Lana fue una de las más arrebatadoras presencias femeninas de los años 40 y sin dudas una de las más célebres sex symbols de los años 40 y 50. Era como uan diosa de mármol, dejando traspasar el fuego y la transparencia del contraluz sobre su intacto pelo rubio platino. Todo en ella parecía irreal, su magnetismo en la pantalla era tremendo, y ahí la razón y el significado de lo que es una personalidad de cine. Su imagen combinaba sex appeal y vulnerabilidad con un dejo de peligro. Sin la menor duda, Lana Turner ha sido la mujer que mejor ha sabido llorar en la pantalla, y la que mejor conservaba esas ondas plateadas-rubias como si acabara de salir del salón de belleza. Era la estrella con más glamur por excelencia del Hollywood de fines de los 40 , y la que se llevó a la tumba con ella muchos misterios relacionados con el subterráneo mundo de la Mafia, cuando fue la amante del gánster Johnny Stompanato. Julia Jean Turner, apodada Judy, nació el 8 de febrero de 1920 en Wallace, un pequeño pueblo minero de Ohio. Cuando cumplió diez años, su padre fue encontrado en una calle de San Francisco con el cráneo destrozado a golpes: lo habían matado para robarle un dinero ganado jugando a los dados. Tenía sólo 36 años, y esa muerte violenta fue el primer drama que marcó la vida de la futura estrella. Su madre decidió mudarse a Los Angeles en 1931 y su vida fue muy dura, a punto tal que muchas veces Lana era separada de su madre, viviendo con amigos de la familia ya que su madre no podría mantenerla. No demasiado buena estudiante, Lana fue descubierta para el mundo del espectáculo un día que se saltó las clases escolares que tanto aborrecía. A los 15 años Judy tenía una excelente figura, pelo ondeado castaño-rojizo, enormes ojos azul-grisáceos, un cutis inmaculado y una hermosa sonrisa con hoyuelos en las mejillas. Lana a los 15 años Para ese entonces ya formaba parte del elenco de extras del estudio Warner Brothers; más tarde se incorporaría definitivamente al elenco de Metro-Goldwyn-Mayer. Su belleza no pasó inadvertida en las costas de Hollywood y pronto se convirtió en una de las pin-ups más famosas de su tiempo, apareciendo en cientos de pósters de todo el país en la que se la identificaba como la "la chica del suéter". Lana, la chica del suéter El que más entusiasmaba por sus atributos físicos era su compañero Mickey Rooney. Fue su novio durante tres o cuatro meses y, para lograrlo, tuvo que disputársela a otro alumno de la escuela del estudio: Jackie Cooper. "Yo sabía que tenía buen busto —memoró Lana cuando ya había alcanzado el estrellato—, pero pensaba ingenuamente que todas las muchachas de mi edad lo tenían. También sabía que tenía un buen trasero, pero no se me ocurría pensar que fuera el foco de atención para un camarógrafo que ganaba 2.500 dólares semanales". Ella cobraba 50 a la semana, con aspiraciones de llegar a 75 —mucho más que su madre, empleada en un instituto de belleza— y le parecía que era una fortuna. Su primera aparición en la pantalla grande consistió en un breve papel en la película Ha nacido una estrella (1937) de William A. Wellman. Ese mismo año consiguió mejores papeles en dos clásicos como The Great Garrick de James Whale y They won´t forget de Mervyn LeRoy. Lana al inicio de su carrera en Hollywood Los expertos en crear las nuevas caras del estudio la estudiaron cuidadosamente y llegaron a la conclusión de que la materia prima era de excelente calidad; sólo se limitaron a levantarle la línea del nacimiento del pelo sobre la frente y a aclarárselo. El equipo de publicidad de la Metro se afanaba por buscar una sucesora de Jean Harlow, una mujer que enloqueciera —en la ficción— a galanes del calibre de Clark Gable. Lana Turner 1938/39 Otras películas como Andy Hardy se enamora (1938) o la encantadora comedia fantástica La pareja invisible (1937) de Norman Z. MacLeod, junto a Cary Grant y Constance Bennett, hicieron que Lana Turner fuera más conocida debido a su imponente físico. Pero cuando verdaderamente saltó al estrellato fue en la década de los 40. Turner escondía tras su gran apariencia una personalidad emocionalmente inestable, de esto darían testimonio sus muchas parejas que tuvo en vida. Desde la adolescencia la vida amorosa de Lana era tan complicada y obviamente tan satisfactoria que comenzó a tomar más importancia que su carrera. Siempre tuvo hombres a su alrededor, y el aspecto físico de ellos era lo que más le importaba. "Digámoslo de una vez —se sinceraba sin prejuicios—: lo físico me atrae en primer lugar. Si, además, una llega a conocer el corazón y el alma de un hombre, es como agregar crema a un delicioso bizcochuelo". Según uno de sus ex maridos era "básicamente una romántica; quería que su vida sentimental se jugara como una escena de un film romántico de Hollywood, pero con mucho amor. Para ella el amor es muy importante y nunca tiene demasiado. Está formada por dos personas: por un lado, una nena mimada, y por otro, un ser casi animal, primitivo. Su primer matrimonio de los siete que contrajo, fue en 1940 con el músico Artie Shaw, al que conoció en el rodaje de Dancing Co-Ed (1939). Artie Shaw y Lana Turner en Dancing Co-Ed El día de su vigésimo cumpleaños, Lana salió a dar una vuelta en auto con un ocasional compañero de filmación, el clarinetista Artie Shaw. Culto, cínico, excelente profesional, Shaw era la antítesis de los galanes melosos con mirada soñadora. "Ni siquiera es buen mozo", pensó ella, interesada de antemano en la apostura física. Artie no pensaba lo mismo de su compañera: "Ella era realmente el Sueño Americano, increíblemente hermosa y, a pesar de eso, genuinamente preocupada por otras cosas. Según dijo, quería tener hijos y un hogar. Entonces pensé: ¿por qué no? El casamiento podría tener éxito". Lana Turner y Artie Shaw Sin meditarlo más se escaparon a Las Vegas y se casaron en una sencilla ceremonia. Con el tiempo, Las Vegas se trasformaría en un segundo hogar para la estrella, una ciudad donde uno puede bailar y jugar a la ruleta mientras espera el decreto de divorcio para reincidir al día siguiente en otra boda apresurada. El matrimonio duró algo más de cuatro meses; según Lana la gota que colmó el vaso de la relación conyugal fue una escena doméstica en que Artie le tiró un par de zapatos por la cabeza, agregando "y no te olvides de lustrarlos". El cantante Tony Martin ya ocupaba su lugar en la fila de espera para alejarla de su desasosiego. Pero la relación se enfrió muy pronto. Lana, como muchas otras personalidades de Hollywood, vivía la vida de la imagen que proyectaba. El estudio la alentaba para que lo hiciera extravagantemente. Sus amigos comentaban que los roles jugados en la pantalla se mezclaban peligrosamente con su vida personal. La estrella no perdía el tiempo y se dedicaba a recorrer night-clubs de moda del brazo del director de orquesta Tommy Dorsey, de los bateristas Buddy Rich y Gene Krupa, del multimillonario Howard Hughes, y de los actores Victor Mature y Robert Stack. Artie Shaw se trasformó en una especie de detonador que impulsó a la estrella a legalizar, por medio del matrimonio, siete aventuras espaciadas a lo largo de su carrera, ubicadas entre correrías extramatrimoniales. Los agraciados fueron, por orden de aparición y siguiendo al músico: Josef Stephen Crane —un caballero de Indiana venido a menos y padre de su hija Cheryl, nacida el 25 de julio de 1943—; el millonario y deportista Bob Topping; el actor Lex Barker (famoso protagonista de Tarzán en la época); los hombres de negocios Fred May y Robert Eaton, y un ignoto hipnotizador conocido como Ronald Dante. Lana y Josef Crane Lana con Crane y su hija Lana Turner y Bob Topping Lana Turner y Lex Barker Lana Turner y Fred May Lana y Robert Eaton Lana Turner y Ronald Dante Durante estos años alcanzó la fama en títulos importantes como El extraño caso del Dr. Jekyll (1940) de Victor Fleming en la que trabajó junto a Spencer Tracy, siendo además co-portagonista junto a estrellas como Lionel Barrymore en Calling dr. Kildare, James Stewart en un esplendoroso musical (Las chicas de Ziegfield de 1940 dirigido por Robert Z. Leonard), Clark Gable en Quiero a este hombre (1941), o Robert Taylor y Van Heflin en Senda prohibida. Lana Turner con Clark Gable El extraño caso del Dr. Jekyll Las chicas de Ziegfield Adentrarse en la vida sentimental de la Turner significa recorrer una guía social de Hollywood en su época de oro: también figuran allí Peter Lawford, Robert Hutton, Rory Calhoun, Turhan Bey, John Hodiak y Frank Sinatra, entre muchos otros. De Lana dijo en una ocasión un famoso escritor que, tenía más amantes entre la gente importante de EE.UU., que canciones grabadas por Frank Sinatra en toda su carrera de cantante Ella podía permitirse el lujo de tener a los mejores a sus pies, ellos también la utilizaron, pero lo que la elevó dentro del núcleo como mujer discreta con sus amantes fue que, nunca habló mal de ellos, a pesar de recibir ofertas millonarias por publicar cartas o redactar sus memorias. La fama de tenorio de Sinatra ya se extendía por toda California en esos días y por supuesto, su amistad con Lana dio bastante que hablar. "Solían protagonizar escenas románticas en el auto de él —recuerda Albert O'Henry, un publicista de Hollywood que escribió un chismoso relato sobre la estrella—, mientras estaba estacionado, por supuesto. Era muy extraño, si se tiene en cuenta que ambos tenían camarines donde ocultarse, pero creo que eso les resultaba romántico". En octubre de 1946 los rumores de que Lana era la tercera en discordia en el divorcio de Frank Sinatra y Nancy Barbato bordearon el escándalo. Hasta el semanario Newsweek se ocupó del caso: "Los rumores de un romance con Lana Turner se estrellaron contra el silencio guardado por La voz (Sinatra) y la llorosa estrella. Ella declaró: jamás en toda mi vida destruí un hogar". Esa muletilla la repetiría docenas de veces ante la desesperación de su jefe de prensa. En 1946 Lana era una de las diez mujeres mejor pagadas de los Estados Unidos. Ganaba fortunas y vivía como una potentada. Había filmado mucho y junto a grandes figuras sin lograr una creación de verdadera relevancia. Fue entonces cuando los productores decidieron trabajar en la novela de James M. Cain, El cartero llama dos veces. La acompañó John Garfield en ese relato de ribetes policiales que parecía haber sido escrito para ella. Es el drama de una mujer joven, hermosa y venal casada con un viejo y trastornada por un amante mucho más joven. El film es uno de los pocos en la trayectoria de la estrella que ha soportado bien el paso del tiempo; es memorable por varias razones: resultó un ejercicio estilizado y tenso, muy al estilo de la novela, y la aparición de la diva quedará grabada para siempre en el folklore cinematográfico. Lucía el pelo rubio platinado casi blanco, tenía la piel bronceada y vestía totalmente de blanco. Lana en El cartero llama dos veces Hubo también una evidente armonía entre ella y John Garfield. Juntos llegaron a proyectar exitosamente un aura de pasión incontrolada. El productor y el director Tay Garnett pensaron que la ropa blanca atemperaría la sensualidad latente de la estrella y les evitaría problemas con el Código Hayes, un censor siempre alerta en aquellos tiempos. Lana y John Garfield en El cartero llama dos veces El cartero llama dos veces hizo ganar dinero al estudio y a su estrella, que se encargaba de gastarlo a manos llenas, por lo general en viajes. En cuanto Lana conocía a algún seductor, ignoto o notorio, hacía las valijas y desaparecía con él rumbo a Acapulco, uno de sus escondites favoritos. Fueron muchos los periodistas que entonces le preguntaban si para ella había existido el verdadero amor. Las respuestas eran siempre desganadas, o simplemente la actriz dejaba caer el interrogante en el vacío y no contestaba. Su actuación en la espléndida El cartero siempre llama dos veces la lanzó al superestrellato, confirmando su popularidad con Gene Kelly en Los tres mosqueteros (1948), en Cautivos del mal (1952) de Vincent Minnelli y protagonizada junto a Kirk Douglas, Vidas borrascosas (1957) de Robson o Imitación a la vida (1959) de Douglas Sirk. Los Tres Mosqueteros Cautivos del Mal Fue por su papel en Vidas borrascosas cuando obtuvo su única nominación a los Oscar. A pesar de sus contactos con los miembros de la Academia, sus amistades con la Mafia, campañas, etc., aquel año Joanne Woodward, le arrebató el premio por su papel en el filme Las tres caras de Eva. El rostro de Lana la noche de la entrega de los premios es ya historia. Sus devaneos afectivos, sus problemas con la bebida, las drogas y el sexo seguían siendo protagonistas en las revistas sensacionalistas del momento. A pesar de ello, la imagen tenía que ser de normalidad, el publico así lo exigía y los productores también. Por eso en 1953 se casó con el mediocre actor Lex Barker, protagonista de Tarzán, del que se divorció en 1957. Al año siguiente de su divorcio con Barker estalló lo que ha sido en la vida de Lana Turner, el capitulo mas sensacionalista de su vida, y de Hollywood en muchos años. Lana era desde hacia tiempo la amante del gánster Johnny Stompanato, quien a su vez trabajaba para Mickey Cohen un auténtico capo de la mafia en la época. Johnny Stompanato Alto, atlético, morocho y adecuadamente siniestro, Johnny Stompanato —conocido también como Johnny Valentine, ex guardaespaldas del gángster Mickey Cohen y amigo de Zsa Zsa Gabor y June Allyson— se dedicó a disfrutar del dinero que ganaba la actriz y logró manejarle la vida a su antojo. Lana, Stompanato y Cheryl pocos días antes de la tragedia Ella le temía, pero al mismo tiempo se desesperaba por tenerlo a su lado: "Lo adoraba. Para mí era como una enfermedad —reconocería más tarde—. Sabía quién era, cómo era, pero no podía separarme de él. Me dominaba completamente. A veces tenía la impresión de estar bajo el efecto de la hipnosis. Sólo las mujeres pueden comprender lo que quiero decir." El 4 de abril de 1958 ambos mantuvieron un terrible altercado en la casa de Beverly Hills que la actriz compartía con su única hija, Cheryl Christine Crane. Discutieron acaloradamente, y él la golpeó amenazándola con desfigurarla en caso de que ella se arriesgara a abandonarlo. Según algunas versiones, Cheryl buscó un cuchillo de cocina y apuñaló a Johnny para defender a su madre. Otros comentaristas aportaron datos más sórdidos: afirmaban que Cheryl —una quinceañera taciturna y rebelde— estaba enamorada del gángster y terriblemente celosa de la belleza y del asedio masculino que generaba la presencia materna. La prensa no escatimó detalles. Titulares de los diarios con la noticia del asesinato Su relación con Stompanato fue de las mas tumultuosas de su vida amorosa, existen documentos y cartas dirigidas a amigos de Johnny en las cuales cuenta las aficiones sadomasoquistas de Lana, su gustos en la cama e insaciable apetito sexual. Lana durante el juicio a su hija El juicio contra la hija de Lana resultó toda bomba en aquellos años, y sobre todo la publicidad que se le dio a las cartas sexuales entre Lana y el gánster, en las que se ponía de manifiesto la gigantesca libido de la actriz, destapando claramente a la opinión pública su ya rumoreado sadomasoquismo. Al final y después de muchos trapos sucios que fueron saliendo, Cheryl fue declarada inocente por homicidio justificado pero se la forzó a vivir con su abuela. Titulares durante el juicio En el caso de la Turner, los ecos del homicidio sólo consiguieron aumentar en un 30 por ciento —según las estadísticas de la época— la asistencia de público a sus películas. Todavía se comentaría en Hollywood una gresca descomunal que sostuvo con otra bellísima estrella de la Metro, Ava Gardner que era su compañera de juerga. "Fue un asunto de copas —confió una vez Robert Taylor, que presenció la disputa— no sólo porque ambas habían tomado demasiado esa noche sino que, además, se disputaron los favores del mismo barman, un morocho de tipo latino". La reconciliación llegó cuando optaron por compartirlo; fueron esos arteros latin lovers que pululaban por la noche de Hollywood los que apresuraron el deterioro profesional de ambas. Los cócteles hicieron el resto. Lana Turner y Ava Gardner La Turner inició la década de los años 60 con un nuevo matrimonio con Fred May, del que se divorciaría dos años más tarde. Sus apariciones en la cartelera se fueron haciendo menos profusas, y quizás tanto crítica como público infravaloraron su talento al limitarse a encarar el encasillamiento en melodramas típicos de la actriz. En 1981, Turner finalmente se reconcilia con su hija Cheryl que padeció continuos problemas emocionales que la llevaron incluso a estar internada durante 10 meses en un hospital mental cuando tenía sólo 17 años. En 1982 Lana publicó su autobiografía: Lana: The Lady, The Legend, The Truth. Se retiró definitivamente a finales de los 80, si bien participó en algunos capítulos de la teleserie Falcon Crest. Murió el 29 de junio de 1995 en California víctima de un cáncer a la edad de 74 años. Lana pertenecerá a esa casta de monstruos con derecho a rugir con fuerza. Era puro cine en todo el amplio sentido de la palabra, a punto tal que todavía tiene viegncia una frase que Lana había hecho popular "La mujer que pueda interpretar mi vida en una biografía cinematográfica no ha nacido todavía".
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