InicioFemmela envidia, toda una cuestión
Para todos aquellos que gozan de leer mis post, sobre cultura general, les dedico este post y ojalá esta vez no se sientan identificados! jej La envidia es una declaración de inferioridad.- Napoleón Bonaparte La envidia es un sentimiento que con diferentes intensidades ha rozado a todos en algún momento de sus vidas. Solemos escuchar que existe envidia sana y de la otra, dando por entendido que la no sana es mala palabra y que con esa no se tiene nada que ver. ¿Se puede cortar la envidia? ¿Qué puede provocar un envidioso? Antes que nada, el envidioso se provoca daño a sí mismo y en segundo lugar malestar en los demás. La energía que emana este sentimiento es muy fuerte, negativa y destructiva. No es para nada una enfermedad, es un defecto de carácter, que se une a la venganza, la ira, la autocompasión, el resentimiento, la desconfianza, el culpar a los demás, la crítica, el pesimismo y la falta de amor y de preocupación por el prójimo. Son generalmente las personas no contentas consigo mismas o las que tienen complejo de inferioridad las que siempre expresarán envidia hacia los demás, ya sea por aspectos físicos o intelectuales, posibilidades de éxito o por bienes materiales. Reconocer que se siente envidia por algo o alguien y que eso es lo que domina nuestras actitudes, deseos y pensamientos es el punto de partida para revertir esa situación. No es fácil, pero tampoco imposible. El entorno cercano será muy importante para marcar este defecto con amor y motivar un cambio positivo. Para quienes se sientan el blanco de envidias de compañeros de trabajo, vecinos, compañeros de estudio, amigos y hasta familiares, lo más importante es preservarse, no exponerse a situaciones que provoquen y agudicen ese sentimiento, entender que el envidioso en la mayoría de las veces no puede dominar lo que le pasa, que es una situación que le genera sufrimiento, insatisfacción y por lo tanto la mejor manera de reaccionar es detectar aquellas cosas de nuestra conductas que actúan como disparador y evitarlas con determinadas personas. Desde ya, que si se animan a dialogar con cuidado sobre este tema, será muy productivo para todos. una mirada literaria Cervantes llamó a la envidia «carcoma de todas las virtudes y raíz de infinitos males. Todos los vicios —añadía— tienen un no sé qué deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabia». La envidia no es la admiración que sentimos hacia algunas personas, ni la codicia por los bienes ajenos, ni el desear tener las dotes o cualidades de otro. Es otra cosa. La envidia es entristecerse por el bien ajeno. Es quizá uno de los vicios más estériles y que más cuesta comprender y, al tiempo, también probablemente de los más extendidos, aunque nadie presuma de ello (de otros vicios sí que presumen muchos). La envidia va destruyendo —como una carcoma— al envidioso. No le deja ser feliz, no le deja disfrutar de casi nada, pensando en ese otro que quizá disfrute más. Y el pobre envidioso sufre mientras se ahoga en el entristecimiento más inútil y el más amargo: el provocado por la felicidad ajena. El envidioso procura aquietar su dolor disminuyendo en su interior los éxitos de los demás. Cuando ve que otros son más alabados, piensa que la gloria que se tributa a los demás se la están robando a él, e intenta compensarlo despreciando sus cualidades, desprestigiando a quienes sabe que triunfan y sobresalen. A veces por eso los pesimistas son propensos a la envidia. Wilde decía que «cualquiera es capaz de compadecer los sufrimientos de un amigo, pero que hace falta un alma verdaderamente noble para alegrarse con los éxitos de un amigo». La envidia nace de un corazón torcido, y para enderezarlo se precisa de una profunda cirugía, y hecha a tiempo. Para superar la envidia, es preciso esforzarse por captar lo que de positivo hay en quienes nos rodean: proponerse seriamente despertar la capacidad de admiración por la gente a la que conocemos. Hay muchas cosas que admirar en las personas que nos rodean. Lo que no tiene sentido es entristecerse porque son mejores, entre otras cosas porque entonces estaríamos abocados a una tristeza permanente, pues es evidente que no podemos ser nosotros los mejores en todos los aspectos. La envidia lleva también a pensar mal de los demás sin fundamento suficiente, y a interpretar las cosas aparentemente positivas de otras personas siempre en clave de crítica. Así, el envidioso llamará ladrón y sinvergüenza a cualquiera que triunfe en los negocios; o interesado y adulador a aquél que le está tratando con corrección; o, como muestra de envidia más refinada, al hablar de ése que es un deportista brillante, reconocido por todos, dirá: «ese imbécil, ¡qué bien juega!». Admirarse de las dotes o cualidades de los demás es un sentimiento natural que los envidiosos ahogan en la estrechez de su corazón. una mirada psico-biológica La envidia empieza a surgir en los primeros años de vida, cuando el niño empieza a relacionarse con el grupo familiar y social , si el niño se siente amenazado en su terreno y en lo que mas quiere tiene un sentimiento de vacío, deseara a toda costa conseguir todo lo que no posee o cree que no puede poseer, esto se manifiesta con pataletas, rabietas, es necesario calmar esos disgustos con explicaciones lógicas y enseñándole a dar, para que con ello vaya aprendiendo a tolerar sus frustraciones y controlar las conductas impulsivas, así pues de esta forma aprenderá a respetar las diferencias y valorar sus propias cualidades, es decir en definitiva empezará a madurar. Si al niño que ha pasado por episodios de envidia constante, nadie de su entorno le ha calmando esta ansiedad, crecerá con sentimientos de frustración y de vacío y será un adulto envidioso contaminado por el rencor a los éxitos ajenos, incluso de su propia pareja y amistades, llegando su vida a ser un verdadero tormento. El observar o reconocer que algunas situaciones o personas provocan envidia es "positivo", ya que ayuda a reflexionar sobre los propios recursos y con ello aceptar nuestras propias limitaciones. La admiración a determinadas personas, no significa tenerles envidia, es saber valorarlas y valorarse. Si sufres las miradas y las palabras de una persona envidiosa trata de pasarlas por alto, no eres responsable de su sentimiento, intenta descubrir la envidia a tiempo, te evitarás muchísimos problemas, no desarrolles confianza con las personas envidiosas Si eres una persona envidiosa y quieres salir de ese estado porque te está consumiendo la vida, la única forma de conseguirlo es, primero conectar con DIOS y después: Primero: Sintiendo el cariño y el apoyo de los seres queridos. Segundo: Desarrollando tu sentido del humor. Tercero: Hallando tu propia identidad. Cuarto: Siendo consciente de qué es lo prioritario de tu vida. Quinto: Tolerando tus defectos y valorando tus cualidades. Sexto: Valorando las cualidades ajenas en su medida. O si prefieres seguir con ese sentimiento de envidia, lo que conseguirás será: Bloquear el pensamiento creativo. Generaras ansiedad, tristeza y rencor. Lo manifestarás a través de miradas y frases inoportunas, o frases calculadas para hacer daño. Es un sentimiento que nunca podrás controlar sin ayuda, y sin que tu mismo aceptes que lo eres. Es difícil descubrir al envidioso pues a veces se esconde a través de una apariencia amable, acogedora y simpática y otras se camufla en conductas de excesivo respeto, o excesiva admiración, el envidioso se "alegra de los fracasos ajenos", "sufre con los éxitos ajenos", pero desaprovecha tanta energía que no es capaz de alcanzar sus propios objetivos. Considera que los demás consiguen las cosas con facilidad y sin esfuerzo, no es una persona generosa, si triunfa nunca se siente satisfecho, este sentimiento es muy perjudicial para quien lo siente y "muy peligroso para la persona envidiada". Finalmente,para quienes crean en el poder de la energía y que se puede recurrir a pequeñas recursos para evitar o cortar la envidia, aquí van unos tips prácticos y efectivos: Utilizar carbón natural para absorber la energía de los lugares habituales. Un procedimiento de defensa muy simple y que da muy buenos resultados. Colocar todos los días y durante una semana 3 trozos de carbón en un plato, en el ambiente deseado y tirar cada mañana los trozos en un curso de agua. Tener cerca del escritorio o lugar de trabajo una copa o vaso de vidrio con agua, verán cómo se carga de burbujas al absorber la energía del entorno, no tomar esa agua, tirar el agua y renovarla todos los días. Encender un incienso y pasarlo por todas las habitaciones en las que se consideren necesarias. En la oficina, si fuese posible, se puede encender un hornito, tomando los cuidados del caso, con apenas unas gotitas de lavanda, ruda o romero. Baño de inmersión para descargas. Se llena la bañadera de agua tibia y se mezcla en el agua sal gruesa ( dos vasos). Se pueden agregar unas hojitas de romero. No estar en el agua más de 20 minutos. No hacer más de una vez por semana. Jueves 1 de Noviembre de 2007 00:00 Morgana espero que les haya gustado, y sigan visitando mis posts!
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