InicioOfftopicEl Rey de los Boludos.



Hace poco me contaron un viejo chiste, un chiste de esos que te dejan pensando, que no solo es un chiste gracioso, es un chiste si los hay, profundo…


Al mismo chiste conteste: “Pero ahora el rey esta en capital”…! Nos matamos de risa…
Se preguntaran ustedes cual es el chiste…? Es este:

--Sabes como le dician a Menem…?
--Como le dicen…!
-- El rey de los boludos…!
-- je, je. Por que, si es el mas atorrante…
-- Por que fue el rey de Nosotros los Boludos…

Simple, cortito y demoledor.

De esta manera se abrió el tema para una larga charla de sobremesa, en donde uno de los que estábamos allí rememoro un viejo articulo de Pagina 12, en donde Jose Pablo Feimann, viejo loco, filosofo agudo y desestructurado de los convencionalismos coloquiales de su profesión, justamente usando este chiste como ariete, desarrolla un articulo que fue publicado el 25 de Septiembre de 1999, plena era Menemista, ya en el segundo mandato, efectivamente gracias al vendito voto popular, era el “rey de los Boludos”.

Nunca el chiste tuvo más vigencia que en ese momento, en ese momento éramos los boludos del rey…

En ese articulo Jose Pablo desplegaba su filosofía para gritarles en la cara a muchos, como un tipo que se cago de risas de todo el mundo volvía a ser votado…! Es por eso que según Feinmann a partir de allí non licenciamos de boludos., nos transformaron en súbditos boludos.

Pero claro hoy estamos en el 2011, toda esa etapa superada, superada…? O tal vez no tanto…?

Las elecciones recientes en capital dieron el respaldo enorme a un político que representa muy bien a lo que fue el latifundio Menemista, si bien no tiene la responsabilidad de un país, se ocupo muy bien en endeudar a la Ciudad de Buenos Aires en un 227% mas, pidiendo créditos que no uso para mejorar el sistema de subtes, solo construyo 440 metros… cuando solicitó el dinero y “prometió” construir 40 Kilómetros, se dedico a desfinanciar la salud publica, la educación, déficit Habitacional, Se cerraron más de 500 centros culturales barriales, Aumento los impuestos el 200%, Creo la USEP para cagar a palos a indigentes, y se dio el lujo de armar una red de espionaje para espiar a sus enemigos políticos, hoy por ese hecho, esta procesado…! Dejo bien claro que la asistencia social a través del estado es algo que no esta dispuesto a entregar a los ciudadanos, solo globitos y confeti será lo que verán de el, la anti política encarnada y mas cruda del frívolo menemismo, debatir…? tiene el programa de Susana, para que mas…!

Con todos estos “meritos” sobre sus espaldas… La mitad de los porteños lo premiaron con un 47% de aplausos…
Acaso no existe una analogía con en chiste de “El Rey de los Boludos” con el mayor de los respetos claro.

En el 99 Feinmann ya gritaba al pedo y no tanto, Menem se fumaba lo último que quedaba del estado, éramos los súbditos boludos y no había otra, lo habíamos votado, solo obedecer como buen boludo a su rey.

En esta, todavía estamos a tiempo…? Se nos entregara el diploma que nos licencie como honorables súbditos boludos…? Por que ya seriamos honorables, seria la segunda ves…

Les dejo el articulo original de José Pablo Feinmann, el se lucirá muchísimo mas que yo.



Phantom66





El país de los boludos




Por José Pablo Feinmann
Bastará con verificar que –en el lenguaje de los jóvenes, sobre todo– la palabra boludo ha reemplazado al modismo, típico de la argentinidad, che. Hoy, los jóvenes no dicen: “Cortala, che”. No dicen: “Ni ahí, che”. No dicen: “No me cabe, che”.
Los jóvenes dicen: “Cortala, boludo”. Dicen: “Ni ahí, boludo”. Dicen: “No me cabe, boludo”. Pareciera, la palabra “boludo”, un reconocimiento (tal vez no consciente) del estado de las cosas, no un agravio. Pero no nos adelantemos.

En principio bastará con verificar este decisivo desplazamiento lingüístico: del tradicional “che” se ha pasado al “boludo”, extrayéndole toda connotación agresiva para, limándolo, mantenerlo en el nivel referencial. Así, cálidamente, se dice: “Escucháme, boludo”. O “no vayás, boludo”. O “el bondi te deja mejor que el subte, boludo”.

Nadie ignora todo lo que un buen chiste expresa de una situación social o política. Los chistes que ha generado el menemismo son interminables y todos dicen algo de la situación básica que los ha producido: el menemismo, por supuesto. Pero yo elegiría uno entre los más destellantes y representativos. Uno en que la palabra “boludo” es decisiva y denota una situación histórica. Un tipo le dice a otro: “¿Sabés cómo le dicen a Menem?”

El otro tipo dice: “No”. El primero dice: “El rey de los boludos”. El otro pregunta: “¿Por qué?”. El primero explica: “Porque él es el rey y nosotros los boludos”. La gracia del chiste (si me lo preguntan, creo que se trata de un chiste muy gracioso y bien armado) radica en atribuirle, primero, a Menem, una expresión tradicionalmente despectiva: sería, en efecto, “el rey de los boludos”, es decir, el más boludo de todos, el más tonto, el más idiota.

Sin embargo, luego, sorpresivamente (un chiste siempre, o casi siempre, esconde un remate sorpresivo), la expresión “el rey de los boludos” deja de ser despectiva y es valorativa, porque “el rey de los boludos” es un rey, es un monarca, alguien que gobierna y, como todo monarca, tiene súbditos. Estos súbditos tienen un nombre, que primero creíamos se atribuía al rey, pero no, no se atribuye al rey sino a los súbditos: porque “los boludos” son los súbditos, los súbditos del rey. De este modo “el rey de los boludos” es el monarca que ejerce poder sobre una especial categoría de súbditos llamados “los boludos”.

Que somos, más exactamente, nosotros. El chiste, que en el inicio parecía agredir o señalar peyorativamente a Menem, nos señala, en su remate, a nosotros: los boludos somos nosotros y él es el rey, el monarca, el que nos transforma en boludos gobernándonos.

Porque si por algo somos boludos es porque Menem es nuestro rey. Y lo hemos elegido.

Cuando alguien escucha este chiste se ríe, jamás se indigna. Nadie dice: “Yo no soy un boludo ni Menem es mi rey”. No, los buenos y sufridos (y boludos) argentinos nos reímos y decimos “qué buen chiste, boludo”. Y nos asumimos como boludos y ya está claro por qué hemos dejado de decir “che” para señalarnos y ahora decimos “boludo”.

Porque es así: antes nos señalábamos diciéndonos “che”. Por ejemplo: un amigo, luego de despedirse, se va del bar y de pronto descubrimos que hemos olvidado decirle algo. Lo llamamos. Le gritamos “¡Che!”. No más. Ahora le gritamos: “¡Boludo!”.
Todo esto no lo digo porque sí. Se me ocurrió, como muchas otras cosas, tomando un café en el bar de la esquina de mi casa. Estoy con un amigo y mi amigo lee el diario. Lee los sucesos de Ramallo. Que la bonaerense acribilló a los secuestradores y a los rehenes. Eso lee.
De pronto, me dice que el comisario a cargo declaró que le habían tirado a las gomas. A las gomas del coche en que se escapaban los asaltantes con los rehenes. Tiraron, parece, entre ochenta y ciento setenta balas. Ni una le pegó a las gomas. Mi amigo me mira y pregunta: “¿Nos toman por boludos?”. Le digo que sí, que por supuesto, que nos toman por boludos. Que hace tiempo nos toman por boludos. Tanto, que los argentinos ya no somos los “che”, somos “los boludos”.

Cuando Alsogaray decía “hay que pasar el invierno”, nos tomaba por boludos. Y después Onganía, y Lanusse, y el viejo Perón muchas veces, nos tomaron por boludos. Y cuando Videla decía “los desaparecidos están en el exterior” nos tomaba por boludos. Y cuando hablaron de la “campaña antiargentina” nos tomaron por boludos. Y cuando hicieron el Mundial y cuando le ganamos a Perú seis a cero nos tomaron por boludos.
Y Alfonsín nos tomó por boludos cuando les dijo “héroes de Malvinas” a los carapintadas, y nos tomó por boludos cuando dijo “la casa está en orden”. Y Menem se hartó de tomarnos por boludos. Nos tomó por boludos durante más de diez años. Menem y los Yoma y María Julia Alsogaray y los que mataron a Cabezas y los que suicidaron a Yabrán.

Todos nos tomaron por boludos. Y ahora los de LAPA y los acribilladores de Ramallo y los que ultrajaron tumbas judías en La Tablada y, antes, los que volaron la Embajada de Israel, los que volaron la AMIA esos –muy especialmente esos– nos tomaron por boludos. Y quienes los cobijan, quienes deberían descubrirlos y encarcelarlos y no lo hacen, esos, día a día, cada día que pasa un poco más, nos toman por boludos. Porque eso es lo que somos, porque al fin sabemos lo que somos: somos el país de los boludos. Hoy, al comandante Guevara no le dirían Ernesto Che. Le dirían Ernesto Boludo. Y no por culpa de él, sino nuestra.

Mi amigo, ahí, en el bar de la esquina, tristemente dobla el diario y lo deja sobre la mesa. Llama al mozo. Pide un café. Veo en sus ojos el destello de la bronca. De la indignación. Tal vez de la rebeldía. Me mira. Y dice: “No se puede seguir así”. El mozo le trae el café. Bebe un lento sorbito, con cuidado, como para no quemarse. Me mira otra vez y dice: “Hay que hacer algo, boludo”. Es un comienzo.


Fuente soporte de análisis: http://jpfeinmann.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=38:el-pa%C3%ADs-de-los-boludos&Itemid=21




Venite pa nuestra comu cheeee!






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