria genealógica -lo que no excluye sorpresas-. En el caso que nos ocupa, observamos con deleite la articulación de un corpus delicti de películas que dialoga animosamente y de un modo singular con diversos fenómenos de la cultura posmoderna.
No pretendemos negar ni por un momento que dicho intercambio se haya realizado desde los orígenes mismos del cine. En las líneas siguientes intentaremos, someramente, remarcar la trascendencia del género porno en la actualidad y anotar con brevedad, pudor y modestia algunas pequeñas pautas para tentar el levantamiento teórico de un espectador que sea capaz de ejercitarse de la manera más satisfactoria posible en la comprensión de estos nuevos textos.


La verdad siempre debe permanecer erguida

¿Qué podrá encontrarse detrás de la actual negación y condena al género porno? Más allá de la clásica -y no por ello menos absurda- censura a las diversas representaciones del acto sexual en sí, creemos en la existencia de otros factores que coadyuvan a esta malévola prohibición. Quizá la más notoria sea la crisis de identidad que afecta a un género que, en su recorrido histórico, ha sido manoseado tan injustamente. Ya no opta más por la dirección "ficcional" enmarcada dentro de la tradición narrativa clásica (es decir, ya no narra historias, no estructura relatos).
Ahora el cine porno ha adoptado con bravura la posición radical de la epistemología de la verdad. Según Vicente Verdú "el auge del cine porno sería, pues, el signo de una demanda de la verdad-verdad, el grado extremo de la ansiedad por lo auténtico (¿lo honesto?), puesto que, en el porno, ni la erección ni la eyaculación pueden fingirse. Son, por lo tanto, muestras de realidad estricta, una vez que la realidad ha desaparecido o se adultera en los medios".

Tenemos así que, si la visión posmoderna de la realidad niega la tesis de que existe un mundo externo y objetivo que es intrínsecamente aprehensible o cognoscible, el género pornográfico actual realiza una heroica y a la vez penetrante crítica de esa posición, en una, literalmente, lucha cuerpo a cuerpo tomando partido por un retorno de la verosimilitud de una representación realista total. El cine porno extrema su enfoque de la realidad real (expresión cara a Vargas Llosa) para encontrar nuevos caminos y metas dentro de las necesidades más apremiantes de la industria.

Otro motivo a considerar es que el cine porno comienza a discurrir desinhibido por terrenos socio-políticos altamente tensionales. Desde, por lo menos, la imagen tradicional de la matriz familiar (Taboo) que destrozó todo mito sobre esta ancestral problemática. Ahora, el género aborda (ya de modo alegórico, ya de modo directo y sin ambages), no sin valentía, y sólo por nombrar algunas, cuestiones tan políticamente calientes y polémicas como el racismo, el fútbol, la deuda externa de los países más pobres, el mundo de las siliconas, y un largo y duro etcétera.

Seis razones morales para ver cine porno


Hemos escogido apenas seis razones (pudieron ser diez, por qué no, veinte) para reivindicar un cine que hoy goza de una masiva explosión chorreante de creatividad por todos sus conductos y poros discursivos y que vuela con júbilo en todas direcciones. Así tratamos de desechar la obscena imagen de un consumidor que únicamente busca regodearse con cierto fetichismo carnal y onanista. En las líneas siguientes aventuramos la hipótesis de un "sujeto eyector alternativo", vale decir, un homo erectus novísimo dotado de la capacidad de leer el cine porno segregado por la época actual. Su visión abarcadora incluiría cartografías inéditas de la carne en particular y visiones de turgente frescor del mundo en general.

1. Es un género que muestra de modo deliberado los artificios con los cuales construye su propio discurso:
El cine porno ha devenido en la metaficción par excellence de la posmodernidad. No es infrecuente apreciar al director incluirse en el cuadro adoctrinando a sus actores acerca de la manera más apropiada y correcta de encarar sus roles dramáticos. En el clímax de la audacia, el mismo director (y, a veces, los productores) asume el rol protágonico con una finalidad sin duda eminentemente didáctica. Otro elemento no menos inquietante de metanarrativa tiene que ver con la aparición constante, casi obsesiva, de cámaras, que aspiran a componer una visión totalizante de la acción. Ahí están para demostrarlo las cámaras manuales que los mismos actores utlizan para trazar historias paralelas y/o concéntricas en relación a la jugosa abertura dramatúrgica principal. Con esto quedan neutralizadas ciertas opiniones perversas sobre la frivolidad del estatuto porno, pues se comprueba el uso de refinamientos técnicos tipo "La Ratonera" (Hamlet, de William Shakespeare).

2. Estudios Culturales Latinoamericanos, ¡Atención! El cine porno se está (des)reconfigurando como un poderoso campo magnético de observación privilegiada de fenómenos étnico-sociales:
Estemos advertidos. Un complejo de mutaciones en el concepto de "hegemonía" ha subvertido, transformado e invertido la relación entre centro y periferia (hecho impensable décadas atrás). En las producciones porno de hoy en día los sujetos de origen africano y latino no ocupan las tradicionales posiciones periféricas. En un sentido más estricto, notamos que los roles paradigmáticos que encasillaban a los actores del tercer mundo han sido desechados. No desarrollan ya roles marginales, delincuenciales, ni relacionados con un distorsionado y cartoonesco "tercer mundo". Nos encontramos ante una verdadera revolución del discurso cinematográfico, comparable en su devenir histórico sólo con la aparición del sonoro y el pop corn. Se recomienda ver, por su condición pionera y casi evangélica en dicho proceso la ahora clásica y dinámica saga de 47 películas de Hot Latin Pussy Adventures.

3. Es un género que reivindica, de un modo casi militante, la idea de multiculturalidad:
El porno ha hecho realidad el sueño de visibilidad, inclusión y legitimación de grupos minoritarios. Las colectividades latina, afroamericana, homosexual, lésbica, trans, etcétera, han encontrado un medio idóneo para canalizar sus justos y racionales reclamos de igualdad. Tenemos ante nosotros entonces un simpático abanico multirracial y de opciones sexuales variadas que reformula de modo general una conciencia democrática en afinidad con las transformaciones actuales de la anatomía social en el contexto del nuevo milenio. Véase, para citar patrióticamente un ejemplo nacional, la opera prima de Alejandro Almanza (1975-) Soy loca y qué (2003).

4. Es un género técnicamente audaz y asombrosamente creativo:
No tiene que envidiar en lo absoluto el quehacer exploratorio de otros géneros actuales. Bastará un ejemplo. Steven Spielberg y Woody Allen han utilizado el blanco y negro como parte esencial de sus propuestas artísticas más universalmente aclamadas. Y hete aquí la respuesta desde el género porno: Madingo X (2004), cinta filmada totalmente en blanco y negro de forma evidente para estimular de modo enérgico la disolución de conceptos racistas. Podemos ver aquí cómo los protagonistas dejan a un lado sus prejuicios raciales para gozar del sexo sin tara alguna, transponiendo fronteras mentales arcaizantes que incluyen preconceptos cromáticos que la cinta en cuestión matiza, cuestiona y relativiza. Nos atrevemos a señalar que el género porno está más bien a la vanguardia que a la retaguardia del cine independiente actual. Su ubicación marginal, alejada del star system y de la industria hegemónica, facilita su representación de lo censurable y de lo extraño, de lo obsceno y de lo repudiable, de lo reprimido y de lo rechazado, de lo asqueroso y de lo inaceptable.

5. Es un género carnavalesco, y por ende, transgresor:
El cine porno realiza y consuma con sensibilidad lírica o con punzante y épica crudeza el elogio de la carne como fin último de la vida terrenal. El cuerpo se reanima y retoma un poder que no se había vuelto a vislumbrar desde las revoluciones ideológicas de los años setenta. Destacan, en este sentido, las ass movies, textos audiovisuales que privilegian el retrato intimista -que va, sin solución de continuidad, desde el naturalismo hasta el surrealismo, sin despreciar el aspecto documental- de posaderas reminiscentes de los más imponentes mitos. En esta categoría destacan por mérito propio (en una verdadera lucha nalga a nalga) vigorosas intérpretes latinas y afroamericanas.

6. Es un género que desviste la trama, como estrategia para realizar investigaciones de tipo formal:
En ese sentido no podemos sino rendirnos ante la evidencia de que el porno ha mutado como el género paródico por excelencia. Desde La Caperucita Roja, Hansel y Gretel, La abeja Maya,...hasta Matrix, La Pasión de Cristo y El Señor de los Anillos. Esto le permite analizar críticamente estructuras míticas extrañándolas provechosamente de su contexto original. También, rinde homenajes constantes a la más vieja tradición cinematográfica. Este es uno de los elementos para nada despreciables por el cinéfilo de ojo cándido y sin prejuicios. El porno, a despecho de su tradición algo quejumbrosa, hace referencia activa al cine mudo y homenajea los poderes de la mímica. En efecto, no son pocas las veces que actores y actrices otorgan verosimilitud a sus papeles dramáticos solamente con el uso de infinidad de gestos faciales, aparte de murmullos, o gritos que se ahogan. En muchas de estas películas no hay un solo diálogo y entonces, la historia se sostiene en la "sangre, sudor y lágrimas" del intercambio sexual, traducido en un elaborado, aunque altamente codificado alfabeto de contorsiones sorprendentes, curiosas, esforzadas, heroicas, inacabables.

Y la 7, que la agrego desde mi punto de vista:
Nunca he visto el sentido de por que el porno no deberia ser visto... es una cultura, un negocio, un placer, sensacion que no puede ser evitada... algo ya "tipico" del hombre...


Este post no es una contradictoria con el post "Siete Razones para dejar de ver pornografía", y si lo fuera... solo es pura coincidencia... (?)

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