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Desconectados con la Vida

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Desconectados con la Vida Paradójicamente, Santiago se desconectó el día en que se conectó de más. Dejó de sentir ganas y afectos por aquellos links terrenos que lo llevaban hacia lo más real. La red de redes puede convertirse en una verdadera adicción para jóvenes y otras personas no tanto. "Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego", decía Jorge Luis Borges en su cuento Las ruinas circulares. "En un alba sin pájaros, el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. "Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. "Caminó contra los jirones de fuego. "Estos no mordieron su carne, estos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. "Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo". Santiago, paradójicamente, se desconectó el día que se conectó de más. Dejó de sentir ganas y afectos por aquellos links terrenos (las mateadas con su abuela "Pancha", los juegos de fútbol con su sobrino mayor y las salidas con los compañeros de trabajo) que lo llevaban hacia lo más real. Se soñó a sí mismo acariciando el rostro de esa chica que desaparecía con un clic y prefirió conocer al hijo de su mejor amigo a través del fotolog. Sus compañeros de teatro desistieron de volver a llamarlo, luego de estériles intentos por salir a tomar una cerveza o cruzar miradas urgentes con alguna chica en cualquier bar. Santiago decidió que su blog sería la mejor carta de presentación por si alguna señorita deseaba conocerlo. En su cumpleaños 27 no tiene mucho que celebrar. Está suspendido en su trabajo por llegar tarde tres veces en el mes, producto de horas trasnochadas frente a su PC. "Te espero a la noche en casa", le dijo su hermano, quien le preparó una fiesta sorpresa. Son las 21.45 y Santiago está embelesado jugando en la red. Perdió la noción del tiempo. Del otro lado de la ciudad, unas guirnaldas, que comienzan a ponerse raídas, son el único vestigio de festejo y sus amigos empiezan una celebración con un anfitrión virtual, al que, en vano, esperarán por horas. Pasará un tiempo más aún para que Santiago caiga en la cuenta de lo que está perdiendo y pida ayuda. Muchas horas frente a la hipnótica pantalla, muchas sensaciones encontradas y esa necesidad de preferir un mundo pensado por otros e incorpóreo, a su propia vida. No es sólo cuestión de tiempo La adicción a la red, como cualquier dependencia, pone en jaque los pensamientos, la cabeza misma, que se divide entre la tremenda necesidad del hábito adquirido y la continuidad de las actividades cotidianas. Para volverse adicto a la red, parece, no hace falta pasarse horas frente a la pantalla. No es medible en tiempo: basta con que se prefiera jugar con Los Sims 2 o PC Fútbol 2006, a participar del baño de un hijo o almorzar con la familia. "Un adicto a la red se desconecta de la vida, de su familia, de su trabajo, de sus estudios. Como en toda adicción, se pide ayuda cuando uno se quedó solo, cuando se perdieron los afectos y se fracasa en las relaciones personales a causa de la enfermedad", señala el psiquiatra y secretario del departamento de Niños y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), José Sahovaler. Retornar del otro mundo Para iniciar la recuperación de los vínculos perdidos es necesario ver cuál es la causa que lleva a una persona a preferir ese mundo virtual, de conexión sin contacto y mediatizada por la pantalla, al encuentro cercano, palpable y donde juegan todos los sentidos, que se pone de manifiesto en las relaciones humanas naturales. La computadora tiene una atractivo particular, es cierto. No producirá consecuencias a nivel orgánico como otras adicciones, pero está denotando que existe un problema de base que, generalmente, es la depresión, aunque las causas pueden ser multifactoriales. "El tratamiento es similar al de toda dependencia: se empieza por descubrir las causas que hacen que una persona se aísle socialmente y necesite estar conectado a una PC", indica el psiquiatra. En la Argentina no hay estadísticas aunque, según el especialista, se observan cada vez más casos de adicción a la Red. Claro que la adicción no se caracteriza por la aparición de emociones violentas como en un adicto a drogas, en quienes la desesperación ante la falta de la sustancia impregna el carácter. Nadie golpea paredes o puertas por no estar conectado, pero la ansiedad y el pensamiento continuo en el objeto de dependencia sí están presentes. De la PC del trabajo a la de la casa El grupo de edad más afectado son los adolescentes, aunque también las personas adultas pueden caer en esta afección. En menor medida, los ancianos, por el poco acceso que pueden llegar a tener a una computadora. Quienes trabajan directamente con computadoras conformarían la población de mayor riesgo, aunque no es determinante. "Para muchos, trabajar o manejar computadoras es una pasión; no obstante, siempre tiene que existir esta cuestión de la continuidad, de aislamiento social, para estar conectado", indica Sahovaler. Una persona puede trabajar ocho horas frente a una computadora y luego ira a su casa y compartir el resto del día con su familia sin acordarse de la pantalla o, por el contrario, llegar a su hogar y volver a prender la PC y continuar en red, ya sea buscando información, enviando correos, chateando o subiendo fotos. En el país no existe hasta el momento lugares específicos ni programas de "rehabilitación" para quienes padecen adicción a la red. No obstante, según el especialista, lo mismo pasa con adicciones a algunas sustancias, como el paco, que, por ejemplo, no cuenta con un plan de atención en hospitales públicos. Quienes sí fueron pioneros en instalar "granjas" para atender a los ciberadictos fueron los japoneses, medida que era esperable con más del 90 por ciento de la población conectada a la web. Se estima que allí, el 30 por ciento de los chicos menores de 18 años está en riesgo de convertirse en un adicto a la red. Desde fines de 2007, en medio de la naturaleza y mediante terapia ocupacional, los pacientes --en su mayoría jóvenes y adolescentes-- intentan olvidarse de la computadora para dar lugar a la vida real, persona a persona, donde lo que se ve puede tocarse, olerse y sentirse. Fuente:http://www.lanueva.com/edicion_impresa/nota/7/05/2008/857106.html
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