La creciente tendencia mundial de las Motard o SuperMotos se está instalando en nuestro mercado y cada día suma más adeptos. Beta nos acerca un modelo de interesantes características y muy cuidadas formas. Ideal para agregarle un toque de deportivo a la rutina diaria.
Las SuperMotos están calando hondo en el mercado motociclista mundial. Nacieron en la competición, donde un grupo de pilotos decidió colocar ruedas de carretera a sus máquinas de motocross y enduro, creando así una nueva categoría para circuitos mixtos de tierra y asfalto. No pasó mucho tiempo para que esta moda llegara a las calles y muchas marcas se sumaran.
Hoy por hoy, podemos encontrar desde sencillas 125 cc hasta poderosas 900 cc, lo que nos ofrece un amplio abanico de posibilidades a la hora de elegir. Nuestra protagonista, de la mano de Beta Motors Argentina, llega al mercado para plantar bandera en el segmento de las SM pequeñas/medianas, utilizando un conjunto de componentes que conforman un producto final interesante.
Hay que entrar por los ojos
Esa parece haber sido la premisa de Beta a la hora de diseñar esta moto: la Motard 200 es una máquina que luce muy bien. Comenzando por la parte delantera, nos encontramos con una robusta horquilla invertida anodizada en color oro, de fina terminación, que está cubierta -en su parte baja- por protectores plásticos muy bien diseñados.
El guardabarros tiene formas afiladas, al igual que la máscara del faro, que le otorga una imagen agresiva y deportiva. Toda la carrocería está pintada en negro mate, un color que últimamente se está poniendo de moda en motos de alta gama y que le concede un toque de exclusividad.
Las luces de giro, tanto las delanteras como las traseras, lucen un diseño ovalado y actual, usando tulipas transparentes. Un muy buen detalle que suma puntos al conjunto en general.
El manillar ancho y bajo ubica el correspondiente material antiimpacto en la zona central, de acuerdo con los cánones motard. Está totalmente pintado en negro y hace juego con el resto de la moto. Los conmutadores son cómodos y efectivos, gozando los puños de muy buen grip, aunque nos resultaron un poco cortos. Las palancas de freno y embrague tienen un tamaño considerable, pero el diseño y el material con el que están realizadas no es de la calidad que merecerían.
No ocurrió lo mismo con los espejos retrovisores, que destilan diseño italiano por los cuatro costados. Sus acertadas formas romboidales y aerodinámicas terminan de rematar la parte delantera de la moto.
El depósito de combustible es de material plástico e integra unas aletas laterales que ocultan parte del cableado y el chasis, sumándole volumen a la parte delantera.
El asiento se funde en la parte alta de la moto, dando una terminación bien lograda. Se extiende lo suficiente sobre el depósito y brinda un amplio margen de movimiento a la hora de conducirla deportivamente. Las tapas laterales son sencillas, pero no desentonan las líneas.
El guardabarros trasero es corto, recto y alto, integrando el grupo óptico y el soporte de la patente. Asas para el pasajero en aluminio pulido dan el remate final a la parte posterior de esta máquina.
En la zona baja de la moto, las ruedas llaman la atención. Unas hermosas llantas de 17 pulgadas, de gruesos rayos de acero y perfiles reforzados, que van vestidas por gruesos neumáticos de perfil 70, invitan a derrapar. Un disco lobulado por cada eje aporta modernidad, fiel al estilo italiano.
El motor, pintado totalmente en negro, pasa prácticamente desapercibido. El escape sobre el costado derecho deja a la vista casi todo su recorrido, lo que resta algunos puntos en la parte funcional/estética. El silenciador presenta una tapa cromada en su terminación. No podía faltar el típico cubrecárter en plástico grueso y resistente, que será el encargado de proteger los bajos de esta Beta.
1, 2, 3... ¡Arriba!
Desde abajo la Motard 200 parece una moto alta... y lo es. El asiento está a 900 milímetros del suelo. Sin embargo se hace fácil montarla gracias a las logradas formas. Sobre la moto, la posición es muy natural y relajada. Los brazos y las piernas se acoplan perfectamente al conjunto, ofreciendo una postura suelta y cómoda. Tanto las estriberas (típicas de enduro con superficie en diente de sierra), como los mandos quedan al alcance, logrando una conducción muy intuitiva. Muy buen trabajo en este aspecto.
La Beta se siente muy liviana y maniobrable en parado gracias a su bajo peso, de tan sólo 125 kilos. Con una altura total de 1.100 milímetros, los conductores de talla media llegarán al piso sin problemas. Desde el cockpit se puede apreciar el oculto tablero de instrumentos, compuesto por dos esferas analógicas para velocímetro y tacómetro con un fondo blanco muy deportivo, un indicador digital de marcha engranada (de difícil lectura en un día muy soleado) y las correspondientes luces para presión de aceite, luces largas, giros y punto muerto. El diseño general está acorde con el resto de la moto y su funcionamiento es correcto.
Agilidad SuperMotard
Gracias a su parte ciclo de buenos componentes y bajo peso, la Motard 200 es muy ágil en marcha. Sus anchos neumáticos ofrecen un muy buen agarre, pero dada la geometría de la moto y la altura de la misma, el trasero pierde algo de grip al apurar la frenada rebajando intensamente (normal para estas motos). Así y todo, inclinarla es muy fácil: apoyándonos y haciendo palanca con su ancho manillar, y desplazándonos en su amplio asiento se logra un control preciso sobre todo a bajas velocidades.
Para quienes se animen a más, les resultará muy fácil "sacar pierna" a modo de controlar mejor el paso por curva, y ya que estamos ensayar algún que otro derrape. La acertada forma del asiento y las reducidas dimensiones de la moto nos brindan esta facilidad. Las suspensiones, que realizan un muy buen trabajo, tienen gran mérito al mantenerla pegada al piso en todo momento.
El arranque eléctrico funcionó de maravillas durante nuestro contacto, ofreciendo una ignición limpia y suave pese a que trae un tradicional carburador de 28 milímetros, provisto por Mikuni. El conjunto embrague/cambios nos pareció algo duro y tosco, pero creemos que se irá suavizando con los kilómetros; la unidad que usamos era prácticamente cero kilómetro.
Las vibraciones son casi imperceptibles, y el sonido de su escape es acorde a la estética de la moto.
Lo que nos dejó sabor "a poco" fue el motor. Se trata de un monocilíndrico vertical de 199 cc, dos válvulas y distribución OHC. Según datos del fabricante, ofrece una potencia de 15,6 caballos a 7.500 vueltas, y acoplado a una caja de cambios de cinco velocidades sería suficiente para lanzar a la Motard a 120 km/h.
Sin embargo, el escalonamiento de la caja seleccionado (con una primera muy corta) y la forma en que el motor trepa en vueltas nos dieron la sensación de que no concuerda con la filosofía de esta máquina, siendo que las SuperMoto hacen gala de un desarrollo de potencia contundente en los primeros metros, ofreciendo su par máximo a bajas vueltas. En definitiva, su hábitat natural son los circuitos con curvas cortas y cerradas, o bien el atestado tránsito urbano. Un motor más brioso le sentaría de maravillas.
La otra cara de la moneda nos augura un consumo "de mechero" -que nuestros castigados bolsillos sabrán agradecer-, de tan sólo 3,1 litros cada 100 kilómetros.
Los frenos se portaron correctamente, pero notamos falta de mordiente en el delantero. Los técnicos de Beta nos informaron que un cambio de pastillas soluciona el problema de inmediato, tarea que se realiza en el primer service.
Disponible ya en la amplia red de concesionarios de Beta Motors a un contenido precio de 12.090 pesos, será una opción muy válida para quienes busquen una moto urbana robusta, elegante y deportiva, y al mismo tiempo cómoda y económica.
En Positivo
Estética lograda
Calidad de componentes
Terminaciones
Ergonomía
Suspensiones
Neumáticos
En Negativo
Potencia del motor
Tacto de los frenos
Las SuperMotos están calando hondo en el mercado motociclista mundial. Nacieron en la competición, donde un grupo de pilotos decidió colocar ruedas de carretera a sus máquinas de motocross y enduro, creando así una nueva categoría para circuitos mixtos de tierra y asfalto. No pasó mucho tiempo para que esta moda llegara a las calles y muchas marcas se sumaran.
Hoy por hoy, podemos encontrar desde sencillas 125 cc hasta poderosas 900 cc, lo que nos ofrece un amplio abanico de posibilidades a la hora de elegir. Nuestra protagonista, de la mano de Beta Motors Argentina, llega al mercado para plantar bandera en el segmento de las SM pequeñas/medianas, utilizando un conjunto de componentes que conforman un producto final interesante.
Hay que entrar por los ojos
Esa parece haber sido la premisa de Beta a la hora de diseñar esta moto: la Motard 200 es una máquina que luce muy bien. Comenzando por la parte delantera, nos encontramos con una robusta horquilla invertida anodizada en color oro, de fina terminación, que está cubierta -en su parte baja- por protectores plásticos muy bien diseñados.
El guardabarros tiene formas afiladas, al igual que la máscara del faro, que le otorga una imagen agresiva y deportiva. Toda la carrocería está pintada en negro mate, un color que últimamente se está poniendo de moda en motos de alta gama y que le concede un toque de exclusividad.
Las luces de giro, tanto las delanteras como las traseras, lucen un diseño ovalado y actual, usando tulipas transparentes. Un muy buen detalle que suma puntos al conjunto en general.
El manillar ancho y bajo ubica el correspondiente material antiimpacto en la zona central, de acuerdo con los cánones motard. Está totalmente pintado en negro y hace juego con el resto de la moto. Los conmutadores son cómodos y efectivos, gozando los puños de muy buen grip, aunque nos resultaron un poco cortos. Las palancas de freno y embrague tienen un tamaño considerable, pero el diseño y el material con el que están realizadas no es de la calidad que merecerían.
No ocurrió lo mismo con los espejos retrovisores, que destilan diseño italiano por los cuatro costados. Sus acertadas formas romboidales y aerodinámicas terminan de rematar la parte delantera de la moto.
El depósito de combustible es de material plástico e integra unas aletas laterales que ocultan parte del cableado y el chasis, sumándole volumen a la parte delantera.
El asiento se funde en la parte alta de la moto, dando una terminación bien lograda. Se extiende lo suficiente sobre el depósito y brinda un amplio margen de movimiento a la hora de conducirla deportivamente. Las tapas laterales son sencillas, pero no desentonan las líneas.
El guardabarros trasero es corto, recto y alto, integrando el grupo óptico y el soporte de la patente. Asas para el pasajero en aluminio pulido dan el remate final a la parte posterior de esta máquina.
En la zona baja de la moto, las ruedas llaman la atención. Unas hermosas llantas de 17 pulgadas, de gruesos rayos de acero y perfiles reforzados, que van vestidas por gruesos neumáticos de perfil 70, invitan a derrapar. Un disco lobulado por cada eje aporta modernidad, fiel al estilo italiano.
El motor, pintado totalmente en negro, pasa prácticamente desapercibido. El escape sobre el costado derecho deja a la vista casi todo su recorrido, lo que resta algunos puntos en la parte funcional/estética. El silenciador presenta una tapa cromada en su terminación. No podía faltar el típico cubrecárter en plástico grueso y resistente, que será el encargado de proteger los bajos de esta Beta.
1, 2, 3... ¡Arriba!
Desde abajo la Motard 200 parece una moto alta... y lo es. El asiento está a 900 milímetros del suelo. Sin embargo se hace fácil montarla gracias a las logradas formas. Sobre la moto, la posición es muy natural y relajada. Los brazos y las piernas se acoplan perfectamente al conjunto, ofreciendo una postura suelta y cómoda. Tanto las estriberas (típicas de enduro con superficie en diente de sierra), como los mandos quedan al alcance, logrando una conducción muy intuitiva. Muy buen trabajo en este aspecto.
La Beta se siente muy liviana y maniobrable en parado gracias a su bajo peso, de tan sólo 125 kilos. Con una altura total de 1.100 milímetros, los conductores de talla media llegarán al piso sin problemas. Desde el cockpit se puede apreciar el oculto tablero de instrumentos, compuesto por dos esferas analógicas para velocímetro y tacómetro con un fondo blanco muy deportivo, un indicador digital de marcha engranada (de difícil lectura en un día muy soleado) y las correspondientes luces para presión de aceite, luces largas, giros y punto muerto. El diseño general está acorde con el resto de la moto y su funcionamiento es correcto.
Agilidad SuperMotard
Gracias a su parte ciclo de buenos componentes y bajo peso, la Motard 200 es muy ágil en marcha. Sus anchos neumáticos ofrecen un muy buen agarre, pero dada la geometría de la moto y la altura de la misma, el trasero pierde algo de grip al apurar la frenada rebajando intensamente (normal para estas motos). Así y todo, inclinarla es muy fácil: apoyándonos y haciendo palanca con su ancho manillar, y desplazándonos en su amplio asiento se logra un control preciso sobre todo a bajas velocidades.
Para quienes se animen a más, les resultará muy fácil "sacar pierna" a modo de controlar mejor el paso por curva, y ya que estamos ensayar algún que otro derrape. La acertada forma del asiento y las reducidas dimensiones de la moto nos brindan esta facilidad. Las suspensiones, que realizan un muy buen trabajo, tienen gran mérito al mantenerla pegada al piso en todo momento.
El arranque eléctrico funcionó de maravillas durante nuestro contacto, ofreciendo una ignición limpia y suave pese a que trae un tradicional carburador de 28 milímetros, provisto por Mikuni. El conjunto embrague/cambios nos pareció algo duro y tosco, pero creemos que se irá suavizando con los kilómetros; la unidad que usamos era prácticamente cero kilómetro.
Las vibraciones son casi imperceptibles, y el sonido de su escape es acorde a la estética de la moto.
Lo que nos dejó sabor "a poco" fue el motor. Se trata de un monocilíndrico vertical de 199 cc, dos válvulas y distribución OHC. Según datos del fabricante, ofrece una potencia de 15,6 caballos a 7.500 vueltas, y acoplado a una caja de cambios de cinco velocidades sería suficiente para lanzar a la Motard a 120 km/h.
Sin embargo, el escalonamiento de la caja seleccionado (con una primera muy corta) y la forma en que el motor trepa en vueltas nos dieron la sensación de que no concuerda con la filosofía de esta máquina, siendo que las SuperMoto hacen gala de un desarrollo de potencia contundente en los primeros metros, ofreciendo su par máximo a bajas vueltas. En definitiva, su hábitat natural son los circuitos con curvas cortas y cerradas, o bien el atestado tránsito urbano. Un motor más brioso le sentaría de maravillas.
La otra cara de la moneda nos augura un consumo "de mechero" -que nuestros castigados bolsillos sabrán agradecer-, de tan sólo 3,1 litros cada 100 kilómetros.
Los frenos se portaron correctamente, pero notamos falta de mordiente en el delantero. Los técnicos de Beta nos informaron que un cambio de pastillas soluciona el problema de inmediato, tarea que se realiza en el primer service.
Disponible ya en la amplia red de concesionarios de Beta Motors a un contenido precio de 12.090 pesos, será una opción muy válida para quienes busquen una moto urbana robusta, elegante y deportiva, y al mismo tiempo cómoda y económica.
En Positivo
Estética lograda
Calidad de componentes
Terminaciones
Ergonomía
Suspensiones
Neumáticos
En Negativo
Potencia del motor
Tacto de los frenos