Este es un artículo publicado por la revista El Gráfico, a fines de los años ochenta, no sé bien el año. Los barrabravas dan la cara. Uno los ve sentados alrededor de una mesa, riéndose casi descaradamente, compartiendo una rueda de café y una charla de "amigos", y se resiste a pensar que estos sean los mismos hombres que, domingo a domingo, puedan decidir a su libre albedrío si el fútbol será una fiesta o un drama. Uno los ve así, y hasta le parecen ingenuos. Los escucha, y entonces cuesta creer que ellos sean capaces de planear "redadas" y "aprietes", con el único objetivo -reconocido con toda naturalidad- de mostrarse más valientes y poderosos que sus enemigos. Se presentan sin más: el Gordo Dardo (Horacio Roberto García, 41 años, casado desde hace veintiuno "con la misma mujer", padre de ocho hijos); Fierro Grande (José Amuchástegui, 44 años); Cacho Ciudadela (Horacio Baldo, 38 años); He-Man (Nicolás Vázquez, 19 años); Topo (Gastón Giaccio, 20 años) y el Gallego (Fabián Fernández, 30 años). Representan a Racing, Gimnasia, Estudianes e Independiente. Aseguran que mueren por sus clubes. Son los amos y señores, los líderes, los "pesados" de cada una de esas hinchadas. Ellos son "barrabravas", y parece que a mucha honra. -Barrabravas, no -interrumpe Dardo (Racing)-. Ese es un término que de por sí suena agresivo. Nosotros somos, y me tomo la atribución de hablar por los demás muchachos, los cerebros ideológicos. Yo no soy el más "capanga" de mi barra, pero sí el más organizativo: el que aconseja a los chicos sobre la forma de proceder en algunos casos, el que dialoga cuando hay que frenar situaciones que nunca se sabe en qué pueden terminar. En fin, cuando se necesita un tipo de chamuyo para resolver problemas, ahí estoy yo. Y si no estoy, me llaman. -Los jefes no existen en la mayoría de las hinchadas -dice Fierro Grande (Gimnasia)-. No hay alguien que diga "vamos detrás de Fulano" y todos lo siguen. Ese puede ser el caso del Abuelo, que está rodeado de forros. Pero en las hinchadas en serio, y la de Boca no lo es para nosotros, las decisiones se toman entre seis, siete o diez tipos. -Y que nadie piense que vivimos pendientes de hacer quilombo porque se equivoca de lado a lado -termina el Gallego (Independiente)-. Yo, a través de los años y de haber mantenido una conducta, me hice conocido. Ahora, desde el partido con Huracán, me abrí. Voy a la cancha, pero no pertenezco al grupo. Estoy cansado de la violencia y quiero colaborar desde afuera para terminar con ella. -Escucháme una cosa -vuelve Dardo-. La violencia no le gusta a nadie, o vos pensás que yo me pongo contento cuando muere alguien en una cancha. A mí, los años me han llevado a actuar de otra manera, porque cuando sos pibe no te importa nada... Yo he sido muy agresivo, muy violento, pero ya no. No te digo que soy un santo, pero casi ya no peleo. Me gustaría que se afloje con todo esto de una buena vez. -En Estudiantes de La Plata hay dos bandas -agrega Topo- y He-Man y yo pertenecemos a la parte más joven. Con los grandes nos llevamos bien, cada uno ocupa su lugar, pero de la violencia todos pensamos lo mismo. Hay que terminarla. Racing e Independiente, Gimnasia y Estudiantes. ¿Cuántas leyendas futboleras se habrán escrito en Avellaneda y en La Plata? ¿Cuántas historias clásicas? Sin embargo, los cuatro "cerebros ideológicos" -hagámosle esta concesión- no se ponen colorados cuando se definen "casi amigos". Si usted se pregunta por la rivalidad, ellos también podrán explicarle dónde ha quedado. -La rivalidad es parte del juego -coinciden-, mucha fantasía. Lo que se llama el folclore del fútbol. Hay muchas hinchadas que son amigas entre sí, claro, y debe ser porque no se ven muy seguido. Entre nosotros nos conocemos bien y hay pactos de no agresión, de respeto. Nunca vamos a mandarnos en cana los unos a los otros, porque el enemigo es el mismo: la policía. La policía. Los cuatro hacen silencio y se buscan con las miradas. No tienen miedo, no. Si accedieron a la entrevista es porque saben que de nada les sirve ocultarse y no dar la cara. "Nosotros ya estamos jugados, la yuta nos tiene recontraescrachados", dicen. Pero ahí están, hablando del tema. -La cana es lo que llamamos "el grupo de choque" -larga Dardo-. La guardia de infantería. Ellos son, en un ochenta por ciento, los que provocan los disturbios y todos los despelotes de los que nos responsabilizan a nosotros. Llegan a la cancha y se pasan toda la tarde esperando la más mínima reacción nuestra para poder darte duro con el palito de abollar ideas. Eso es lo que persiguen. -Yo quisiera que alguien me explique -pide Fierro Grande- por qué acá, cuando hay una muerte en un estadio, nunca se investiga a fondo. Todo lo que hacen es hablar durante quince días, y después, nada. Periodistas, sociólogos, psicólogos, diputados, concejales, policías, todos nos tiran mierda a nosotros, que no tenemos oportunidad de expresarnos y dar nuestra versión. ¿Por qué? -¿Sabés por qué? -contesta Dardo-. Porque de las últimas quince o veinte muertes en el fútbol, todas fueron provocadas por balas de la yuta. ¿Te quedó claro, ahora? Hechos y personajes. Los muchachos recuerdan proezas viejas e inolvidables. En esta parte de la conversación, el periodista casi no interviene. Ellos mismos se preguntan y contestan Descifrar sus códigos, cuando los utilizan con sapiencia casi profesional, es imposible. El grabador si limita a escupir voces eufóricas y, a veces, hasta nostalgiosas. Cuentan de batallas perdidas y ganadas, de trofeos de guerra y bajas en combate. Ordenando las palabras, pueden aparecer relatos tan sorprendentes como los que siguen. *"Antiguamente, te peleabas con la policía y lo máximo que te podía pasar era comerte un par de garrotazos y algunas horas a la sombra. Hoy, la represión es mucho más fuerte. Los dirigentes y los abogados ya no quieren quedar pegados y no van a defenderte. Ellos tampoco son tontitos. Entonces, tratamos de tener más cuidado. No es joda." *"Los gastos nuestros los costea gente que está dispuesta a colaborar y que es muy solvente económicamente. Empresarios, artistas, políticos, que tienen su berretín con el fútbol y nos apoyan. Escuchame, viejo, imagináte un partido sin hinchadas. Todo se moriría, sería muy triste. Nosotros tenemos una carpeta de clientes que salimos a visitar cuando necesitamos guita." *"Yo hago política en Racing porque me gusta participar. Soy miembro de la Honorable Asamblea y ese es un derecho que tienen todos los socios y yo lo aprovecho. Además, para criticar hay que estar adentro, porque de afuera es muy fácil." *"Atenti, porque muchas barras trabajan con la taquería (policía). Un día, yo zafé, pero éste quedó pegado. Vinieron los de Estudiantes en taxi, rodearon al micro nuestro y se llevaron a dos, que fueron a parar al hospital. Quilmes también hace los mismo. La taquería les da veinte minutos para que ellos actúen y te rompan las bolas. Después, de golpe, aparecen y te dan el tiro de gracia." Matar al abuelito. Por seguna y útlima vez en la tarde, todos hacen silencio y se buscan con las miradas. Alguien tiró el nombre de José Barrita, el célebre número uno de la número doce. Hay que hablar del Abuelo y los muchachos, acá también, tienen algo para decir. Antes, vale una aclaración: a la hora de realizar esta nota se entrevistaron a muchos más jefes de hinchadas de los que finalmente aceptaron participar. Las causas de las ausencias se explican aparte, pero todos coincidieron en algo: "Si está el Abuelo no vamos." Paradójicamente, la actitud de Barrita fue la misma. "Yo no comparto la mesa con otras hinchadas. Ni loco. Boca no hace amistad con nadie." No sólo lo separan el odio que todos sienten por Boca, sino también el modo de "trabajar". Juran que el Abuelo no respeta los códigos inviolables que toda barra tiene. Que fabricó un personaje y lo explota cada vez que puede. Que nadie debería confiar en él, porque es capaz de traicionar a sus propios compañeros. "Se la da de súperheroe pero a La Plata no va nunca" -dice el Topo. "Ese tipo no hubiera peleado ni en Malvinas. Es lo más cagón que existe", agrega Cacho. Fierro Grande recuerda una anécdota que los dejó marcados: "Para el Mundial de España ´82, la mayoría de las barras nos reuníamos en la sede de Huracán. El Negro Thompson de Quilmes, Cacho de Lanús y Fanta de Central, eran las cabezas del grupo. El Abuelo fue invitado a participar y se borró. Se aisló él y todo su grupo. Después, nosotros no fuimos y ellos sí. Él es como la policía, se cuida y no le importa nada de lo que pueda pasarle a los giles que lo rodean. Les da un café con leche y medialunas, y chau. Monta todo un show para él y termina firmando autógrafos". "Yo, con José, nunca tuve problemas -agrega el Gallego-. Puedo no coincidir con muchas de las cosas que él hace, pero lo respeto. Me parece un tipo muy inteligente. ¿Quién puede negar eso?" Dardo tampoco calla su bronca: "Después que mataron al pibe Basile del bengalazo, los esperábamos a los bosteros en Avellaneda. Teníamos mucha furia acumulada, pero por el bien del club y para que no nos suspendan la cancha le prometimos al presidente, el finado Taddeo, que se quedara tranquilo, que nada iba a pasar. De casualidad, tres de los nuestros pasamos por la comisaría y lo fuimos a ver al comisario, un tal Bajo, que medía dos metros de alto y uno de ancho. Él nos contó que el periodismo no paraba de llamar para saber cuántas muertes iba a haber. Entonces, le explicamos que habíamos decidido portarnos bien y le aseguramos que dentro del estadio todo iba a estar calmo. Ahí fue cuando nos invitó a quedarnos unos minutos y, al rato, aparecieron los muchachos de Boca: el Lecherito, el Narigón, el Poronga y otros personajes. ¡Qué tal! Los tipos pedían garantías de seguridad. Al domingo siguiente, la poli los custodió desde el puente nuevo hasta la cancha. A mí no me caben dudas, el Abuelo es un pirata." Si usted es de los que creen que los poseen rara vez se equivocan, lea atentamente lo que escribió Joan Manuel Serrat, a propósito de esta última definición: "Todos los piratas tiene/ atropellos que aclarar/ deudas pendientes y asuntos/ de los que mejor no hablar/ se beben la vida de un trago/ y se ríen con descaro... No hay historias de piratas/ que tengan un final feliz/ ni ellos, ni la censura/ lo podrían permitir/ por la espalda, en una esquina/ gente a sueldo los asesina". Fundación El Abuelo. Nadie, en el ambiente futbolero, niego la trascendencia de la figura de José Barrita. Ni sus enemigos más acérrimos, que son muchos. Otros, incluso, son capaces de dejar de combatirlo para alabarlo, de un día para el otro y sin motivos a la vista. Uno recuerda las acusaciones que Antonio Alegre y Carlos Heller le propinaron antes de que el presidente de Boca compartiera con él una cena "familiar" y terminara declarando que "ahora que lo conozco puedo decir que es un buen muchacho". Lo cierto es que, obviamente, el célebre Abuelo fue invitado a participar de la idea de Goles de juntar a los jefes de hinchadas para escuchar sus opiniones. Su respuesta, vía telefónica mediante, se transcribe a continuación: "No, yo no quiero de ninguna manera formar parte de esa nota. La barra de boca tiene códigos propios, no puede ni quiere mezclarse con ninguna otra. Por eso formamos una Fundación y tenemos nuestra personería jurídica. Estoy cansado de leer y escuchar mentiras sobre nosotros, y sobre mí en particular. Yo no soy un artista ni un político. Soy un hombre como todos. Al periodismo no le creo nada, ustedes están obligados a encontrar al malo de la película en alguna parte y se la agarran con nosotros. Yo quisiera saber si actuando de esa manera han logrado terminar con la violencia en las canchas y con las lacras de la sociedad. No viejo, yo no entro en ese juego. Si los demás aceptaron participar es porque no existen y necesitan propaganda. Si hablan mal de mí, no me preocupa en lo más mínimo porque no son nada. Te digo más, estoy cansado del verso de siempre. Los que estamos de este lado de la historia sabemos cómo es todo. Hasta escuché que el señor Menotti había llegado a un acuerdo conmigo y no sé cuántas pavadas más. Eso me hace pensar que lo mejor que puedo hacer es mantenerme en silencio y dejar que hablen los giles. No existen, pobrecitos. En cambio, yo sí, si no no dejarían de hincharme las bolas". La interna llegó a la tribuna. Para explicar la situación que vive hoy la hinchada de River, es necesario hacer un poco de historia. El viernes 29 de enero de este año, dos de los integrantes más representativos de la barra millonaria, Sandokán (Miguel Alejandro Cano, 30 años, soltero) y Melena (Ismael Guassardo, 26 años, también soltero) atacaron salvajemente a Daniel Passarella en la puerta del Hotel Mirador, en Mar Chiquita, en plena pretemporada. Eran tiempos calientes para el plantel, por la seguidilla en contra frente a Boca y por la separación del arquero Angel Comizzo. Tomando como mojón ese episodio, la hinchada se dividió más que nunca y vive su propia crisis, agravada por la interna política que envuelve a todo el club. Así las cosas, hay tres grupos bien visibles: Palermo Viejo (debilitada después de la muerte de Matutito, en 1983), Laferrere y Boulogne. A éste último pertenecen Sandokán y Melena, quienes actualmente están procesados por el caso Passarella. Por los pasillos del Monumental, se asegura que cada candidato presidencial tiene su apoyo, aunque todo se encubre bajo un manto de tinieblas. Dávicce, Di Carlo, Sabbag y el mismísimo Alonso, habrían recibido "ofertas" de campaña. Por la confitería, lugar logístico si los hay dentro del club, los muchachos rara vez aparecen, y si lo hacen, no dejan rastros. Nadie sabe nada acerca de ellos, pero tampoco nadie duda que tomarán parte de la lucha electoral. El violento choque contra los hooligans en México ´86. La barra brava argentina era conducida por el Abuelo, jefe de la Doce boquense. Y se habían sumado las barras de Chacarita y Estudiantes, además de un grupo de exiliados políticos provenientes del peronismo. A esa fuerza de choque se le agregó una cincuentena de escoceses, motivados también por su odio ancestral a Inglaterra. Los hooligans ingleses llegaron con el dudoso prestigio de salvajes que habían logrado en recientes incursiones criminales por Europa. Para ambas barras era una cuestión de honor y la colisión era inevitable. A pesar de la vigilancia de la Guardia de Infantería mexicana, el encuentro se produjo una tarde en el cruce de las avenidas Reforma y Revolución, a los pies de la columna que sostiene el Ángel de la Independencia. La paliza que recibieron los inglese fue tremenda. Decenas de heridos ingresaron en los hospitales y los hooligans huyeron perseguidos hasta su dispersión total. Los argentinos, incluso, les arrebataron las banderas y manifestaron hasta el amanecer agitando los trofeos capturados. Y durante el partido con Italia pasearon y humillaron los estandartes británicos por el estadio. Como coronación, les prendieron fuego ante la azorada mirada del público. Fuente: http://www.barra-bravas.com.ar/
Los barrabravas dan la cara (Revista el Gráfico)
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