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La anorgasmia: Insatisfacción sexual femenina

Femme6/5/2013



La anorgasmia es la inhibición recurrente y persistente del orgasmo, manifestada por su ausencia tras una fase de excitación normal, y producida a través de una estimulación que pueda considerarse adecuada en intensidad, duración y tipo. Es, junto con la falta de deseo, una de las disfunciones sexuales más comunes de la mujer. Puede haber anorgasmia en el hombre, pero es menos frecuente y difícilmente diagnosticada, ya que se oculta tras el prejuicio erróneo de que la eyaculación es un orgasmo.

La insatisfacción sexual afecta cerca del 42% de las mujeres. Algunas de las principales razones son: la dificultad para llegar al orgasmo , la falta de conocimiento de su propio cuerpo.


También dificulta el orgasmo la dificultad de comunicarse con el compañero. Si éste es hombre, a veces ayudan a su insatisfacción la eyaculación precoz y/o el evitar los juegos eróticos previos imprescindibles para que la mujer llegue al clímax.


Es muy frecuente sentir que una mujer se queje porque las manos de su compañero "no recorre con soltura mi cuerpo” y a su decir, eso la lleva a una insatisfacción sexual que incluso a veces arrastra durante años. Pero lo curioso es que aún cambiando de compañero se mantiene la misma situación. Entonces, la pregunta es: ¿la insatisfacción sexual femenina depende sólo del varón? Pues no.
Cada mujer es responsable de su propio orgasmo. Para ello es necesario que conozca su cuerpo, sus lugares de goce, dónde le gusta más ser estimulada. Debe romper con muchas barreras que pueden venir con prejuicios de la propia educación, de lo dicho y de lo no dicho. Y, por supuesto, luego viene la etapa de la comunicación; hay que estar preparada, abierta y pronta para comunicarle esto a la propia pareja, qué es lo que gusta y qué es lo que no gusta a la hora de ser estimulada.


No hay muchas mujeres que encaren directamente a los varones y les digan por ejemplo: "Estoy insatisfecha sexualmente, hay caricias que me hacés que no me agradan totalmente, a lo mejor no te gusta tampoco como yo te acaricio a vos. ¿Qué te parece si cambiamos la forma de hacer el amor?, yo necesito más estimulación, más juegos sexuales”.


Por ejemplo, ésta sería una manera de encarar la situación, porque no olvidemos que también, con razón, los varones suelen quejarse a su vez, de la falta de respuesta de sus mujeres. Ya sea porque nunca tienen ganas de tener relaciones sexuales o, cuando las tienen, muchas no llegan al orgasmo o, porque no tienen orgasmos simultáneos (cosa que muchas veces sólo sucede en las películas de Holywood y no necesariamente es sinónimo de placer máximo), o porque dicen que son frías o insaciables. Algo de cierto y algo de mito hay en todas estas aseveraciones, y es tanto el peso de la educación que carga la mujer sobre sus hombros del no placer que cuando empiezan a excitarse comienzan a sentirse incapaces de saborear, de degustar esa sensación.


Es típico que suceda que alejen a sus compañeros o maridos con actitudes de rechazo o quieran la penetración rápidamente para terminar cuanto antes, sin darse lugar a gozar del placer que prontamente viene con el estado de tensión sexual.


Sufrir el sexo más que gozarlo es una de las particularidades más comunes en algunas mujeres.


LAS DISFUNCIONES MÁS COMUNES


Brevemente definiremos las disfunciones sexuales femeninas más comunes. Cuando hablamos de disfunciones sexuales, nos referimos a dificultades sexuales. Todas las que mencionamos son muy frecuentes, están dentro del 42% que produce insatisfacción sexual femenina y que, mediante un breve tratamiento sexológico, se pueden solucionar.


- Ausencia del deseo sexual: se refiere a aquellas mujeres que no experimentan sensaciones sexuales y no fantasean, tienen un bloqueo sobre la sexualidad que no permiten que se exciten. En estos casos el mecanismo de represión se ha instaurado muy fuerte.


- Anorgasmia: es la dificultad para llegar al orgasmo. De esto hemos estado hablando, se excitan pero no llegan al orgasmo. Es todo una cuestión de aprendizaje.


- Dispareunia: éste es el caso que se produce dolor durante el acto sexual.


- Vaginismo: se trata de una contractura de la vagina de tal forma que se hace imposible la penetración.


- Fobia Sexual: es el miedo al acto sexual por distintas razones psicológicas.


HABLAR HACE BIEN


Tenemos que partir de la base que el cuerpo del varón y el cuerpo femenino son literalmente diferentes. Y sobre todo el femenino, tiene algo distinto, que al decir de la cantante Roxana “no se puede descifrar”; y es así que al hombre le cuesta trabajo conocerlo, con sus recovecos, sus vueltas, sus escondites, sus zonas erógenas guardadas en pequeñas cuevitas. Por eso ellos también adscriben en parte a la idea de que la sexualidad femenina es una especie de misterio.


Pero el poder hablar, hoy en el siglo 21, de insatisfacción femenina, hace a la mujer mucho más libre, más escuchada, porque puede registrar que algo no le está ocurriendo, que algo le falta y está luchando por ello.


Lo peor fue lo que ocurrió hasta ahora, generaciones y generaciones de mujeres cuyos cuerpos estaban enajenados y a nadie le importaba si sentían deseos, orgasmos, o lo que fuere.


¿Qué se hace entonces? Hay que empezar por hablar con los varones. Sabemos que cuesta. Pero se bebe comenzar por hablar con la pareja. Él tiene que enterarse de lo que les está pasando, porque no debe seguir sucediendo, según lo que se ve en la clínica, que el hombre es el último en enterarse de lo que la mujer está padeciendo sexualmente.


CARICIAS DE ALTA TENSIÓN


Si de algo tenemos que estar seguros y seguras es de que los/las buenos/as amantes no se caracterizan por sus cualidades físicas ni por su resistencia física, sino por conocer y comprender su propio cuerpo y el de su pareja.


A la hora de hacer el amor, de tener relaciones sexuales, de más está decir que las competencias físicas las podríamos dejar para los atletas, acá lo que cuenta son las caricias, los besos, que ambos se entreguen mutuamente.


Todo nuestro cuerpo, desde el cabello hasta la punta de los pies es una gran zona erógena, por lo tanto tratemos de descubrir zonas erógenas en nuestra pareja, que no necesariamente tienen que ser los genitales.


Las zonas erógenas por excelencia (o sea primarias) fundamentalmente son, en la mujer, el clítoris y en el hombre, el pene y los testículos. En estos puntos la sensibilidad es extrema y por eso las caricias deben ser sumamente delicadas y siempre con la conformidad del que las recibe.


Otros puntos de gran sensibilidad en ambos sexos son el cuello, los labios, las orejas, la cara interna de los muslos, el pecho y los pezones.


Muchas mujeres tienen una gran sensibilidad en la cara interna de los brazos, desde las muñecas a las axilas, y la mayoría de los hombres agradece (aunque a veces lo niega) las caricias en la zona anal.


Las manos tienen un poder mágico, ya que sutilmente y en silencio pueden transmitir mensajes apasionados y cargados de deseo y erotismo. Ya sean varones como mujeres, que han aprendido y manejan el arte de la caricia, pueden conseguir “enloquecer” a sus parejas con unos cuantos toques bien aplicados, con sentimiento, dulzura, pasión, con la cadencia adecuada, en el lugar estratégico.


Estamos seguras que éste es uno de los caminos que, ayudados con el tiempo y la comunicación, dejará atrás muchas mujeres, y porque no, varones insatisfechos.
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