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Mi ídolo... Enzo Francescoli... Parte II

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Click Aquí antes, Para ver la Primera Parte Siempre se puede ser más grande... Enzo había concluído 1995 con la necesidad de ir al quirófano. Su hombro izquierdo exigía una operación para darle un corte definitivo a los frecuentes episodios inestables que venía sufriendo en el segundo semestre de ese año. Muchos temían que esa operación fuese el fin de la carrera de Enzo como futbolista, también se lo asociaba como el posible sucesor de Ramón Díaz en la dirección del equipo, pero gracias a Dios no fue así. Y Enzo se operó pensando en su vuelta. Y nunca se debió imaginar que en los próximos 2 años, no sólo levantaría la Copa Libertadores que él tanto soñaba, sino que triplicaría la cantidad de títulos conquistados hasta ese momento con River. Enzo se operó 4 días más tarde de aquel partido empatado con Boca, ya que River no tenía nada importante hasta el siguiente año por jugar. Ese verano, desde sus vacaciones en Punta del Este, Enzo hablaba sobre el año que había pasado: "Hasta yo me sorprendí de llegar a esta altura de mi carrera y ser tan importante con mi fútbol en un medio tan duro como es Argentina. Es complicado encontrar una explicación exacta. Creo que se trata de una cuestión anímica: hoy en día, en River jugego con una tranquilidad que no la tiene casi ningún jugador. Creo que algo así le debe pasa a Diego (Maradona) y también le pasó al Bocha (Bochini) o el Beto (Alonso). Digo esto porque cuando volví al club, mucha gente pensó que volvía para robar. Para mi era un compromiso muy grande. Por ahi me hubiera convenido no venir y que la gente se quedara con aquel gran recuerdo de mi primera etapa. Pensaba no fracasar, pero nunca imaginé lograr todo esto". También Enzo comentaba: "De los sueños realizables creo que el más importante es levantar la Copa Libertadores. Y eso me da bastante manija para seguir. Con respecto a mi retiro no tengo puesta ninguna fecha. Será cuando no aguante más las obligaciones del fútbol como las concentraciones o los viajes o cuando físicamente no esté acorde con los que necesito para jugar". El equipo arracó el nuevo año de la manera que había terminado el anterior: muy mal. El 15 de febrero de 1996, ochenta y un días después de su último partido contra Boca, Enzo volvía a la cancha, justamente para enfrentar al eterno rival. Y no lo podía hacer mejor: se le ganó a Boca con un gol de su marca, superando el achique de Carlos Fernando Navarro Montoya, obteniendo una victoria por 1-0. El mismo arquero de Boca, al fin del partido, se cruzaba hasta el vestuario rival para pedirle la camiseta. Pequeños lujos que sólo unos pocos futbolistas pueden generar con su magnetismo. Enzo comentaba después del partido: "No me sentía al cien porciento para jugar. Para estar realmente bien, debía esperar otro mes, pero no aguantaba más. Necesitaba pasar la barrera del primer partido para sacarme el miedo a mover el brazo con normalidad. No le tengo miedo al dolor que significa sacarse el hombro, pero sí a todo el proceso de recuperación que viví el año pasado. No tiene que ocurrir nada raro, pero la incógnita va a existir hasta que juegue varios partidos seguidos. Esta fue la lesión más difícil de mi carrera, nunca sufrí problemas importantes. El otro día, unos chicos de la filial de River que lleva mi nombre, se acercaron para entregarme una plaqueta: se cumplían 10 años de aquella chilena frente a Polonia. Aquella etapa fue hermosa, inolvidable, pero hoy tengo otra madurez, disfruto las cosas de otra forma. Antes vivía en una nube, no disfrutaba demasiado... hasta que me fui. y ahí si que sufrí. Hoy vivo una tranquilidad interior que nuca hubiera imaginado. Ojalá continúe...". En el clausura River no entró con buen pié, y la continuidad del Pelado estaba en la cuerda floja. Cada domingo, cada miércoles Ramón se jugaba el puesto. Cada domingo, cada miércoles, Enzo lo salvaba con sus goles. En el torneo local el equipo fue perdiendo posiciones. Sólo quedaba jugarse a muerte por un objetivo: la Copa Libertadores. El equipo de Ramón fue saltando escalones de a uno. Superó la primera fase en Venezuela y después llegó el turno de jugar cara o cruz. A River no le sobraba nada, ganaba con lo justo. Contra el Sporting Cristal de Perú, en el Monumental, observó como había hecho escuela sin proponérselo. A unos metros nomás, un pibe llamado Hernán Crespo, que lo admiraba de su primera etapa en el club, convertía una impresionante gol de chilena al mejor estilo "Francescoli". Enzo lo alzó de cara a la tribuna. Valdanito no cabía en su cuerpo de la emoción. Sufriendo avanzó River. Venció al Sporting Cristal, a San Lorenzo, a Universidad de Chile y al Amércia de Cali en la final. Cuando aquella fría noche del 26 de junio de 1996, el árbitro pitó el final, el Príncipe se arrodilló en el césped del Monumental y miró al cielo. Ahí fue cuando se le cruzaron las imágenes de aquella Libertadores del ´86 de la que no pudo participar todo lo que él hubiese querido. Todo lo que luchó por conseguir ese trofeo, la operación y la recuperación. Así lo cubrieron decenas de manos amigas, cientos de almas gemelas. Y más tarde, besó la Copa con la pasión de los realmente enamorados. Enzo Fracescoli cumplía su sueño postergado. Algunos días después, Enzo comentaba: "¿La verdad?... Después de irme, hace 10 años, nunca pensé que podía ganar la Libertadores en mi regreso. ¿Cuando me di cuenta que podíamos ganarla?... En Perú, después de perder contra el Cristal. Esa noche nos pelotearon de lo lindo y perdimos apenas 1-2. Allí pensé: si hoy no nos golearon, es porque la suerte está con nosotros. Y quiero decir algo más para quienes piensan que un jugador con más de 15 años en Primera División no se pone nervioso en los partidos trascendentales. Yo terminé acalambrado la final, los nervios me habían comido las piernas". erminada la Copa, comenzaba un nuevo Torneo. En el que sería clave en la formación de River. Acompañando a Ariel Ortega, Julio Cruz, Sergio Berti, Marcelo Gallardo, Marcelo Salas, Roberto Monserrat, Leonardo Astrada. Una máquina que explotó con un vendaval de fútbol incontenible el 20 de octubre de ese año, en Rosario, la tarde en que con sus dos tantos alcanzó la marca de los 100 goles convertidos con la camiseta de River Plate en torneos de la AFA. Esa campaña fue memorable, ya que luego de un 2-3 contra Boca, River siguió así: 4-1 a Platense, 5-2 a Central, 3-0 a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, 1-0 a Estudiantes, 3-0 a Colón, 1-3 ante Lanús, 4-0 a San Lorenzo. El River de Ramón lideraba el torneo con un juego inspiradísimo y vislumbraba entre sueños un objetivo que desvelaba a todos lo jugadores, pero fundamentalmente al Príncipe, sobre todo por aquello de la ilusión quebrada hacía 10 años: La Copa Intercontinental. El calendario indicaba Juventus, el 26 de noviembre. El final, esta vez no fue de sonrisas. Enzo no pudo escapar a la mediocridad de ese equipo que no se parecía para nada al River que venía jugando. Así calló 0-1, un resultado que caló hondo en el corazón del Príncipe. Minutos después de terminado el partido, Enzo "murmuraba" en la conferencia de prensa: "Estoy muy triste, yo sé que algunos chicos del club pueden volver aquí en unos años, tienen toda una carrera por delante. Para mí, en cambio, es muy duro. Nunca había estado en Japón, nunca había jugado una final del mundo. Y creo que esta fue mi última oportunidad, por eso lo siento tanto". El regreso interminable en avión sirvió para apuntalar un juramento: no dejar escapar el campeonato local. Al volver, River venció 5-1 a Ferro y 4-3 a Racing, con dos goles de Enzo, el primero una verdadera joya dejando atrás a un defensor al borde del área chica y definiendo arriba. También se le ganó 3-1 a Newell´s y 3-0 a Velez. River se coronó campeón el miércoles 18 de diciembre, una noche de lluvia y barro, tras superar a un duro escollo como el conjunto de Liniers. Enzo se desgarró durante el segundo tiempo, en lo que sería el primero de una larga serie de inconvenientes musculares que lo dejarían al brode de un ataque de nervios durante 1997. El Príncipe festejó con ganas su tercer título locar con la Banda. Ya había regresado a la Selección, con lo que la felicidad no podía ser completa. Enzo se fue hartando de todo cada día más. Viajaba con la Selección y viajaba con River. Concentraba con la Selección y concentraba con River. Otra vez fue hasta Japón, pero esta vez el destino indicó Kobe para disputar la Recopa ante Vélez. Pero River volvió a perder. Se encendió una pequeña luz de esperanza de volver a Tokio con la disputa de la Copa Libertadores, pero el equipo del Pelado Días fue eliminado por Racing en octavos de final. Enzo exhibía el gran nivel de sus mejores jornadas, incluso contra Racing en el Monumental, por el encuentro de vuelta, convirtió un golazo después de eludir a dos rivales y picarla por encima de Nacho Gonzálesz. Pero a la hora de la definición por penales, Enzo erró su disparo. Ahora sí definitivamente para él no quedaban chances de tomarse la revancha soñada en Tokio. Así lo reconoció el mismo Príncipe, tras aquella dolorosa eliminación: "Los pido disculpa a mis compañeros y a los hinchas, hoy perdimos por mi culpa, lo lamento mucho". Todos sabemos que no fue así, pero Enzo lo sentía así. Mientras tanto, en el torneo Clausura, los vaivenes se convertían en la marca destacada del campeón. Después de un arranque avasallante (4 triunfos en los primeros 4 encuentros, con 11 goles a favor y ninguno en contra), River alternó buenas con malas hasta tocar fondo con dos derrotas consecutivas ante Estudiantes (1-4) y Colón de Santa Fe (1-5). Algo extraño sucedía con Enzo: su clásica infalibilidad en la ejecución de penales (con River había convertido todos desde 1984) daba un brusco giro. En apenas un par de semanas, el Príncipe erraba tres penales: contra Huracán, Español y el citado recientemente ante Racing. Fue otro síntoma más de las ideas que le andaban dando vuelta en la cabeza, un aviso claro de saturación, como ese otro desgarro que surfrió en pleno torneo ante Huracán de Corrientes. Sin embargo, su talento no fue tan fácil de destruir. En el Clausura, Francescoli convirtió goles notables: contra los jujeños de tiro libre, ante Lanús tras una gran pared con Salas, contra Central después de pararla con el pecho y ante Vélez Sarfield el día de la consagración. Primero un cabezazo y después un pique desde 40 metros y un par de enganches. El 9 de agosto, en Liniers, River y Enzo celebraron un nuevo título. El Príncipe, además se daba el gusto de ser el goleador del equipo, con 12 impactos. Desde el vestuario ganar, eufórico, Enzo se daba un minuto para la melancolía: "No creo que haya otra vuelta más", admitía extenuado. Claro que no le iba a resultar sencilla la misión, porque ni los hinchas, ni los dirigentes como sus propios compañeros estaban dispuestos a tirar de sus brazos para disfrutarlo un poquito más. Así lo expresaba Leo Astrada: "El retiro despende de él. Siempre lo dijo y así será. Pero nosotros haremos todo lo posible para convencerlo. Necesitamos que nos siga sacando campeones". Y así será nomás. Enzo se fue preparando a conciencia para el final, como decía en esa época: "De alguna forma me estoy preparando. Por eso quizá me enganché un poco con el programa de televisión, por eso trato de ocuparme de mis propias cosas como la publicidad. Intento que la curva que uno pega cuando deja el fútbol sea lo más suave posible. Esto no debe ser fácil: no sólo son 20 años, sino que el fútbol es una pasión, no se trata de dejar un trabajo normal, donde uno por ahí tiene más obligaciones que otra cosa". Pero a pesar de todo, todavía le quedeban alegrías por vivir en ese 1997, aunque también algunas decepciones. Luchó con Uruguay para llegar a Francia ´98, pero no pudo. Se volvió a desgarrar y tuvo una larga recuperación de unos 3 meses interminables para Enzo. Fue tanta su desazón tras sufrir su tercera lesión en el año, que tras del viaje que hizo a Lima con la Selección Uruguaya y no poder jugar casi deja el fútbol en ese momento, como más tarde lo confesaría a los medios. Pero Enzo tenía más por dar, y participó de los tramos finales del Apertura y la Supercopa, ambos títulos conquistados por River. No era el de siempre, ya que una larga inactividad a esa altura de su carrera, lo había dejado sin reacción y resto físico. Fue un precio muy alto el que debió pagar. Pero puso el corazón más que nunca. Así le convirtió un golazo a Colón de Santa Fé, abriendo un partido clave para ese campeonato. Así también peleó aquella negra noche contra el San Pablo en el Monumental, donde no anduvo muy bien y hasta erró un penal. Pero a los ídolos se les perdona todo, por eso, todas y cada una de sus últimas presentaciones, tuvieron el marco de la despedida cariñosa, agradecida y cordial, sincera y emotiva. Todo el mundo quería que se quede... Todos cantaban "Y Enzo no se va... y Enzo no se va...". Tironeado por la familia riverplatense que le pedía un poquito más, siempre un poquito más, y la familia biológica que le reclamaba un poquito más, siempre un poquito más, "el" Enzo vivó sus últimos días como futbolista. Así llegó al final. Disputado por sus dos grandes pasiones. Allá por el '86, antes de su viaje a Europa, Enzo decía: "El fútbol no me va a dejar a mi, no me va a encontrar sentado. ¿Y sabés que? Cuando llegue ese día, lo único que quisiera es que digan: ¡Que buen jugador, sí, pero que hermosa persona!. Eso es lo que me importa: ser una buena persona. Que el Beto Alonso pueda decirles a sus hijos: yo jugué con Francescoli y no saben lo gran tipo que era. Que dentro de treinta años me encuentre en la calle con Gallego o Pumpido y me pueda dar un abrazo con ambos. Porque en definitiva, más allá de la imagen y de la enseñanzas futbolística que uno puede dejar para algún niño -que es mínima-, lo fundamental es su comportamiento como persona. Porque el fútbol solo no existe. Hay que preparar la mente para dar un consejo y el alma para ser buena persona...". El Máster, el Uruguayo, el Enzo, el Príncipe. Son muchos apodos, pero definen una sola cosa: es único. Es uno de los pocos jugadores del fútbol argentino que es respetado por todas las hinchadas. Listo Enzo, podés retirarte tranquilo.... Ver los Números del Príncipe El Adios!... Enzo Francescoli, el más grande, el master, el botija, el príncipe, el uruguayo, simplemente ENZO, ese nombre que tantas emociones le dio a la hinchada millonaria con ese talento incomparable, esos tacos, esas palomitas, esos goles... Realmente se merecia una despedida como la que tuvo aunque nadie hubiese querido que se despida, pero ese día llegó tal como lo venia anunciando el mismo Enzo desde cuando River ganó el Apertura '96 que él creia que ese sería su último título (después se dio el lujo de llevarse también el Clausura y Apertura '97, y la Supercopa). A todos los riverplatenses nos da mucha lástima no poder volver a verlo en una cancha de fútbol jugando un partido oficial con la camiseta de la Banda, pero nadie nos podrá quitar esa imagen de "su" juego de nuestra memoria. Se despidió ante 60.000 personas (estadio completo) en la tarde-noche del 1º de agosto de 1999 en una fiesta espectacular con esos colores que solo River puede mostrar y esas fiestas que solo River sabe hacer (como dijo Ramón), con una gran cantidad de banderas que era imposible ponerse a contar cuantas eran, con ese partido de pibes de las inferiores que jugaron antes de que apareciera el "Príncipe", con grandes sorpresas como fue la de que jugara el "Chileno" Salas (nadie se lo esperaba) -el Monumental empezó a delirar por este otro maestro cuando apareció entre los titulares (no podia ser de otra manera) en el tablero electrónico-, también el "Negro" Altamirano, el "Luigi" Villalba, Hernán "Hormiga" Díaz, el "Diablo" Monserrat, R. Ayala, etc. No importaban los nombres, la hinchada y el mismo Enzo hicieron que el partido sea una fiesta, con sus hijos en el campo de juego soñando con que pronto el talento lo demuestre otro Francescoli; el saque inicial de Walter Gómez (figura uruguaya del viejo River); la marcha de "El más grande" de Copani de fondo repitiendose una y otra vez; los fuegos artificiales en el final; la bandera enorme con esa leyenda que también llevaban los jugadores en la espalda: "Eternamente Gracias" en una forma de agradecerle a la hinchada tanto cariño que le dio todos los años que jugó al fútbol; esa última vuelta olímpica como jugador despidiendose de todos con los brazos en alto y esa sonrisa que se mezclaba con algunas lágrimas (la ovación de la hinchada era tan grande que fue irresistible hasta para él). Cuando la voz del estadio anunció "...con el 9, Enzo Francescoli...", se vino la cancha abajo, con el cartel electrónico que acompañaba los cantitos de la hinchada pidiendole que no se vaya. El equipo ese hizo recordarle a cualquiera a la formación de River del '96-'97 pero con algunos talentos nuevos como es el caso de Saviola y Aimar. No pude ver la despedida del "Beto" Alonso porque tenía 4 años (1987) asi que no me podía perder este partido de ninguna manera. Cada vez que veia desde la platea Centenario Baja a la dupla Príncipe-Matador, Enzo-Salas no podia evitar acordarme de esas tardes en la que llenaban los ojos de excelente fútbol con goles impresionantes. Cada vez que la tocaba el Enzo el Monumental entero lo ovacionaba por más que no le salian las cosas como las hacia antes, pero eso ya no importaba después de darnos tantas alegrias. Metió un par de amagues, hizo dos tacos barbaros (uno a Aimar y otro a Saviola), participó en los tres goles, ensayó algunas paredes, etc. No se le puede pedir más nada a un genio como él. No tiene la energía como para correr como antes pero la calidad con la pelota no la perdió a pesar de que ya hace casi un año y medio que se retiró. Encara en diagonal, hacia el área, amaga, busca el hueco para el remate. Lo encuentra y remata por primera vez: ataja sin problemas Flores. Insiste, con un tiro más débil, y controla con más facilidad el arquero. Encara de nuevo, engaña a Pacheco y desde la medialuna, rodeado de defensores, casi sin espacio, activa la derecha, a colocar, arriba, un disparo para que Flores se luzca con una volada que deriva en córner. Es un disparo a lo Francescoli. Llegó el primer gol de River a los 41 minutos del primer tiempo con un centro de Sorín y una palomita del "Maestro" Enzo que le tapó el arquero de Peñarol dandole un rebote que embocó luego el "Matador" Salas. Cuando cabeceó el "9" creia que la pelota ya habia entrado porque desde donde yo estaba no veia la línea de gol del arco porque me la tapaban los carteles de publicidad, por lo que empezamos a gritar el gol unos segundos antes creyendo por un instante que lo habia convertido Enzo (hubiese sido algo espectacular si esa pelota entraba de parte de él). En el segundo tiempo, a los 12 minutos, penal contra el mismisimo Enzo: golazo al ángulo superior derecho del arquero Flores; delira el Monumental pensando que va a ser la última vez que gritemos un gol de Enzo que no sea a través de un video, pero no, a los 26 minutos, el mismo jugador que habia cometido el primer penal le hace otro a Saviola (será que este jugador Bizera entiende como son estas fiestas); otra vez podemos gritar gol con marca registrada Enzo Francescoli al otro palo a media altura. Ramón se divirtió con los cambios, los hizo todos y jugaron todos los suplentes. Insultos merecidos de la hinchada hacia Maradona y hacia Cedrés, interminables elogios para Enzo, para el "Matador" Salas (creo que va a ser el heredero del "Príncipe", para los dos Díaz. 3-0 parecia suficiente pero no, a 6 minutos del final (el partido duró 86) entraron a jugar los hijos de Enzo, Marco (10) y Bruno (12). ¡Qué robo, TRES FRANCESCOLI en la cancha jugando nada menos que para River Plate! El hijo menor patea y tapa Flores, sin entender que debía dejarla pasar a la red. Insisten los tres Francescoli. Se mete en el área Bruno, inclina el cuerpo y la pone en un rincón, pegándole con la derecha, la misma pierna de su papá, el 4-0, River golea y no es ninguna novedad si se sabe que está Francescoli en la cancha. Ojalá vuelva algún día como director técnico de River para volvernos a sacar multicampeón, como Angelito Labruna que ganó todo con la Máquina y cuando se fue estuvimos 18 años sin salir campeón (eso nunca más se repetirá) y luego volvió como técnico para darnos una mano y llevar a River a los triunfos nuevamente; que ENZO vuelva como D.T. en unos años para que sigamos festejando vueltas olímpicas y podamos seguir cantando: "...veni, veni, canta conmigo, que un amigo vas a encontrar que de la mano, del Uruguayo, todos la vuelta vamos a dar...veni, veni, canta conmigo, que un amigo vas a encontrar que de la mano, del Uruguayo, todos la vuelta vamos a dar...!" ¡¡¡ AL URUGUAYO NUNCA LO VAMOS A OLVIDAR !!! ETERNAMENTE GRACIAS MAESTRO
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