Hace unos meses se incorporó a mi empresa una mujer que a lo largo de su vida ha mantenido diversas relaciones con hombres con una cierta proyección política y social y que además, estaban casados. Confieso que durante este tiempo la he estado observando con curiosidad, entre otras cosas porque físicamente se aleja de lo que podría considerarse una mujer impresionante o mejor dicho, del modelo de mujer que habitualmente asociamos a este tipo de situaciones. Y sin embargo… sin embargo tiene una manera de actuar que repite constantemente hasta el punto de haberse convertido casi en una “técnica de trabajo” y que es, sin duda la clave de su éxito entre los hombres hasta el punto de que, en estos meses, he podido contemplar como varios individuos de mediana edad hacían el tonto como niños de cinco años cuando ella estaba delante. Esta “técnica” consiste ni más ni menos que en hacerse la tonta, entendido en el más amplio sentido de la palabra. Y funciona. Ante ellos se convierte en una mujer frágil, dependiente, siempre dispuesta a dejarse impresionar. Les ríe las gracias, les pide ayuda para cualquier tontería que suponga un mínimo esfuerzo físico, asiente boquiabierta a cualquier comentario que ellos hacen y siempre que hay un hombre con una chaqueta puesta, ella tiene frío. Ella ejerce de mujer débil y ellos, salvo contadas excepciones, pierden los papeles. ¿Por qué a los hombres les gustan tanto las mujeres así? ¿Es por una cuestión de baja autoestima? ¿Necesitan sentirse los reyes de la manada? ¿Tendrán razón los sociólogos cuando afirman que la liberación de la mujer está haciendo polvo a la mayoría de los hombres?. Ellas prefieren a los hombres débiles porque son más manejables La biología evolutiva de la especie humana dio un giro de 180 grados cuando aparecieron las grandes ciudades: las mujeres comenzaron a inclinarse por los hombres físicamente débiles (machos Beta) frente a los fuertes (machos Alpha) para buscar descendencia. Esta es la conclusión de un estudio elaborado por un grupo de biólogos de la Universidad de Tennessee-Knoxville, que recoge la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences. Las bases de la familia moderna se sentarían en esta “revolución sexual”, en la que priman cualidades como la lealtad y la generosidad sobre la fortaleza o la promiscuidad. Es decir, las necesidades emotivas han adquirido en nuestros días una mayor relevancia que las necesidades de protección. La decisión de las mujeres ha influido más en la evolución que la biología Este cambio de tendencia comenzó a producirse con la formación de las grandes comunidades sociales. La creación de estos grupos mudó los hábitos relacionales al aportar un fuerte componente de seguridad para la supervivencia de las mujeres y sus hijos, de la que antes se tenía que encargar el macho dominante. Con el tiempo, los machos Beta desarrollaron nuevas estrategias para competir con los demás y asegurar sus relaciones, donde la monogamia se erigió como la condición sine qua non, ya que los machos Alpha continuaban buscando relaciones múltiples. El grupo de biólogos evolutivos que dirigió la investigación llegó a estos resultados mediante el desarrollo de un modelo matemático simulado por ordenador, concluyendo que la decisión de las mujeres, basada en la fidelidad, ha determinado la evolución desde una perspectiva que se alejaría de las explicaciones netamente biológicas. “A partir de ahora, los estudios evolutivos deberían tener en cuenta este punto de vista sobre la elección femenina para explicar los dilemas y comportamientos sociales”, según explica el investigador Sergey Gavrilets. Una sociedad matriarcal El equipo de investigadores explica este fenómeno, que empezó a gestarse en una etapa más temprana de lo que se pensaba hasta el momento, como una reacción de “los hombres que carecían de la capacidad de competir físicamente con sus iguales, por lo que se centraron en suministrar alimentos a sus cónyuges con el fin de comprar su afecto” y eludir así la ley del más fuerte. Primitivamente los preferían fuertes para preservar su seguridad, pero cuando el grupo social cubrió esta necesidad se inclinaron por los fieles Con las necesidades básicas de supervivencia cubiertas por el grupo social, los hombres de menor rango comenzaron entonces a adaptarse a las preferencias de las mujeres. Desde el punto de vista histórico, también influyó el hecho de que los hombres físicamente más válidos eran destinados para ir a la guerra, por lo que los machos Beta ganaron terreno por tener más probabilidades de quedarse en casa cuidando de su pareja y sus hijos. Entre las conclusiones más relevantes del estudio se encuentra el papel de la mujer a la hora de decidir la evolución humana. “Han jugado un rol muy importante en la evolución de la humanidad”, apuntan los investigadores abriendo un nuevo frente en los estudios evolutivos. Esta nueva perspectiva aporta un nuevo enfoque que minimiza las teorías sobre el machismo, que en la práctica no habrían tenido la importancia que se les ha dado. Es más, los investigadores se inclinan a favor de de que la evolución ha sido feminista y con unos componentes más cercanos a las sociedades matriarcales, aunque esta dominación de las mujeres se ejercería ‘en la sombra’. Los resultados de este estudio también relativizan los cánones sobre la belleza masculina y con ello el excesivo culto al cuerpo, que en los últimos años ha adquirido su máxima expresión. La buena presencia física no aumenta por tanto las posibilidades de encontrar pareja. En cambio, las mujeres sí valoran otros aspectos psicológicos más escondidos, relacionados con los afectos para mantener relaciones a largo plazo.
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