Dado lo caros que son los cartuchos de las impresoras de inyección de tinta, seguramente muchos pensaréis que la composición de la tinta debe ser algo así como sangre humana, alcohol y petróleo. En realidad, es mucho más cara que cualquiera de estos líquidos, de hecho, es el líquido más caro del mundo, pero no es porque realmente lo valga. La tinta se forma a partir de una resina base que se mezcla en tanques con su correspondiente colorante para obtener los colores cian, magenta, amarillo y negro, y los cartuchos deberían valer como mucho 2 €.
Entonces, si no se hace con sangre de unicornio ¿por qué es tan cara? Está claro que es porque el modelo de negocio de los fabricantes de impresoras es vender impresoras baratas y rentabilizar la venta con el coste de los cartuchos. Por eso, además, no ofrecen ningún tipo de servicio de rellenado de cartuchos y, lo que es peor, impiden que los puedas rellenar, poniendo un contador en la electrónica del cartucho, que evita que se pueda imprimir cuando ha llegado a un número determinado de impresiones. Ese contador viene en un chip que además impide que puedas usar cartuchos de otras marcas compatibles, ya que usa algún algoritmo de autentificación.
Cuando un fabricante de cartuchos consigue hackear alguno de estos chips y fabricar cartuchos compatibles (que tampoco son mucho más baratos), a veces se les llaman cartuchos piratas, pero ese es un nombre que no me gusta, ya que lo que es ilegal en Europa, en primer lugar, es la utilización de los chips porque van en contra del reciclaje y del medio ambiente. También existen dispositivos para resetear el contador de los cartuchos y de esta manera poder rellenarlos, aunque este tipo de hardware es difícil de encontrar fuera de Internet.
Esto supone una lucha constante entre los fabricantes de cartuchos compatibles y los fabricantes de impresoras, que siempre están modificando el formato de los cartuchos, para que sean incompatibles con el anterior modelo, y para que los fabricantes de cartuchos compatibles tengan que ingeniárselas para dar con la forma de hacer nuevos cartuchos para los nuevos modelos. Por eso, es común también, la técnica de colocar un contador en la impresora, que cuente el número de impresiones o el número de veces que se enciende y se apaga. Cuando la impresora llega a ese número, deja de funcionar. A esto se le llama obsolescencia programada, y cuando ocurre tenemos que comprar un nuevo modelo para el que no encontraremos cartuchos compatibles. La excusa para poner este contador, es que la tinta que se desprende en la limpieza de los cartuchos se va acumulando en una almohadilla. Esta limpieza se realiza cada vez que se enciende la impresora y, probablemente, esté pensada para que desperdicie más tinta de la necesaria. En el siguiente video podemos ver el depósito de tinta de una impresora que ha llegado a ese estado.
Lo más económico y saludable para el medio ambiente, es buscar una impresora que sepamos que se puede hackear, para rellenar los cartuchos con tinta que podamos comprar a buen precio por internet, aunque esto es bastante más engorroso y muchos usuarios prefieren gastar más, por la comodidad de no tener que hacer este trabajo y tener que aprender a rellenar los cartuchos y a resetear los chips. Si vosotros tampoco veis esto como una alternativa viable, la alternativa más barata, en cuanto a tinta, son las impresoras láser monocromo, ya que aunque un tóner es mucho más caro, el número de páginas que puede imprimir es mucho mayor pero, de todas formas, tampoco nos libraremos de que la impresora deje de funcionar cuando llegue a cierto número de impresiones.