En un intento por acercar a la realidad un cuento de hadas, Catherine Hardwicke llevó al cine la historia de Caperucita roja (Little Red Riding Hood).
Admito que vi la película y me gustó pero no quedé conforme, por eso escribí como debería haber sido la versión más real de este cuento.
Había una vez, en un pueblo muy lejano, una mala madre que envió a su hija a la casa de su abuelita sin ningún adulto o arma que la proteja. La pobre niña era llamada caperucita roja.
Caperucita era muy obediente y suicida, siempre cumplía las órdenes de su madre sin chistar. Ella era feliz caminando por el bosque con su canastita sin percatarse que podía ser comida por algún animal salvaje o asesinada por alguna bala perdida que saliera del rifle de un cazador.
La niña partió de su casa y su madre le dijo “no vayas por el camino corto que es peligroso.” Escuchó el consejo y partió.
Mientras caminaba por el bosque apareció la figura de un lobo que dijo: “Buenas tarde caperucita”.
La niña quedó anonadada y dijo “Carajo, el único lobo que habla sabe mi nombre”.
-¿A donde vas caperucita? Preguntó el lobo.
-Sabés mi nombre y no sabés a donde voy, sos un trucho, estamos en el medio del bosque, mucho para hacer no hay. Respondió la dulce caperucita.
El lobo quedó sorprendido por la respuesta y le propuso una carrera hasta la casa de su abuela. La pequeña aceptó. Él tomaría el camino más largo y ella el más corto.
Caperucita recordó las palabras de su madre y pensó si era correcto escuchar al lobo. Luego se dio cuenta que era una criatura de confiar, si no la había comido hasta ahora porque lo haría más tarde.
Llegó a la casa de su abuelita y se sorprendió al ver lo que había entre las sabanas. Era el lobo vestido como su abuela. Como Caperucita era boluda pero no tanto exclamó:
-Abuelita, que nariz tan grande tienes.
-Es para olerte mejor. Respondió la falsa abuela
-¡Pero que ojos tan grandes tienes!
-Si, son para verte mejor.
-¡Pero que orejas tan grade tienes!
-Si si, son para oírte mejor. Contestó un tanto impaciente.
-No me jodas ¿Qué tiene que ver el tamaño de la oreja con oír?
-No lo sé Caperucita, ¿No me ves algo raro en la boca?
-No, la verdad que no. ¡Pero que pies tan grandes tienes!
-Si… son para caminar mejor.
-Bueno, que te dejo la canasta y me voy. Dijo la niña.
-¡Espera! no notas algo raro en mi. Preguntó el lobo.
-No.-
-Segura, ¿no me vas a decir que tengo boca grande?
-No, para nada, me sorprende más tu panza.
Las palabras de Caperucita se incrustaron el lo más profundo de la psiquis del lobo y recordó cuando era un cachorro lobo con problemas de peso y los demás se burlaban de él. Varios recuerdos tristes se le presentaron esa tarde. Uno fue esa vez que sus amigos lo engañaron para tenerlo soplando 3 horas para derribarle la casa a unos chanchitos.
Caperucita vio que el lobo estaba triste, lo abrazó y le preguntó: ¿Que has hecho con mi abuela malvado?
-Nada, estaba muerta cuando llegué.
Ella se quedó pensando un poco y se le ocurrió una idea brillante.
Tiraron el cuerpo al lago, se quedaron con la casa y vivieron juntos por mucho tiempo.
Ella se casó con un leñador y luego tuvieron hijos. El lobo por su parte encontró un niño en el bosque y lo adoptó como su hijo pero eso ya es otra historia.
Admito que vi la película y me gustó pero no quedé conforme, por eso escribí como debería haber sido la versión más real de este cuento.
Había una vez, en un pueblo muy lejano, una mala madre que envió a su hija a la casa de su abuelita sin ningún adulto o arma que la proteja. La pobre niña era llamada caperucita roja.
Caperucita era muy obediente y suicida, siempre cumplía las órdenes de su madre sin chistar. Ella era feliz caminando por el bosque con su canastita sin percatarse que podía ser comida por algún animal salvaje o asesinada por alguna bala perdida que saliera del rifle de un cazador.
La niña partió de su casa y su madre le dijo “no vayas por el camino corto que es peligroso.” Escuchó el consejo y partió.
Mientras caminaba por el bosque apareció la figura de un lobo que dijo: “Buenas tarde caperucita”.
La niña quedó anonadada y dijo “Carajo, el único lobo que habla sabe mi nombre”.
-¿A donde vas caperucita? Preguntó el lobo.
-Sabés mi nombre y no sabés a donde voy, sos un trucho, estamos en el medio del bosque, mucho para hacer no hay. Respondió la dulce caperucita.
El lobo quedó sorprendido por la respuesta y le propuso una carrera hasta la casa de su abuela. La pequeña aceptó. Él tomaría el camino más largo y ella el más corto.
Caperucita recordó las palabras de su madre y pensó si era correcto escuchar al lobo. Luego se dio cuenta que era una criatura de confiar, si no la había comido hasta ahora porque lo haría más tarde.
Llegó a la casa de su abuelita y se sorprendió al ver lo que había entre las sabanas. Era el lobo vestido como su abuela. Como Caperucita era boluda pero no tanto exclamó:
-Abuelita, que nariz tan grande tienes.
-Es para olerte mejor. Respondió la falsa abuela
-¡Pero que ojos tan grandes tienes!
-Si, son para verte mejor.
-¡Pero que orejas tan grade tienes!
-Si si, son para oírte mejor. Contestó un tanto impaciente.
-No me jodas ¿Qué tiene que ver el tamaño de la oreja con oír?
-No lo sé Caperucita, ¿No me ves algo raro en la boca?
-No, la verdad que no. ¡Pero que pies tan grandes tienes!
-Si… son para caminar mejor.
-Bueno, que te dejo la canasta y me voy. Dijo la niña.
-¡Espera! no notas algo raro en mi. Preguntó el lobo.
-No.-
-Segura, ¿no me vas a decir que tengo boca grande?
-No, para nada, me sorprende más tu panza.
Las palabras de Caperucita se incrustaron el lo más profundo de la psiquis del lobo y recordó cuando era un cachorro lobo con problemas de peso y los demás se burlaban de él. Varios recuerdos tristes se le presentaron esa tarde. Uno fue esa vez que sus amigos lo engañaron para tenerlo soplando 3 horas para derribarle la casa a unos chanchitos.
Caperucita vio que el lobo estaba triste, lo abrazó y le preguntó: ¿Que has hecho con mi abuela malvado?
-Nada, estaba muerta cuando llegué.
Ella se quedó pensando un poco y se le ocurrió una idea brillante.
Tiraron el cuerpo al lago, se quedaron con la casa y vivieron juntos por mucho tiempo.
Ella se casó con un leñador y luego tuvieron hijos. El lobo por su parte encontró un niño en el bosque y lo adoptó como su hijo pero eso ya es otra historia.