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Aprende Lenguaje Corporal

Hazlo Tu Mismo11/27/2012







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¿Qué es la expresión corporal?


La expresión corporal o lenguaje del cuerpo es una de las formas básicas para la comunicación humana; ya que muchas personas lo utilizan para el aprendizaje.
Como material educativo, la expresión corporal se refiere al movimiento, con el propósito de favorecer los procesos de aprendizaje, estructurar el esquema corporal, construir una apropiada imagen de sí mismo, mejorar la comunicación y desarrollar la creatividad. Su objeto de estudio es la corporalidad comunicativa en una relación: estar en movimiento en un tiempo, un espacio y con una energía determinada. Las estrategias para su aprendizaje se basan en el juego, la imitación, la experimentación y la imaginación. Estos procesos son los que se ponen en juego para el desarrollo de la creatividad expresiva aplicada a cualquiera de los lenguajes. Como tal, ofrece a los educadores una amplia gama de posibilidades en su trabajo específico.
Como expresión artística se basa en la forma en que se interpreta emociones por medio de nuestros movimientos: inconsciente y conscientemente, se caracteriza por la disciplina que lleva a expresar emociones. El propósito principal es sentir libertad en la ejecución de cada movimiento artístico basado en los sentimientos que quieren expresar, ejemplo: si se quiere hacer una ejecución de éstas, se utiliza la creatividad para inventar formas y movimientos, además de que tienen que sentirse en completa libertad.
Por último es la corporación, que se utiliza como la única comunicación a través de los movimientos del cuerpo. Siempre debemos estar seguros de nosotros mismos. Nos sirve para poder comunicarnos sin usar el lenguaje oral como con las personas con discapacidades auditivas y visuales, que utilizando sus manos logran un muy efectivo medio de comunicación.
El lenguaje del cuerpo no es una ciencia exacta. A veces los gestos o movimientos de las manos o los brazos pueden ser una guía de sus pensamientos o emociones subconscientes, pero a menudo esos indicios son erróneos. Las señales no verbales se usan para establecer y mantener relaciones personales, mientras que las palabras se utilizan para comunicar información acerca de los sucesos externos.
En el teatro se define de esta manera:
En la representación teatral se podría prescindir de todos los sistemas de signos auditivos y de casi todos los visuales, menos de la acción; el actor siempre es el encargado de llevarla a cabo, por lo que la expresión corporal es esencial y fundamental en la representación teatral es decir durante la obra. es como se realiza o se lleva acabo.




Cómo detectar mentiras en siete lecciones


Uno de los temas que más le atrae a las personas sobre el lenguaje corporal es el mentir. ¿Cómo podemos saber cuando alguien está mintiendo? ¿Existe una fórmula sencilla, que nos permita descubrir a una persona cuando no está siendo sincera con nosotros?
Las mentiras pueden ser detectadas, en la medida que practicamos e indagamos en la forma de ser de quienes nos rodean. Mientras más estudiemos el lenguaje corporal de los demás, nos haremos cada vez más sensibles a los cambios actitudinales que inevitablemente acompañan una falsedad. Al respecto, científicos como Paul Ekman y Allan Pease nos han permitido sintetizar algunos de los indicios claves para determinar si una persona está mintiendo o está diciendo la verdad.
Como su nombre lo indica, éste es un post dividido en siete partes, las cuales están enumeradas a continuación. Pueden ser leídas en cualquier orden, pero el orden que les propongo es el de “menor a mayor”. La número 7 es la más sutil y sujeta a malinterpretaciones, mientras que las número 3 y 2 son las más tajantes e infalibles, siendo la número uno la campeona absoluta. Los invito a leerlas, a comentarlas, y a descubrir conmigo un mundo bastante particular, donde los que nos rodean empezarán a sospechar si no tendremos poderes psíquicos. Ahí vamos:

1) Repetir pregunta: Empezamos las lecciones sobre cómo detectar mentiras con una que despierta sospechas en cualquier situación. Bastante fácil de identificar, la llamaremos “Repetir la pregunta”



¿En qué consiste? como su nombre lo indica, tiene dos manifestaciones posibles:

1) Le hacemos una pregunta sencilla a una persona y ésta la repite total o parcialmente, como si no nos hubiese escuchado o entendido. Por ejemplo, un diálogo clásico:

Andrea: “¿Se puede saber dónde estabas tú anoche?”
Beto: ¿Anoche? / ¿Que dónde estaba yo anoche? / ¿Quién, yo?

En cualquiera de los casos, los centros de procesamiento del cerebro están siendo puestos en funcionamiento de manera sorpresiva, y con el pleno conocimiento de que a una pregunta sencilla debe seguirle una respuesta sencilla, la mente necesita valiosas décimas de segundo para articular una respuesta no comprometedora. ¿Cómo ganar tiempo? repite la pregunta. Es algo que hacemos casi instintivamente.

2) Complementar la respuesta con la pregunta misma. Digamos que no repetimos literalmente la pregunta, sino que la “adjuntamos” a una respuesta que debería ser, a todas luces, sencilla. Por ejemplo:

Andrea: “Amor, ¿Le pusiste comida al perro?”
Beto: “Uhm, Sí amor, yo le puse comida

Luego de una respuesta así, esperemos que Beto se asegure de que Fido no se muera de hambre. El incluir la pregunta original como una coletilla de la respuesta (que en este caso podría ser simplemente “Uhm, Sí amor“) es señal que el centro del lenguaje quiere sonar convincente, cosa que no ocurre cuando nos preguntan nuestro nombre, por ejemplo.

2) La boca que pica: Allan Pease, en su libro “el lenguaje del cuerpo”, explica cómo los gestos adultos son en realidad evoluciones de los movimientos automáticos de los niños. Las expresiones de emotividad, los movimientos exagerados de las manos, los ojos desmesuradamente abiertos… todos rasgos infantiles inconfundibles llegan sin escalas a la adultez, cada vez más y más sutiles para llamar cada vez menos la atención.



¿Qué hace un niño instintivamente cuando escucha una mentira, una grosería o algún vocablo impropio? Su reacción natural será la de taparse con ambas manos la boca, queriendo decir con este gesto “¡No puedo creer lo que estés diciendo!”. Al ir creciendo, esta manifestación se hace casi imperceptible y puede derivar en un simple toque de las comisuras de los labios o incluso la punta de la nariz.
“Un momento”, dirán ustedes, “En ese caso el niño se tapa la boca porque escucha una mentira, más no porque la dice.” Recuerden por un instante que el cerebro humano es propenso a “representar” sensaciones que no están realmente presentes; Si, por ejemplo, vemos a una persona mordisquear un limón, no podremos evitar sentir su gusto ácido en nuestra propia boca, que hasta podría salivar. De la misma manera, intercambiamos el gesto de las manos que se llevan a la boca cuando otra persona miente, por nuestra propia mentira articulada.

¿Es realmente efectiva?

Está científicamente comprobado. De todos los “micropicores” definidos por Phillippe Turchet en el libro “El lenguaje de la seducción”, el de las comisuras de los labios y el de la punta de la nariz están íntimamente relacionados con el mentir.

¿Cómo podemos asegurarnos de que funcione?

Simplemente basta con imaginarse un triángulo sobre la boca y nariz de nuestro interlocutor, estar pendientes si en algún momento se acerca las manos a él.
Una de las ventajas en cuanto a la precisión de este “indicio” de la mentira es que los nervios que causan esa picazón en los labios rara vez son afectados por una alergia. La nariz puede dispensarse en algunos casos de resfriado común o reacción a un olor fuerte; pero los labios, al ser tocados, no pueden mentir. La persona está insegura de lo que está diciendo; ya sea que esté creando todo un argumento, o simplemente esté pensando en cómo demostrar su inocencia, las comisuras de los labios son implacables.

3) La sien perlada: ¿Han notado cómo una persona que se siente amenazada, empieza a sudar copiosamente? Aún cuando escasos segundos antes tenía una frente ligeramente seca, ahora la vemos profusamente perlada producto de… el nerviosismo.



Esta reacción es provocada de manera natural por la amígdala cuando nuestro sistema límbico presiente que nos encontramos ante un peligro inminente. En vez de esperar a que entremos en actividad física que eleve nuestra temperatura y que provoque la correspondiente sudoración para calmarla, el cuerpo se anticipa provocando una sudoración que generalmente sentimos más fría de lo normal.

¿Es realmente efectiva?

La sudoración de la frente es un indicio claro de que la persona está nerviosa. ¿Nerviosa por qué?, se preguntarán. Puede que lo esté simplemente porque se siente acusada y está buscando exponer su explicación; o bien no tiene ninguna explicación y tiene que inventarla.
El problema es que en ese momento la persona que está siendo “acusada” entra en un círculo vicioso psicológico en el que le es imposible generar palabras coherentes puesto que su cerebro está dividido entre a) Alarmar sobre el peligro del momento, b) determinar la intención y reacciones de su interlocutor y c) Desarrollar la mentira. Si a todo esto añadimos el hecho de que ya está nervioso y no puede pensar con claridad, es muy factible que termine metiendo la pata o simplemente confesándolo todo.
Este fenómeno de la frente perlada viene especialmente acompañado de los ojos fijos y la voz ahogada, ambas explicadas más adelante.

¿Cómo podemos asegurarnos de que funcione?

Debemos estar absolutamente seguros de que no hace el calor suficiente como para que la persona esté sudando. Una cuidadosa observación previa al “interrogatorio”, nos permitirá determinar si la piel de su sien está seca. Cuando la reacción al peligro lo invada, noten que la tez se volverá más clara (por compresión de los capilares) y… empezará a sudar.

4) Los ojos fijos: Entre las “cartillas” de lenguaje corporal que abundan en internet, un mito muy difundido es el siguiente:

“Los ojos de una persona que miente tratan de evadir constantemente a su interlocutor, ya sea por vergüenza o pesar.”



Nada más alejado de la verdad.

Mentir es como jugar al baloncesto. ¿Se imaginan que estén probando sus tiros, y que cada vez que lancen el balón, volteen hacia otro lado? Poco probable; siempre querrán ver si acertaron o no. Y exactamente eso es lo que hacemos; mantenemos nuestra mirada fija en la trayectoria del balón.
Cuando mentimos, lanzamos una “pelota” que esperamos nuestro interlocutor atrape. Esperamos que se convierta en un ´punto´. Esperamos que baje la guardia y nos crea. Hasta entonces, tratamos de escrutar cada centímetro de su rostro; el brillo de sus ojos, la tensión en su cara, el color de la piel, la respiración… buscamos de manera deseperadamente inconsciente una confirmación de que nuestra falsedad ha destruido por completo la duda de la otra persona. Hasta entonces, no dejaremos de mirar.

¿Es confiable esta lección?

Todo exceso es sospechoso. En algún momento nos habremos topado con alguien que sabíamos que mentía… y que se esforzaba ridículamente por no establecer contacto visual alguno. Quizás se quedaba viendo una grieta en el techo, o quizás una piedrita en el piso… pero nunca volteaba a vernos. Lo más probable es que no tuviese un argumento, sino que más bien se empeñara una y otra vez en negar su participación o conocimiento de la acusación. En este caso, la certeza de que está mintiendo es aún mayor.

En uno u otro caso, mantener la mirada fija o evadirla totalmente son signos claros de que la persona esconde algo.

5) Justificarse innecesariamente: Una de las recomendaciones que hacen los abogados a las personas que están siendo interrogadas, bien sea en una comisaría o en un juicio, es el de ser fríamente concretos. “Sí” o “No” son las respuestas adecuadas; si hay que responder con una frase completa, debe hacerse lo más sencilla posible y responder exactamente lo que están preguntando. Si te preguntan “¿Dónde estuvo usted la noche del martes?“, nuestra respuesta debe ser de menos de cuatro palabras. “En la discoteca tal o cual“. Punto.



Criminólogos, abogados, psicólogos, psiquiatras y demás profesionales afines conocen perfectamente la razón de esta recomendación. Cuando nos sentimos culpables por una u otra razón, o cuando estamos nerviosos porque queremos demostrar nuestra inocencia o eficiencia, tendemos a… justificarnos innecesariamente.

¿Qué podemos definir como una justificación innecesaria? todo detalle que busca probar lo que estamos diciendo. Por ejemplo, un criminal que tenga una coartada para “el martes en la noche”, la espetará completa sin que se lo soliciten, con tal de que lo dejen en paz de una vez. Y aquí es cuando los especialistas nos damos cuenta si ha estado practicando la respuesta; una persona que realmente tiene que “recordar”, se toma su tiempo en estructurar los detalles. No tiene que practicar nada, puede responder calmadamente, pues está hablando con la verdad.

Entonces ¿Qué ganamos hablando más de la cuenta?. Absolutamente nada. De hecho perdemos mucho, pues damos detalles muchas veces innecesarios que ayudarán a un interrogador sagaz a contradecirnos eventualmente, incluso si estamos diciendo la verdad.

¿Cómo es posible? el nerviosismo es el culpable. Si la respuesta a la pregunta fuese “Estaba en la discoteca… con Juan y María“, y en realidad Juan sólo nos acompañó diez minutos y se fue, entonces quien nos interroga podría alegar que “A las 9:30 p.m. Juan se encontraba en casa de su mamá. ¿Cómo es posible que estuviese con usted en la discoteca?“. Ahí toca justificar aún más. Diríamos (aún más nerviosos) “Ah, es que él se marchó a las 9:10… no volví a saber de él”. Y por ahí nos vamos. ¿Se imaginan si a las 9:45 le enviamos un mensaje de texto a Juan y lo olvidamos? Todo se complica.

Y todo por culpa de… justificarnos innecesariamente.

6) Bajar la voz y tragar saliva: Ésta es la lección para detectar mentiras más fácil de implementar. Cuando una persona miente o está inventando algo, su tono y volumen de voz disminuyen dramáticamente, casi en un 50%. De hablar con una correcta modulación, pasa de repente a bajar la voz con discreción, y de nuevo a un tono de voz normal.



¡Inclusive, puede ocurrir varias veces a lo largo de frases concatenadas! Trata de identificar, a medida que tu interlocutor se expresa, las subidas y bajadas de tono; pon atención a qué detalles estaba explicando n el momento que disminuyó el volumen al hablar; Apunta maquiavélicamente tus próximas preguntas a estos detalles que tu “víctima” quiere pasar por debajo de la mesa.

En la misma medida que el tono de voz oscila con las mentiras, hay otro detalle vocal que no puede restársele protagonismo: tragar saliva. Éste es un proceso automático que hacemos todo el tiempo, pero si estamos nerviosos lo hacemos casi deliberadamente, y se nota. Los cómics han sido bastante explicativos al respecto, pues el gesto clásico del personaje aterrado que debe halarse el cuello de la camisa para poder tragar saliva con la parsimonia que lo caracteriza, está firmemente arraigado en nuestro léxico corporal.
Pero esta clave está más allá de una simple viñeta infantil. Es un hecho que las personas, cuando estamos nerviosas, necesitamos (conscientemente) tragar saliva. ¡Ojos pendientes de la garganta de tu interlocutor!

Es más fácil si el sujeto es hombre, pues la manzana de Adán es una especie de bandera gigante que nos permitirá presenciar este fenómeno a plenitud.

7) El alivio de la retirada: La última técnica que debemos aprender para detectar mentiras es, sin duda alguna, la más difícil de aplicar. Se basa en la siguiente premisa:

“Cuando una persona está siendo interrogada de manera inquisitiva, se mantendrá a la defensiva y su cuerpo estará tenso. En el momento que el interrogatorio termine, pueden ocurrir una de dos cosas: O bien la persona ´contrataca´ diciendo lo injusto que hemos sido en pensar que está mintiendo, o bien se queda callad@ y su cuerpo se relaja por unas décimas de segundo.”

En pocas palabras, una persona culpable se sentirá aliviada instantáneamente cuando el “interrogatorio” termine.



¿Por qué es tan difícil de poner en práctica?

Primero y principal, esta es la única técnica que implica al mentiroso en pleno conocimiento de que lo estamos interrogando. Este proceso, en sí mismo un arte delicado, debe ser lo suficientemente exasperante para él como para que exhiba al menos tres de las seis claves expuestas en los posts de esta serie. En ese momento sus hombros estarán tensos, pues el reptil ubicado en el sótano del cerebro triuno los precalienta por si la situación amerita resistir un soberano sartenazo.

Si el interrogatorio finaliza de manera súbita, debemos estar atentos a dos claves: a) la relajación de uno ó ambos hombros y b) La respiración, que siendo superficial hasta ese momento, se reanudará con un suspiro sordo.

¿Qué tan preciso es?

Imagínense que nos empiezan a acusar de algo que no es cierto. A pesar de lo que decimos en nuestra defensa, siguen sin creernos. ¡Nos indignaríamos! Y no sería una emoción que se disipe de buenas a primeras. Apenas termina el interrogatorio, empezaríamos a reclamar la injusta acusación.

Pero si somos culpables, la actitud es otra. Por medio segundo nos relajamos, aliviados que ya el ataque terminó; pero enseguida el hemisferio izquierdo del cerebro toma las riendas y dice “¡Epa! se supone que debemos demostrar indignación!”

¿Cómo ejecutarlo correctamente? Existe un rocedimiento sistemático para lograrlo; requiere de cierta práctica, pero es posible lograrlo:

1) Acorrale al (supuesto) mentiroso, lanzando pregunta tras inquisitiva pregunta, tratando de ir aumentando su estrés, pero sin que sobrerraccione. Vaya cocinándolo a fuego lento.

2) Verifique visualmente que, efectivamente, sus hombros se empiezan a subir y “juntarse” un poco. Este paso es muy importante, y es el que da pie a:

3) Lance una última pregunta y espere la respuesta (cualquiera que sea), y por último…

4) ¡El punto decisivo!. Apenas el mentiroso termina su respuesta, nos quedamos de tres a cuatro segundos mirándolo fijamente a los ojos, como considerando que está diciendo en efecto la verdad; mientras, nuestras manos deben estar apuntaladas en la cintura, dando a entender que no vamos a dar un paso atrás. Al terminar los tres ó cuatro segundos de mirada fija… afloja los brazos, gira tu cuerpo 45°, llévate una palma a la frente y suspira profundamente, oscilando los ojos hacia abajo, pero sin perderlo de vista.




¿Cómo detectar a un mentiroso en internet?




Mientras en la vida real una persona suele darnos en su actitud numerosas señales de que está mintiendo, descubrir a un mañoso por Internet resulta una tarea mucho más complicada, sobre todo porque el monitor y el teclado le proveen una máscara perfecta tras la cual ocultarse.

Pese a ello, un equipo de investigadores de las universidades de Wisconsin-Madison y de Cornell no sólo están convencidos de que es posible detectar a un mentiroso en Internet, sino también que estos repiten ciertos patrones por los que se puede identificarlos, recoge revista Forbes.

¿Cómo lo hicieron? El equipo comparó la verdadera altura, peso y edad de 78 inscritos en sitios web de citas románticas. Analizando los datos de quienes mintieron al respecto, dieron con 4 claves comunes en todos los individuos.

1. Entre más falso sea el perfil de una persona, más evitará usar el pronombre “Yo”. La explicación es que, subconscientemente, el mentiroso intenta separarse a sí mismo de las afirmaciones falsas que realiza.

2. Los mentirosos suelen realizar afirmaciones en forma negativa. De esta forma, en vez de decir que está “feliz”, dirán que “no estoy triste”. O en vez de decir que es “entusiasta”, dirá que “no soy aburrido”.

3. Un mentiroso tratará de escribir una descripción de sí mismo lo más breve posible. Esto es un resguardo a fin de evitar enredarse más tarde al intentar recordar sus afirmaciones y mantener el engaño.

4. En los perfiles cuyos usuarios mintieron sobre su edad, altura, peso o que pusieron una foto que no correspondía, también se evita hacer una descripción de rasgos personales. En vez de eso, los mañosos prefieren hablar sobre su trabajo o los logros de sus vidas.
A través de estas señas, los investigadores lograron identificar un 65% de personas que mentían sobre sí mismos; un gran avance sobre el promedio de las personas, quienes rara vez llegan a individualizar al 50% de quienes mienten.

Y un dato final interesante con el que se encontró el equipo universitario: en un sitio de citas, la gente generalmente falsea su peso. En el caso de las mujeres lo varían en cerca de 4 kilos, y en del los hombres, un kilo. Además, la mitad de los usuarios miente sobre su altura; y un 20%, sobre su edad.




6 trucos para detectar mentira en los adolescentes




Prediseñados para mentir

De cualquier forma, ese 70% estremece a más de un padre. ¿Cómo saber realmente si nuestro hijo está mintiendo o no? Podemos asumir que efectivamente lo está haciendo, pero… ¿existirá una manera de asegurarnos? Alan Hirsh, autor del libro Cómo saber si tu adolescente miente, nos da unas claves sencillas para descubrirlo.

- El efecto Pinocho: Cuando mentimos, aumenta la presión sanguínea y segregamos histaminas, que estimulan los tejidos eréctiles de la nariz. ¿El resultado? la nariz nos pica como nunca. En su testimonio público acerca de su relación con Mónica Lewinsky, Bill Clinton se rascó la nariz no menos de 26 veces, o una vez cada cuatro minutos.

- Manos húmedas o frías: La misma reacción que provoca la picazón de la nariz, es la que produce un estrechamiento de los capilares, enfriando las manos. ¡Pero a los adolescentes no les gusta que los toquen si están mintiendo!

- Vocabulario “correcto“: Cuando están mintiendo, su vocabulario se hará (misteriosamente) más entendible de lo normal (y llamamos “normal“ a como ellos se expresan en general).

- Inclinación sospechosa: El cuerpo del mentiroso reacciona doblándose un poco hacia adelante, como diciendo una confidencia (es un reflejo inconsciente de la necesidad de “ocultar“ lo que estamos diciendo).

- Calificadores: Cuando inician una frase con palabras como “Honestamente…“, “No necesariamente“, hay que prestar atención a lo que dicen después. Es muy probable que estén encubriendo algo.

- Bloqueando la mentira: cuando estén inventando un cuento, harán todo lo posible por bloquear su boca, ya sea con un vaso de agua, tosiendo o tapándose la boca.




¿Qué tan realista es “Lie To Me”?




La serie “Lie to me” nos ha permitido dar un vistazo al proceso científico de la detección de mentiras. Tim Roth, en su impecable interpretación del excéntrico Cal Lightman, nos muestra de una manera bastante poética cuáles son las implicaciones de saber cuando una persona está mintiendo.

Pero, ¿Qué tan realista será la serie? sabemos perfectamente que un drama para TV no necesita ser 100% preciso con respecto a la vida real para ser exitoso; es el caso de series que obviamente deberían serlo, como por ejemplo Dr. House (Cuyos detractores médicos abundan en internet). Estos programas pueden tomarse ciertas licencias con tal de mantener la tensión (y el rating) en apenas 42 minutos de cada episodio. ¿Será éste el caso de Lie To Me?

El mismo Paul Ekman, la autoridad mundial en microexpresiones, asesor técnico y científico de la serie y obvia inspiración para el personaje principal, lo aclara bastante bien en su blog:

“En la serie, el “Grupo Lightman” detecta las mentiras basándose principalmente en los descubrimientos de mis investigaciones; pero al ser un drama y no un documental, el Dr. Lightman no es tan cauteloso al interpretar el comportamiento como yo. Las mentiras son descubiertas mucho más rápido y con mayor certeza que en la vida real, aunque cada técnica expuesta es basada en evidencias científicas. Por otra parte, cada episodio busca exponer los conflictos psicológicos y éticos implicados en la detección de las mentiras”

En pocas palabras, no se trata de la exactitud científica, la que obviamente está suficientemente respaldada; se trata de crear guiones atractivos que nos mantengan al filo durante toda la temporada. Y sí, es posible que atropellen un poco los acontecimientos y técnicas… pero, ¡Qué importa!, si quieren un documental, vean NatGeo.

Mientras tanto podemos seguir imaginando qué pasaria si House y Lightman se encontrasen en un crossover épico.

¿Existe algún capítulo de Lie To Me que les haya parecido particularmente interesante? no duden en escribir sus comentarios.




Cómo mentir mejor para que no te descubran




Se ha escrito mucho acerca de la moral y ética al mentir. ¿Será cierto que las mentiras son un “engrasante social”? Entre otros aspectos, podemos distinguir las mentiras blancas de las no tan blancas; y el esconder algunos hechos contra “inventar cuentos” abiertamente. No es fácil dibujar una línea concluyente entre el bien y el mal.

Pero, ¿Es necesario decir siempre la verdad? Todo depende; Si la verdad puede resultar cruel para quien hablas, o si puede crear un conflicto irresoluble, es posible que “obviar algunos detalles” sea una opción. Por supuesto que si mentimos con mucha frecuencia para tapar las embarradas que conscientemente hacemos, no sólo es totalmente falto de ética, puede llegar a ser ilegal.

De cualquier forma, puede haber momentos en los que esté plenamente justificado que mintamos. Y tal justificación dependerá completamente de la conciencia de cada quien; de ninguna manera aprobamos el uso de este conocimiento para fomentar actitudes y situaciones perniciosas o perjudiciales para quienes te rodean. ¡Eres absoluto responsable de tus actos!

- Mi mejor recomendación es aprender a ser honesto todo el tiempo. Este esfuerzo se traduce no sólo en prevenir los conflictos, sino actuar como una mejor persona en todo sentido; también lograrás crear una reputación de credibilidad.

- Analiza si mentir va a ser absolutamente necesario. De ser así, trata de tomar la iniciativa en la conversación diciendo sólo parte de lo que te implica. Los mentirosos nunca hablan primero, así que sacar el tema a colación de manera proactiva suavizará en gran medida a tu interlocutor. No trates de verlo como una conversación ocasional, sino más bien como una confesión de algo que te pesa mucho. Despierta la empatía en tu posible acusador.

- Debes convencerte que la historia que vas a forjarte es real. No basta con aprendérsela de memoria; tienes que hacer un repaso mental de la “experiencia” que vas a imprimir en tu mente. Esto tiene un doble beneficio: primero, relatarás la anécdota de una manera más natural y será mas fácil prevenir inconsistencias en tu relato.

- Pase lo que pase, trata de no desviar tu mirada directamente hacia abajo; esto es muy común al mentir, y puede ser un indicio expreso para cualquier persona, inclusive si no tiene entrenamiento en detección de mentiras.

- Controla por completo los movimientos de tus manos. Evita a toda costa los manipuladores , y por ninguna razón te toques la cara, orejas, cuello, etc. Generalmente las personas que simplemente relatan un suceso de memoria, no presentan estos gestos.

- Mantén una actitud conversacional casual. A menos que te lo pidan expresamente, no es necesario ver a la gente a los ojos. Recuerda que los mentirosos miran fijamente para ver si su mentira es creída.

- No te deseperes si tienes que pensar tus respuestas. Eso nos pasa a todos, inclusive si tenemos que contestar preguntas muy triviales (por ejemplo, qué ropa nos pusimos ayer).

- Mantén la complejidad de tu historia bajo mínimos. Trata de adornar lo menos posible. Mientras más detalles menciones, más tendrás que justificar luego.

- Ante una acusación, las personas inocentes pueden tornarse agresivas, hacer fuertes réplicas y (al calmarse) tratar de cooperar lo más posible para demostrar su inocencia. ¿Puedes tú reaccionar así a conciencia?

Recuerda, nunca mientas a funcionarios públicos, a la policía, a tu doctor o tu abogado. ¡Me imagino que tu sentido común es suficiente para saber por qué!




Cómo interrogar para detectar mentiras (y que nadie lo note)




Con frecuencia nos encontramos en una situación un tanto incómoda: debemos averiguar si alguien nos dice la verdad. Pero generalmente nuestro propio tono de voz y lenguaje corporal orientado en forma de interrogatorio, despierta señales de alarma en nuestro interlocutor, alterando nuestra facultad para detectar sus mentiras. Por esta razón es necesario tener en cuenta algunos puntos importantes a la hora de descubrir la verdad: la palabra clave es sutileza. Veamos algunos tips muy útiles sobre este particular:

1) Elige el momento adecuado, sin interrupciones. Siempre busca que la conversación que tendrán (fíjate que dije conversación, no interrogatorio), ocurra en un ambiente lo más privado posible. Evita distracciones como tráfico, conversaciones de otras personas y llamadas telefónicas en la medida de lo posible.

2) La iluminación es muy importante. Lo ideal es que sea de día, con luz natural, de tal manera que no se dificulte observar ningún detalle de sus reacciones. La media luz, o una luz artificial pobre, limita nuestra percepción.

3) Actúa de manera casual. Recuerda que se trata de una conversación. Puedes hacerlo mientras se toman un café, o inclusive mientras ambos hacen actividades distintas. Lo más importante es no ir directamente al grano, y tomando en cuenta esto…

4) No realices preguntas, trata de llevar una conversación. Evita una apertura agresiva como “¿Con quién estabas en la reunión?”. Mejor inicia con afirmaciones como “De seguro fue una de esas reuniones aburridas de siempre… ¿Qué tan fastidioso estaba tu jefe?”. Cero ataques frontales; utiliza los flancos e inspira confianza. Y no olvides de…

5) Utilizar un tono de voz calmado, e inclusive inocente: Habla con tranquilidad, encárgate del grueso de la conversación. Cuando alguien es interrogado, se espera que hable, hable y hable; si en vez de forzar al otro que hable, te pones a hablar tú mism@, disfrazarás tus verdaderas intenciones.

6) no mires directamente sino de reojo. ¡Este punto es muy importante! el contacto visual directo predispone a cualquiera, aún diciendo la verdad. Es preferible (y mucho más eficaz) que te concentres en el siguiente punto:

7) Presta atención a las fluctuaciones de la voz. No importa qué tanto se haya practicado un argumento para contestar; siempre existirán detalles superfluos donde la voz -muy suavemente, pero lo notarás- bajará de volumen. Quizás es tan sólo una palabra. Pero ésa será tu pista principal; dirige la conversación a ese tema en particular.

8) Mantén la conversación en el tema: Es muy probable que independientemente de lo sutil que seas, quieran desviar el contenido hacia otras latitudes. Creo que es hora de regresar al tema central, y pasar a…

9) …Ser más incisivo, simplemente estableciendo contacto visual franco y directo. Ya han pasado varios minutos desde que se inició la conversación, has notado algunos puntos “sospechosos” y empiezas a dudar de la veracidad de la historia. Lamentablemente la sutileza no puede durar para siempre; es hora de preguntarle directamente, como con extrañeza, por qué se está contradiciendo en un punto en particular. Aquí es donde empieza el show.

10) Aún cuando descubras una contradicción, no te apresures a acusar. En el Arte de la Guerra existe la regla de dejar al enemigo una vía de escape. Si quieren “huir” del tema, no los ataques; simplemente pregúntales ¿por qué quieren evadirse…? ¡Es sólo una conversación…! ¿Acaso tienes algo que esconder…?

Esta actitud “no violenta / no invasiva” siempre confundirá a quien está ocultando algo. Y lo mejor es que generamos desde el principio la confianza necesaria para que las contradicciones afloren solas.




Las mentiras cambian nuestro tono de voz



Una de las formas más útiles de detectar la falta de sinceridad al responder una pregunta comprometedora son los cambios que experimenta la voz cuando nos sentimos amenazados o nerviosos. Debes estar atent@ a cualquiera de stos cambios sutiles que revelan algún conflicto interno con respecto a la conversación. ¿Será que se esconde algo…?

- Cuando mentimos, se produce una inevitable tensión en las cuerdas vocales que altera nuestro tono de voz. Al hacerse más rígidas, nuestro timbre vocal puede subir ligeramente de frecuencia (la voz se hace más aguda), o incluso oscilar (se hace aguda súbitamente y luego se normaliza). Aunque este fenómeno de por sí es difícil de detectar “simplemente oyendo”, nos es perfectamente factible determinarlo cuando una voz conocida (por ejemplo, un familiar o amigo), ha cambiado de tonalidad.

- Aunque nuestra voz suene más aguda al mentir, con el volumen ocurrirá exactamente lo opuesto: disminuirá ligeramente (pues no queremos que escuchen nuestra mentira). Generalmente ocurre al final de una frase o conjunto de frases, pues el cerebro trata de “introducir” la mentira con unas cuantas ideas verídicas… para “escabullir” el invento al final. Notaremos que el volumen de la voz baja dramáticamente incluso en palabras o nombres específicos. Por ejemplo:

“Sí, como te cuento… tuve que ir a esa aburrida reunión de negocios… ¿Que con quién estaba? bueno… pues con …Carlos, claro…” (se sobreentiende que el nombre “Carlos” fue dicho en un volumen menor… lo que nos indica que “posiblemente” no era con él con quien estaba nuestro interlocutor).

- Al mismo tiempo que el tono de voz baja, la calidad de la modulación (la pronunciación de cada sílaba) también se verá degradada. Pueden ocurrir tartamudeos, atropellamiento de sílabas e incluso dificultad en articular palabras completas.

- El mentiroso generalmente hablará: a) de manera lenta y accidentada (mientras va inventando lo que dice), o b) de manera rápida y concluyente (diciendo lo que ha practicado y queriendo terminar la conversación). Esos cambios en la velocidad y la fluidez son producto de conflictos internos entre lo que se siente, lo que se quiere decir y las repercusiones de mentir.

¿Alguna vez has dudado de alguien por la forma como te hablaba? ¡Coméntanos tu experiencia…!




No le puedes mentir a un sordo de nacimiento


El diario español “La Vanguardia”, acaba de publicar una jocosa entrevista al primer eurodiputado sordomudo, Adám Kósa. Entre otros temas que tocaron, surgió el de las mentiras; el político acotó que no puedes “meterle gato por liebre” a un sordo de nacimiento, por sus obvias facultades en el reconocimiento de las expresiones faciales. He aquí un extracto:

LV: ¿Tiene ventajas el lenguaje de signos?

AK: Nos da una mejor comprensión de algunas realidades y nos permite un entendimiento perfecto entre nosotros. No quiero parecer pretencioso, pero yo diría que los sordomudos vemos más cosas que ustedes: vemos cosas que ustedes no pueden oír.

¿En qué sentido?

Ustedes miran el mundo un poco – y perdóneme por el símil- como un caballo con anteojeras: sólo en profundidad; sin perfeccionar su visión periférica. Por eso se pierden tantos detalles reveladores que no están en su plano central de lo que está sucediendo.

Por ejemplo.

No podrá mentir a un sordo de nacimiento.

¿Por qué?

Porque el mentiroso que oye está pendiente de disimular la mentira sólo en su rostro, ya que quienes pueden oír y hablar sólo se fijan en la cara del hablante.

¿Y a los sordos no se las cuela?

No, porque los sordos de nacimiento, como nos concentramos en la visión, sabemos detectar los detalles periféricos del lenguaje corporal, y es en ellos precisamente donde detectamos los engaños del mentiroso, por mucho que sepa fingir con su cara.

Una virtud inestimable en política.

Bueno, supongo que sí, pero la verdad es que cuando empecé a preocuparme por los demás yo no quería dedicarme a la política, pero casi me vi empujado hacia ella.

La entrevista completa puedes revisarla aquí




¡El error que siempre cometes cuando sonríes!


Ya me he referido varias veces a la sonrisa como un arma infalible tanto en los negocios como en las relaciones personales, aclarando las diferencias fundamentales entre una sonrisa Duchenne o “auténtica“ y una falsa o forzada. Pero aún cuando somos capaces de sonreír abiertamente cuando en realidad no lo sentimos… hay un detalle, muy pequeño, que generalmente pasamos por alto: La velocidad.

¿Les parece curioso? a mí también me sonaba a exageración… hasta que leí la investigación que respalda el hecho de que sonreír “demasiado rápido“ te hace ver falso. De hecho, el estudio contempla dos factores: el de la frecuencia al sonreír y la velocidad con la que los músculos del rostro forman dicha expresión.

Con respecto a la frecuencia, imaginen a una persona que “regale“ sonrisas a todo el que se le atraviese (inclusive a personas que no se la merezcan en lo absoluto). ¿No creen ustedes que terminaríamos por pensar que la sonrisa que nos ofrece… tiene poco valor? ¡Si igual, se la ofrece a todo el mundo…! Es normal que les parezca algo “chocante“ esta visión ´económica´de sonreír, pero tal efecto es inevitable.
Por otra parte, sonreír con ganas es un fenómeno neurológico muy complejo que no notamos de manera consciente; no nos damos cuenta de que lo hacemos con calma. Nuestro rostro, más que una “explosión“ de alegría, se convierte en un amanecer. Pero, ¿Qué pasa cuando tenemos que “forzar“ una sonrisa, aún cuando no lo sentimos? no basta con flexionar nuestros músculos al máximo… debemos cuidar de no hacerlo inmediatamente y de golpe, sino poco a poco, como dejando que fluya la emoción. Quizá una duración de un segundo será suficiente.

Algunos relacionan este fenómeno con la gente carismática, o el “ser encantador“. ¿Por qué no hacemos la prueba durante una semana a ver cómo nos va? después podemos comentar aquí.




Cómo identificar una sonrisa verdadera


Mucho se ha hablado de la sonrisa; se le cataloga como la demostración física más utilizada y mejor identificable, protagonista de las emociones más positivas: Alegría, regocijo, felicidad, empatía… ¡me quedo corto al tratar de enumerarlas!

Pero de seguro lo que no sabían es que la sonrisa, a diferencia de todas las demás expresiones faciales, tiene una muy popular versión ‘diplomática’; es decir, una sonrisa forzada a propósito. Podríamos aventurarnos a afirmar que no es tan común ‘aparentar’ enojo, tristeza e incluso asombro… Y sin embargo a diario sonreímos constantemente sin ‘sentir’ las emociones que acompañan a esta expresión.



A diario nos relacionamos con un sinnúmero de personas que nos sonríen, aunque algunas sonrisas sean más cautivadoras que otras. Ustedes me dirán, ¡Pero… una sonrisa es una sonrisa…! Y no es así. Al igual que podemos distinguir la interpretación musical de un aficionado y la de un virtuoso, deberíamos estar en la capacidad de separar las sonrisas auténticas de las falsas.


Aquí están las características principales de las tres versiones más populares:

- La sonrisa auténtica: la verdadera sonrisa tiene apenas dos variables presentes: se exponen los dientes y se entornan los ojos debido a la elevación de los pómulos. En ocasiones la presión sobre los lacrimales es tal que podemos llegar a “llorar” de la risa.



- La sonrisa falsa: muchas veces vemos una boca sonriendo inequívocamente… Pero los ojos no la siguen; se mantienen como extraviados o fuera de lugar, y es que la ausencia de su “entornamiento” sólo indica que estamos forzando una sonrisa diplomática, sin emoción.



- La ‘no-sonrisa’ asimétrica: le llamo no-sonrisa porque… Bueno, no es una sonrisa; aún así, el ojo no entrenado es susceptible de confundirla. Sólo una de las comisuras de los labios se tensa, presentándose una mueca unilateral. Esto no es sonreír, ni siquiera es un intento de ser empático… Es una expresión clásica de desdén o desprecio.



¿Qué les parece? la próxima vez que tengan que sonreír “diplomáticamente”, ¡asegúrense de que su interlocutor vea una sonrisa emotiva, auténtica!




10 señales no verbales de que le gustas a una mujer


Un tema nada fácil, pues el coqueteo femenino es un fenómeno tan complejo y enigmático como ellas mismas. No faltan los sitios de internet donde aseguran tener tales claves, pero las mismas están un poco desactualizadas (si es que no son absurdas de por sí). A continuación mencionaré diez que no sólo están sustentadas por investigaciones científicas; tampoco entran en conflicto con el sentido común. Empecemos:

- Su buen humor es espontáneo: Ya sea sonriéndo o riéndo abiertamente, una mujer que disfruta de tu compañía se notará feliz y agradada. Una que otra risilla nerviosa, o una sonrisa pícara, es un indicio que ella disfruta de tu presencia (ojo, hasta ahí, mejor ándate sin prisas… recuerda que ellas “huelen” tu desesperación).

- Te toca casualmente: Si de repente te toca el brazo, te acomoda la camisa, o incluso llega a rozarte la pierna con la suya, es un indicio de que quiere acercarse. ¡No lo desaproveches! Sólo trata de diferenciar toques accidentales de aquellos hechos intencionalmente.

- Demasiadas “coincidencias”. Si ella gusta de tí, buscará la manera de que se encuentren de manera “fortuita”. ¡No hablo de acoso, claro está…! Más bien se siente como si te leyeran la mente y adivinaran lo que vas a hacer (el cual es de hecho un superpoder innato en ellas).

- Las miradas intermitentes: Debes aprender a mirarlas indirectamente. No es difícil; lo que necesitas precisar es si tratan de verte cuando no las estás mirando. Si es así, has llamado su atención. Recuerda que ellas pueden analizarte y descartarte en apenas un vistazo. Puedes olvidar los consejos sobre la apertura de las pupilas, son irrelevantes pues dependen no sólo de su emoción, sino también de la iluminación de donde se encuentren.

- El cabello tiene un significado especial: Creo que ésta es la pista menos comprendida (porque de hecho, es bastante difícil de precisar). Las mujeres siempre están acomodándose el cabello; es una costumbre automática, que obviamente el 99% del tiempo no tiene que ver con coqueteos (aunque no poco sitios de internet nos inviten a pensar así). Pero ese 1% restante tiene una función biológica: sacudir las feromonas de su piel hacia nosotros (recuerden la importancia que tiene el sentido del olfato en la seducción). Por supuesto, no empiecen a olisquear ahí y allá, ¡Se verán bastante raros! Procuren más bien precisar cuando el gesto de acomodarse el cabello es premeditado, en un movimiento más minucioso de lo normal (pero no necesariamente más lento), y mas aún si ella mantiene el contacto visual ¿Menudo lío, verdad?.

- Si está sentada a tu lado, al cruzar las piernas pondrá la más alejada de tí por encima de la otra, para mostrar mejor la pantorrilla. En esta posición, los músculos de la pierna se ven más tersos y provocativos.

- La barbilla, hacia tí: Creo que un enfoque erróneo en la interpretación del lenguaje corporal femenino durante la fase de acercamiento, es que supuestamente tienden a “mostrar el cuello”, cuando les interesa un hombre. Un poco aventurada la afirmación, dado que depende ni más ni menos ¡De la postura en la que está sentada! Una forma más adecuada de identificar esta tendencia es fijarse si su barbilla está ligeramente hacia nosotros (independientemente si vemos su cuello o no). Si es así, buena señal; éste es uno de los “ejes“ de la atención, que nos dice inmediatamente si les interesa lo que estamos diciendo. Recuerda que a las mujeres les gusta hablar de frente.

- Los pies, un poco separados: una investigación indica que cuando una mujer está de pie, el dinamismo con el que mantiene el equilibrio nos dice la emoción que siente. Si ambas piernas están derechas e inexpresivas, su pasión está muy lejos, ¡Quizá en Japón!. Si están ligeramente abiertas o jugando con los tobillos, está nerviosa (¿pero por qué?), no podemos saberlo a menos que sigamos indagando. Pero con certeza no está distante.

- Recuerda detalles de conversaciones anteriores (que a veces ni tú mismo recuerdas): ¿Pensabas que sólo se trataba de mirar cómo se mueve? Una mujer, por distraída que sea, no olvida pequeños detalles de lo que le decimos, si les parecemos interesantes.

- No se siente intimidada por tu proximidad: Si de verdad le gustas no le importará que te acerques a ella; pero si lo haces en el momento inoportuno, o si eres demasiado impetuoso, puedes despedirte de todo el esfuerzo que habías aplicado hasta ese momento. ¿Quieres saber una manera sencilla de acercarte a ella sin “amenazar” su espacio? Dirige su atención lejos de tí mientras lo haces: busca algo que le pueda llamar la atención (un cachorrito, otra pareja, una escultura, qué se yo…) y apúntalo con la mirada, mientras te acercas a ella (como tratando de “señalar” con tus ojos lo que quieres que vea). Debes estar pendiente si ella oscila ligeramente hacia atrás (¡mala señal!).

¿Conocen alguna otra forma de saber si una mujer gusta de ustedes? coméntenla más abajo.




10 gestos que prueban que él está interesado en tí


El hombre promedio escoge entre diez gestos para atraer a una mujer: levanta las cejas, toca su rostro, abre las piernas… y todo es inconsciente e inevitable. ¿Quiénes mejores que las mujeres en el asunto de la intuición? Esta herramienta natural les ayuda a percibir el “ambiente emocional” tan precisamente como los que miran al cielo nublado y saben que va a llover… pero a veces las cosas se complican un poco, ¿cierto? fíjate en esta guía del lenguaje corporal masculino según ivillage.com y olvídate de la confusión que el coqueteo normalmente trae consigo.

Lo que su cuerpo te dice

Quiere verte mejor: en cuanto un hombre ve a una mujer que le gusta, sus cejas se alzan para abrir mejor los ojos y ver más de lo que le atrae. El gesto dura un quinto de segundo, pero ocurre todas las veces.
Boquiabierto: sin exagerar demasiado (obviamente), los labios de un hombre se abren un poco cuando ve a la mujer que le gusta.
Todo se ve muy bien: sus músculos estarán en tensión para “presentar” su cuerpo ante ti de la mejor forma posible. La postura más frecuente de un hombre que se siente atraído hacia ti será con las manos en la cadera.
Autoestimulación inconsciente: cuando hable contigo acariciará sus mejillas, tocará su barbilla o sus orejas constantemente si se siente atraído hacia ti. Esto ocurre por la hipersensibilización de la piel del rostro en general y el deseo de estimulación.
Voz sexy: el tono que un hombre atraído hacia ti use al hablar sonará muy grave y fuerte. De manera natural, su cuerpo quiere mostrarte que ha alcanzado la madurez sexual.

Lo que sus acciones te dicen

“¡Ponme atención!”: desde un discreto ajuste a su corbata hasta convertirse en el comediante de la noche, tu hombre intentará que le prestes atención a toda costa.
Inspección visual: además de haberte observado desde lejos cuando te levantaste para ir al baño, un hombre atraído hacia ti te mirará “descaradamente”. Quiere que sepas que está admirando tu cuerpo.
Fuera ropa: jugar con los botones de su camisa o chamarra es una señal de que lo pones nervioso, y también un deseo mecánico de quitarse la ropa. Si definitivamente se quita la chamarra… está imaginándote sobre su cama.
Objetos redondos: cuando un hombre está interesado sexualmente en ti, jugará con su vaso o botella. El mensaje: está pensando en tocar tus senos.
Caballerosidad y algo más: si un hombre pone su mano en la curva de tu espalda o en tu codo para guiarte cuando entran a un restaurante o mientras caminan ¡no quiere perderte de vista! De esta forma se asegura de saber a dónde vas porque él te está llevando.

¿Qué otras señales físicas conoces para saber que un hombre está interesado en tí?




5 reglas cruciales que debes cumplir en tu primera cita




¿Cómo puedes hacer que en tu primera cita demuestres suficiente interés sin parecer desespera@? he aquí una guía ultrarápida para ambos sexos:

1.- Vístete impecable: Tu ropa, tu peinado y tu perfume deben ser absolutamente perfectos. No sólo te sentirás más segur@; también transmitirás interés en la persona con la que sales.

2.- Usa tu lenguaje corporal: De seguro que una primera cita puede ponerte los nervios de punta… ¡Especialmente cuando es alguien que te gusta de verdad! Pero gestos tan simples como sonreír y establecer un cómodo contacto visual expresarán tus sentimientos. Recuerda la importancia de tus gestos en tu comunicación.

3.- Crea una conexión: Haz preguntas acerca de sus pasatiempos, su pasión o su familia. ¡Pon mucha atención a lo que dice! Evita los temas que l@ incomoden visiblemente, y no olvides narrar tus propias anécdotas personales.

4.- Tu carisma se basa en cómo te expresas. Hazl@ sentir especial diciéndole lo que te gusta de su persona, si tiene una gran sonrisa o un buen sentido del humor, ¡díselo!

5.- Concreta una cita futura: Si las cosas salieron bien, ¿Para qué esperar? invítal@ a ir a un sitio que tenga que ver con sus gustos. Tomar la iniciativa de esta manera dará la mejor impresión de ti.




6 tips para hablarle por primera vez (sin ponerte nervioso)


Estás en el patio principal de la universidad. Es una tarde como cualquier otra, con una brisa como todos los días. De repente, el sol se escurre entre las ramas de los árboles… y la ilumina precisamente a ella. La razón de tus desvelos, de las horas invertidas en el ciberespacio buscando cada detalle público de su vida y de las ojeras que exhibes con orgullo, se acerca hacia tí. Pareciera que el mundo entero se detuvo ; ya nada más importa. El destino (y quizá alguna estratégica conjunción planetaria) conspiraron para este momento; no hay ningún banco disponible, aparte del tuyo, para que ella se siente. A medida que ella se acerca y Carpenters sigue sonando fuerte en tu mente, empieza a recorrerte un sudor frío por la sien.

Éste es el momento.

Has estado esperando largos semestres por una oportunidad así, un momento “casual”, fortuito, espontáneo… para que ella se entere de que existes; para no tener que acercártele directamente y decirle esa palabra imposible: “Hola”, a quemarropa. ¡NO…! ¡Ni hablar! Eso sería excesivo… ¡Prácticamente te ganarías el spray de pimienta en la cara!


En el mejor de los casos.


Hoy, la larga espera ha llegado a su fin. Permaneces sumido en este pensamiento, mientras ella se sienta justo a tu lado y sin reparar en tí. Por primera vez la ves en HD (Y no precisamente en una pantalla). Su piel es perfecta, sus cabellos nacieron de las lágrimas de los querubines… sus ojos, fijos en su teléfono el cual no deja de teclear, refractan la luz cual piedras preciosas. Decides que hoy mismo romperás el poster de Scarlett Johansonn que tienes en tu cuarto. ¡Ella ya no es nadie…!

A estas alturas tu garganta se siente como la lija, olvidaste la existencia de la respiración y tu mente es una vorágine de ideas. Una cosa es segura: ella no durará para siempre sentada aquí, a tu lado. Los planetas seguirán su curso, la tarde continuará su camino y ella se irá. ¡Es AHORA o nunca, el momento de hablarle!

Pero tu cerebro te hace un sencilla pregunta: ¿Y de qué le vamos a hablar?

¿Del clima? demasiado cliché. ¿De política? ni loco, capaz y terminamos discutiendo… ¿De música? sería demasiada casualidad acertar sus gustos… ¿De deportes? puede ser, pero… ¡No, ni por casualidad…! Si la viste el otro día con una franela del Barcelona y tú eres del Real Madrid… ¿De poesía? demasiado cursi… ¿De las clases? ¡Genio! ¡Claro! eso sí podría ser…! Pero, ¿Qué le pregunto? “Hola, ¿Qué clase tienes ahora?” no, no… demasiado stalker. “¿No estamos juntos en la clase de Comunicación?” sería una pregunta tonta si ya sabes la respuesta. “¿Hola, nos conocemos?” Spray de pimienta asegurado.

Tu cerebro está a punto de estallar. Tienes que decir algo, pero YA. Ahí es donde le lanzas una amenaza a tu área de broca, diciéndole: ¡No me importa qué demonios digas, sólo dí lo primero que se te ocurra!

Tus labios se despegan. Suena el tema de “Carros de fuego”. La brisa en las hojas de los árboles, las conversaciones lejanas y el frenético tecleo de ella, dan paso a tu voz, que rompe el silencio… al fin:

“¿Ehh… disculpa, qué hora tienes?”

Ella se voltea. Un coro de ángeles se desborda de sus pupilas. Estás a punto de cantar victoria al haber hecho añicos el hielo que los separaba, cuando notas que su mirada tiene algo raro: está perpleja. Quizá se dió cuenta de que la pregunta estaba “un poco” fuera de lugar, a juzgar por el reloj Casio G-shock edición gigante que es casi tan grande como un cenicero y se encuentra justo en tu muñeca.


Baterías nucleares no incluidas.

Sus labios se mueven en una expresión de sorpresa. Su cara se arruga en una mueca que dista mucho de ser agradable, y al final dice, viendo su propio reloj “¡Ah! Pero si son las cuatro y media… ¡Ya se me hizo tarde…!”

El sol se esconde tras una nube, ella se levanta precipitadamente y desaparece. La conjunción planetaria ha terminado. La tarde sigue su curso como cualquier otra, con una brisa como todos los días.

...

¿Te parece conocido? todos hemos pasado por una situación similar en algún momento de nuestras vidas. Ese momento de la verdad, en el que más necesitábamos expresarnos, y toda la elocuencia que nuestra imaginación había tejido salió volando por una oreja.

¿Qué podrías hacer la próxima vez que te ocurra? te sugiero unos tips bastante fáciles de recordar:

- Pase lo que pase, NO te presentes inmediatamente. Le darías un tono demasiado formal a la conversación (y parecerá que vas a venderle Herbalife o algo parecido).

- Tu prioridad debe ser romper el hielo. Una pregunta de rápida y fácil respuesta es la más idónea, siempre y cuando no pueda responderte con un “sí” o un “no”. Evita que el tema sea directo a su per
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