Les presento parte de este artículo, un testimonio de que muchas "comunidades indígenas" en Tucumán son un invento del siglo XXI.
Otra equivocación del INAI al juzgar a la familia López de Zavalía
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Sabemos que el Sr. Federico Casinelli, no es oriundo de Tucumán, por lo que nos atrevemos a informarle que:
1- La comunidad de Tolombón es originaria, de los Valles Calchaquíes, Tolombón, Departamento Cafayate, Salta.
2- El gobernador Mercado al retirarse de su segundo gobierno en 1670, alude a doscientos familias que “viven en valle de Choromoros, en una legua de distancia…los Colalaos, Tolombones y Chuchagasta” Carta del Cabildo secular de Santiago del Estero a S. Magestad el 20-VIII-1677. Se encuentra en el Archivo General de las Indias (AGI). Audiencias de Charcas, 34.
3- Los descendientes de los indios de Colalao y Tolombón dividieron judicialmente entre los años 1903 y 1906 la Estancia Colalao, que dichas comunidades adquirieron por compra, a una española en 1679, luego de abandonar sus territorios ancestrales; poniendo fin de esta manera no solo al condominio, sino también a las comunidades mismas, que de todos modos habían dejado de funcionar como tales ya en siglo XIX. En expediente 1, serie E, Caja 202, del Archivo General de la Provincia de Tucumán, consta que los herederos y entonces comuneros, poseedores de la Estancia que tenían en San Pedro de Colalao, en el año 1906, disolvieron en un trámite judicial el condominio, y la comunidad existente, por mutuo acuerdo de partes interesadas.
4- Las tierras que ocuparon lo indios de Colalao y Tolombón conformaban una estancia conocida como “Estancia de los Colalaos” o “Estancia Pusana”, escriturada como propiedad privada.
Nota de @Ill_be_back: Ven? Esos indios ya tenían sus propias tierras, las tenían escrituradas en buena ley, y las tenían en sus tierras ancestrales: en Salta. No en Tucumán. Sigue el artículo:
Por si los breves datos históricos no son suficientes, ofrecemos al Sr. Federico Casinelli, referente del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas y a quienes están apoyando a estos supuestos indígenas, el testimonio ante escribano, del Sr. Juan Felix Saso, de 70 años, oriundo de Reartes, quien opina distinto sobre la familia López de Zavalía.
LA HISTORIA DE REARTE SUR CONTADA POR JUAN FELIX SASO, UN LUGAREÑO
Mi nombre es Juan Félix Saso, nací el 8 de julio de 1942, en la localidad de Rearte Sur, Estancia Riarte, en la casa de mis padres, Don Gregorio Eusebio, (más tarde conocido como Gregorio Eusebio Saso) y de Doña Prudencia Visitación Córdoba. Mi padre nació en Cortaderas de Tafí, jurisdicción de Amaicha del Valle, era hijo natural de María Indalecia Mamaní, y nieto, según recuerdo, de Marta Clemente Saso (de origen italiano, venida en la época de la colonización allá por 1820, según contaban mi abuelo Nicasio Córdoba y mi tío abuelo Lucas Saso) y de Don Diego Mamaní, criollo nacido en Amaicha. A su vez mis abuelos maternos eran Nicasio Córdoba y Esilda Coique (hoy Colqui), ambos criollos. Mis padres vivían en la banda sur del río Riarte, y lo hacían, como todos los habitantes de la estancia Riarte, en terrenos facilitados por sus dueños, la Flía López, descendiente del General Javier López y de su hijo Javier López Aráoz, siendo el segundo, el primer López propietario de Riarte, según lo que tengo conocimiento. Mis padres se dedicaban, también como lo hacían todos los habitantes de Riarte, a la cría de animales, al cultivo, artesanías, y actividades propias del lugar. Al nacer fui bautizado en San Pedro de Colalao, siendo mis padrinos Eusebio Burgos y Juana Burgos (criollos nacidos en San Pedro de Colalao). Fui bautizado en la fé católica, como acostumbraban hacerlo en aquellos tiempos todos los habitantes de Riarte.
En aquellos tiempos no se conocían caciques, ni nadie que viviera en la Estancia Riarte se consideraba indio, o hablaba otro idioma que no fuera el castellano, o practicaba ritos o costumbres que no fueran las criollas. Es más, jamás en todos mis años de vivir allí, recuerdo que se hubiera festejado la Pachamama, que en cambio, sí se festeja en Amaicha del Valle desde hace 38 años, ya que antes se festejaban los carnavales. Se festejaban navidad, fin de año, carnaval, fiestas patrias, se respetaba la semana santa. A partir del año 1959, comenzamos a festejar todos los 2 de febrero la fiesta de la Virgen de la Candelaria, que aún hoy se sigue festejando. Recuerdo que incluso la prima hermana de mi madre, Doña Eulogia Córdoba de García, rezaba en latín.
Allá por los años 1951 o 1952, se constituyó la Comisión Cooperadora de la Escuela de Riarte, y fueron sus autoridades Nicasio Córdoba como presidente, Ramón Córdoba como secretario, Nicolás Condorí como tesorero, Hilario Aguirre, Gregorio Saso (mi padre), Segundo Aguirre, Agustín López como vocales. Ellos se pusieron en contacto con el Inspector General, Sr. Nicolás Albarracín (Inspector Nacional según recuerdo), siendo gobernador de la Provincia el Sr. Fernando Riera o el Sr. Luis Cruz. La comisión se puso en contacto a su vez con el Dr. Javier López, hermano de los Sres. Roque y Lucía López, los tres, propietarios de la Estancia Riarte, de quíen recibieron la autorización para instalar la escuela en el lugar actual. A su vez, el Sr. Javier López les ofreció toda la colaboración que necesitaran para concretar los trámites, ya que dicho señor era muy gaucho. La Comisión levantó con sus propias manos la escuela, de paredes de adobe blanqueadas a la cal y techo de paja, y pisos de tierra. Al poco tiempo se le hizo el piso de cemento alisado pintado de rojo. Los materiales fueron facilitados por la familia propietaria, ya que fueron extraidos de sus propias tierras. La cal fue extraída del paraje Las Cañas, quemada cerca del corral del campo de Riarte. La paja fue entregada, parte por los propietarios de la finca, parte fue recogida por los miembros de la comisión, dentro de la finca y con autorización de los propietarios. Así en enero de 1954 ya estaba terminada, pero faltaban los muebles y el maestro. En esa época Feliciana Ríos de Morales gestionó, a través del Senador Domingo Leccese, que enviaran los muebles y una maestra. La primera maestra, Nelly Bondia de Dode, llegó junto con los muebles a fines de marzo de 1954, y comenzaron las clases el 2 de abril de 1954. (Me acuerdo muy bien, porque ese año asistí al cuarto grado de la escuela. El quinto grado tuve que hacerlo ya en la escuela de Gonzalo, porque no había en la de Riarte). Alrededor del año 1957 fue reemplazada por la Sra. maestra Gladys del Valle Albarracín. A los dos años la reemplazó un maestro de apellido Barrera.
Al cumplir los 18 años trabajé transitoriamente para los propietarios de la estancia Riarte, siendo capataz el finado Nicolás Condorí. De allí no recuerdo muy bien, cuales fueron los maestros que siguieron en la escuela, ya que por esos años salí a trabajar fuera de Riarte, en lo de Eduardo Nieva, en las juntas de los ríos Salí y Lules, en la cosecha de caña. Recuerdo que mi hijo Juan Carlos (nacido el 13/03/1965), tuvo como maestra a la Sra. Adela Fernández Gallo de Ramírez, quién se jubiló en los años 1976 o 1977 (no recuerdo muy bien). En el año 1959 el finado Nicolás Condorí, capataz de la finca, por instrucción de los propietarios, construyó la capilla del Bordo de la Mesada. Recuerdo que ayudé en su construcción, junto con los restantes empleados, arrendatarios y personas que vivían de prestado en la estancia. En ese mismo año el Ingeniero Roque López de Zavalía, trajo la imagen de la virgen, para la capilla, y comenzaron los festejos a la Virgen de la Candelaria. El 23 de noviembre de 1967, en compañía de Lubín Condorí, peticioné al Dr. Fernando Justo López de Zavalía, sobrino del Dr. Javier López y de Doña Lucía López, e hijo de Don Roque López, propietarios de la Estancia Riarte, en su carácter de apoderado, el préstamo de los terrenos necesarios, y la autorización para establecer en Bazurco, la cancha de Fútbol. Ese mismo año obtuve la autorización en la dirección de deportes, e inauguramos la cancha. Fui el primer presidente del Club Atlético Rearte, cargo que ocupé durante aproximadamente 15 años. A fines de 1973 me fui a trabajar a la empresa Agolio, en el campamento de Tacanas. La empresa estaba construyendo la que sería la actual ruta provincial n° 311, que cruza la Estancia Riarte. En el año 1974 me casé con Gerónima Emiliana Cruz, hija de Ignacia Cruz, sin padre conocido. En el año 1979 nace mi primer hijo, y es ahí cuando le pido al Dr. Fernando Justo López de Zavalía, me preste los terrenos necesarios para construir una casa precaria y sembrar en Bazurco, donde actualmente vivo, sobre la Ruta n° 311, Km. 46. Posteriormente le solicité en préstamo algunos vacunos, a los cuales se me autorizó a sacarles leche para mi propia utilidad, como resulta de práctica en la Estancia, con aquellas personas que no tienen gran cantidad de hacienda propia y piden se les autorice a lechear la ajena. En el año 1991, el entonces Director de la Escuela, Sr. Gamboa y José Carlos Condorí (actual enfermero del hospital de Trancas), hijo del finado Lorenzo Condorí, gestionaron la instalación del Dispensario al lado de la Escuela de Riarte, dentro de los terrenos que ocupaba en préstamo. El proyecto se continuó en 1996 y 1997, siendo yo el representante de la zona. En todos los años en que viví en Riarte, no hubo problema alguno con respecto a las tierras. Todos los habitantes de Riarte, respetaban a la Flía. López, luego López de Zavalía, como los propietarios de todas las tierras, y eran sus integrantes quienes las prestaban o arrendaban según las necesidades y pedidos de los habitantes. No solo prestaban las tierras, sino también prestaban caballos, mulas, o animales vacunos, a quienes se los pidieran, les permitían extraer leña, paja, madera y otros materiales para construir, o cercar, generalmente con la sola palabra. Las marcadas o vacunadas, generalmente se hacían con conocimiento y ayuda de todos los vecinos, fueran las de los animales de la Estancia, como de los diferentes arrendatarios, ya que en esas oportunidades se hacían los apartes, y quien encontraba un animal que le pertenecía, aprovechaba para señalarlo o vacunarlo en presencia de todos los vecinos y propietarios. Como no fuera por el problema de las pérdidas naturales (enfermedades, animales dañinos, caídas, etc.), o animales mañeros que ingresaban a los cercados, no se suscitaban mayores problemas en la estancia entre los pobladores, y los que aparecían, se solucionaban amigablemente, muchas veces, con la intervención del Dr. Fernando Justo López de Zavalía, quien facilitaba el arreglo entre las partes en disputa. Más aún, recuerdo que los vecinos se ayudaban entre sí, muchas veces con la intervención y apoyo de los empleados de la Estancia, o de los propios propietarios de la Estancia, los López de Zavalía. Es así que en ocasión de que el Río Riarte tuviera una gran crecida (creo que el año en que el Río Tacanas se llevara el puente colgante de San Pedro), y se llevara la casa de Clodomiro Villagra en el bajo (que estaba en terrenos prestados por la Flia. López de Zavalía), ayudé personalmente, junto con Juan Condorí, Fernando Justo López de Zavalía, su señora, sus hijos, Celín Córdoba, Reyes López, Isidro Morales, y Omar Velárdez a contener temporalmente el avance del río, para permitir que Clodomiro Villagra se trasladara a la mesada, en donde ahora vive su hijo Carlos Villagra, en terrenos que le prestara en esa ocasión el Dr. Fernando Justo López de Zavalía. El primer recuerdo que tengo de un problema grave fue cuando en el año 2004 el Sr. Donato Nieva fue detenido por la policía por haber carneado un animal de propiedad de la familia López de Zavalía. Posteriormente en el año 2005, la familia López de Zavalía inicia un juicio contra Donato Nieva para correrlo de la Estancia. Es allí cuando por primera vez comienzan a aparecer en la Estancia Riarte personas extrañas que invitaban a las reuniones de una comunidad indígena que decían se había constituido en la vecina localidad de Gonzalo. Más tarde oí de que fueron miembros de esa comunidad, traídos de localidades vecinas o de la ciudad, con la ayuda de unos pocos vecinos, quienes impidieron por la fuerza que el Juez de Paz cumpliera una orden de desalojo contra Donato Nieva ese mismo año 2005. Posteriormente, a través de mi esposa, me fui enterando de que la Comunidad Indígena decía que había ganado el juicio, de que las tierras de la Estancia Riarte eran de la comunidad indígena, y de que correrían de la estancia a aquellos que no aceptaran unírseles. A mi parecer, lo más curioso de esa comunidad, era que según lo que decían, su primer cacique fue Don Cosme Morales, a quíen conocí personalmente, y que nunca me contó de su condición de cacique. Digo que conocí a Don Cosme Morales durante muchos años, ya que vivía gran parte del año dentro de la Estancia Riarte, en terrenos prestados por la Flía López de Zavalía, propietaria de la Estancia. Se que el Sr. Morales iba incluso a la Sala de la Estancia a saludar a los propietarios cuando iban a pasar sus vacaciones de verano. Ahora he tenido conocimiento de que el día lunes 12 de noviembre de 2007, luego de la reunión que tuviera la comunidad indígena en Potrero, un grupo de vecinos y otras personas que viven en Tafí Viejo y El Cadillal, y que se dirían miembros o simpatizantes de esa comunidad indígena, impidieron bajo amenazas, que personas autorizadas por el empleado de la Estancia, Juan Condorí, continuaran trabajos de cercamiento de tierras ubicadas en la mesada de abajo, arriba de la escuela de Riarte. Me consta que dichas tierras, que son parte de la Estancia Riarte, de propiedad de la Flía. López de Zavalía, estaban además en posesión y tenencia de esa familia. Dichas tierras eran sembradas hace muchos años por mí, y los Sres. Celín Córdoba, Arsenio Córdoba, Avelino Córdoba, Dalmiro Córdoba, y Froilán Córdoba, por préstamo que nos había hecho la Flía López de Zavalía. Hace algunos años, en vida aún del Dr. Fernando Justo López de Zavalía, quién falleció a principios de 2005, yo y los Sres. antes mencionados, devolvimos al Dr. Fernando Justo López de Zavalía esas tierras de la misma manera en que las habíamos recibido, de palabra, ante nuestra imposibilidad de continuar sembrándolas, entre otras razones, porque no nos poníamos de acuerdo en como arreglar los cercados. También sembraban tierras en esa mesada, contiguas a las anteriores, y continuaban haciéndolo, con autorización de sus propietarios, la Flía. López de Zavalía, los Sres. Carlos Villagra, Raúl Mamaní, Isidro Morales y su hermano Omar Velárdez, a quienes también atropellaron estas personas impidiéndoles continuar con su trabajo de cerramiento. Es todo cuanto recuerdo por el momento, sobre las cosas que conocí de la Estancia Riarte, y que para fé de verdad y perpetua memoria, dejo por escrito y firmo de mi puño y letra, a los 15 días del mes de noviembre de 2007, en San Miguel de Tucumán.
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