InicioOfftopicOcho pecados capitales en el cine

Esto es como un FAQ de un cine de acá de Córdoba Capital. Yo lo copié, le cambié algunas cosas y le agregué fotos. Enjoy.


OCHO PECADOS CAPITALES
Lo que todos saben pero hacen como que lo ignoran

1. Celulares



Qué necesidad de tener la oreja engominada todo el día a ese aparatejo inmundo que sólo sirve para que el resto del mundo se entere de vuestras conversaciones privadas? O todos son como las estrellas sin intimidad?
Al reclamo con recompensa que oportunamente hiciéramos (celulares más orejas a cambio de entradas y abonos) no nos respondieron, así que vamos por más. Es terriblemente deprimente que la oscuridad de la sala mientras se exhibe la película (por la cual todos pagaron una entrada) se ve salpicada de lucecitas verdes, anaranjadas, blancas y sonidos cada día más estúpidos. Los celulares encendidos joden, cortan el clima que se intenta crear en la sala y lo más grave es que es que caracterizan al poseedor encendido como una persona frágil, dependiente, enferma de soledad y ansiedades, autómata, estúpida, de neuronas aleatorias, estreñida, carente de buenos servicios físicos y morales. Si la película aburre, enfile para la salida.


2. Charloteo



Dos personas se reúnen para conversar en el bar, en la plaza, en su casa, en el departamento o a orillas del río. Hasta pueden charlar cuando se incendia la Casa Rosada. Pero al cine, dos personas van a VER cine, a SENTIR cine y a callarse la boca. Todo lo contrario es anormal y merece el castigo chiita, la defenestración pública, el escarnio y la amputación venérea del elemento parlanchín.

3. Bolsita y envoltorios de comidas y caramelos (Gula)



Si el hambre es cruel o en el mejor de los casos quierese continuar con la tradición del maní con chocolate, del Sugus confitado, del praliné, de las galletitas de agua…pues, desenvuélvase el envoltorio en la puerta y una vez sentados en la butaca, déjese de hacer ruido pelando, porque es peor. Hágalo de un saque como una curita sobre los pelitos del brazo.

4. Los asientos (nuestro "yo mismo"



Todo ser viviente tiene derecho a ocupar su lugar en el mundo, y por convenciones más o menos universales se arribó a una sana conclusión: la extensión en derredor del "yo mismo" propicia la sana convivencia, evita andar a los codazos o pisando humanidades ajenas. Ahora bien, cuando uno llega al cine para ocupar UNA butaca por persona, no es válido arrojar ropas, carteras, bolsos, carpetas, mochilas, envases de bebidas u otros menesteres en la butaca vecina, porque esa butaca vecina DEBE ser ocupada por un prójimo o prójima. Osease, al cine uno va más o menos con lo puesto y algunas cosillas imprescindibles, más nada. Debido a la estrechez de los pasillos tampoco es posible estirarse como una longaniza gallega y con las rodillas pechar el respaldar de la butaca de enfrente; asimismo tampoco puédese colgar las piernas por sobre el respaldar de la butaca que precede a la legalmente ocupada. El problema del "yo mismo" es casi una cuestión de principios psicológicos. Algo falla cuando se ocupan dos butacas con una sola entrada, por más que el acompañante se haya demorado porque en ese caso deberá sentarse en otra butaca. La regla es: UNA persona, UNA butaca. Las butacas se ocupan, no se reservan.

5. Manoseo/Toqueteo (la lujuria)



La oscuridad es propicia para coquetear o iniciar actos reservados a la actividad privada e íntima. Pero también para que solitarios y enjutos sujetos aprovechen el roce de rodillas, codos, brazos y/o manos, pies del prójimo o la prójima sin el previo consentimiento de ellos mismos. Esto se llama "toqueteo". Hemos cazado, rechazado e impedido el ingreso de varios sátiros del celuloide que fueron acusados por sus víctimas oportunamente. Es decir, no resulta válido al terminar la película expresar una queja en la boletería o la taquilla del cine; el reclamo debe ser en el momento. Un caso: señorita se sienta en la última fila. Señor mayor, medio gordito al que ya veníamos oteando en detalle se sienta al lado de ella. Nosotros observamos la escena. La señorita a los treinta minutos se levanta y se cambia de fila. Señor gordito se levanta y se va de la sala. Dos horas después señorita nos dice que le pareció que sus piernas estaban adormecidas porque sentía un cosquilleo hasta que sintió que ese hormigueo era por sectores en toda la pierna y que la causa podía ser ajena a sus calambres musculares, más precisamente provocada por señor medio gordito al que recién pudimos echar del cine cuando volvió a las dos semanas. Conclusión, la denuncia señoras, debe ser en el momento. La natural y expresiva lujuria de las parejas (seánse de la categoría sexual que sean) no nos molesta, salvo cuando quedan prendas fuera de su lugar habitual (que las ha habido, damos fe).

6. Higiene y Buenas Costumbres



Qué difícil. Pero a veces simplemente se trata de un trocito de jabón humedecido, una toallita y ya, se eliminan feos olores. Pero además, la higiene y las buenas costumbres van más allá de los olores propios. Por ejemplo, es una mala costumbre comerse un sanguchazo de milanesa mientras en la pantalla Mohammad (el niño ciego de "El color del Paraíso" se pasea por las calles con su terrible optimismo a cuesta. Es una mala costumbre beberse de un trago una mini Coca Cola y eructar como si el Mono Silvio estuviera presente en la sala. Es una mala costumbre (en el baño de damas) usar el papel higiénico como si fuera una toallita íntima y arrojarla "fuera" del cesto ad hoc. Es una mala costumbre en el baño de caballeros (je) hacer pis en el recipiente para tal uso y no presionar el botón para que corra el agua limpiadora. Es mala costumbre dejar envases (de todo tipo y contenido), papeles, envoltorios, cáscaras de semillas de girasoles desparramados entre las gradas. Es una mala costumbre la falta de higiene aun más, cuando de un mínimo movimiento o su contrario, depende la excitación de las pituitarias del prójimo o de la prójima. Hay alimentos antisocia(b)les como el ajo por ejemplo. Qué necesidad, ah? Aunque no hablen, el perfume ajil se transpira, hede, puaj. Al extremo, es una mala y antihigiénica costumbre femenina tirarse encima 5 ml de perfume (caro o berreta) para encerrarse en una sala de cine íntima y mínima como la del Cine Teatro Córdoba. Nos obliga a encender el aire natural (pa que se oree) y empiezan los frágiles dentales a estornudar. Los olores incomodan cuando no son los propios.

7. Llegada y horarios



Desde que a un desubicado y complaciente (quizás necesitado) productor de espectáculos, se le ocurrió la desgraciada frase “El espectáculo comienza cuando usted llega” , es prácticamente imposible hacer que la gente, ya en su categoría de asistente al cine, comprenda las desventajas y molestias de llegar “sólo 5 minutos más tarde”. Además de que los taquilleros tienen que encender las linternas (con el lógico gasto de pilas) el tránsito en la sala cuando comenzó la película es tan molesto como sus antecedentes: celulares, charloteo, comedero, etc… Y otro punto más, poca gente conoce que el proyector Enerman 1 (1938) comienza su haz de luz exactamente a la altura del ombligo de más de uno, que si no puede agacharse al menos debería pasar rápidamente sin pretender que sus sombras chinas sean un espectáculo gracioso para toda la platea ya sentada. Pero la lógica no es regla de oro para todos. “Pierdo mucho si entro media hora tarde?” Justamente se pierde media hora de la trama de una película, aunque el film sea un mamotreto de tres horas cuarenta y cinco. Y en lo colectivo se molesta a mucha gente. Nuestro límite es esa media hora; transcurridos 30 minutos religiosos del inicio no entra más nadie a la sala, séase quien séase. La función comienza cuando debe comenzar, no cuando a usted se le ocurra llegar.

8. Economía y honestidad (avaricia)



Este punto merece un comentario entre paréntesis. Desde 1991 instrumentamos el Sistema de Apoyo y Promoción (S.A.P.) del Cine Teatro Córdoba, que se efectiviza por medio de los abonos, cartillas, o simplemente el coso. También desde hace 14 años la entrada del socio es invariablemente la misma (esto es heroico y digno de lástima). Perpetuamos este valor en el primer horario de los jueves para todo el mundo cineadicto, pensando justamente en los que carecen de recursos, por motivos obvios para la compra de abonos. Ahora bien, los abonos son personales e intransferibles, esto es que cada abono es de una sola persona, no se pueden prestar, arrendar, ni negociar. Ante esta situación económica, nos merecemos detectar el pase de los abonos entre amigos, parejas, parientes, amantes, vecinos, incluso a sapos de otro pozo? Esto no configura aun pecado de lesa traición? Si. No vamos a incrementar el pase del primer horario de los jueves, pero tampoco se puede transgredir el sistema porque de ese sistema nos retroalimentamos para continuar y hacerle frente a la “otra”. Asumimos la responsabilidad de que este punto reciba alguna que otra crítica. (Jé)



Comentarios y conclusiones


Los responsables de hacer cumplir los puntos de este Código de Comportamiento y Buenas Costumbre en Cines y Afines (CCBCCA), son los directamente damnificados con las inconductas, es decir los espectadores. Siempre contarán con el aval de la empresa Cine para Ver. Por ejemplo, si a alguien le arrancan la oreja y la canjean en la boletería (con o sin celular), si arrebatan bolsones de comida o golosinas y se lo entregan a un niño en la calle, si atoran a alguien con su propia saliva o si con una botella con agua le lavan los pieces y zobacos, nosotros proveeremos la asistencia jurídica legal necesaria.

Por respuesta hemos recibido muchas colaboraciones respecto a actitudes que no están catalogadas aquí, y se trata de eso. Algunos justifican el uso de celulares por la enfermedad de amigos o parientes, siempre una llamada urgente (use el vibrador, coño!), otros dicen que no hablan, solo comentan en voz baja con su partenaire (también eso está prohibido). No quereos inmolarnos en medio de una cruzada intelectual, pero en este cine no hay lugar para el pochocho y la graseosa. Será un aprendizaje? Será revertible? Será que nos merecemos ser la Capital de la Cultura 2006? Será?

No pretenderemos que la sala sea un virtual campo de batalla, ni propiciamos la guerra de los paraguas. Es suficiente con una advertencia amistosa, civilizada, nosotros nos encargaremos de propinar el castigo justo a través de la pertinente plegaria ante Zeus o Urano, incluso el propio Hades que nos responde de manera peculiar.
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