InicioOfftopicHay gente muy mala en esta vida
Esta historia que les cuento es real y pasó hace unos 10 años, la protagonista es la suegra de mi compadre.

La historia trata de una señora de unos 60 años en esos momentos a la cual llamaré por el nombre ficticio de Ana.



Ana es viuda, vive sola en la casa de su fallecido marido del cual estaba separada pero no divorciada. Ella alquilaba mientras su marido estaba en vida, luego al morir este, ella se fue a vivir a la casa del finado. Junto con la herencia de la casa, recibió un viejo Volkswagen Gacel.



En ese tiempo Ana estaba sin trabajo y con la única herramienta disponible para obtener ingresos que era el Gacel. Es así que Ana comienza a trabajar de remis trucho con su auto.
Al principio la cosa fue dificil, pero luego de un tiempo ya tenía una cartera de clientes fija que confiaban en ella.



Entre sus clientes, hay una pareja de ancianos que se destaca del resto por su amabilidad y generosidad. que ella devuelve en forma de paciencia y buen trato hacia los octogenarios.



Debido a su avanzada edad la pareja de ancianos concurre frecuentemente a clínicas y sanatorios, llevados por Ana, quien se ocupa de ayudar a estos a subir y bajar del auto. Luego de unos meses la anciana fallece a causa de sus enfermedades y su edad. En este momento el anciano a quien llamare con el nombre ficticio de Antonio, queda solo en su departamento (muy cerca de Cabildo y Juramento en un edificio muy paquete) y sin ningún familiar, nadie lo asistiría en caso de emergencia.

Antonio sigue contratando los servicios de Ana para que lo transporte hacia las clínicas hasta que un día le ofrece que trabaje para él. El trabajo consiste en cuidarlo en su departamento, ayudandolo a vestirse (su salud estaba muy deteriorada), cocinando, lavando ropa, limpiando y llevandolo a la clínica, esta vez en el auto de Antonio, un Peugeot 405 inmaculado.





La oferta no era para nada despreciable a nivel económico, aunque el trabajo iba a ser arduo y le iba a consumir mucho tiempo. De todas formas Ana lo acepta, pues ella vive sola y no tiene que ocuparse de nadie, sus dos hijas están casadas, con hijos y viviendo en sus casas.

A medida que pasa el tiempo Antonio se va encariñando con Ana a tal punto que un día le ofrece un trato, él le dice lo siguiente:
- Yo tengo una posición económica acomodada, tengo dinero en el banco, campos en la provincia de Buenos Aires y varios departamentos en capital. Lamentablemente esto no me sirve para nada porque mi salud es pésima y como vos bien sabes no tengo familiares vivos. Te propongo realizar un trato, durante el tiempo que me quede de vida vos me cuidas y atendes, ya que no quiero ir a parar a un geriátrico a que me maltraten y a comer polenta todos los días. A cambio te propongo que nos casemos, así cuando yo me muera vos heredarás todos mis bienes.



Ana no dudó ni un segundo en aceptar la propuesta de Antonio, ya que él le dejo en claro que no pretendería nada referente a lo sexual, era simplemente una ayuda mutua. La única condición era cuidarlo hasta su muerte.

Ana y Antonio se casaron por civil al poco tiempo.



Pero al mes de haberse casado, Ana no cumplió su palabra. Lo metió a Antonio en un geriátrico, aduciendo que ella no podía encargarse de los cuidados de él ya que necesitaría cuidados médicos constantes.




Pero esto no es nada, a los quince días de haber internado a Antonio (en lo que algunos llaman depósitos de viejos) Ana se va de viaje a Estados Unidos, luciendo un hermoso tapado de piel y joyas caras que pertenecían a la fallecida mujer de Antonio.



A una semana de haber viajado y disfrutando de sus "merecidas" vacaciones, Ana recibe un llamado desde el geriátrico donde le informan que Antonio sufrió una descompensación y tuvo que ser internado en una clínica.

Ana no dudó en hacer lo que creyó mas conveniente , quedarse en Estados Unidos los 7 días que le faltaban para completar la estadía del hotel y el vuelo de regreso



Dios quiso que el pobre Antonio aguante un poco mas y vea por ultima vez a Ana para decirle sus últimas palabras.



Estas palabras realmente no sé cual fueron, supongo que no fueron muy lindas palabras. La agonía de Antonio terminó a los 3 días del regreso de Ana.

Ella decidió que no velaría a su marido fallecido, fue a crematorio para evitar futuros gastos de cementerio

Hoy en día esta señora disfruta de su fortuna sin sentir el mas mínimo cargo de consciencia, se hizo lifting, se puso colágeno en los labios, viste la mejor ropa y se dedica a pasear por el mundo.





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