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EL VIRREYNATO DE CRISTINA
“Artigas quiso ser argentino y no lo dejamos, carajo”
La presidenta argentina recordó la historia y se lamentó de que Argentina no haya aceptado a los delegados de la Banda Oriental y en consecuencia de que en la actualidad haya dos naciones diferentes.
La mandataria de Argentina, Cristina Fernández, encabezó en la tarde de este martes una ceremonia en celebración de la fundación de la ciudad de Paraná, capital de Entre Ríos.
En este marco, reflexionó sobre la historia que une Uruguay con Argentina: “Esta bandera de Entre Ríos, cruzada por la franja roja que es el símbolo de Artigas, vivo en la tierra entrerriana, de ese Artigas que quería ser argentino y no lo dejamos, carajo. ¿Cómo pudo haber sido posible?”. Acto inmediato, Fernández pidió disculpas por haber dicho “carajo”.
Luego, se lamentó de que no se haya seguido el pensamiento artiguista y que hoy en día existan dos naciones separadas.
“Me da bronca cuando uno lee la historia. Cuando uno lee la historia y ve que desde Buenos Aires le rechazaron los delegados a la Banda Oriental y por eso hoy no somos una sola nación, como tantas otras cosas que pasaron nos dividieron y nos separaron. Uno entiende que tenemos que recorrer el camino inverso hacia dentro y hacia afuera”, sentenció la presidenta argentina.
Después y haciendo referencia estrictamente a Argentina manifestó la importancia de construir “unidad nacional que no significa estar de acuerdo en todo ni con todos, porque lo importante es estar de acuerdo con las cosas fundamentales”.
Antes, había manifestado la importancia en la historia argentina de Belgrano, San Martín, Moreno, y Perón y Evita Hipólito Yrigoyen, entre otros, por llevar adelante “los ideales de un país”.
Dovena defendió dichos de Cristina sobre Artigas
La insistencia de la presidenta Cristina Fernández respecto a que Artigas "siempre quiso ser argentino" reavivó un debate histórico en torno al prócer. El embajador argentino en Uruguay, Dante Dovena defendió en las últimas horas las palabras de Fernández.
La primera referencia la hizo la mandataria el 26 de junio, en un acto en Entre Ríos, donde se mostró disgustada ante el hecho de que fueron los porteños quienes rechazaron a Artigas en la Asamblea del año XIII. “Quiso ser argentino y no lo dejamos, carajo” reflexionó entonces Fernández.
Hace dos días volvió con el tema en un acto en Pilar, ante un público mayoritariamente infantil y adolescente. En esa oportunidad dijo que “Artigas fue un héroe tal vez desconocido para los argentinos, pero un gran héroe como San Martín, Belgrano, Bolívar”. Y luego mencionó un supuesto testamento de Artigas, donde decía: “Yo, Gervasio Artigas, argentino, nacido en la Banda Oriental…porque siempre quiso ser argentino y no lo dejaron”, expresó.
En las últimas horas el embajador argentino en Uruguay, Dante Dovena, defendió las palabras de Cristina. “Siempre se habló de Provincias Unidas, dentro de la cual estaba la Banda Oriental, incluso hay un testamento en que se dice argentino”, manifestó Dovena.
“Estaba en contra de la creación de Uruguay, quienes establecieron el Estado uruguayo no lo querían mucho, pero más allá de eso, lo que hizo la presidenta fue hacer un mea culpa profundo sobre lo mal que actuaron los porteños”, señaló el embajador a La Diaria, y agregó que cuando fue diputado en su despacho tenía los cuadros de Perón, Evita y Artigas.
-Hay en las palabras de la mandataria una bienvenida autocrítica
-Artigas sí fue, incluso contra su propia voluntad, el fundador de la nacionalidad oriental
-Es evidente que el jefe de los orientales se sintió siempre parte de una misma nación con los miembros de las demás provincias, y jamás soñó con separar la Banda Oriental
¿QUE SE DICE DE ESTO EN URUGUAY?
“Artigas no quería ser argentino: quería Provincias Unidas del Río de la Plata que es algo muy distinto. La señora tendría que leer las Instrucciones del Año XIII” (Pedro Bordaberry, senador y candidato presidencial del Partido Colorado).
“No señora, con todo respeto pero firme: Artigas es el jefe de los Orientales, pensó una Patria Grande, no en ser argentino” (Luis A. Lacalle Pou, diputado y candidato presidencial del Partido Nacional).
“¿Cinismo o ignorancia?” (Alfredo Solari, senador del Partido Colorado).
“Los argentinos nunca admitieron nuestra Independencia desde Artigas hasta nuestros días. Esa actitud es la que genera problemas hoy en día” (senador Luis Alberto Heber, presidente del Directorio del Partido Nacional).
“¡Basta de zonceras con Uruguay! ¿Sabe que San Martín era uruguayo?” (diputado Jaime Trobo, del Partido Nacional).
El tema es delicado, pues roza de manera directa el muy sensible diferendo sobre la separación de Uruguay del tronco virreinal que fuera común; y genera reacciones cargadas de chauvinismo. Abordarlo con seriedad exige, por lo tanto, más que otras veces, liberarse de prejuicios y tomar distancia de los sentimientos primarios, lo que no es fácil.
Pero vamos a intentarlo: en mi muy modesta opinión, la señora de Kirchner se equivoca por varias razones: primera, porque no es verdad que a Artigas “no lo dejaron” ser argentino; de alguna forma, lo fue toda su vida y murió siéndolo. Segunda, porque atribuye la independencia de Uruguay, hecho complejo si los hay, a un único factor: el rechazo de los diputados orientales por parte de la Asamblea General de 1813. Y ello implica una simplificación con la que no puede seriamente concordarse.
Más allá de toda polémica, hay un aspecto central en el que los orientales tenemos que estar agradecidos a la presidenta de Argentina: es la primera persona en la historia que, desde ese alto cargo, realiza una autocrítica de la injustificada exclusión de los representantes de la Provincia Oriental en la Asamblea de 1813. Y aquel exabrupto, consecuencia de la estrecha mentalidad centralista que por entonces predominaba en dicha institución, fue un factor de mucho peso en los problemas posteriores del federalismo artiguista con los gobiernos de las Provincias Unidas. No habrá sido la causa central de la escisión de 1828, pero sin duda contribuyó a la misma.
En el mes de mayo de 1810, con la metrópoli española ocupada por Napoleón, se constituyó en Buenos Aires la primera junta de gobierno autónoma del Río de la Plata, lo que ya apuntaba a la independencia. El 22 de mayo, un Congreso General de “la parte más sana del vecindario” reunido en Buenos Aires decidió:
1) Cesa en el mando el virrey don Baltasar Hidalgo de Cisneros.
2) El poder recae transitoriamente en el Cabildo de Buenos Aires, emanación directa de la soberanía popular de la ciudad.
3) El Cabildo debe nombrar inmediatamente una junta provisoria de gobierno.
4) Dicha junta ejercerá el mando con el compromiso de convocar, a la brevedad posible, un congreso de diputados de todas las provincias del virreinato, a efectos de tomar resoluciones definitivas sobre el futuro político de estos territorios.
Se aplicaba, de esta forma, la clásica tesis de la retroversión de la soberanía al pueblo en caso de acefalía; preso el rey Fernando VII de Napoleón, los criollos se decidían por fin a hacerse cargo de sus propios destinos.
Por supuesto, Buenos Aires no podía decidir por sí sola lo que le correspondía resolver a la totalidad de las provincias que constituían el virreinato del Río de la Plata; por ello, la convocatoria de un congreso o asamblea provincial que aceptara o rechazara lo resuelto hasta entonces, era imprescindible. La reunión de este organismo pasó por dos frustraciones hasta que, por fin, se formalizó en Buenos Aires (la “hermana mayor” del ya exvirreinato, al decir de Juan José Passo) el 31 de enero de 1813. Se la suponía depositaria de la legitimidad política, al menos hasta la restitución en sus funciones del monarca español, aunque en el ánimo de la mayoría predominaba ya idea de independizarse.
A la Banda Oriental (aún no provincia), le correspondía enviar sus delegados; y para ello convocó José Artigas, militar al servicio de la Junta de Mayo (para obedecer a la cual había desertado de su jerarquía de capitán de blandengues), el congreso provincial de Tres Cruces, en abril de 1813. Artigas lo abrió con un célebre discurso (la Oración Inaugural) que contiene una no menos famosa definición de su carácter democrático: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”.
Pero el planteamiento del caudillo fue insólitamente audaz: lejos de dar como un hecho que había que elegir a los diputados, de acuerdo con un reglamento aprobado por la Asamblea de Buenos Aires, se cuestionó si, previamente, había que reconocer o no la autoridad de dicho organismo, y, en caso afirmativo, si dicho reconocimiento debía de hacerse por mera obediencia o condicionada a un pacto. Esta actitud ya implicaba una concepción federal, en la que la provincia (declarada tal en el mismo congreso) se reservaba el derecho absoluto de decidir su propio porvenir.
Por fin, se resolvió admitir la autoridad de la Asamblea condicionada a un pacto, la principal de cuyas exigencias era una respuesta, por parte del gobierno convocante (con sede en Buenos Aires), al enviado artiguista ante el mismo, don Thomas García de Zúñiga. Este, a cargo de una misión que implicaba la reivindicación del jefe de los orientales (gravemente ofendido por Manuel de Sarratea en 1812) había sido hasta ese momento ignorado. Se eligieron seis representantes (Mateo Vidal y Dámaso Antonio Larrañaga por Montevideo; Dámaso Gómez Fonseca por Maldonado; Felipe Santiago Cardozo por Canelones; Marcos Salcedo por San Juan Bautista y San José, y Francisco Bruno de Rivarola por Santo Domingo Soriano) y se les munió con un pliego de 20 Instrucciones, que debían regir su actividad en el conglomerado provincial.
Fueron estas las celebérrimas Instrucciones del año XIII, redactadas por Artigas y sus secretarios (o sea, no sometidas a la aprobación del Congreso). Constituyen el origen del gran movimiento federal que se extendería en los años inmediatos por toda Argentina y signaría de manera decisiva su evolución política.
Implicaban un completo programa independentista y federal, en el que cada provincia se reservaba el derecho de tener su propio gobierno, su propia Constitución (sobre las bases de los principios republicanos) y hasta su propia fuerza armada. Se prescribía a los diputados orientales defender la libertad religiosa “en toda su extensión imaginable” y se decía, con ánimo desafiante: “Que sea precisamente fuera de Buenos Aires” donde se coloque la capital de la nueva nación.
Ya abordando otros puntos, el Congreso de Tres Cruces eligió un gobierno económico, presidido honorariamente por Artigas, que se haría cargo de resolver los problemas internos de la flamante provincia. A cada uno de sus integrantes se le hacía firmar la siguiente declaración:
“¿Juráis que esta provincia, por derecho, debe ser un Estado libre, soberano e independiente, y que debe ser reprobada toda adhesión sujeción y obediencia al rey, reina, príncipe, emperador y gobierno español y a todo otro poder extranjero, cualquiera que sea, y que ningún príncipe extranjero, persona, prelado, Estado, potentado, tienen ni deberán tener jurisdicción alguna, superioridad, preeminencia, autoridad ni otro poder en cualquier materia civil o eclesiástica dentro de esta Provincia, excepto la autoridad y poder que es o puede ser conferida por el Congreso General de las Provincias Unidas?”.
El texto no puede ser más claro; librada a la soberanía provincial estaba todo aquello que no fuera obstáculo al reconocimiento de la autoridad del Congreso General de las Provincias Unidas. Por si hubiera alguna duda, en la Oración Inaugural, Artigas había puntualizado: “Esto ni por asomo se acerca a una separación nacional; garantir las consecuencias del reconocimiento no es negar el reconocimiento”.
La Asamblea General de todas las provincias reunida en Buenos Aires resolvió rechazar a los diputados de la Banda Oriental, con el pretexto de que no habían sido elegidos de acuerdo al reglamento emitido por dicho organismo. Que se trataba de un pretexto, lo prueba el hecho de que otros representantes electos también al margen de dicho reglamento, fueron aceptados sin inconvenientes. La verdadera razón estaba en el programa federal que los orientales portaban consigo. Tanto es así, que cuando Felipe Santiago Cardozo comenzó a difundir el texto por las provincias del litoral argentino, fue puesto en hierros por la administración porteña.
Es a esta decisión, que ahondó drásticamente las distancias entre el artiguismo y los gobiernos porteños sucesivos, a la que se refirió la señora de Kirchner en su discutido discurso, cuando dijo que Artigas quiso ser argentino y “no lo dejamos”. Hay en sus palabras una bienvenida autocrítica.
En definitiva, la polémica (y la ofensa) se debe a la caracterización que la presidenta de la República Argentina hizo de Artigas como alguien que quiso ser argentino y no pudo. A este punto se refieren todas las objeciones que ya se han comentado.
Dice el senador Bordaberry que “Artigas no quería ser argentino: quería Provincias Unidas del Río de la Plata que es algo muy distinto”. Formalmente, tiene razón; Argentina no estaba constituida como tal, de manera que mal podía Artigas pretender ser parte de algo que no existía. El fondo del asunto es mucho más discutible: Provincias Unidas (nombre que aún mantiene Argentina, según su texto constitucional) era la denominación que recibía el Estado que se estaba formando, y del cual Artigas se sentía parte integrante. Eso quedó claro en 1813 y en todas y cada una de las circunstancias posteriores en las que se planteó el tema de la posible escisión de algún territorio. El caudillo rechazó incluso la constitución de un Estado aparte formado por la Provincia Oriental y Entre Ríos ofertado por uno de los gobiernos porteños de turno.
El diputado y candidato presidencial Luis A. Lacalle Pou rechaza las expresiones de la señora de Kirchner con el argumento de que Artigas “es el jefe de los Orientales, pensó una Patria Grande, no en ser argentino”. Nuevamente hay que distinguir los aspectos formales de los de fondo. Esa “Patria Grande” a que se refiere el doctor Lacalle Pou, ¿era la actual Argentina más los territorios de Uruguay y Paraguay, o algo aun más extenso? Cualquiera sea la respuesta, es evidente que el jefe de los orientales (carácter que nadie niega al formidable caudillo) se sintió siempre parte de una misma nación con los miembros de las demás provincias, y jamás soñó con separar la Banda Oriental y transformarla en nación aparte. Es más: vivió dicha separación como una dolorosa tragedia personal.
“Los argentinos nunca admitieron nuestra Independencia desde Artigas hasta nuestros días” –ha señalado el senador Luis A. Heber. Y cae con ello, según nuestra óptica, en un anacronismo; pues en tiempos de Artigas no se planteó seriamente la separación nacional de Uruguay. Y si algún gobierno porteño lo hizo, tuvo en Artigas su más decidido adversario.
Por lo tanto, ni ignorancia, ni cinismo, como dice el doctor Solari, ni “zoncera” como expresa el diputado Trobo, el que, además, pretende pagar con la misma moneda al recoger la peregrina tesis de que José de San Martín era oriental. Lo que la señora Cristina Fernández de Kirchner ha señalado es su parecer de que si no se hubiera rechazado, por parte de la Asamblea General de 1813, a los diputados orientales, Uruguay no existiría hoy como país independiente. Es una tesis aventurada e imposible de probar, pero no me parece ni ofensiva para la dignidad nacional, ni disparatada. En definitiva, creo que se está haciendo una tormenta en un vaso de agua.
Artigas fue, es y seguirá siendo el jefe de los orientales. Pero es también, y sin menoscabo de ello, un caudillo decisivo para la evolución política de toda el área platense, como creador del gran movimiento federal que se extendió inicialmente por seis provincias (Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Córdoba y la Oriental), generó caudillos del peso y la importancia de Pancho Ramírez, Estanislao López, Facundo Quiroga, Justo José de Urquiza, Juan Manuel de Rosas o Felipe Varela, y contribuyó a generar esa gran nación que es hoy la República Argentina. ¿Debemos ofendernos, entonces, porque un mandatario de la misma afirme que Artigas quiso ser argentino? Entiendo que no; que, por el contrario, deberíamos sentirnos orgullosos. Bolívar y San Martín, entre otros, son admitidos sin problemas como héroes de varias naciones. No se ve razón valedera para que Artigas no disponga de idéntico privilegio.
El ilustre historiador compatriota Guillermo Vázquez Franco ha expresado: “Es un disparate considerar a Artigas como el fundador de la nacionalidad uruguaya. Incluso muere como argentino. Fue argentino. Luchó como argentino y murió como argentino. Le ofrecieron la separación de la Provincia Oriental, junto con Corrientes y Entre Ríos. Y lo rechazó. Cuando en Paraguay se entera de la Convención Preliminar de Paz, dijo: ‘Ya no tengo patria’. Artigas es un argentino. Pero como nos apropiamos de Carlos Gardel, nos apropiamos de Artigas”.
Coincido con entusiasmo en lo de Gardel; pero mantengo distancias con los restantes conceptos. Artigas sí fue, incluso contra su propia voluntad, el fundador de la nacionalidad oriental. De él heredamos el respeto por las instituciones, el amor a la libertad individual, el apego a la democracia y la filosofía de que, en este mundo, “naide es más que nadie”, como decían los gauchos. Aunque se trate del único caudillo del universo que no quiso el país del que es héroe indiscutido, su orientalidad no está en discusión. Tampoco, creo, lo está su argentinidad, con ese u otro nombre. Porque, anterior en el tiempo a la división de su patria en dos naciones (o en tres, si incluimos a Paraguay, donde se exilió y murió), fue, por definición, el Protector de los Pueblos Libres. De todos ellos.
La historiadora Ana Ribeiro consideró como “muy discutido” el “supuesto” testamento de José Artigas del que la presidenta argentina citó la frase: “Yo, Gervasio Artigas, argentino, nacido en la Banda Oriental”, en la segunda mención de la mandataria al héroe oriental. A su vez, el historiador y columnista de El Observador, Lincoln Maiztegui, señaló que “ese testamento es un misterio”.
“Artigas, un héroe tal vez desconocido para los argentinos, pero un gran héroe como San Martín, Belgrano, Bolívar. Murió diciendo -encabezaba su testamento diciendo- 'Yo, Gervasio Artigas, argentino, nacido en la Banda Oriental', porque siempre quiso ser argentino y no lo dejaron", señaló Fernández este lunes durante un acto.
Para Ribeiro, “ese testamento es algo que documentalmente está muy discutido”. “No puedo dar fe de su existencia y su credibilidad. Es un “supuesto” testamento. Yo no lo avalaría tan fácilmente”, dijo este martes a Las cosas en su sitio de radio Sarandí.
“Yo no tengo más noticias de ese testamento que algunas menciones de prensa. Documentalmente no lo he visto, no me consta. Pero puede que esté por allí y yo no lo haya visto”, comentó.
“Un misterio”
Por su parte, el historiador y columnista de El Observador, Lincoln Maiztegui, señaló que “ese testamento es un misterio”. “Hay gente que dice haberlo visto en casa de Carlos Antonio López, quien era entonces presidente de Paraguay, que fue donde Artigas murió. Pero, si existió, se ha perdido. Y nadie tiene constancia de que efectivamente haya existido. Por consiguiente, no se puede tomar eso demasiado en cuenta.
Agregó que un sociólogo argentino señaló que historiadores llegaron a verlo. “Pero el documento ha desparecido. Entonces no hay ninguna constancia en el Archivo Artigas de que exista ese testamento”, señaló.
¿Argentino?
Con respecto a los dichos de Fernández de que Artigas “siempre quiso ser argentino”, Ribeiro señaló que “la historia siempre tiene que ser considerada en clave historiográfica”. “No podés decir que una persona quiso ser médico porque de chiquito jugaba con un estetoscopio y luego la vida se lo impidió”.
“Uno es el resultado de cada uno de los actos de su vida. Historiográficamente pasa lo mismo. Los pueblos, los estados nacionales y las conciencias nacionales son productos de largas elaboraciones colectivas y Artigas deviene en un héroe uruguayo, historiográficamente, pero uno no puede cometer anacronismos”, explicó.
“No podemos decir que Artigas quería ser argentino cuando Argentina no existía. De la misma manera que la construcción de Artigas como héroe uruguayo es una construcción historiográfica a lo largo del tiempo. Eso no lo inválida, simplemente hay que tenerlo en cuenta. Si este pueblo necesito un héroe de dimensión nacional que fuera la cara y la forma didáctica visible de expresar cosas que queríamos ser, bueno, es atendible. No se invalida por decir que lo convertimos en un héroe uruguayo a lo largo del tiempo, cuando en realidad uruguayo no fue porque Uruguay no existía y el no soñó con eso que finalmente devenimos en ser”, agregó.
Ribeiro indicó que “no puede hacerse lo mismo para el lado argentino”. “En historia hay un uso político y hay que estar muy atento”, agregó.
La historiadora señaló que Artigas no tuvo identidad nacional, porque el Estado nacional uruguayo no estaba formado. “Esta era su provincia, más allá de que su proyecto político fuera de mayor ambición”, comentó.
"Un error histórico grueso"
Para el historiador Lincoln Maiztegui, que coincidió a grandes rasgos en la versión original de la presidenta sobre Artigas, las palabras del lunes incluyen errores históricos "gruesos". “La presidenta argentina comete un error histórico grueso al atribuir a Sarratea el rechazo de los diputados a orientales en la Asamblea del año 13. En primer lugar dicho rechazo no provino el gobierno de Buenos Aires sino de la propia asamblea”, dijo Maiztegui, aunque “puede inferirse” que el gobierno influyera en la decisión de la asamblea.
Pero además, Maiztegui apunta a que Fernández incurre en un error ya que “atribuye la responsabilidad a Manuel de Sarratea, cuando había cesado en sus funciones el 8 de octubre de 1812. En ese momento, el gobierno e las Provincias Unidas estaba integrado por un triunvirato integrado Antonio Álvarez Jonte, José Julián Pérez y Nicolás Rodríguez Peña. Es totalmente falso atribuirle a Sarratea responsabilidad en el hecho”.
“Cristina tiene razón”
“Yo escribí un artículo sobre el tema y reitero: formalmente, no tienen razón Cristina. Tú no podés pretender ser miembro de una nación que no existe. Ahora, más allá de lo formal, tiene razón”, comentó Maiztegui sobre el tema de fondo: la cualidad de Artigas como héroe en la construcción de la República Argentina.
“O sea, Artigas fue un oficial que estaba integrando un regimiento español que desertó para ponerse a servicio de la Junta de Mayo, que actuaba en Buenos Aires y que fue la que inició la revolución del independencia y por tanto la construcción del Estado argentino y de lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata. Que se mantuvo contumazmente dentro del mismo. Y que cuando accedió a ser el líder del movimiento federal, que es uno de los dos grandes movimientos fundamentales de la historia argentina -federales y unitarios, y Artigas es la cabeza y el ideólogo del movimiento federal-, se opuso terminantemente a cualquier separación nacional y concretamente a la separación de la Banda Oriental, que se la ofrecieron más de una vez, sola o con la provincia de Entre Ríos u otra”, explicó.
“Por lo tanto, salvo que tomemos la expresión “Argentina” en un sentido estrictamente literal, lo que dice la presidenta Cristina Fernández es absolutamente cierto”, agregó.
Para Maiztegui, “Artigas es un héroe de dos orillas”, como lo son San Martín en Argentina, Chile y en Perú, o Bolívar en Venezuela, Colombia y Bolivia.
El historiador señaló que “todo el lío que se armado con esto es una tormenta en un vaso de agua”. “No debía generarse semejante escándalo, porque la presidenta de Argentina recuerda que Artigas fue siempre un hombre que quiso la unidad de las provincias, según un sistema federal, una confederación de estados o un estado federal, y eso no está muy claro. Y que se negó siempre a la separación nacional del Uruguay, hasta el punto de que cuando se le ofreció la oportunidad de volver a su patria, estando ya exiliado en el Paraguay desde muchos años, él dijo ‘no vuelvo porque ya no tengo patria’, que eso sí ya está perfectamente demostrado”.
“La orientalidad de Artigas no está en juego”
Maiztegui destacó que “más allá de que Cristina Fernández guste más o menos”, se le debe “agradecer” que sea la primera vez que un presidente argentino desde su cargo hace una autocrítica de la expulsión de los diputados orientales a la Asamblea de 1813, “que fue lo que ella hizo en sus declaraciones primeras”.
“Creo que no hay que escandalizarse. La orientalidad de Artigas no está en juego. Que además los argentinos lo reconozcan como su héroe nacional y digan que quiso toda su vida ser argentino, o de las Provincias Unidas o como diablo lo quieran llamar, es verdad. Hay que reconocerlo como tal y eso no quita el hecho de que haya nacido y sido inspirador de la orientalidad, de alguna manera”, expresó.
Consultado por si hay un recelo de los uruguayos a “compartir” a su héroe, como ocurre en otros países, señaló que eso puede ser por “el viejo complejo de inferioridad que tenemos con los argentinos”. “Yo no creo que un chileno le parezca mal que San Martín sea uno de los libertadores de su tierra, más allá de que era argentino, nacido en Yapeyú”.