InicioFemmeLos Mejores Poemas de Alfonsina Storni
ALFONSINA STORNI Hola Taringueras! Hoy comparto con ustedes mis 5 poesías favoritas de Alfonsina Storni. Si no conocen, leanlas para terminar bien el día, y si conocen, comenten si coinciden conmigo! SOY Soy suave y triste si idolatro, puedo bajar el cielo haSta mi mano cuando el alma de otro al alma mía enredo. Plumón alguno no hallarás más blando. Ninguna como yo las manos besa, ni se acurruca tanto en un ensueño, ni cupo en otro cuerpo, así pequeño, un alma humana de mayor terneza. Muero sobre los ojos, si los siento como pájaros vivos, un momento, aletear bajo mis dedos blancos. Sé la frase que encanta y que comprende y sé callar cuando la luna asciende enorme y roja sobre los barrancos. DOS PALABRAS Esta noche al oído me has dicho dos palabras Comunes. Dos palabras cansadas De ser dichas. Palabras Que de viejas son nuevas. Dos palabras tan dulces que la luna que andaba Filtrando entre las ramas Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento Moverme para echarla. Tan dulces dos palabras Que digo sin quererlo ¡oh, qué bella, la vida!? Tan dulces y tan mansas Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman. Tan dulces y tan bellas Que nerviosos, mis dedos, Se mueven hacia el cielo imitando tijeras. Oh, mis dedos quisieran Cortar estrellas. Frente al mar Oh mar, enorme mar, corazón fiero De ritmo desigual, corazón malo, Yo soy más blanda que ese pobre palo Que se pudre en tus ondas prisionero. Oh mar, dame tu cólera tremenda, Yo me pasé la vida perdonando, Porque entendía, mar, yo me fui dando: "Piedad, piedad para el que más ofenda". Vulgaridad, vulgaridad me acosa. Ah, me han comprado la ciudad y el hombre. Hazme tener tu cólera sin nombre: Ya me fatiga esta misión de rosa. ¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena, Me falta el aire y donde falta quedo, Quisiera no entender, pero no puedo: Es la vulgaridad que me envenena. Me empobrecí porque entender abruma, Me empobrecí porque entender sofoca, ¡Bendecida la fuerza de la roca! Yo tengo el corazón como la espuma. Mar, yo soñaba ser como tú eres, Allá en las tardes que la vida mía Bajo las horas cálidas se abría... Ah, yo soñaba ser como tú eres. Mírame aquí, pequeña, miserable, Todo dolor me vence, todo sueño; Mar, dame, dame el inefable empeño De tornarme soberbia, inalcanzable. Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza, ¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo! Desdichada de mí, soy un abrojo, Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza. Y el alma mía es como el mar, es eso, Ah, la ciudad la pudre y equivoca Pequeña vida que dolor provoca, ¡Que pueda libertarme de su peso! Vuele mi empeño, mi esperanza vuele... La vida mía debió ser horrible, Debió ser una arteria incontenible Y apenas es cicatriz que siempre duele. Tú que nunca serás... Sábado fue y capricho el beso dado, capricho de varón, audaz y fino, mas fue dulce el capricho masculino a este mi corazón, lobezno alado. No es que crea, no creo; si inclinado sobre mis manos te sentí divino y me embriagué, comprendo que este vino no es para mí, mas juego y rueda el dado... Yo soy esa mujer que vive alerta; tú, el tremendo varón que se despierta y es un torrente que se ensancha en río y más se encrespa mientras corre y poda. ¡Ah, me resisto, mas me tienes toda, tú, que nunca serás del todo mío! FIERO AMOR Oh, fiero amor, llegaste como la mariposa. Cuando comienza Octubre se aproxima a la rosa; era silencio todo, era silencio abierto a sombras misteriosas como el ojo de un muerto. Yo era la misma sombra, yo era menos, yo era una cosa durmiente que ni sueña ni espera, cuando el vuelo de aquella mariposa celeste me hizo gorjear de pronto como un pájaro agreste. Oh, cien soles se alzaron por el lado de oriente, oh, cien ríos corrieron por la misma pendiente, oh, cien lunas de plata brillaron en el cielo y cien altas montañas emprendieron el vuelo. Abrí los brazos: tuve la divina locura de tocar con mis dedos las cosas de la altura. Abrí los ojos: tuve la divina tristeza de beber con los ojos la celeste belleza. Lloré, lloré sin tregua; grité: Corazón mío, detente en el camino que lleva al desvarío; pero el corazón mío fue una gota de cera... Dios, ¿qué pudo esa gota contra la primavera?... Fiero amor: en tus manos yo he soltado mi vida; acógela: Paloma que se posa rendida en las garras sangrientas, ya no bate las alas: muere de lo que vive; vive de lo que exhalas. Bien sé que no hay cien soles que nazcan en oriente, bien sé que no hay cien ríos por la misma pendiente, bien sé que no hay cien lunas que brillen en el cielo, bien sé que no hay montañas que se alarguen al vuelo. Bien sé que las palomas ciegan sus ojos, dejan en el nido las plumas, las auroras se alejan, caen las hojas, viene el otoño, la muerte, y se agrisan los días, y se agrisa la suerte. Pero soy una esclava del dolor y lo adoro como adora el avaro el sonido del oro: oh, terrible tormenta de relámpago y rayo, en tu fuego revivo, en tu fuego desmayo. Fiero amor: soy pequeña como un copo de nieve, fiero amor: soy pequeña como un pájaro breve, triste como el gemido de un niño moribundo, fiero amor, no hallarías mejor presa en el mundo. Ninguna moriría más ligero en tus garras, ninguna moriría más pronto en tus amarras. Alumbra, sol naciente... Naturaleza, crece: sobre la vida oscura la muerte resplandece.
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