En La Plata crece la demanda femenina por un entrenamiento desde siempre asociado a hombres
Tres días a la semana, ya caída la noche, sin que las frenen las agotadoras actividades de la jornada ni las acobarde el frío, un grupo de mujeres entra al gimnasio del barrio El Mondongo, se saca la abrigada vestimenta de calle y la cambia por livianos joggins o calzas y frescas musculosas. Es que las espera una hora de movimientos intensos, de desgaste de energía y, seguramente, de una entrada en calor abrupta, casi insoportable. Con la firme convicción de que “mejor prevenir que curar” ellas se entrenan para la defensa personal, para hacer frente a cualquier eventualidad, producto de la inseguridad o la violencia doméstica, que las ponga en riesgo.
Quizás por la ola de situaciones delictivas o quizás por seguir una tendencia que muestra, por caso, a una actriz como Eleonora Wexler (“Vecinos en guerra”) desplegando una destreza que no deja varones en pie, en La Plata crecen la demanda femenina y por ende las propuestas de una rutina que hasta ahora era casi exclusiva de los varones. Con técnicas que mezclan boxeo, distintas modalidades de las artes marciales y gimnasia jóvenes y mujeres ya adultas adquieren agilidad, aprenden a desplegar una fuerza que desconocían que poseían y se capacitan en patadas, rodillazos y llaves especiales.
“La gran mayoría -dice Omar Carattoli, entrenador de boxeadores y ahora preparador físico de la mujeres que van en busca de las herramientas básicas para la defensa personal- se inclinan por esta actividad porque han sufrido situaciones de abuso y quieren estar preparadas para cualquier otro inconveniente de ese tipo. Otras ven en la práctica una forma de prevención”.
En el caso del espacio que dirige Carattoli, asisten mujeres de entre 30 y 50 años. Para armarlas, se recurre a varios elementos, como una gimnasia intensa que les refuerza la musculatura, sobre todo la de los brazos; técnicas de calistenia; y una base de entrenamiento de boxeo. “Se les enseña a sacar golpes, los viejos golpes bajos pero con variantes. Así pueden salir del apuro en el caso de ser atacadas”, explica.
TECNICAS ISRAELIES
Al club Brandsen llegan ellas los lunes, miércoles y viernes de 18 a 19. Se atreven a una disciplina muy particular, una versión aggiornada del entrenamiento de los soldados israelíes durante la II Guerra Mundial, llamado por esa época, Kapap. Se trata de una preparación que esas tropas realizaban tanto para el combate a mano limpia o con el uso de armas blancas y de fuego.
“Acá, además de adaptarlo a nuestra cultura lo enfocamos desde el punto de vista del género -señala el entrenador Pablo Morales-. Lo adecuamos a las necesidades de las mujeres, a las situaciones en las que ellas se pueden encontrar, como las de abuso, algo que no es común que ocurra en el caso de los hombres”.
Pamela Mc Person (24), boliviana, pero platense por adopción, ya a los 18 años, con la práctica del aikido, aprendió a neutralizar a quien intentara atacarla. Es más, padeció algunas situaciones, en las que se valió de las herramientas de la disciplina oriental y pudo evitar agresiones. “En dos oportunidades, una en un boliche y otra en la calle, se me acercaron pibes que empezaron a molestarme. No lo dudé y ahí mismo apliqué mis conocimientos. A ninguno le quedaron ganas de seguir asustándome”, cuenta la joven no sin orgullo”.
Ahora, después de esas experiencias, se entrena con el sistema israelí, que mezcla la posibilidad de defenderse de una agresión física como de un ataque con armas de fuego o blancas. “Con esta preparación una no se siente tan vulnerable -confía-. Nos da cierta seguridad y nos pone a las mujeres en un lugar más fuerte; nos coloca en una posición menos débil y eso ya es un avance”.
También Florencia Rocca, a pesar de sus 18 años, ya sabe cómo defenderse. “Aunque me faltan algunas técnicas, me siento más segura cuando voy por la calle porque si alguien me enfrenta acá ya me enseñaron las primeras medidas que hay que seguir en esos casos”.
No sólo se apela a un trabajo físico fuerte, también se trabaja el estrés, según indicó la “profe” Juliana Galarza. “Se apunta a una preparación integral porque una persona puede estar muy capacitada, en muy buenas condiciones corporales, pero si no se tuvo en cuenta lo emocional se deja afuera un detalle muy importante a la hora de defenderse”, concluye la entrenadora.
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