InicioParanormalHistorias de un exorcista en La Plata
Era una noche de luna y el cura de la calle 6 caminó por un largo pasillo y tocó a la puerta de la casa. Lo hicieron pasar y vio que la catequista estaba en cama, con su madre a un lado y un sacerdote, amigo de la familia, del otro. Inmediatamente entró, la chica comenzó a gritarle: "¡Fuera, basura!" y a escupirlo. Él le acercó el crucifijo y le advirtió: "Este te va a vencer". La catequista respondió, con voz ronca: "A ése yo ya lo vencí". Así ocurría unos de los primeros exorcismos que vio el padre Carlos Mancuso, exorcista de La Plata… y en esta entrada del blog contaremos su historia combatiendo al diablo en la ciudad. • Sus inicios como sacerdote y como exorcista Carlos Alberto Mancuso nació el 8 de febrero de 1934 en la ciudad de La Plata. Se crió y educó en el barrio de Los Hornos, dentro de una familia católica. Entró al Seminario Mayor San José y en 1962 se ordenó sacerdote. Sus primeros encuentros con casos de posesión ya habían ocurrido antes de ordenarse. Cuenta que en 1950 presenció “en una iglesia de Los Hornos había una mujer que insultaba y que presentaba alteraciones”. No le dio mucha importancia al caso pero el sacerdote que estaba en esa parroquia le contó que la mujer gritaba “como si alguien dentro de ella tomara su voz: ‘Para qué hablas con el cura..., para qué hablas con el cura’ “. El religioso le tiró agua bendita y los gritos cesaron. “Durante años, cuando me preparaba y no era sacerdote, no sabía qué función iba a tener. Leí mucho sobre temas esotéricos, lo que es el espiritismo, lo que es la masonería, esas sectas que son secretas y que la gente no conoce. Eso me facilitó la tarea. En el país de los ciegos el tuerto es rey. Entonces como los otros no sabían, cuando hubo necesidad se llamó algún sacerdote que supiera de algo y como a mí me interesaba la temática me acerqué. Nunca pensé que llegaría a ser exorcista. Uno quiere ser sacerdote, entre las funciones del sacerdote está hacer exorcismo pero es una función, digamos, del tipo errática.” Tras desempeñarse en las parroquias de Nuestra Señora de los Dolores, en Dolores, y Nuestra Señora de la Merced, en Chascomús, el padre Mancuso fue destinado a la de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en La Plata, y de ahí pasó a la de San José, en la intersección de las calles 6 y 64. Sus primeros contactos con los rituales del exorcismo fueron en 1984 en la parroquia San José de la mano del sacerdote español Antonio Salguera, exorcista oficial de la diócesis. Mancuso cuenta: “El padre Salguera exorcizaba y junto a él estábamos cinco sacerdotes más, pero lo curioso fue que el diablo no dejaba de mirarme. ‘Es con usted la cosa, ¿vio?’, me dijeron los otros curas. Y es que el maligno sabría muy bien que el próximo exorcista de la Iglesia iba a ser yo”. • La atención exorcista en La Plata A la sala de espera de la parroquia San José llegaban los jueves y viernes de cada semana decenas de personas presuntamente poseídas, en su mayoría jóvenes de entre 16 y 30 años. “La gente que viene no suele consultar directamente sobre el tema.” […] “Cuentan episodios que los confunden, muchas veces aterrorizadores y ante los cuales necesitan una palabra tranquilizadora. Detrás de sus planteos siempre está la pregunta ‘¿estoy enfermo o mi problema es demoníaco?’. Lo paradójico es que cuando los derivamos a un psiquiatra porque su afección no es de orden espiritual suelen reaccionar con alegría, como si se sacaran un peso de encima, cuando en realidad están en un problema”. “Todo esto se vincula con un rebrote del pensamiento mágico. La gran demanda tiene que ver con que la gente está ambiciosa de experiencias maravillosas. Muchas veces los que vienen acá con un planteo de ese orden han pasado antes por experiencias negativas vinculadas al mundo de la magia”. Mancuso dice que no lleva un registro de los exorcismos que realizó a lo largo de su vida, ya que opta por mantener reservada la identidad de la gente que lo visita, ya que a ellos les avergüenza: “No les gusta hablar mucho del tema, porque algunos lo viven con cierta vergüenza o culpa. Por eso los rituales se hacen en silencio, en la Iglesia y sin que nadie se entere”. “Lo primero que hago es verlo y hacer el discernimiento. Le pregunto qué le pasa, cuál fue el origen de su mal y ahí sí, la persona me dice que hizo un pacto con el diablo, que estuvo en una secta umbanda, que hizo magia negra. Entonces no tengo más dudas de que se trata de un endemoniado”. • ¿Cómo llega una persona a estar poseída? “El Demonio entra en el hombre cuando, por ejemplo, ha practicado hechicerías, magia negra, o participa de sectas que son peligrosas como las espiritistas o la Umbanda. Todas producen el mal a la gente que se acerca. La gente que no practica estas cosas extrañas no tiene grandes riesgos de endemoniarse”. Cuando se le pregunta si en los últimos tiempos han aumentado los casos de personas poseídas, responde: “Ha crecido el interés por el esoterismo. Y como dentro de esto están las cosas misteriosas, ha crecido la influencia de la presencia del Demonio. Hoy día hay un falso sentido de la libertad. Se confunde esta con libertinaje. El que hace lo que no debe, le sucede lo que no quiere. Es importante no entrar en contacto con las cosas malignas. Por eso apareció recuperando campo el exorcismo, que hace unos siglos había entrado en una especia de cono de sombra. La fascinación por el mal es peligrosa.” […] Cuando salió la película El Exorcista aparecieron a lo largo y ancho del país los casos de supuestos endemoniados o de gente que creía tener en su casa la infestación demoníaca porque aseguraba sentir ruidos, pasos o ver que las luces se encendían solas. También, en mi caso cobré una mayor notoriedad pública y eso hizo que la gente me buscara más. Me hice más famoso por el diablo, en vez de por Dios.” Para protegerse del demonio, recomienda “Las medallas de la Virgen y de San Benito, el rezo frecuente del Rosario, un cristiano que va a misa todos los domingos, que se confiesa y comulga.” • El discernimiento de los casos de posesión Frente a la gran cantidad de gente que concurre a visitarlo para realizar exorcismos, Mancuso afirma que “el 90 por ciento de las personas que vienen a mí diciendo que están poseídas tienen las facultades mentales alteradas. Por eso apelo a lo que sé de psiquiatría. Utilizo la palabra, las escucho, las diagnostico y muchas veces las derivo a un especialista médico. El trabajo más difícil del sacerdote es el del discernimiento; alcanzar a saber cuál es la causa del problema. […] La mayoría son casos que requieren la atención de médicos y no de sacerdotes.” “Con el tiempo se va aprendiendo. El demonio no interviene tanto como se cree.” […] “Un gran número de los casos que nos toca atender se enrola dentro de la sugestión psiquiátrica, y en ellos la oración funciona como una forma de contrasugestión y los alivia porque les permite descargar sus angustias, hacer catarsis. Cuando notamos que hay un problema psiquiátrico serio, los derivamos a los especialistas.” “Yo he aprendido a hacer psiquiatría. Tratar con paranoicos, histéricos, neuróticos, esquizofrénicos. Este último es el más propicio porque siente voces que le hablan. Las voces que le hablan es su propia enfermedad.” • El ritual del exorcismo La práctica de este ritual está reservada por la Iglesia para que la practiquen sacerdotes, obispos o el Papa. Se deben tener años de ministerio y se requiere el ABC de la psiquiatría, para no confundir los casos maléficos con los psiquiátricos. “También es importante que la persona tenga al día la ciencia sagrada y que sepa cuidarse de los engaños y trampas del demonio, que es muy mentiroso.” “A la persona endemoniada se la pone en el piso sobre una manta. Hay que agarrarla fuerte porque los movimientos son bruscos y peligrosos, sobre todo cuando el poseído ve a este cura de frente amplia y corona canosa que llega con parsimonia, una cruz y agua bendita. Los poseídos dicen malas palabras, se atragantan, tiene convulsiones y hasta pueden vomitar.” […] “En el ritual, el sacerdote lee y pronuncia las oraciones a Dios y las conminaciones para que el diablo se retire de ese alma que no le corresponde. Porque no le pertenece a él sino a Cristo. Dios es quien creó al hombre sobre la tierra.” Ante las preguntas sobre la similitud de los exorcismos reales con los de películas como ‘El Exorcista’, Mancuso dice que la más parecida a la realidad es ‘El exorcismo de Emily Rose’ y afirma: “No se parecen en nada a lo que muestran las películas. No levitan ni vomitan verde o retuercen el cuello. Eso es ficción. Nunca cambian de voz o caminan para atrás” […] “La película es una obra de arte. Entonces hacen las cosas lo más embellecidas posible para que sea taquillera porque si no, no llamaría la atención. Todo es falseado, se lo ha exagerado. Yo nunca vi esas cosas y creo que no las voy a volver a ver tampoco. Lo que se ve es una persona que vomita por ahí si está descompuesta. Que está sobre una alfombra, que dice malas palabras y el Diablo se expresa a través de ella. Tampoco habla lengua desconocida, lo que pasa es que a veces bajo esa emoción hace un ‘glogloglo’ que la gente que no entiende de lengua piensa que es una lengua misteriosa. No hay lengua misteriosa, solamente que no puede expresarse bien.” • Actualidad del padre Mancuso En el año 2009, el padre Mancuso finalizó sus servicios frente a la iglesia San José, después de “33 años, 4 meses y 20 días”, como él mismo calculó. Actualmente sigue como capellán del Colegio Eucarístico; confesor del monasterio de las Carmelitas, del Seminario Mayor San José y de la Casa del Padre Pío; y canónico de la Catedral, a cargo de las confirmaciones. Sigue atendiendo casos de exorcismo los lunes y viernes en la parroquia San Francisco (12 entre 68 y 69). También se encuentra escribiendo un libro que saldrá este año, en el que cuenta sus años de experiencia realizando exorcismos en La Plata. • Algunos casos de exorcismo en La Plata 1. La catequista Era una noche de luna llena en el invierno de 1984. Mancuso había sido llamado para que visitara a una catequista que de un día para el otro había transformado su personalidad, y tras varias consultas a los médicos no había mejorado. Tras caminar por un largo pasillo, tocó la puerta de la casa. Lo hicieron pasar y vio a la catequista tendida en la cama, en compañía de su madre y un sacerdote amigo de la familia. Inmediatamente entró, la mujer comenzó a escupirle y gritar “¡Fuera, basura!”. Como Mancuso todavía no era exorcista, a la mañana siguiente acudió al padre Sagrera a contarle lo ocurrido. Este sacerdote de 85 estaba podando una parra en el jardín y sin dejar su trabajo, sentenció: “Está endemoniada”. En esa época para realizar exorcismos había que pedir la autorización del monseñor Antonio Plaza, quien le dijo a Mancuso: “Háganlo pero con mucha prudencia, tal vez no se trate de una poseída sino de una enferma.” El exorcismo se programó para la semana siguiente. Para llevar a cabo el mismo se eligió la parroquia San José, a donde acudieron seis religiosos para ayudar al padre Sagrera. A las 10 de la mañana la catequista fue llevada por sus familiares al templo, que fue cerrado al público. Los auxiliares pusieron una manta en el suelo, y Mancuso pidió que la sostuvieran entre todos. La catequista lo miró a los ojos y le dijo “Ah, me tenes miedo”. Antes de comenzar el exorcismo, el sacerdote le preguntó “¿Por qué estás aquí?”, “Porque me enviaron. Ella me fue consagrada a mi”. “¿Y quién te la consagró?”. “Ah, eso no te lo voy a decir”. Bajo ordenes del padre Antonio, comenzaron los rezos y unciones a la catequista, que respondió con insultos y pataleos. Mancuso le acercó el crucifijo y le advirtió: “Este te va a vencer”. La catequista respondió con voz ronca: “A ése yo ya lo vencí”. “¡Eso lo vamos a ver!” respondió el sacerdote, quien le arrojó agua bendita y continuó con los rezos. Como el exorcismo se extendió por varias horas, tuvieron que parar para descansar. Fue entonces cuando uno de los auxiliares le dijo a Mancuso “La bronca es con usted”, ya que pese a que no lideraba el exorcismo, el odio del demonio se enfocaba hacia él. “Fue como un aviso. Una premonición y un aviso por todos los combates que libraríamos él y yo a partir de entonces”, afirma Mancuso. Después de esa lucha entre el bien y el mal, repentinamente todos escucharon una voz: “Abandono”, y la chica recobró inmediatamente la conciencia. Un estudiante de medicina que presenció todo, comprobó que en el pico máximo de tensión la catequista tenía 72 pulsaciones, como si estuviera durmiendo una siesta. Un tiempo después, Mancuso se enteraría de cómo fue que el demonio atacó a la catequista. Resulta que ella estaba de novia e iba a casarse, pero la suegra no estaba a favor del matrimonio y le pagó a un brujo para lanzarle un maleficio. El mago le dio un preparado y le indicó que lo mezclara con frutillas e hiciera con ello una torta para la catequista. Después de comer de esa torta, la chica comenzó a vomitar un líquido espeso, cambió totalmente su personalidad y comenzó a agredir e insultar a todas las personas que estaban con ellas… el demonio la había poseído. 2. Un pacto con el diablo Otro exorcismo que recuerda Mancuso ocurrió al año siguiente. Fue un chico de 20 años de Santiago del Estero. Esta persona a la que llamaremos Gonzalo para preservar su identidad, se contactó con una secta que practicaba magia negra e hizo un pacto con el diablo. Le entregó su alma a cambio de que hasta los 60 años iba a tener mujeres, dinero y placeres sin trabajar, pero a esa edad iba a morir para luego ir al infierno. Mancuso dice que para obtener estos placeres, el demonio le iba pidiendo ofrendas cada vez más exigentes; hasta que en un momento le pidió la vida de su sobrino de 8 años. Gonzalo le dijo al diablo “hacer pactos es una cosa, pero ser asesino es otra cosa distinta; yo esto no lo quiero hacer”, ante lo cual el demonio le respondió “no te quiero más” ¡Pum! “Le pegó en la nariz, con lo cual se ve que el diablo tenía forma humana y le quedó toda hinchada. Yo le pregunté por qué tenés la nariz así: ‘Porque me pego el diablo, cuando se enojó conmigo me pegó’. Y no solamente que le pegó sino que se le quedó adentro; él quedó poseso por el diablo.” Desde ese día comenzó a tener comportamientos perversos, a manifestar que cargaba con una venganza infernal y que llevaba en su interior un espíritu demoníaco. Lo revisaron psiquiatras y médicos y lo trajeron a La Plata en ambulancia. Allí vivía su madre, quien lo hizo ver en institutos de alta tecnología médica. Gonzalo cometía locuras en períodos irregulares y de manera intermitente. Lo ingresaron finalmente en un manicomio y, después de unos días de observación, un psiquiatra encaró a la familia: "Llévenlo a un sacerdote especializado para que lo curen de la parte espiritual". Así fue como la familia de Gonzalo contactó a Mancuso para realizarle un exorcismo. Mancuso y sus auxiliares se reunieron con un médico que quería presenciar el exorcismo y viajaron hasta el barrio de Olmos, en donde Gonzalo estaba viviendo solo en una precaria vivienda. Tenía atemorizados a los vecinos, quienes decían haberlo visto masticar vidrio, tragar cuentas de rosario, destruir crucifijos. También había atacado a su madre, intentado estrangular a un hombre, había roto los vidrios de las ventanas y dormía en el suelo como un animal. Cuando fueron a buscarlo, al pasar cerca de la Cárcel de Olmos, Mancuso les pidió a unos guardiacárceles que lo acompañaran para ayudar a sostener a Gonzalo. “Los guardias se rieron y nos acompañaron al lugar”, dice. “Al observar la furia desatada en el muchacho, los hombres trataron de agarrarlo, pero todo fue inútil. Nadie se atrevía a acercarse porque daba miedo”. El exorcista y sus ayudantes ingresaron a la casa donde estaba Gonzalo, pero cuando este vio que el sacerdote llevaba agua bendita, saltó por la ventana y huyó a campo traviesa sin que pudieran atraparlo. Después de un par de horas, le avisaron que lo habían encontrado tirado durmiendo en el suelo de una vieja casa de la zona, y que tras atraparlo lo llevaban maniatado a la iglesia de San Cayetano para realizar en ese lugar el exorcismo. Unas veinte personas acudieron a la iglesia y a duras penas podían sostenerlo, ya que tenía una gran fuerza y se sacudía violentamente durante el exorcismo. Tuvieron que ponerlo boca abajo y sujetarlo bien para que no pudiera zafarse ni lastimar a nadie. “Gruñía como un chancho. Nosotros podemos gruñir, pero no deja de ser una imitación, es el gruñido de un hombre. Pero este era perfecto, era un chancho. […] Los momentos que él estaba bien decía ‘agárrenme, átenme, porque me va a llevar’ ”. Después de una hora de practicarle el ritual en latín, el joven se aplacó y terminaron los alaridos y extraños balbuceos. Fue en ese momento cuando pudo contarle a Mancuso sobre el pacto con el diablo que lo había llevado a esa situación. Luego, en señal de arrepentimiento, pidió que lo llevaran en andas hasta el sagrario y allí besó los pies de Jesucristo: todo había terminado. 3. Los sueños de Miguel Miguel era un hombre de Entre Ríos y desde hace tiempo era miembro de una secta satánica de su ciudad. En un momento, al igual que el caso anterior, se resistió a los pedidos que le hizo el diablo y fue poseído por el mismo al ingerir alimentos preparados por el mago local. Desde entonces comenzó a tener convulsiones, a cometer actos violentos y desarrolló una tendencia autodestructiva. Fue tratado por médicos y psiquiatras, y un sacerdote local le diagnosticó una “posesión diabólica”. Lo más extraño fueron sus sueños, en donde se le aparecía una monja que señalando el rostro de un hombre le decía “este hombre puede salvarte del averno”. Al borde del suicidio, creyendo que realmente estaba tomado por el demonio, con la ayuda de familiares viajó hasta La Plata a visitar a Mancuso. Ya en el despacho del exorcista platense, Miguel reconoció que él era el hombre indicado por la monjita en sus sueños. Mancuso comprobó que este hombre estaba poseído y preparó todo para realizarle un exorcismo. La iglesia fue cerrada para realizar allí el exorcismo. Se colocó una frazada en el suelo y allí fue ubicado Miguel, que tuvo que ser sostenido por cinco hombres mientras Mancuso recitaba oraciones en latín, e invocaba a Jesucristo mediante un crucifijo y agua bendita. En un momento el poseído le dijo a Mancuso con una voz que no era la de Miguel “Bueno, ahora podemos negociar”, aunque no había negociación posible y el ritual continuó hasta que el demonio fue expulsado. Ya recuperado, Miguel fue a la Catedral de La Plata a agradecerle a Dios. También concurrió a la santería y con una gran sorpresa identificó a la monjita que le había señalado al padre Mancuso: Era sor María Ludovica, una monja que vivió durante muchos años en La Plata, ayudando a los niños del hospital que actualmente lleva su nombre. 4. Un caso extremo Una noche llegó a la iglesia de San Francisco en donde atendía Mancuso, un hombre de unos 40 años de un pueblo del interior de la provincia. Estaba en posición fetal en la iglesia; Mancuso comenta “Ese día no hacía exorcismos; sólo atendía consultas, pero lo vimos tan mal que con mis ayudantes le dimos el primer número.” Pero el hombre no les dio tiempo de reacción: De pronto entró en un estado violento y se puso a gritar, insultar y agredir a quienes estaban allí. Ni siquiera entre cinco personas podían contenerlo: “Adentro del hombre había un animal que rugía. No puedo precisar qué animal era, pero era una fiera, una fiera inteligente que hablaba y se burlaba de mí”, dice el sacerdote. “Era un muchacho alto y fuerte, pero al estar endemoniado tenía más fuerza y mis ayudantes no lo podían sostener” […] “Se puso tan violento que tuvimos que llamar al 911. Los policías se pusieron blancos como el papel. Los hombres no lo podían sostener, se subió a un banco. Cuando los ayudantes le dijeron que se quedara quieto, el diablo les respondió ‘¿No te enseñaron que no tenés que hablar con el diablo?’. ” “Fue uno de los casos que más me conmocionó por la dificultad. El exorcismo siempre se hace de la misma forma, pero no siempre el resultado es el mismo”, señaló, y agregó: “Este joven ya había sido exorcizado otras veces, y ésta era la tercera vez que se exorcizaba.” “En principio creí que se trataba de un endemoniado, pero eso fue al principio. Por lo general, cuando uno avanza en el ritual de sanación, el cuerpo del poseído se debilita y va perdiendo brutalidad, que era lo que ocurrió las veces anteriores. Pero aquí fue todo lo contrario: el hombre se ponía cada vez más violento, insultaba como loco y había que sujetarlo entre varios para que no le pegara a nadie. Hubo momentos de miedo y mucha tensión. Por eso llamamos a la policía de la seccional 9ª. Después, cuando se lo llevaron, me quedé pensando y comprendí que había algo que no cerraba. Nunca en un caso de posesión real los poseídos responden de esa manera. Mi sorpresa fue cuando me enteré que esta persona estaba siendo atendida por un psiquiatra y que tenía medicación. Ahí todo empezó a cobrar otro sentido. Y es por eso que ahora sospecho que en realidad podría tratarse de un simple caso psiquiátrico.” El episodio fue “extremadamente violento por la agresividad que presentaba el hombre. Eso es lo raro. Cuando uno hace un exorcismo, el endemoniado cede. Salvo cuando se trata de una persona con las facultades mentales alteradas.” Tras estos episodios violentos, el exorcista pudo hablar con el padre de este hombre, quien le confesó que su hijo estaba bajo tratamiento psiquiátrico: “hablé con su padre y me dijo que le iban a cambiar la medicación. La persona tiene cuadros violentos y es atendida por un psiquiatra, por lo que sospecho que en realidad no se trataría de una posesión diabólica tal como la conozco, sino de un caso que entra dentro del terreno de la psiquiatría.” “La sanación religiosa la hice porque creí que era lo correcto y porque yo soy exorcista, pero ahora que me enteré que le están dando medicación y que el hombre tiene un psiquiatra a cargo, entiendo que todo puede tratarse de una confusión. Ya le pedí al padre de este hombre que siguiera el tratamiento con el médico. El exorcismo, para estos casos, no sólo no sirve, sino que puede empeorar las cosas.”
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