Queridos Piropos
¿Nos gustan o no nos gustan? ¿Se perdió esta costumbre? Los recuerdos de nuestra columnista y un pedido muy especial.
“Adiós corazón de arroz, el año que viene me caso con vos”, “Qué adelantada está la ciencia, que hasta las flores caminan”, “Dichosos los ojos que la ven…”, “Quisiera ser lágrima para nacer en tus ojos, rodar en tus mejillas y morir en tu boca”… Sí, sí, ya sé, son piropos antiguos, melosos, de esos que tenés que comerte una anchoa cuando los escuchás para no empalagarte. Sí, lo sé, casi podés ver a un tipo en blanco y negro diciéndolos, pero en algún punto me dan nostalgia…
Claro que podríamos reemplazarlos por frases como: “Qué lindas piernas, a qué hora abren” o “Si esas son las vías, cómo será el tren” o “Cómo me gustaría ser baldosa para mirarte…” ¡Stop! Perdón, casi lo digo…
Con los años, los piropos han ido evolucionando —o involucionando, depende el grado de guarangada que incluyan—, pero pese a todo, y al menos en mi caso, adoro que me los digan.
No hay nada más lindo en esos días en los que te sentís un bagarto, la más fea del condado, la mujer menos deseable de la Tierra, que pasar cerca de un hombre, de cualquiera, y que te diga un buen piropo, aunque de sus labios salga: “Con esas gomas, nena, podrías tener bigotes y nadie se daría cuenta”. Ay, ¡qué alivio! Cuando eso sucede, casi te dan ganas de darte vuelta y besarle la frente a ese hombre al grito de “¡Graciassssssss!”. Y por la simple razón de que ese piropo te hizo sacar pecho de nuevo, levantar el mentón y mirar una vez más la vida de frente.
No sé por qué, pero en el último tiempo los hombres, desgraciadamente, han perdido la costumbre de piropear. ¿O será que una llega a una edad en donde para ellos ya no somos dignas de piropos? Para confirmarlo, debería hablar con mi sobrina, que tiene 18, a ver si opina lo mismo; o mejor no, porque si me contesta que a ella le dicen cosas en la calle todo el tiempo va a ser un golpe demasiado bajo para mi autoestima.
Supongamos que es cierto que sólo le dicen piropos a jovencitas de piernas y muslos firmes… entonces, amigas, deberíamos unirnos e iniciar juntas una campaña para que vuelva el piropo dirigido a mujeres mayores de treinta. ¡Qué se piensan estos tipos! ¿Que si una tiene el trasero caído y camina ladeada como si le hubiera pasado un tren por encima no necesita de sus palabras? No, no, señores, nosotras —o al menos yo, y quien quiera seguirme será bienvenida—, nosotras, sí nosotras, las independientes y modernas mujeres del siglo XXI, necesitamos desesperadamente un piropo. Sepan que nos dan ánimo cuando escuchamos: “Nena, eso no es un pavito, es una granja” o “Qué linda remera, ¿te la podés sacar en mi casa?” o “Decime cómo te llamás y te pido para Navidad, muñeca”. Así podría seguir un rato más, porque aún me vuelven a la memoria infinidad de piropos que me han dicho a lo largo de mi vida. ¡Qué recuerdos, qué nostalgia…!
Listo, estoy decidida, voy a proponer una ley para promover el piropo obligatorio, para que todas las mujeres del mundo reciban sin distinción de edad, credo, nacionalidad su piropo diario. ¿Alguna me sigue?
Fuent: